KOZIETULSKI, Jan Leon Hipolit

Nació el 4 de julio de 1781 en Skierniewice, ciudad al Sur-Oeste de Varsovia, en Polonia. En 1795 ingresó en la prestigiosa academia militar “Szkola Rycerska” [1], convirtiéndose muy pronto en uno de sus más destacados alumnos. En finales de 1806 supo que Napoleón había entrado en Posen, por lo que Kozietulski y algunos compañeros organizaron la que llamaron Warszawska Gwardia Honorowa (Guardia de Honor Polaca), a la que dieron definitiva forma el 24 de octubre de aquel año, luchando ya en la batalla de Golyminen, Más tarde aquel grupo de oficiales sirvieron como correos y como miembros del servicio de información. El 7 de abril de 1807, al constituirse el 1er. Regimiento de Caballería ligera de la Guardia Imperial francesa, estos oficiales se incorporaron inmediatamente a él, recibiendo Kozietulski el mando del 2º Escuadrón.

A principios del año 1808, el regimiento fue enviado primero a Alemania y posteriormente a París, desde donde marchó a los nuevos frentes abiertos en la Península Ibérica.

La acción donde destacaría extraordinariamente esta fuerza, fue precisamente en el combate de Somosierra que tuvo lugar el 30 de noviembre de 1808, donde los jinetes polacos desarrollaron una impresionante y valerosa carga de caballería, apoderándose uno tras otro de los cuatro obstáculos de artillería e infantería con que se vio interrumpido el Camino Real de Burgos a Madrid, a través de aquel estrecho paso, que sin embargo supieron traspasar a pesar de las graves pérdidas que sufrieron los jinetes polacos, entre los cuales, durante el asalto a la primera batería española, siendo él quien dirigía el ataque, cayó Kozietulski gravemente herido bajo su caballo, siendo rescatado por los que le seguían. Tras el inicio de la operación de Somosierra, Napoleón se encontraba en un dilema, pues por un lado no podía consentir aquel retraso en superar las defensas españolas, y por el otro conocía la carnicería que supondría aquello que estaba meditando para sí, por lo que mirando de soslayo a los Cuerpos que tenía detrás, y conociendo la gran arma psicológica que era la caballería, especialmente “sus polacos”, dirigiendo su mirada a Kozietulski les gritó a aquellos maestros en el manejo del sable a caballo:

¡Polonais, prenez moi cez canons! (¡Polacos, capturadme esos cañones!)

¿Qué más iban a esperar los bravos jinetes polacos, si aquello era lo que ansiaban desde siempre? ¡La gloria en el combate! Eran aquellos unos soldados que vivían para morir, conscientes de que su sacrificio podía protagonizar la victoria final, vivían disfrutando de cada minuto de su vida.

El Comandante del 3er Escuadrón, el coronel Krasinski por hallarse enfermo no se hallaba presente, por lo que le había sustituido en el mando el que lo era del 2º Escuadrón, el coronel Jan Leon Hipolit Kozietulski, secundado por el oficial agregado francés al 3er Escuadrón, Pierre Dautancourt, el cual se quedó en segunda línea de avance a cargo de los tres restantes escuadrones polacos (1º, 2º y 4º). El escuadrón elegido lo fue simplemente por estar ese día de servicio, el ataque inicial que ordenaba Napoleón lo realizaron las 3ª y 7ª Compañías al completo, con sus dos pelotones cada una. Aquella (suponemos) impresionante formación de 216 jinetes a galope tendido, iniciaron su impetuoso ataque progresivamente, pues lo angosto del camino impedía mayor amplitud en el frente, por lo que solamente podían avanzar en columna de a cuatro. Los polacos se habían aproximado cautamente protegidos por la niebla hasta menos de un kilómetro de la primera línea española. Cuando estaban a unos 300 ó 400 metros, picaron espuelas e iniciaron un impetuoso y firme ataque, que solamente fue frenado unos instantes por el fuego de la artillería española, que casi a bocajarro echó por tierra a los primeros jinetes polacos, que en muchos casos serían rematados por los disparos de los fusiles que a ciegas daban en el blanco, como fue en el caso del teniente Rudowski o laceraban aun más los cuerpos de los caídos. Abierta la brecha en la formación por las numerosas bajas, no por ello se amilanaron o hicieron movimiento de repliegue alguno los restantes jinetes, pues repuestos de esa primera descarga y animados por sus oficiales, prosiguieron en su avances sorteando los cuerpos de los hombres y caballos caídos, pues era el único impedimento que hallaban en su valiente carrera hacia la primera batería española, ya que la zanja abierta se batía perfectamente en un salto por aquellos avezados jinetes polacos.

Aun faltaban unos 125 metros para llegar y los artilleros españoles se apresuran para cargar nuevamente sus cañones. Kozietulski sobre su montura empuja a sus hombres llevándoles a saltar sobre el baluarte español, estableciéndose una lucha entonces ya sin igual, pues esta segunda descarga que iba a metralla, ya no llegó a dispararse, y los polacos sobre sus caballos manejaban con excepcional destreza aquellos sables con los que se constituían en terrible arma refulgente en el amanecer de Somosierra, matando a la mayoría de los artilleros, escapando algunos otros, dejando la posición en manos de los polacos que sin parar prosiguen en su rápido avance ni se detienen, sabiendo que tras ellos llegarán sus compañeros desmontados y la infantería que irá asegurando las posiciones.

