![]() | Mayor-General![]() Nuestro agradecimiento a |
Era el tercer hijo del barón de Kilbirnie, sir Alexander Craufurd, nació en Newark, en Ayrshire, el 5 de mayo de 1764. Ingresó a los quince años como Educando en el 25 Regtº. Cuando contaba 19 años patrocinó su compañía en el 75 Regtº. a pie, (coincidió ese mismo año con Picton, entonces capitán, quien dotó la otra mitad del regimiento), y sirvió con él a las órdenes de Cornwallis en la guerra de Mysore, contra Tippoo Sahib, durante las campañas de 1790-92. Antes de ir destinado a la India, Craufurd había estado un cierto tiempo en Alemania, asistiendo a unas maniobras que llevaron a cabo las tropas de Federico el Grande. Craufurd hablaba correctamente alemán, por lo que a su regreso de la India, en 1794, fue destinado como agregado a la legación británica en los Países Bajos y luego en el Rhin, al lado de su hermano Charles, quien fue herido en agosto de 1796. Craufurd siguió en su destino hasta diciembre de 1797, en que fue ascendido al grado de Teniente Coronel, y destinado a Irlanda, en calidad de D.Q.M.G. (Deputy Quartermaster General), donde participó muy activamente en la persecución de la rebelión irlandesa que dirigía el general Jean Joseph Amable Humbert, por lo que fueron compensados sus servicios, con un destino en 1799 que le llevó al continente como agregado militar en el cuartel general de las tropas austriacas, adjunto al general Hotze durante la famosa campaña de Suwarow, en Suiza. Finalizada aquella campaña, pasó como ayudante del duque de York, en la expedición al Helder. A pesar de todas las acciones en que participó y de las encomiendas que tuvo en Europa, su carrera militar permanecía detenida en el grado de teniente coronel.
Tan valiente como era, tanto más lo era su sarcástico ingenio, que en innumerables ocasiones le proporcionaría disgustos frente a sus superiores, al criticar las acciones en que aquellos participaron, o dejarles en evidencia.
En febrero de 1800, contrajo matrimonio con Mary Holland. Como algunos otros miembros de la milicia, en 1801 queriendo probar fortuna en la política, solicitó se le concediese media paga y se presentó a la Cámara de los Comunes, obteniendo un escaño por el condado de East Retford, en Nottinghamshire. Escaño que mantendrá hasta que el 30 de octubre de 1805 en que fue promovido al grado de Coronel.
El Comodoro Sir Home Popham había transportado las fuerzas que mandaba el general Beresford, hasta el cono Sur de África, con objeto de tomar la colonia holandesa de Ciudad del Cabo de Buena Esperanza. Lo allí actuado era contrario, inicialmente, a los intereses del Almirantazgo, pero Sir Popham, aprovechando el reciente fallecimiento del primer ministro Pitt, no se paró ahí, y quedándole corta la victoria, convenció a Beresford para realizar una “razzia” por el Río de la Plata y hacia allí se fueron con tan solo 1.700 soldados del 71º Regtº. La expedición llegó a Buenos Aires el 24 de junio y sorprendió las defensas de la ya populosa ciudad, lograron apoderarse de la capital, de la que huyo rápidamente el virrey-marqués de Sobremonte, dejando a sus habitantes abandonados. Todo había salido bien, pero los británicos cometieron su primer error al no considerar que aquellos criollos eran realmente españoles. Apresuradamente, sin pensárselo dos veces, miles de vecinos se aprestaron a la lucha, auxiliados por los soldados españoles que había en la gran ciudad, comenzando la preparación para recuperar la ciudad. Beresford, convencido de que no podría mantenerse mucho tiempo así, pidió refuerzos al general Baird, que había quedado de guarnición en Ciudad del Cabo.
Reclamado Sir Popham para comparecer ante la Corte marcial, por la desobediencia y abandono de El Cabo, solamente estos temporales éxitos le evitaron un duro castigo. El capitán Jacques Liniers, al servicio de España, derrotó a Beresford y le hizo 165 bajas, tomándolo prisionero, aunque los criollos se rebelaron a su vez y se apoderaron de los británicos, haciéndolo ya en nombre del nuevo Ejército revolucionario. La noticia llegó a Londres, y enviaron desde El Cabo en sustitución de Sir Popham, al almirante Sterling, llevando unos refuerzos escasos al mando del coronel Blackhouse, que ya poco pudieron hacer, salvo refugiarse en el villorrio de Maldonado, donde se quedaron atrincherados.
