![]() |
Nació en el barrio de Endrevie, en la villa de Sarlat-la-Canéda (Perigord Norte), el 6 de septiembre de 1773, hijo de Pierre Fournier y de Jeanne Borne, propietarios en aquella vecindad del mesón llamado ”Le Tapis Vert”. Las primeras enseñanzas las recibió en el convento de frailes de Santa Clara, y aunque apuntaba muy bien en el canto coral y el Latín, abandonó los estudios religiosos y comenzó a trabajar como pasante de un procurador. En 1791 fue a París y allí se enroló en el regimiento que se estaba formando bajo la denominación inicial de «Guardia Constitucional del Rey», que tan rápido como se inició, se disolvió, por lo que Fournier acabó incorporándose el 25 de enero de 1792 como subteniente del 9º de Dragones; en octubre, con su regimiento, pasa al Ejército de los Alpes, que se estaba organizando a las órdenes del general D’Anselme en la localidad de Var. El 15 de febrero de 1793 ascendió al grado de teniente, y una de las primeras operaciones militares en que participa fue en la ocupación de Niza. A continuación, en mayo se incorpora al Cuerpo de Ejército que manda el general Kellerman, tomando parte en el sitio de Lyon entre el 9 de agosto y el 9 de octubre de aquel año. Asciende a capitán y es en esta época cuando Fournier protagoniza uno de sus primeros espectáculos como hombre un tanto calavera, aficionado al juego, pendenciero en lo suyo y sin temor a nadie, fuese quien fuese: se hallaban las tropas en Estrasburgo, y allí por una cuestión sentimental tuvo un duelo con otro joven, de apellido Blumm, en el que este último tuvo la peor parte. El caso es que aquel duelo y la muerte subvenida, tuvieron fuerte repercusión en la ciudad, y coincidía que a los dos días de ello el general Moreu daba un baile de honor a las cabezas visibles y representativas de la localidad, por lo que el General ordenó a su Ayudante, el capitán Dupont, que convenciese e impidiese el acceso al capitán Fournier, pues temía que su presencia condujese a un problema de alteración del orden público, soliviantando los ánimos de alguno de los presentes. Como todos suponían, Fournier llegó y pretendió pasar, impidiéndoselo inicialmente su compañero, que le dijo que: ¡De orden del General, que te vayas a dormir! ¡Que no alteres más el orden público, pues aquí hay amigos del fallecido! A lo que respondió Fournier: ¡Estás buscando que nos enfrentemos entonces tu y yo! Dupont contestó: ¡Pues si!, ¡Hace tiempo que tus fanfarronadas me dan ganas de corregirte! Nos imaginamos la cara de Fournier, un tanto alegre por la respuesta de su compañero, por lo que le respondió: ¡Veremos quien de los dos corrige al otro, y elige arma, Dupont! Éste, sintiéndose en ventaja, eligió la espada, pues era bien sabido que la preferida de Fournier, era la pistola, con la que era extremadamente hábil. Fournier salió herido del duelo, pero no dió su brazo a torcer, y al mes estaba retando de nuevo a Dupont, duelo del que salieron los dos heridos. Siguieron repitiendo los duelos y ante el temor de no poder seguir realizándolos, llegaron a establecer un tratado en el que determinaron los artículos siguientes:
Entre el 24 de noviembre de 1794 y el 25 de mayo de 1797, Fournier volvió a ser separado del mando en razón de sus ideas jacobinas, por lo que retornó a su pueblo, permaneciendo en total inactividad, hasta que nombrado general en jefe del Ejército del Sambre-Mosa, el general Augereau, le designa provisionalmente su Ayudante de campo el 18 de agosto de 1797. El 28 de abril de 1798, fue nombrado jefe de brigada del 11º regimiento de Húsares, y el 23 de mayo fue designado coronel jefe del 8º regimiento de Húsares. El 12 de septiembre pasó al 16º regimiento de Cazadores a caballo, y a poco nuevamente incurrió en actos de conducta irregular por lo que el 24 de febrero de 1799 fue reprendido degradándole temporalmente a jefe de la brigada auxiliar del 12º regimiento; el día 12 de septiembre fue recuperado y nombrado jefe de Escuadrón del 16º regimiento de Cazadores a caballo, pasando el 3 de junio de 1799, a tomar posesión como coronel del 12º regimiento de Húsares, y participando con él en la segunda campaña de Italia, en la que ya el 16 de mayo se distinguió en el paso de San Bernardo, y el siguiente 18 lo haría por su bravura y valentía en la carga que ejecutó en el valle de Aosta, por lo que el general en jefe, mariscal Berthier lo recomendó a Napoleón, quien lo citó para oirle en audiencia el 28 de mayo en Chivasso. Aquella primera entrevista personal que cualquiera hubiese conducido sumisamente, fue todo lo contrario. Fournier, altivo y orgulloso, más jacobino que nunca, disconforme con el giro de la conversación, diríamos que a duras penas se contuvo sin acabar retando a duelo a Napoleón. Soldado ante todo, esas diferencias no le impedirían luchar bravamente al frente de su regimiento en las jornadas de Marengo, incorporado al 21º de Cazadores, protagonizando verdaderamente los combates más decisivos de aquel día. Fournier y sus hombres estaban en todos los sitios. A las órdenes de Murat en aquel Ejército de Observación del Mediodía, obtiene autorización de éste para viajar a París, ciudad donde ya se encuentra el día 2 de enero de 1802, comenzando a disfrutar de tres meses de descanso en la capital donde tantos amigos tenía. Finalizado aquel tiempo, Fournier demoraba su retorno a Lanciano, donde le esperaba su regimiento. El 25 de abril se celebraba un desfile en París y a él concurrió nuestro General, junto a sus amigos. En un determinado momento, Bonaparte le llamó y le