VALDÉS Y FLORES BAZÁN, Cayetano



Capitán General de la Armada

Nació circunstancialmente en Sevilla el 28 de septiembre de 1767, hijo del Comisario de Guerra de los Reales Ejércitos, el asturiano Cayetano Valdés Bazán, y de la también asturiana María Antonia de Flores y Peón, hija del Regidor perpetuo de Avilés, Rodrigo de Flores y Bances Valcárcel.

Sentó plaza de Guardiamarina en el departamento de Cádiz, el 23 de abril de 1781, siendo ya por entonces Caballero de la Orden de San Juan. Finalizados los estudios iniciales a bordo de la Escuela flotante gaditana, pasó destinado a la escuadra del almirante Luis de Córdova que en aquellos momentos bloqueaba la plaza de Gibraltar, participando en el combate de Espartel contra la flota británica del almirante Howe, y dos años después en la flota del general Barceló en Argel. Entre 1789 y 1794 siendo teniente de navío tomó parte junto a Alcalá Galiano en la expedición de Malaspina, ciñendo todo el continente americano del Sur, realizando estudios de todo tipo entre ellos astronómicos y elaboración cartográfica, encargándose ellos dos de la exploración y levantamiento del estrecho de Juan de Fuca, a bordo de la goleta Mejicana. De vuelta a la península, hallándose embarcado en el navío Pelayo, destacó por su combatividad y activa presencia el 14 de febrero de 1797 en el combate de San Vicente y durante el bloqueo británico de Cádiz se hallaba a las órdenes de Mazarredo. Durante 1799 nuevas salidas por el Mediterráneo y a continuación se dirige a Cartagena, donde se une a la escuadra francesa del almirante Buix, con la que después de entrar en Cádiz se dirigen a Brest en 1799, trasbordando Valdés al Neptuno, del que se hace cargo y en el que enarbolaba su insignia el almirante Gravina. Desde Brest partirían unidas las dos flotas, la francesa del almirante Villoret y la española, convoyando la expedición que conduce las tropas destinadas a atajar la rebelión de la isla de Santo Domingo, donde participa en los asedios y captura del Guarico y Puerto Delfín, desde donde pasa al arsenal de La Habana, y de allí a Cádiz, a cuyo departamento se restituyó en principios de 1802. Asciende a Brigadier, manteniéndose en el mando del Neptuno, con el que en virtud del acuerdo de 4 de enero de 1805 entre España y Francia, pasa Valdés al apostadero ferrolano de La Graña, para reforzar su armamento antes del 30 de marzo, al tiempo que se aprovisionaba de víveres para seis meses y agua para al menos cuatro. En 1805 sale con su navío integrado en la gran flota que comandan conjuntamente los almirantes Gravina y Villaneuve y que se dirige al Mediterráneo.

Durante el combate de Trafalgar, Valdés combatió incansable a bordo de su buque, recibiendo una herida grave, aunque logró defender su navío y alcanzar Cádiz, donde en noviembre de ese año asciende a Jefe de Escuadra, siendo destinado al mando de la escuadra surta en el departamento de Cartagena. En febrero de 1808 recibió orden de pasar con su escuadra a la base francesa de Toulon, saliendo con aquel destino el día 4 al mando de seis buques, pero algo debía de atisbar en el aire Valdés, que en lugar de ir directamente allí, modificó el rumbo y entró en la bahía de Palma de Mallorca, donde fue informado del alzamiento popular contra los franceses, internando posteriormente la flota en Mahón, donde le fue retirado el mando, siendo sustituido por el brigadier Martínez de Espinosa, pero salvando aquellos navíos de caer en manos francesas.