El Ministro de la Guerra, William Windham, ideó un plan que podría llevarse a cabo con un hombre audaz al mando, no pensó por ello en otro que no fuese su compañero de partido, el coronel y diputado Robert Craufurd, más conocido como “Black Bob”, que a pesar de ser el coronel más moderno, es nombrado por su compañero de grupo político Windham, en ese momento Ministro de la Guerra, para el mando de una fuerza de 4.800 hombres, formada por el 6º Regtº de Dragones de la Guardia,y los regimientos 5º, 36º, 45º y 88º de a Pie, con cinco compañías del 95º Regtº de Rifles. La expedición salió del puerto de Falmouth, el 12 de noviembre de 1806, con objeto de conquistar y someter el asentamiento español de Chile. A Craufurd le fue conferido provisionalmente el grado de General de Brigada, encomendándosele también la instalación de una cadena de postes telegráficos que conectasen Buenos Aires y Valparaíso, y como en Londres no se había conocido aun la prisión de Beresford, Claufurd después de llevar a cabo su misión, debía de informarle de los éxitos que alcanzase en su expedición chilena. Cuando alcanzaron el Cabo de Buena Esperanza, recibió Craufurd noticias del desastre de Beresford en Buenos Aires, siéndole encomendado entonces, volver atrás hacia Montevideo, para reunirse con las tropas mandadas por Sir Samuel Auchmuty (antiguo oficial del 45º Regtº.). Mientras, desde Londres enviaron directamente una expedición al mando del teniente general Whitelocke, por cierto muy mala considerado por sus hombres. Cuando Whitelocke llegó a Montevideo, era el 10 de mayo; Claufurd lograría alcanzar aquella capital el 14 de junio de 1807, con la mayoría de sus hombres anquilosados tras más de nueve meses a bordo de aquellos buques. No obstante toda la fuerza disponible se hallaba por fin reunida bajo el mando del Teniente General Whitelocke, secundado por el general Leveson-Gower, y como Intendente general, Bourke.
Reorganizado aquel ejército, Craufurd quedó al mando de la brigada ligera, formada por el 95º Regtº de Rifles, con nueve compañías ligeras del 45º Regtº. Realizar el desembarco en la Ensenada, se mostraría como otro nuevo gran error, Whitelocke desoyó cuanto consejo se le hizo, por lo que el desembarco se inició durante la glacial y húmeda madrugada del 28 de junio, dirigido por el propio Claufurd, y con unos soldados ya inicialmente desmoralizados, que hubieron de desplazarse bajo los efectos de una fuerte tormenta, propia de la época invernal en que se hallaban. Lo inhóspito de aquellos parajes, sin apenas vegetación, impidió que pudiesen al menos hacer algún abrigo o fuego para calentarse. El vadeo pareció finalizar en la mañana del día 30, cuando se aproximaron al pobre pueblo de Reducción, era el 1 de julio. Tampoco allí encontraron alimento ni cobijo. El 3 de julio el General en jefe convocó una junta de jefes, haciéndoles saber el descabellado plan que había trazado Leveson-Gower y él había decidido realizar, consistente en el despliegue en trece columnas, que se repartirían por trece parajes, para buscar las trece entradas radiales de Buenos Aires, por lo que cada columna habría de moverse sin contacto alguno con las restantes.
