RODIL Y PAMPILLO, José Ramón Esteban Matheo





Marqués de Rodil, con el previo Vizcondado de Trobo

Nació el 5 de febrero de 1789, en Santa María de Trobo (Begonte, provincia de Lugo). Era hijo de Esteban Méndez de Cancio Rodil [1], y de María Gayoso Pampillo. Inicialmente cursó estudios en su propia casa, pasando más adelante a ampliarlos con los de Latín y Filosofía en el Seminario de Mondoñedo, prosiguiendo su preparación en la Universidad de Santiago de Compostela, donde cursaba estudios de Derecho.

Uno de aquellos cotidianos días del próximo fin de curso, y cuando se hallaban los estudiantes en el claustro del edificio universitario, llegó a Santiago la inquietante noticia de los pasados sucesos madrileños del 2 y 3 de mayo. Reunidos en el patio del claustro deciden elevar voces en defensa de la independencia peninsular, y escuchan lo que les dice uno de los primeros en alzar la voz, el entonces marqués de Santa Cruz de Rivadulla, Juan Ignacio de Armada de Mondragón [2], coronel de los Reales Ejércitos y ex gobernador de Maracaibo, que ofrece patrocinar la formación de los nuevos soldados y tener a su cargo la uniformidad del Batallón. En ese acto es aclamado coronel del Batallón, lo que lleva al Claustro de la universidad a otorgarle el grado de Doctor en todas sus facultades, al tiempo que dice algo que hoy hasta produce hilaridad leerlo: “Que como Coronel de este Batallon compuesto de estudiantes acostumbrados a obedecer a Doctores, pareció conveniente para aumento de la disciplina, condecorarle con este significante y respetable adorno.” Ante aquellas inflamadas palabras los estudiantes deciden alistarse en torno a la bandera del Batallón Literario, eligiendo por lema el que luego colocarán en su bandera: Palladis Regio pro Libertate Regis. El Batallón Literario Escolástico se componía de seis compañías, compuesta cada una de ellas de 168 plazas, excluidos los jefes y oficiales, por tanto un contingente superior a las 1.100 plazas.

Rodil igual que sus compañeros sentó plaza con antigüedad del 15 de junio de 1808, siendo todos ellos alistados como Cadetes, por su condición de universitarios. Después de haberse iniciado los adiestramientos en movimientos y uso de las armas, dieron por finalizado este periodo inicial, saliendo en la madrugada del 18 de julio, bien uniformados y armados camino del Puerto del Manzanal, al objeto de reunirse en aquel punto con el resto del Ejército que mandaba el general Blake, que les destinó a la 4ª División que mandaba el mariscal Marqués de Portago. De allí marcharon por León y siguieron a Mansilla de las Mulas, hasta que en septiembre marcha a Almanza, y de allí siguen a Guardo, Cervera y Reinosa, donde fueron nuevamente distribuidos, pasando a integrarse en la 1ª División al mando del general Agustín de Figueroa, marchando a Villarcayo, Medina del Pomar y Frías. Marchan por el Valle de Mena en dirección a Balmaceda, siguiendo a Bilbao. El 15 de octubre luchan en  Zornoza, donde caen los primeros cadetes, y prosiguen las acciones en los altos de Galdames, logrando con su esfuerzo desalojar a los enemigos en las jornadas del 24 y 25 de octubre. En Durango se añaden a la Vanguardia que mandaba el general Mendizábal. En la noche del 30 llegaron a Bilbao, pasando a los altos de Begoña y puente de San Francisco, soportando el frente mientras se retiraba la 2ª División. Iniciada una serie de acciones militares que les llevan a participar los combates de Sodupe, y Leciñana, en el camino de retorno que les lleva a estar el 9 de noviembre en Espinosa de los Monteros, donde fueron situados en el ala izquierda, en la que se hallaban cuando en la madrugada  del día 10 comenzó la batalla, al atacar los franceses por el centro y ala derecha, llegando a posicionarse  estos en un bosque que había enfrente, por lo que los Literarios salieron a desalojarlos, lo que lograron aunque cuando volvieron a su emplazamiento primitivo, lo hicieron con algunos cadetes heridos. Durante la dura jornada y la retirada que emprendieron los españoles el siguiente día 11, el Batallón dejó sobre el campo al teniente Bequería y más de 150 cadetes. Resultando heridos el teniente Otero, un sargento primero y más de doscientos cadetes. Los hombres perdidos a causa de haber quedado prisioneros, fueron el ayudante primero Olmo y 17 cadetes.

Los que pudieron retirarse lo hicieron hacia Reinosa, dispersándose hacia las montañas de Cantabria, Asturias y León. Aquella fue una dura batalla para los jóvenes universitarios. Los restos del Batallón pasaron a reorganizarse en Monterrey, de donde algunos de ellos y tras su experiencia pasarían a integrar cuadros de otros cuerpos.