Hallándose sin mando, Valdés en un rasgo de patriotismo se incorporó a las tropas de tierra, pasando a mandar una brigada de la división asturiana del general Acevedo, con la que llega muy poco antes de que comiencen los combates del día 10 de noviembre de 1808 en la batalla de Espinosa de los Monteros, donde acaba siendo herido por un proyectil de fusil que le hirió en el pecho. Los heridos fueron evacuados hacia Aguilar de Campóo, entre ellos el general Acevedo, los brigadieres Valdés, Manglano, el conde de San Román y el coronel Pesci y otros muchos, aunque el general Acevedo acabaría siendo asesinado por los cazadores del regimiento francés Tascher. Antes de finalizar el año asciende al grado de teniente general, siendo nombrado sucesivamente gobernador, Capitán General y jefe político de la plaza de Cádiz.

Como cabía pensar del felón monarca, al regresar a España comenzó las persecuciones, y entre los muchos acosados, encerró a Valdés en el castillo de Santa Bárbara, en Alicante, por no aceptar el ánimo con que regresaba el monarca, ni aceptar el que derogase la Constitución, o persiguiese a los héroes que habían expulsado a los franceses, posibilitando el retorno del Rey

Con la llegada del Trienio liberal, Valdés fue enseguida reclamado por el divino Argüelles, con objeto de encomendarle la cartera ministerial de la Guerra, aunque no llegó a aceptarla, pues el Rey había logrado que sus secuaces trajesen de nuevo a los franceses, olvidando la sangría y destrucción que aquellos soldados nos produjeron a lo largo de seis años, esta vez traídos por el propio Rey, llegaron al mando del duque de Angouleme, y enseguida nuestros predecesores en honor al monarca francés los denominaron como los Cien Mil hijos de San Luis.

Ante el malestar creado, y habida cuenta la posición del monarca, los diputados entre los que se hallaba Valdés, depusieron al Rey Fernando declarándolo incapacitado, y en su lugar nombraron una Regencia, tan solo para el traslado de la institución, la que encomendaron a los tenientes generales de la Armada Gabriel de Císcar y Cayetano Valdés, junto al del Ejército Gaspar de Vigodet. Llegaron el día 15 de junio de 1823 a la plaza segura de Cádiz, el Gobierno y las Cortes, cesando en ese momento la Regencia provisional y devolviendo al Rey su inmerecido trono. Los franceses sitiaron Cádiz, y el día 1 de octubre se levantó el sitio y el monarca junto a su familia decidió pasar a donde mejor se encontraba, al cuartel general francés en el Puerto de Santa María.

Para llevar a cabo el Real transporte, este se efectuó en una engalanada falúa que patroneó el teniente general Valdés. Durante la travesía, el Rey se desvivía con Valdés, obsequioso, agradeciéndole todo lo que se había hecho por él y su familia. Viendo aquello alguien pudo pensar que “el Deseado” había cambiado, pero al hallarse solo en su cámara Fernando VII volvió a transfigurarse en el demonio que realmente era, firmando aquella misma noche la orden de captura, prisión y condena a muerte de Cayetano Valdés.

Como siempre hay personas honestas y valerosas, Valdés pudo salvar su vida gracias precisamente al general gobernador francés de Cádiz, que le favoreció y permitió escapar a la cruel venganza Real, conduciéndolo prisionero a Gibraltar. Desde Gibraltar pasó a Inglaterra y durante unos diez años residió en Londres, hasta que la amnistía del 15 de octubre de 1832 permitió el regreso de muchos liberales exiliados, entre ellos Valdés y el conde de Toreno. Fallecido Fernando VII el 29 septiembre de 1833, la reina Isabel II le nombra Capitán general del departamento marítimo de Cádiz y el 18 de julio de 1834 fue nombrado Prócer del Reino [1]. Poco después fue nombrado Capitán General de la Armada y el 6 de febrero de 1835 falleció en la vetusta Isla de León, la actual ciudad de San Fernando, quedando España preparada para una guerra fraticida que por tres veces se repetiría sangrientamente, merced al legado de Fernando VII, en asunto que ni nos iba ni nos venía.



[1] Archº Senado. Expediente signatura: HIS-0489-02.

Por Linsy Oflodor