Tras el desastre sufrido por Whitelocke en su ataque del 5 de julio a Buenos Aires. Whitelocke a las seis de la mañana, había ordenado avanzar las tropas de sus cuatro divisiones, mandadas por Craufurd, Lumley, Auchmuty y el coronel Mahon, a su vez divididas en trece columnas separadas, con la finalidad de no dificultar el rápido avance y concentrarse luego sobre el centro de la ciudad. Las dos alas del 45º Rgtº. avanzaron por caminos paralelos en el ala derecha, hacia la posición de la Residencia, atravesando el río Chuelo, tomando posiciones al Norte de la ciudad de Buenos Aires. Envalentonado Whitelocke, por medio del Intendente Bourke, conminó la rendición de la plaza, mientras Claufurd con una argucia se introducía en Buenos Aires y tomaba puntos estratégicos, infiltrándose por el vado de Paso Chico sin ayuda de ninguna otra unidad, comenzó a despejar las alturas aledañas, llegando hasta el lugar conocido como El Corral General, donde tomaron un cañón e hicieron fuego sobre los españoles, obligando a su infantería compuesta de unos 9.000 hombres a retirarse, persiguiéndoles hasta que se perdieron en la ciudad, quedando los puntos importantes en poder de Craufurd. Leveson-Gower ordenaba a Claufurd que se retirase, pues desconocía donde se hallaba Whitelocke con la columna principal. Craufurd seguía avanzando con cuatro compañías del 95 Rgtº de Rifles, y cuatro de sus compañías ligeras, formando la columna al lado del ala izquierda del 45º Rgtº. La otra mitad de su brigada logró con serias dificultades, rolar a la izquierda y atacar la fortaleza. Craufurd ordenó al coronel Guard que le apoyase, mientras él avanzaba en dos columnas del 45º Regtº., mandadas por el coronel Pack y él mismo, con objeto de mantenerse en la posición de la Residencia. El Coronel Guard tomó una compañía de granaderos de este regimiento, llegando junto a Craufurd a eso de las tres de la tarde. Para entonces ya Whitelocke había perdido enteramente el contacto con todas sus fuerzas, y no hizo nada apoyar a las tropas que luchaban en la ciudad. Durante la tarde del 4 de julio, tuvo lugar una entrevista entre Whitelocke y Leveson-Gower, y como éste no se aviniese a lo que decía su jefe, aquel le amenazó con destituirle en cuanto pudiese. Claufurd con sus hombres se ocupó de una de las cuatro calles que había en aquel lado, moviendo en ella su brigada ligera, manteniendo las dos alas del 45º Regtº paralelas a los edificios, evitando en lo posible el ataque que desde las azoteas hacían los vecinos y los soldados, defendiendo sus posiciones calle a calle y casa a casa. No obstante Craufurd llegó hasta el convento de Santo Domingo, ocupándolo y fortificándose en él. A eso del mediodía, un Oficial español se aproximó con bandera blanca, y Craufurd pensó que era portador de la capitulación española, sin embargo era todo lo contrario, venía a pedir la capitulación británica. Craufurd la rechazó inmediatamente, pero a eso de las 15,30 horas, ante lo desesperado de su posición, no quedó más solución que la de entregarse, marcando el hito del alocado asalto emprendido por Whitelocke, el cual seguía introduciéndose en la ciudad, sin saber como estaban las tropas de Craufurd. Cuando pasadas las once de la noche supo a través de Liniers, que Craufurd había sido capturado con cerca de mil de sus hombres, Whitelocke le sugirió le diese veinticuatro horas para retirar los heridos. A pesar de todo, la realidad era que estaban más puntos estratégicos en manos británicas que en las españolas, sin embargo el General británico no se atrevió a mantenerse en sus posiciones. Al amanecer del día 6 Whitelocke fue conminado a la rendición. El día 7, Whitelocke y el almirante Murray se decidieron a capitular, por lo que aquel parlamentó con los españoles y acordó aceptar las conduciones impuestas, que consistían en retirar todas las tropas británicas del Río de la Plata, Montevideo y Colonia, en un plazo máximo de 60 días. Las bajas británicas ascendieron a 2.500 muertos y heridos, mientras que las de los españoles fueron de 302 muertos y 514 heridos.