Rodil le vemos participando como Subteniente a las órdenes del general Morillo en la defensa de Pontesampaio, desde donde proseguirá su marcha integrando las columnas que liberaran Santiago de Compostela, y Galicia de la presencia francesa. Más adelante, durante todo el desarrollo de la guerra participa participará destacadamente en las batallas de Alba de Tormes, Tamames, y otros encuentros entre ambos ejércitos, hasta el sitio de Bayonne en los últimos días de la presencia francesa en España.

Finalizada la guerra, en 1816 siendo capitán es destinado al Perú, formando parte del Ejército expedicionario que intenta sostener el territorio americano en el trono español. Sale la expedición de Cádiz el 17 de abril de 1817, y Rodil lo hace integrado en el regimiento Infante Don Carlos, con el que acabará tomando parte en las acciones de la región andina. El virrey Joaquín de la Pezuela, que también había llegado al Perú en 1816, lo asciende al grado de comandante. Fue derrotado el 5 de abril de 1818 por los patriotas en la batalla de Maipú. Más adelante, el 29 de enero de 1821, en la localidad de Aznapuquio se celebró una Junta General a la que asistieron, los generales Canterac y Jerónimo Valdés, los jefes Rodil, Matero, Ferraz, Valleumbroso, etc., hasta completar un total de diecinueve jefes. Cantera y Valdés presentaron cargos contra el Virrey, exigiendo su deposición y deportación inmediata. Finalizado el movimiento, Rodil obtiene el grado de coronel.

En octubre de 1822, el ejército realista al mando de Rodil se enfrenta a los húsares de los patriotas. Otra acción especialmente significativa fue la de la defensa de la plaza de El Callao, donde en 1823 será elevado a la categoría de Brigadier y Gobernador Militar de la provincia de Guamanga, más tarde con el mismo cargo lo será de Lima y poco después elevado al cargo de Comandante General e Intendente de la misma provincia. El 4 de febrero de 1824, una revuelta a favor de los realistas, pone en sus manos la plaza de El Callao, liberando a los españoles prisoneros. Al saberlo el general Canterac, mandó a Rodil sobre la capital desde San Jerónimo de Ica, distante unos 300 kilómetros, al tiempo que ordenaba lo mismo al general Monet que marchará en la misma dirección desde Jauja, y ambos a marchas forzadas acaban reuniéndose en la ciudad de Lurín, a tan solo 30 kilómetros de Lima. El general patriota Necoechea a la vista del contingente que se aproxima, abandona la defensa el día 24 y sale de la ciudad el 27, entrando los generales Rodil, Landazuri y Ramírez el 29.

Rodil quedó al mando de los castillos de El Callao, nombre con el que se denominaba la gran mole defensiva que era el castillo Real Felipe, siendo  nombrado Gobernador político y militar de El Callao. El 9 de diciembre, el virrey La Serna firmó la capitulación de Ayacucho, que sin embargo Rodil no aceptó, y resiste el asedio que los ejércitos libertadores asestan a la plaza de El Callao. En 1825 es ascendido Mariscal de Campo. Después de una tenaz, heroica y desesperada defensa del fortín Real Felipe, quince meses más tarde del asedio a que lo estaba sometiendo Bolívar con su regimiento número 3, con solamente 2.400 defensores hábiles. Durante aquel tiempo hubo varios intentos de atentar contra la tenaz posición que significaba Rodil. En 1825 lo intentaron el teniente coronel de Ingenieros Rafael Montero y los oficiales Nicolás Ponce de León y Sebastián Riera, en el que acabó siendo ejecutado Montero y los cómplices lograron escapar al campo de los patriotas. Otro intento fue la entrega del castillo de Santa Rosa, el 8 de enero de 1826, Bolivar lo amenaza con no admitir la capitulación, pues sabe que carece de recursos y que no tiene posibilidad de recibir socorros. El  mariscal Rodil acabará aceptando la propuesta el 8 de enero y el 11 izó bandera blanca en el fuerte de la Princesa. Cuando el general Salóm le comentaba a Bolívar, la necesidad de infringirle un adecuado castigo a Rodil, por la resistencia hecha, Bolívar poniéndose en pie le respondió cortante: «El heroísmo no es digno de castigo».

Tras las primeras conversaciones a bordo del navío “Briton”, Rodil y el general Salom firmarán la capitulación el 22 de noviembre de 1826, quedando solamente unos 6.000 españoles de toda condición, ya que solamente son militares 405 hombres. Atrás quedaban más de 8.000 bajas entre los que se habían sostenido en El Callao, que acabaron víctimas en su mayoría de las enfermedades, el hambre, la peste. El 23 a las ocho y media de la mañana entró una compañía de cazadores del batallón “Caracas”, junto 200 artilleros peruanos, haciéndose cargo de la plaza. Los españoles que quisieron quedar en el país no tuvieron problema en hacerlo, otros como Rodil, embarcaron en el mismo navío “Briton” y regresaron a la Metrópoli.

A su llegada a España fue recibido con todos los honores y proseguiría su carrera participando en la primera guerra carlista, tomando bandera por Isabel II, siendo nombrado segundo jefe del Ejercito de Observación en Portugal. Estaba en posesión de las grandes cruces de de las órdenes de Isabel la Católica, Carlos III, San Hermenegildo y de la Torre e Espada de Portugal (1834).

