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Nació el 4 de mayo de 1784 en Villarín, parroquia de San Andrés de Veigas, concejo de Somiedo (Asturias), hijo de Francisco Valdés y Antonia Sierra. Inició su educación en su casa y cuando contaba doce años fue enviado a Lugo, en cuya catedral se hallaba de canónigo magistral un hermano de su madre, José Sierra, quien además era el Rector del Colegio-Seminario de aquel obispado. Durante cinco años cursó estudios en dicho Seminario, de Filosofía y Gramática latina, pasando a continuación a la Universidad literaria de Oviedo, iniciando estudios en los derechos Civil y Canónico, que a lo largo de otros siete años le iban a capacitar para desarrollar la carrera universitaria. Los periodos no lectivos los empleaba en lo que era muy aficionado, la caza, especialmente la mayor, tan abundante en las tierras de su nacimiento, por lo que su constitución no era la clásica del estudiante, sino que era atlético, ágil, además de haberse ido formando en el reconocimiento del terreno, medición de distancias y cálculo de probabilidades, todo lo cual abandonados los estudios por su incorporación a la Milicia, le servirían grandemente en su nueva actividad, y que muy pronto fue reconocida por sus superiores.
Cuando cursaba el último de su carrera, debido a los sucesos de mayo de 1808 sus estudios quedaron inconclusos al incorporarse voluntariamente a la lucha contra los franceses, siendo uno de los mayores en edad y de los que promovió el alistamiento de sus compañeros universitarios, reconociéndole este mérito la Junta Soberana del Principado, razón por la que el día 18 de junio le fue conferido el grado de Capitán del regimiento de Cangas de Tineo, que por aquellos días se estaba organizando en el Puerto de Pajares, en prevención de alguna avenida francesa por aquel punto. Prosiguieron aquellas fuerzas hasta Rioseco, después de cuya derrota recibió instrucciones de pasar a Torre de Barrio, con objeto de cubrir la posible entrada de los franceses por el puerto de la Mesa, lo cual conllevaría la fácil llegada a la fábrica de cañones de Trubia y abrir así el camino a Oviedo. Sin embargo ocho días después es enviado con sus tropas a cubrir el puerto de Leitariegos. Las ocho compañías allí destinadas se despliegan sobre el terreno, cuatro de ellas al mando del coronel Encaguallo, y las restantes por Orallo al mando del capitán Valdés. En septiembre recibe orden de incorporarse al ejército del general Blake, que marcha hacia Vizcaya, hallándose el día 5 de noviembre en la batalla de Valmaseda, donde se ocupó de cubrir y apoyar el paso de su ejército desde una altura que dominaba el puente y que puesto sostuvo a pesar de lo superior que en ocasiones fueron los ataques de los franceses. Entre los días 10 y 11 tomó parte en la batalla de Espinosa de los Monteros, después de la derrota, el regimiento de Cangas de Tineo se retira sobre las montañas cántabras, cubriendo la retaguardia de las restantes tropas. En Comillas fue atacado por los franceses a los cuales logró hacerles graves pérdidas. El día 19 toma parte en la acción de San Vicente de la Barquera, donde finalizaron vadeando el río Deva y llegando hasta Colunga, donde se repusieron al amparo de otros Cuerpos a las ordenes del general Ballesteros. Queda estableciendo la línea defensiva de Colombres, tomando parte en las acciones de Molleda, y la de las barcas de Unquera, después de lo cual los franceses fueron arrojados más allá de San Vicente de la Barquera.
En mayo de 1809 el regimiento de Cangas de Tineo marcha hacia Oviedo siguiendo ordenes del marqués de La Romana, viéndose en ese momento entre dos divisiones enemigas, pues al abandonar la línea de Colombres, los franceses penetraron con mayor rapidez y como desde el 19 de mayo ya se habían apoderado de Oviedo, el General decidió volver hacia Santander a través de las montañas de Covadonga, llegando a Torrelavega y desde allí a Santander. Lucha Valdés en Peña Castillo, Tamames, Medina del Campo, Alba de Tormes, donde actúa como Ayudante de campo del General. Después de la cual se ocupa de reunir a los dispersos, acantonándose finalmente en la Sierra de Gata, de donde pasa a acuartelarse en el pueblo de la Espeja, protegiendo los hospitales de campaña allí establecidos después de los desastres que entre guerra y epidemia asolaban el Ejército.