Cuando Whitelocke llegó a Inglaterra, la corte marcial lo juzgó y separó del ejército. Durante el proceso, y para su defensa, Whitelocke intentó echar la culpa a Craufurd, pero finalmente fue exonerado y no solamente eso, sino que fue seleccionado para mandar una brigada en la expedición que salió de Falmouth en octubre de 1808, a las órdenes de sir David Baird, colocándole como uno de los ayudantes de Sir John Moore. Baird llegó con sus tropas a la Coruña, el 24 de octubre de 1808, y cuatro días después Craufurd salió con su brigada en dirección a Lugo. La reunión entre Baird y Moore se efectuó en Mayorga, el 20 de diciembre, allí se reorganizó el ejército británico, tomando el Brigadier General Craufurd el mando de la 1st. Flank Brigade, que estaba formada por una compañía de 43º Regtº, dos del 52º y dos del 95º. La retirada hacia la Coruña comenzó el 24 de diciembre, y a partir de esa fecha hasta el día 30, la brigada de Craufurd, compuesta por los regimientos 2d/95nd Foot, 2nd/52nd Foot, 1st/43rd Foot. fue la encargada de mantenerse en retaguardia, por lo que fue sometida a continuo combate con el enemigo. El 31 de diciembre Moore le ordenó se separase del cuerpo principal, con la 1ª Brigada y la Brigada ligera alemana se dirigiese a Vigo, con objeto de prevenir aquellas avenidas, por si hubiese de realizar en aquel puerto el reembarque de las tropas británicas. El 12 de enero de 1809, llegaron a Vigo, después da marcha increíblemente dura, bajo unas inclemencias de tiempo severísimas en aquellas difíciles montañas que hubieron de atravesar, desde donde embarcarían rumbo a Gran Bretaña, por lo que el general Craufurd no pudo participar en la jornada de Elviña..
La disciplina del ejército británico se había relajado completamente durante la retirada, pero Craufurd, por medio de la severidad implacable, mantuvo a sus hombres disponibles y ahorró sus vidas a expensas de sus partes posteriores, golpeados frecuentemente con las fustas y látigos que utilizaba en sus castigos ejemplares. En una ocasión, al principio de la retirada, vio a dos hombres que se separaban del cuerpo principal. Inmediatamente paró la marcha de la brigada y mandó reunir una corte marcial drum-head. Aquellos dos hombres fueron condenados a 100 latigazos cada uno. Mientras se llevaba a cabo, Craufurd oyó quejarse a otro de sus hombres. En un golpe de irrefrenable furia, cogió un mosquete y con la culata le propinó un golpe que echó a tierra a un soldado. Craufurd era un hombre realmente rudo y expeditivo. Al ver lo hecho por el General, un soldado que miraba, dijo: “Yo soy el que habló”. Craufurd no lo pensó dos veces, mandó le condujesen a la Corte marcial, y allí le impusieron la pena de 300 latigazos. Tras aquel expeditivo castigo, la fuerza reanudó la marcha.
Podrá parecernos un trato brutal hoy en día, pero Craufurd con aquella oportuna severidad, fomentó la efectividad de sus regimientos, y ahorró muchas vidas entre sus hombres, cosa que no ocurrió con soldados puestos bajo otros mandos, que permitían enormidades inadmisibles entre quienes estaban como aliados de los españoles. Días después, hallándose en las inmediaciones de Villafranca del Bierzo, un Oficial era transportado durante el vadeo de un río, sobre los hombros de uno de sus soldados, Craufurd nada más verlos, picó espuelas y aproximándose a la orilla, ordenó al soldado que dejase caer al Oficial, y después en voz alta le grito: “Señor, vuelva atrás, pase Ud. el río como los demás. No está permitido tamaño abuso entre mis hombres...”
Poco descansaría Craufurd en su tierra, ya que el 25 de mayo de 1809, embarcó en Dover con una brigada del 43 Regtº., otra del 52º y otra del 95º, llegando a Lisboa el 28. Craufurd se sentía decepcionado y realmente postergado, debido a que teniendo tan dilatado historial militar y después de haber prestado tantos servicios, quedaba ahora a las órdenes de otros oficiales más jóvenes y modernos que él, solamente Hill, o Sir Arthur Wellesley, eran mayores que él, o tenían más méritos.
