LASALLE, Antoine-Charles-Louis


General de División y conde de Lasalle

Nació en Metz, el 10 de mayo de 1775, en el seno una familia de la nobleza lorenesa, por su rama materna descendía del famoso mariscal Abraham Fabert d'Esternay. Desde muy joven se sintió atraído por la milicia, por lo que en 1786, cuanto tuvo la edad suficiente, once años, sentó plaza en calidad de noble en uno de los Cuerpos militares, y así lo encontramos iniciando su carrera profesional como Subteniente en el 24º batallón de Lanceros de Alsacia. Más tarde durante el periodo revolucionario, en 1793 lo veremos incorporado como tal subteniente en un regimiento de cazadores a caballo en el Ejército del Norte, aunque perseguida la oficialidad de origen noble, hubo de renunciar a su grado militar e iniciar su incorporación a los nuevos ejércitos populares en calidad de simple soldado, aunque debido a sus innatas condiciones y su bravura y valentía, enseguida fue promocionado al grado de suboficial. En 1795 fue promocionado a Oficial y ayudante de campo del general Kellermann, siendo promovido por sus méritos al grado de Teniente. Incorporado su regimiento a la expedición a Italia, en 1796, dio pruebas continuamente de su valor y gran osadía, como en aquella acción en la que logró traspasar las líneas enemigas en una arriesgada maniobra hasta llegar a Vicence, localidad situada en la confluencia de los ríos Bacchiglione y Retrone, donde tenía Napoleón su cuartel general y entregarle al Emperador la correspondencia y partes de guerra que tan ansiosamente esperaba, por lo que el Bonaparte, admirado de la osadía desplegada por aquel joven, en pleno campo, el día 6 de enero de 1797 le ascendió al grado de Jefe de Escuadrón, cuando Lasalle tan solo tenía 22 años de edad.

Hallándose en Rivoli, el 14 de enero, se encontraba Lasalle en una elevada meseta que estaba en una de las márgenes del río por cuya ribera huían los austriacos, por lo que emprendió la persecución con los dos escuadrones que llevaba, y lanzándose al galope sorprendió a los enemigos, a los que hizo varios miles de prisioneros. De toda la operación fue testigo directo Napoleón, que sorprendido de la extremada audacia de aquel Jefe de Escuadrón, le tuvo ya en cuenta para solucionar las operaciones más difíciles. Comprendido en la expedición africana, cuando las tropas llegaron a Egipto, Lasalle se mostró especialmente activo en la hazaña de las pirámides, era el 21 de julio de 1798, y aquello le sirvió para ser ascendido a Jefe de Brigada del 22º Regimiento de Coraceros a caballo. Se cuenta de Lasalle, que durante uno de aquellos recios combates teniendo enfrente a los peligrosos mamelucos, Lasalle en el fragor del combate perdió el sable y sin dudarlo un momento se apeó del caballo y se agachó a recuperar el arma, volviendo a montar con toda la tranquilidad, aunque atento siempre a las evoluciones de sus enemigos. Como dijo años más tarde el mariscal Marbot recodando a Lasalle: ¡Es necesario haberse encontrado alguna vez en un combate de caballería, para poder valorar adecuadamente un acto así, que exige valor, sangre fría y mucho oficio, especialmente ante tan peligrosos soldados como eran los mamelucos!.

Cuando el jefe mameluco Ibrahim Bey, se replegó remontando el Nilo hacia el Noroeste, Lasalle se incorporó a la columna del general Desaix que les perseguía, alcanzando a sus enemigos el 11 de agosto en Salalieh, donde los mamelucos fueron derrotados y los que se salvaron lo hicieron huyendo unos hacia el Este, y otros al interior del desierto.

En 1800, de nuevo en Francia, convertido el coronel Lasalle en el comandante del 10º regimiento de Húsares, Bonaparte aprovechará para premiarle nuevamente haciéndole entrega el 5 de agosto, de un sable y dos pistolas de honor, en reconocimiento a todos los méritos de que hizo gala durante la campaña africana, olvidándose por supuesto de la famosa y habitual conducta del coronel fuera de los campos de batalla. Es en este momento cuando Lasalle dice que: «Todo húsar que no esta dispuesto a morir a los treinta años es un jean-foutre [1]». Lasalle era el prototipo del soldado: desprendido, buen bebedor (de hecho llegó a fundar en París la denominada «Société des Assoiffés[2]», simpático, dicharachero, mujeriego, muy “echado para adelante”.