Entre la primera batería y el camino que ahora recorre Kozietulski y sus hombres, se les une en ese instante el pelotón del teniente Niegolewski que se había quedado recuperando los polacos que habían sido descabalgados y estaban aptos para proseguir en la lucha. Tras él venían aquellos valientes jinetes, transformados ahora en émulos de la infantería, con la que colaboraban a la ocupación del terreno. El terreno era difícil pues a ambas márgenes del camino se hallaban apostados fusileros españoles que hacían descargas intermitentes, dando cuenta de un buen número de jinetes, cuando aun no se veía la segunda batería que los españoles habían situado en la revuelta del camino, y cuando esta bramó solamente cayeron dos o tres polacos, uno de ellos el teniente Krzyzanowski, mientras que la fusilería echa por tierra el caballo del coronel Kozietulski, quedando este bajo su montura en difícil posición, aunque solamente contusionado, por lo que prosigue entremezclado con los hombres que corriendo avanzan por el camino. Esta vez la toma de la batería ha sido a menor costo de vidas, quizás debido a lo mal emplazada que estaba la artillería, con relación al eje del camino.

Relevado forzosamente en el mando Kozietulski, el capitán Dziewanowski es quien tomará la responsabilidad de proseguir en el ataque a la tercera batería, acompañado siempre en primera línea por el teniente Niegolewski. Con relativa sencillez tomaron esta posición y prosiguieron en su impetuoso avance, camino de la cuarta batería. Quizás porque el terreno era algo más abierto, los jinetes se dispersaron un poco más, por lo que aquella andanada de artillería que lanzaba la tercera batería alcanzó a los que iban a la cabeza del ataque, el capitán Dziewanowski, cayó con una pierna y un brazo destrozados, mientras que a su edecán, el teniente Rowicki, le cercenó la cabeza, mientras que muchos de los hombres de la 3ª Compañía quedaron muertos o heridos por aquella descarga a cero y las descargas cerradas de fusilería de los infantes españoles, mejor apostados que en los anteriores puntos de aquel largo y tortuoso camino ascendente hacia el paso definitivo a Madrid. Dziewanowski falleció varios días después en un hospital de sangre madrileño.

Repuesto Kozietulski de sus heridas, el 10 de marzo de 1809 en Madrid, Napoleón le condecoró como Caballero de la Legión de Honor. Durante esta campaña los polacos fueron enviados a Europa, participando Kozietulski el 13 de diciembre en la batalla de Wagranram, sufriendo el ataque que le presentaron los violentos ulanos austriacos, del que salieron victorioso los polacos, aunque Kozietulski acabaría con una gran herida en la cabeza, fruto de un ataque con sable de uno de aquellos fuertes jinetes austriacos. A pesar de la gravedad de sus heridas, se repuso con rapidez y a sí el 13 de diciembre recibía el nombramiento y condecoración de Oficial de la Legión de Honor.

En 1810, Napoleón ordenó que Kozietulski al mando de sus hombres le sirviese de escolta durante su estancia en tierras de Holanda. Finalizado este periplo, el Emperador le concedió el título de Barón del Imperio.

Como cabía esperar, en la campaña de Rusia en 1812, Kozietulski participaría en una gran diversidad de operaciones, distinguiéndose excepcionalmente en la escaramuza de Katyn, donde un jinete cosaco le causó una nueva y peligrosa herida en la cabeza que le hizo caer desmayado del caballo. El 25 de octubre, cerca de la localidad de Gorodnia, el escuadrón que mandaba Kozietulski logró rescatar al propio Emperador, de un asedio al que le sometían los cosacos que habían logrado aislarle del resto del Ejército francés. Durante esta acción, Kozietulski recibió una impresionante lanzada en su brazo. En el Museo del Ejército polaco en Varsovia, puede verse el uniforme que llevaba Kozietulski, donde es bien visible la tremenda herida que debió de ocasionarle.

El 13 de mayo de 1813 fue promocionado al grado de Mayor, y el siguiente 28 de noviembre recibió de manos del Emperador, el collar Caballero de la Ordre impérial de la Réunion. [2]

El 17 de diciembre recibió el mando del 3er. Regimiento de Exploradores de la Guardia (3er. Regiment d’Eclaireurs a Cheval de la Garde Imperial), que como Coronel mandaba Vincent Corvin Krasinski, que también estuvo en Somosierra, aunque por hallarse enfermo aquel día, delegó el mando en Kozietulski.

Durante los últimos cien días de Napoleón, en la denominada batalla de París, en mayo de 1814, Kozietulsi se distinguió durante la defensa de la capital al mando de 80 de sus jinetes, yendo de un lugar a otro, llevando municiones y cubriendo los puestos donde quedaban brechas de posible intromisión, inclusive dando cargas, alguna de ella tan espantosa como pudo haber sido para ellos la de Somosierra. De no habérselo ordenado el mariscal Moncey, Kozietulski hubiese sucumbido ante la Guardia prusiana, junto a Laffite y sus coraceros.

Kozietulski después de la caída del Emperador, retorna a Polonia, tomando el mando de la Caballería.

Como si en todo siguiese de cerca a Napoleón, Kozietulski precede al Emperador y fallece a los cuarenta años, en Varsovia el 3 de febrero de 1821, ochenta y seis días antes que Bonaparte lo hiciese en la isla de Santa Helena.



[1] Fundada en el año 1765, por el General Adam Kazimierz Czartoryski

[2] Orden establecida por Napoleón en 1811, y que fue abolida tras la caída del Imperio en 1815.