El 26 de marzo de 1810 toma parte en la acción del Ronquillo, el 26 de mayo en la de Aracena. En Canta el Gallo el 12 de agosto, el 17 de septiembre en la del Castillo de las Guardias. Comienza el año 1811, participando el día 1 en la acción de Guadalcanal, el día 4 en la de Calera. Hallándose aun en Calera, una división francesa que se dirigía con su tren de batir a poner sitio a la plaza de Badajoz, llega al pueblo de Monasterio, donde Ballesteros los ataca obligándoles a pasar el río Bodión, cargándolos a la bayoneta y matando a muchos franceses entre los sables y los que fallecieron ahogados en el crecido río. Sigue Valdés con sus acciones y el 25 de enero toma parte en la batalla de los Castillejos, siendo declarado por ello, Benemérito de la Patria. Participa en la acción de Fregenal de la Sierra, en otras dos sobre el río Tinto, en la de Villalta, en la sorpresa de la Palma y en el nuevo a taque del día 14 a Fregenal, donde se batió a la cabeza de las compañías de cazadores que mandaba. Ese mismo día en Jerez de los Caballeros y el 16 de mayo en la batalla de Albuhera, donde nuevamente, y por segunda vez es declarado Benemérito de la Patria, obteniendo el grado de Teniente coronel. Por orden de Ballesteros marchó el teniente coronel Valdés al frente de veinte jinetes, con destino a Sevilla, con objeto de hacerse cargo y transportar todo lo que de valor se había reunido para evitar que tomaran los franceses. Así llegados al punto de encuentro, a unas tres leguas de Sevilla, recogieron los efectos, dinero y alhajas, llevándolo todo hasta el cuartel general establecido por entonces en la villa de Zafra.
El 26 de junio luchó en la acción del Cerro, el 5 de julio en la retirada de Trigueros, donde con los cazadores de la 3ª división cubrió la retaguardia del Ejército de Ballesteros. En agosto Valdés se ocupó de vigilar los movimientos de la columna Regnan sobre el Campo de Gibraltar, desde Ronda a Ubrique, dando lugar a la batalla de Jimena en la que el día 25 de septiembre el francés fue totalmente derrotado, distinguiéndose especialmente Valdés en la toma de las peñas de Juana Sánchez. Al día siguiente de la batalla, Ballesteros le comisiona para que con una columna volante formada por 200 infantes y 300 de caballería, aunque en su mayor parte desmontados, vaya sobre la Hoya de Málaga, con objeto de reunir los cientos de dispersos y desertores que por allí pululaban, requisando al tiempo cuanta montura útil hallase, al tiempo que dispersara la columna francesa que por allí andaba con objeto de recaudar caudales y víveres, llegando hasta Vélez-Málaga. En noviembre se hallaba de vuelta con todos los encargos asazmente cumplidos, encargándose en el cuartel general de poner a punto un batallón provisional denominado de la Sierra. El 9 de diciembre embarca en Gibraltar con 600 hombres de dicho Cuerpo, y desembarca en Estepona atacando por la espalda a los franceses que asediaban el Campo de Gibraltar, siguiendo luego otras operaciones como fue la de Puerto Ojen, atacando a los franceses que iban a asediar la plaza de Tarifa.
Logrado el objetivo, Valdés con el Cuerpo que mandaba pasó a la guarnición de Ceuta, con objeto de impedir que surgiese un segundo Gibraltar al otro lado del Estrecho, pues desde hacía un tiempo existía una guarnición de 800 británicos en el fuerte del Hacho, que solicitaban se les permitiese artillar la plaza. Ballesteros no sin razón sospechaba que los británicos preparaban la toma de aquel punto, por lo que en modo reservado informó de los antecedentes a Valdés, quien junto al comandante Ceballos Escalera, de otro batallón allí destinado, habría de evitar la sorpresa británica.
Reorganizados los batallones 1º y 2º de la Sierra, Valdés fue nombrado Primer Sargento mayor del regimiento de Castropol, participando el 23 de abril de 1812 en la acción del Campillo, y el 29 en la del Burgo, en el asedio y entrada el día 14 de julio en Málaga, y el 24 siguiente en la sorpresa de Osuna. También estuvo en las acciones de Antequera y Alhaurín de la Torre, persiguiendo a los franceses que por fin se retiraban de Andalucía.