Incluso ahora su mala suerte parecía perseguirle, pues ansiando entrar en acción, a pesar de haber realizado una marcha estupendamente ejecutada en la que recorrieron 43 millas en 26 horas, no pudieron sin embargo llegar a tiempo para intervenir en la batalla de Talavera de la Reina. En el transcurso del combate, el general Mackenzie, que mandaba la 3ª División, resultó muerto durante, por lo que la Brigada ligera de Craufurd acabaría unida a dicha División y fue promocionado a General de brigada, quedando al mando de la división hasta febrero de 1810. De este modo tan simple es como Craufurd volvió a recuperar el mando de su querido 45º Regtº. El 22 de febrero, se agregaron a la división, dos batallones de Cazadores portugueses. El 27 de septiembre Craufurd se cubrió de gloria en la batalla de Buçaco. En noviembre se le unieron los alemanes del general Duque de Brunswick Oels.
Wellington apreciaba mucho el modo en que Craufurd conducía sus tropas, a pesar que lo hacía con marcada rudeza. No obstante era un gran mando, ya que si bien les exigía el máximo, quizás lo hacía porque también para él se lo imponía, pero en compensación eran las mejor atendidas, las mejor avitualladas, las más cuidadas, aunque también eran las que más frecuentemente tenían enfrentamientos con el enemigo. Craufurd era muy impetuoso y a veces se extralimitaba en las exposiciones físicas que como General hacía al frente de sus tropas, exponiéndose exageradamente, y quizás eso fue lo que realmente pudo suceder durante el desarrollo de la acción del río Coa, el 24 de julio de 1810.
Los franceses habían iniciado la tercera de las invasiones que hicieron en tierras lusas y el general Wellington al frente de los ejércitos aliados, británico y portugués, viendo que sus oponentes le excedían en número, ordenó replegarse hacia la plaza fuerte de Almeida. La división ligera británica que mandaba Craufurd tenía la misión de sostener la retaguardia y defender al resto de las fuerzas que lentamente se retiraban a lugar seguro, retrasando cuanto pudiese la llegada de los franceses. Para ello el General Craufurd se situó con su división ligera en el lado Este del río Coa, con lo que su flanco izquierdo estaba a la vista de la ciudad fortificada de Almeida (que era el objetivo siguiente que se proponían los franceses). Su flanco derecho estaba resguardado por los puntos dominantes de las alturas que franqueaban el río. Los cinco batallones de la infantería, con los dos regimientos ligeros de caballería, y la batería de la artillería a caballo (eran cerca de 4.200 de caballería, 800 de infantería y 6 cañones), con lo que cubrían un frente de unos 3 kilómetros. Este posicionamiento de la división, dejó el río infranqueable, salvo que alguien pudiese sortear todos los peligros de tan vigilada avenida, y pudiese llegar al “retorcido” puente sobre el cauce del río. El único peligro era si los franceses daban con algún sendero a través del cual pudiesen rodear la división, con lo que lograrían sorprenderles por la espalda.
El plan establecido por Craufurd no agradaba a Wellington, aunque este nunca le pidió que ejecutase otro movimiento diferente, como podría haber sido el ampliar la línea hacia el Oeste. En la mañana del 24 de julio, a hora muy temprana, y bajo una fuerte tormenta que prolongaba el amanecer, 20.000 soldados de los cuerpos que mandaba el mariscal Ney comenzaron a moverse sin interrupción en dirección a la posición británica. La división ligera de Craufurd, inexplicablemente fue sorprendida y tuvo inicialmente pérdidas muy fuertes. En vez de retirarse, tozudo y pertinaz como era, Craufurd prefirió mantenerse defendiendo aquel angosto pasaje dado lo estratégico de su ubicación y la importancia que tenía para el resto de la división, retener a los enemigos. Los franceses eran unos 3.500 de caballería. Craufurd organizó la defensa a base de reponer soldados en cada hueco que quedaba en sus líneas, logrando detener el avance a base de muchas bajas, ya que desde diversos puntos los franceses fusilaban a los hombres de Claufurd, que impertérritos defendían único sitio por donde se podría atravesar el río Coa en muchas millas. El camino que conducía al puente había sido atrancado unos doscientos metros antes de llegar al puente, con carros atravesados, troncos de árbol, e incluso enormes piedras arrancadas de las elevaciones. La finalidad inicial de frenar aquel primer impulso de avance, merced a que Craufurd situó al 95º regimiento de Rifles y al 43º regimiento. sosteniendo la posición desde el roquedal que dominaba el puente desde las alturas. Entretanto el 52º regimiento., realizaba una lenta pero ordenada retirada, aunque la presión ejercida, y solamente la acción emprendida por un grupo de fusileros y soldados de infantería ligera del 43º regimiento que hizo un contraataque furioso, que logró rescatar de su peligrosa situación a los componentes del 52º regimiento, con lo que pudieron finalmente alejarse del río, sin mayor peligro.