pregunto desabridamente, o al menos así le pareció a Fournier, las razones por las que aún no se había incorporado a su puesto en Italia, a lo que éste apenas le respondió y se marchó a donde estaban sus amigos. Habitualmente Fournier se reunía entre otros con Augereau, Bernadotte, Davout, Delmas, Junot, Lannes, Lefebvre, Masséna, y también burócratas de aquella nueva administración. La realidad de su demora parece ser, o al menos eso se viene diciendo, no era otra que la de concurrir con sus compañeros descontentos de la política seguida por Bonaparte, a reuniones muy reservadas en la finca llamada «L’Polangis», que en Joinville-le-Pont, en las cercanías de París, tenía el general Oudinot. Durante una de esas jornadas parisinas, Fournier les prometió a sus compañeros, que él acabaría con Napoleón. Como quiera que Fournier no se privaba de decir públicamente lo que pensaba, y como siempre hay quien escuche y lleve los cuentos, Fouché ávidamente inició sus investigaciones y así fue como, en pocos días, comenzaron las detenciones de aquel grupo de conjurados denominados precisamente con el nombre de la finca que solían frecuentar. El día 4 de mayo, tres policías que seguían a Fournier, mientras asístía a una sesión en la Ópera, se aproximaron a él y le condujeron a la calle, llevándole al Ministerio de Policía General, donde después de intentar sonsacarle, acaban llevándole detenido al Temple, y el 26 de mayo de 1802 le entregan el pasaporte y la escolta para irse a Sarlat, donde quedará confinado. Sin embargo no marchará hasta el 15 de junio, debido a una indisposición. El 19 está en su pueblo, y pocos días después el general Souham, de la 20ª división, con cuartel en Lubersac, le comunica que por orden superior ha de marchar confinado a Perigueux. Vuelve a Sarlat y el 21 de julio de 1804 por fin lo autorizan a ir a los baños medicinales de Barèges.
En abril de 1805, la guerra esta nuevamente en marcha y todos los esfuerzos son imprescindibles, por lo queFournier tras aquella separación del Ejército es considerado necesario y, reintegrado al mismo, comanda los 600 hombres de la expedición del contralmirante Magon a la Martinica, y siendo necesarios en otros lugares, su regimiento pasa a Orleans e Italia donde en mayo de 1806 se encuentran en Nápoles. Aprovechando el momento, el general Lasalle intercede por él y el 2 de febrero de 1807 le lleva consigo como su jefe de Estado Mayor, distinguiéndose excepcionalmente seis días después, el 8 de febrero en la batalla de Eylau, en la de Guttstadt, y el 14 de junio en la de Friedland. Sus buenos resultados hacen que el 25 de junio de 1807 ascienda al grado de general de brigada. El 2 de julio de 1808 es designado Barón del Imperio.
Destinado Lasalle al Ejército de ocupación en la Península Ibérica, lleva como no también a Fournier, al que después de la batalla de Elviña y de la ocupación de la plaza de La Coruña, lo destina al Norte, por lo que entre el 18 y el 23 de mayo de 1808, queda Fournier como gobernador de la amurallada plaza de Lugo, cubriéndose una vez más de gloria, en la defensa que hizo de la ciudad. Después de un bravo comportamientio, y como siempre, fruto de su irascibilidad y sus impensados gestos, se vio nuevamente separado del mando, debido a que durante una entrevista golpeó sañudamente con su sable al Secretario de Estado Daru. Reconsiderado el verdadero valor de Fournier como soldado, se olvida todo y se le destina al IX Cuerpo de Ejército, a las órdenes del mariscal Druot de Erlon. El 11 de noviembre de 1812 protagoniza otra de sus habituales acciones en la batalla de Fuentes de Oñoro: Fournier, poniéndose al frente de una de sus acostumbradas cargas con sus dos escuadrones, el 7º y el 20º de Coraceros, destroza tres cuadros que habían ido formando los soldados británicos, y toma unos 2.000 prisioneros, entre ellos dos generales.
Incorporado a la campaña de Rusia, lo hará al mando del IX Cuerpo, con la 30ª y 31ª brigadas de caballería ligera, formada por los húsares de Baden- Württemberg, la caballería ligera de Sachsen y la de Wesfalia, con los que realiza el 18 de agosto de 1812 una terrible carga durante la batalla de Smolensko. El 11 de noviembre es promovido al grado de general de división. Y vuelve a ser la salvación de muchos franceses en el paso de Berezina, al frente de la caballería del IX Cuerpo del mariscal Víctor. El 23 de agosto de 1813 participa brillantemente al mando del 6º regimiento de caballería ligera en la batalla de Gross Beeren, y del 16 al 18 de octubre en la de Leipzig.
Recordaremos que Napoleón Bonaparte, en 1808, le hizo Barón del Imperio: el 26 de octubre de 1813 revocó su nombramiento. Tratándose de Fournier, todo era posible pues era un hombre que lo daba todo en el campo del honor, y se permitía siempre decir en voz alta lo que opinaba acerca de cualquier asunto que le compitiese. Esto fue lo que le llevó a discutir y sostener otro peligroso altercado dialéctico con el Emperador, que esta vez le supuso su relegamiento personal en la carrera militar.
Fue rehabilitado en 1814 durante la primera restauración por Luis XVIII, y cuando Napoleón recobró el gobierno durante los Cien Días, Fournier no se adhirió a su partido, manteniéndose ajeno a cuanto se refiriese a Bonaparte. En 1819, Luis XVIII le otorga el título de Conde, y le permite añadir a su apellido el patronímico de Sarlovèze [1], nombrándole Inspector general de la Caballería, y participando como ponente en la redacción del nuevo Código militar.
Fallece en París el 18 de enero de 1827.