Rodil fundó el 9 de marzo de 1829 el Real Cuerpo de Carabineros de Costas y Fronteras, realizando también la organización del mismo, y de cuyo fundamento, habida cuenta los extraordinarios servicio prestados tanto al ciudadano como al control de mercancías y personas, es indudable que surgió la idea del fundador de la Guardia Civil. [3]

En 1830 ocupó el cargo virrey de Aragón, que abandonó al ser ascendido a Teniente General en 1833 y ser nombrado Comandante en Jefe del Ejército de Observación de Portugal, tomando la plaza portuguesa de Almeida y derrotando a los miguelistas que eran unos de los apoyos con que contaban allí los carlistas, pasando a poco, en 1834 a incorporarse al Ejército del Norte que habría de enfrentarse al general Zumalacárregui, y que dirigió como Virrey de Navarra y Capitán general de las Provincias Vascongadas.  El 18 de agosto de 1834 entró en Oñate con unos 11.000 hombres, situando allí un batallón de Voluntarios de Guipúzcoa que cubriesen las posibles entradas del enemigo por Aranzazu. Por orden expresa suya, sus hombres al día siguiente asolaron el convento de Oñate, y un originaron un voraz incendio que destruyó muchas obras de arte allí depositadas. De este vandálico acto solamente se salvó la imagen de la Virgen, que acabó depositada temporalmente en el convento de Vidaurreta, hasta que pasados los años y restaurado el convento de Oñate, la imagen fue devuelta a su primitivo emplazamiento. El 17 de julio la reina Isabel II le concedió la merced de Marqués de Rodil, con el vizcondado previo de Trobo. Pero al no haber obtenido los triunfos esperados es relevado de su Capitanía, y es nombrado Inspector General de la Infantería Española y Extranjera en 11 de marzo de 1835.

Más tarde seria nombrado por dos veces Ministro de la Guerra, la primera en los gobiernos presididos por Mendizábal, y la segunda por Calatrava, en 1836. Este mismo año pasa a ser Capitán General de Aragón y Jefe del Ejército del Centro. Habiendo tenido que enfrentarse entre otras acciones, a la larga marcha realizada por el general carlista Gómez, y siendo sus resultados muy exiguos, fue destituido una vez más, aunque a no muy tardar le fueron repuestos empleo y honores. Entre el 29 de octubre de 1840 y el 17 de junio de 1842, vuelve a ser Inspector General de Infantería en el Ejército del Norte. Alcanzará el grado de Capitán general en 1841. Fue diputado por la circunscripción de Lugo en el periodo 1841-1842. Y cuando la Regencia de Espartero, entre el 17 de junio de 1842 y hasta el 9 de mayo de 1843 es nombrado Presidente del Consejo de Ministros, acabando también como ya era clásico en él, destituido. En las elecciones al Senado para la legislatura 1842-1843, obtuvo 1.250 votos por la circunscripción de Ávila. Tras su marcha del Ministerio fue nombrado  Comandante General del Cuerpo de Alabarderos. Organizó el Cuerpo de Carabineros, del que sería su primer Inspector General. En 1844 se ve obligado a exiliarse en Londres, regresando al año siguiente. Vendrá luego su cíclico paso por las comandancias de diversas Milicias provinciales y las Capitanías Generales de Castilla la Nueva y Extremadura. En la legislatura de 1849-1850, por R. D. de 17 de octubre de 1849, fue designado Senador vitalicio.

Rodil falleció en Madrid a las siete menos cuarto de la tarde del 19 de febrero de 1853. Estaba soltero, y las exequias fúnebres tuvieron lugar en la parroquial de San Justo, en cuyo cementerio quedo depositado.



[1] Descendiente del famoso almirante y capitán general de la Florida, introductor del trigo en Asturias y Galicia en el siglo XVI, Gonzalo Cancio y Méndez Casariego, conocido por Méndez de Cancio. Estaba casado con Magdalena de Luaces, hija de Luis de Luaces y Labrada, que fue Corregidor de Mondoñedo y de Leonor Fernández de Estoa y Miranda. Aun hoy en día se conserva en la vetusta casa solariega de Casariego, una de las dos grandes arcas de madera en las que se trajo la semilla del maíz.

[2] Tenía 50 años y 9 meses, pues había nacido el 30 de agosto de 1757, en el pazo familiar de Ortigueira.

[3] Hemos recogido la siguiente información que facilita la Guardia Civil, relativa al Cuerpo de Carabineros y sus vicisitudes en la época del general Rodil: “Por otro decreto de 25 de noviembre de 1834, se denominó al Resguardo "Cuerpo de Carabineros de la Real Hacienda", volviendo a su carácter civil si bien se mantuvo, por razones de eficacia y disciplina, su organización militar y la nomenclatura de los empleos igual a la del Ejército, quedando su inspección a cargo de la Dirección General de Rentas Estancadas. Por decreto de 11 de noviembre de 1843, y a propuesta del Inspector de Resguardos, el mariscal de campo José Martín Iriarte, recobró su naturaleza militar, adoptando el nombre de "Carabineros del Reino".