Mientras que cruzaban aquellas unidades, Craufurd fue disponiendo estratégicamente las defensas, prolongándolas en el recorrido y replegándose al ser superadas por los que marchaban, en una muy correcta retirada escalonadamente verificada. El mariscal Ney ordenó al general Ferey que atacase a través del estrecho puente, pero fue rápidamente repelido produciendo a los franceses unas elevadas pérdidas. Dos asaltos más fueron también rechazados, ante lo que el general Ney ordenó detener aquella carnicería que estaba mermando sus fuerzas. Al otro lado las pérdidas británicas fueron de unos 330 hombres.
Este paso del río Coa siempre nos trae a la memoria el como pudo haberse desarrollado, de un modo similar pero con mucho mayor éxito, la defensa y ataque a las tropas francesas entre Villafranca del Bierzo y Triacastela, teniendo en cuenta en este caso, que la orografía aun era más favorable a quienes realizasen la defensa y ataque posterior de las columnas que pesadamente avanzasen en aquel frío mes de enero de 1809. Nos referimos a los británicos de Sir John Moore.
Wellington no quedó satisfecho con la actuación del general Craufurd en encuentro del río Coa, debido a que Craufurd había perdido más de la mitad de su división ligera, y opinaba que el General debía de haberse retirado antes con su infantería a la margen izquierda del río, quedando protegido por el cauce y barrancos adyacentes.
En febrero de 1811, Craufurd regresó a Gran Bretaña, cosa que no agradó mucho a Wellington, ya que Craufurd lo hacía a despecho de las opiniones que mereciera de su jefe, por lo actuado en el río Coa. En el mes de abril regresaría a España, y el 5 de mayo se puso al frente de su división, momentos antes de iniciarse la batalla de Fuentes de Oñoro, donde sus hombres al saberlo nuevamente entre ellos, lo recibieron con grandes aclamaciones por parte de los de su División ligera, que a continuación se distinguió tan extraordinariamente. Especial mención merece la maniobra ejecutada en la que retirándose en cuadros a través de más de dos millas en llanura abierta, ante cinco brigadas de caballería francesa, lograron eludirlos sin bajas.
El 4 de junio de 1811, Craufurd fue promovido a Mayor-General. Durante los siguientes seis meses, no tuvo mucha oportunidad de distinguirse. El 19 de enero de 1812, Wellington puso sitio a Ciudad Rodrigo, y la ciudadela fue atacada durante la noche del diecinueve. La división ligera atacó bravamente la brecha, sin embargo durante unos instantes parecía que la virulencia del ataque se hallaba interrumpida, Craufurd como siempre, no podía dejar que la victoria fuese británica, mientras estaba parado en el glacis animando y dirigiendo el ataque, cayó gravemente herido en el pecho. Transportado por su oficial de enlace, el teniente del 43º Regtº. Shaw Kennedy al cercano convento de San Francisco, durante cuatro interminables días fue presa del terrible dolor de sus heridas, y murió en el amanecer del 24. El mismo día fue enterrado en la misma brecha que su división había abierto, muy cerca de la Catedral la División entera estuvo presente en su entierro. Las tropas de toda la División desfilaron ante la fosa donde descansaba el General, caminando sobre el fango y las anegadas tierras, tributándole de este sencillo modo, el homenaje a que se había hecho acreedor. Idealizado por sus soldados, no ocurría lo mismo con sus oficiales, los cuales no sentían aprecio alguno por él, debido al trato que les infligía, negándoles muchas de las vejatorias costumbres que tenían hacia sus subordinados.
En la catedral londinense de St. Pauls, existe un monumento en recuerdo de los dos generales fallecidos durante el asedio a Ciudad-Rodrigo, Craufur y Mackinnon.