Alcanzada esta pasajera tranquilidad el regimiento de Castropol es destinado a Córdoba, con objeto de uniformarlo, organizarlo y rearmarlo para posteriores operaciones militares. En esta situación se hallaba cuando el general Ballesteros fue separado del mando y confinado en el penal de Ceuta, por realizar patrióticas y justificadas protestas, ante el nombramiento de Wellington como Generalísimo del Ejército español. Valdés fue otro de los arrestados y procesados en una causa que duraría 25 meses, finalizando el proceso con el reconocimiento de que aquellos oficiales solamente habían participado en hechos de armas, y buscando compensaciones a las tropelías cometidas con ellos por Fernando VII, Valdés fue nombrado el 13 de julio de 1815, segunda Ayudante general de E. M., encargándole de la jefatura de E. M. de la columna de Granaderos de Castilla, que se organizaba en Salamanca en prevención de las repercusiones de la salida de Napoleón de la isla de Elba. En esta situación continuó hasta después de conocerse el resultado de la batalla de Waterloo, en que habiendo desaparecido el peligro se disolvió este Cuerpo, pasando Valdés destinado al Ejército de Observación que se hallaba situado en Guipúzcoa. Por los servicios prestados, y vuelto Fernando VII, Valdés fue agraciado con la Cruz supernumeraria de Carlos III
En vista de que en España parecía no iba a haber conflicto alguno, solicitó su pase al virreinato del Perú, en la expedición que se preparaba en Cádiz a las ordenes del mariscal de Campo José de Laserna, pasando allí destinado el 14 de enero de 1816. El 8 de mayo embarcó en Cádiz, pasando el Cabo de Hornos y desembarcando el 8 de septiembre en el puerto de Arica. Allí organizó el E. M. y comenzó los preparativos de la campaña militar que continuadamente finalizaría con la destitución del virrey Pezuela. Ascendió en 1822 al grado de Brigadier y fue nombrado Comandante general del Ejército del Perú. Su actividad fue muy dilatada pero como es ajena al territorio peninsular y al periodo de que solemos ocuparnos la obviaremos, diciendo solamente que durante la batalla de Torata su caballo recibió once balazos, por lo que montó en otro que también fue muerto y solamente salvó su vida por haber mediado el coronel Baldomero Espartero con su compañía de cazadores, que alejaron los enemigos que se abalanzaban sobre Valdés para ultimarlo, y que después de la batalla de Ayacucho, tomó el montante y se encaminó a la difícil caleta de Quilca, donde embarcó rumbo a España.
Hallándose al mando del Ejército de Aragón, fue destinado a sustituir al general Sarsfield, aunque previamente hubo de combatir para abrirse paso por Durango, participando en varias acciones y persiguiendo constantemente a Zumalacárregui, en combinación con los generales cristinos Lorenzo y Oráa. Después de muchas peripecias y acciones como habían sido la de Nazar y Asarta, Güesa y Zubiri. A finales de febrero de 1834, Valdés es relevado del mando por considerar que había fracasado en su intento de encerrar a Zumalacárregui en las Amézcoas. Para sustituirlo fue nombrado general Quesada. El 22 de marzo de 1834, asciende al grado de teniente general y destinado a la Capitanía General de Valencia y el 15 de agosto de 1845 la Reina gobernadora le designa Senador vitalicio.
Sustituido Zarco del Valle, fue nombrado para sustituirlo en la cartera de la Guerra, el capitán general de Cataluña, Manuel Llauder, que tomó posesión a mediados de 1834, y llevada a cabo la revuelta, obligarían a dimitir a Llauder y temporalmente se hizo cargo del ministerio Martínez de la Rosa, que a su vez fue sustituido por Valdés, quien al tener que marchar el 8 de abril de 1835 nuevamente hacia el Norte con objeto de hacerse cargo de las tropas que luchan contra los carlistas. Al general Valdés le respetaban hasta sus enemigos, a quien tenían por su más digno rival. No obstante volvieron a ser las Améscoas el teatro de la rivalidad con Zumalacárregui, enzarzándose en la sangrienta batalla, de la que nuevamente salió vencedor el carlista, Valdés derrotado definitivamente se retira sobre Estella, mientras sus hombres lo hacían atropellándose y abandonando cuando portaban.
En noviembre de 1837 fue nombrado Senador por Valencia, hasta que en junio de 1838 es designado Capitán general de Galicia. En 1840 fue nombrado Capitán General y gobernador de la isla de Cuba, aunque dada la persecución que hizo de la esclavitud, los poderosos comerciantes y mediadores que se enriquecían con el tráfico negrero influyeron para que su mandato terminase antes de cumplirse un año. Vuelto a la Península, el 12 de enero de 1841 obtiene Real licencia para contraer matrimonio con María de los Dolores [1] Héctor [2] y Guerrero, hija de un catalán, de Martorell, Oficial de infantería que había estado destinado en Tarifa en los tiempos de la guerra de la Independencia, y de quien era muy amigo.
Hallándose destinado en Zaragoza, mandaba el Ejército de Aragón por lo que sometió a los rebeldes de Benasque y Mequinenza, donde quedaron evidenciadas su humanidad y capacidad para el mando y la estrategia militar. El 15 de agosto de 1845 la Reina gobernadora le designo Senador vitalicio, y el 31 de diciembre de 1849 fue ennoblecido con el vizcondado previo de Torata y posteriormente con el condado de Villarín [3]. Pasó después de cuartel a Madrid, y deseando alejarse de su vida anterior marchó a Asturias, falleciendo en Oviedo el 14 de septiembre de 1855.
Estaba en posesión de gran número de condecoraciones, entre ellas las cruces de distinción de Espinosa de los Monteros, Alba de Tormes, Albuhera, Chiclana, Tarifa, División Asturiana, Ejército de Galicia, IV Ejército y la Cruz de Carlos III, además de que era dos veces Benemérito de la Patria por las batallas de Castillejos y Albuhera. Por su dilatada carrera fue premiado con las cruces de Carlos III, Isabel la Católica, San Fernando y San Hermenegildo.