En 1803 después de muchas aventuras finalmente contrajo matrimonio con Joséphine-Jeanne-Marguerite d'Aiguillon, divorciada para ello del general Berthier. El 24 de septiembre de ese año es nombrado Oficial de la Legión de Honor.

Esta parte de su vida nos permite conocer como se las gastaba y cuales eran sus ansias, así como las excentricidades que continuamente protagonizaba, pues es evidente de que vivía intensamente y su razón estaba en su dedicación a la milicia, a la lucha y luego tras ello la juerga permanente, pues desconocía si al día siguiente iba a vivir. Era el más puro prototipo del soldado: valiente, desprendido, honorable y al tiempo vencido por su afición al juego, a la buena vida. El 14 de junio de 1804 es designado Comendador de la Legión de Honor. General de brigada en 1805, entró verdaderamente en la leyenda en 1806, cuando a la cabeza de su «brigade infernale»: los regimientos 5º y 7º regimientos de Húsares, protagonizaría operaciones que dejarían al ejército prusiano en franca derrota, obligando a la Guardia del Rey de Prusia a rendirse incondicionalmente, haciendo capitular al Príncipe de Hohenlohe en la ciudad de Prentzlow; con tan solo 500 de su caballería se adueñó de la fortaleza de Stettin, después de una truculenta operación de asedio, consistente en la tala de árboles de determinado diámetro que emplazó a lo lejos, haciendo creer a los sitiados que eran cañones; más tarde acosando al general Blucher y obligándolo a rendirse en Lübeck. En Golymin, era el 26 de diciembre de aquel mismo años 1806, cuando hallándose bajo el fuego de la artillería rusa, durante más de una hora soportó el intenso cañoneo a la cabeza de sus hombres, y logró mantenerlos sin desmandarse en sus posiciones a pesar de las bajas que los rusos les estaban ocasionando. El 30 de diciembre es ascendido al grado de General de división.

En la primavera siguiente, el día 10 de junio de 1807, durante la batalla de Heilsberg salvará de una muerte segura al mariscal Murat, después de que este quedase rodeado por doce dragones rusos, a los cuales atacó Lasalle y puso en fuga, permitiendo la recuperación de Murat. Napoleón le había elevado a los honores de Conde del Imperio, y a continuación encuadrado en el Cuerpo de Ejército que mandaba el mariscal Bessières le envió a luchar en España.

Nuevamente Lasalle refrendará su fama de heroico soldado en la batalla de Medina de Río Seco, el 14 de julio de 1808. El 4 de septiembre de 1808, es nombrado Gran Oficial de la Legión de Honor. Seguirán nuevas acciones como la de Gamonal o de Burgos, el 10 noviembre, y al mando del 26º Regimiento de dragones luchará en Medellín el 28 de marzo de 1809, enfrentándose a un cuadro formado por más de 6000 infantes españoles.

Le reclama Napoleón para incorporarse a la campaña de Alemania, y hacia allá parte, luchando en la batalla de Essling, los días 20, 21 y 22 de mayo; le seguirá el asedio a la plaza de Raab, entre el 15 y el 24 de  junio. Finalizando la batalla de Wagran, cuando se dedicaba a perseguir a una brigada de infantería austriaca que intentaba entrar en la plaza de Leopoldau, Lasalle penetró imprudentemente a la cabeza de sus hombres por un pequeño y estrecho sendero, momento en que desde las alturas es herido gravemente en la frente, por una bala de un francotirador de los granaderos húngaros, que le derriba de su caballo y falleciendo ese mismo día 6 de julio de 1809.

Este heroico soldado francés, murió como siempre había deseado, al frente del enemigo y a ser posible dando una carga y no más allá de los treinta años. Hoy su nombre podemos verlo inscrito en el Arco del Triunfo de París, y sus restos descansan finalmente en el mausoléo parisino de los Inválidos.



[1] Por hombre frustrado, incapaz, inútil, canalla. Alguien con el que no se puede contar.

[2] «Sociedad de los Sedientos»