RÉDING von BIBEREGG, Teodoro



Teniente General del Ejército español

Nació el 3 de julio de 1755, en Schwytz, capital del cantón suizo de su mismo nombre, del que su padre Johann Josef Rudolf Reding von Biberegg era el Gobernador, siendo su madre Maria Magdalena von Freuler. Familia de la alta nobleza católica, se incorporó en 22 de octubre de 1772 a las banderas del rey Carlos IV de España con poco más de 16 años y el grado de capitán, con su propio regimiento Suizo de Reding número 1. En octubre de 1780 asciende a Sargento mayor, y toma parte en la campaña del marqués de Crillón para recobrar de los ingleses la isla de Menorca, tras cuyas operaciones, el 18 de septiembre de 1781 fue ascendido a Teniente coronel, y en 1788 asciende al grado de coronel. Su participación en la guerra con los republicanos franceses contra los que lucha en las campañas de 1793 y 1794, donde resultó herido en tres ocasiones, recibiendo por sus méritos en ese tiempo los entorchados de Brigadier, el 10 de octubre de 1793 y al final de la campaña, el 4 de septiembre de 1794 los correspondientes al grado de Mariscal de campo. Durante las campañas portuguesas de los años 1800 y 1801, ostentó el mando de la 4ª división española, donde salió victorioso en la emprendida en el Alentejo. Se daba la paradoja de que mientras él y su hermano Luis Nazario luchaban contra Napoleón, sus hermanos Charles-Christophe-Joseph-Louis y Pedro luchaban como generales en el ejército napoleónico, este último también presente en Bailén. Después de haber salido de Portugal, Reding y su regimiento Reding 3 pasaron a guarnecer la plaza de Málaga. Desde 1806 era Gobernador militar de Málaga, y a poco de llegar promulgó varias ordenanzas entre las que se hallaban las que prohibían los juegos azar, la vagancia, etc. Organizó un centro de acogida de jovenes ociosos y vagabundos, que pululaban por toda la ciudad y tomó medidas diversas para erradicar los casos de fiebre amarilla de aquel año, y para evitar las frecuentes inundaciones mandó dragar el río Guadalmedina y la construcción del que sería su primer puente fijo. En ocasión de aproximarse las tropas francesas a Málaga, organizó a la población en previsión de los ataques que suponía llevarían a cabo los enemigos. Los franceses trataron de invitarle a pasar a su bando, tal y como ya lo hacían dos de sus hermanos, pero Teodoro Reding, lo rehusó, por lo que viéndole tan decidido, los franceses siguieron su camino y al iniciarse el conflicto fue propuesto por la Junta granadina para incorporarse a la campaña de Andalucía, como comandante en jefe de la 1ª división, formada en aquel momento por unos 9.500 infantes de varias procedencias, y uno 860 caballos, apoyados por 10 piezas de artillería, siendo el grueso de ellos los 1.100 hombres de su regimiento Reding 3, por lo que el 16 de julio de 1808 en su avance cruza el Guadalquivir por Mengibar y se enfrenta a las tropas del general Ligier-Belair, llegando hasta las inmediaciones de Bailén donde fuerza al general Gobert a que se repliegue sobre el río. Por efecto de este movimiento el general Vedel se repliega sobre Guarromán, mientras el general Dupont se ampara en Andújar. Las tropas de la 4ª división española mandada por el general Coupigny, avanzan cruzando el río por Villanueva de Andújar al amanecer del día 18 e infiltrándose penetran en Bailén sin mayor incidencia, en silencio y sin tan siquiera sospecharlo los franceses. Mientras se asientan sus hombres, entran también las tropas de Reding y preparan sobre la marcha la que acabará siendo decisiva batalla de Bailén. Sin sospechar nada, después de haber perdido todo el día en no se sabe que, Dupont reanuda la marcha al atardecer de aquel caluroso día, llevando consigo la larga caravana de heridos y enfermos. Su lenta marcha es desde Andújar a Bailén, donde espera asentarse en mejores condiciones. Tras cerca de diez penosas horas de marcha, los primeros franceses logran ponerse bajo los árboles de la ribera del río Rumblar. Enfrente, al otro lado del río están los soldados de Reding, cubriendo la linea sobre el Cerro de San Cristóbal, con la Milicia Provincial de Granada, seguidos del 3º de Voluntarios de Granada y dos compañías del regimiento de infantería de línea Jaén, protegidas por el regimiento de La Corona, llegando hasta el Cerro del Ahorcado, donde situó a la Milicia provincial de Jaén y el regimiento de cazadores de Antequera, donde además en segunda linea y muy atentos a todo los jinetes del regimiento Montesa. Sin apenas poder reponerse del esfuerzo realizado los franceses mientras amanece, a pesar de no haberse completado los Cuerpos que aun siguen llegando, la vanguardia que manda el Mayor Teulet se avista con los jinetes del regimiento Farnesio, por lo que Dupont ordena un furibundo ataque.

Mientras los artilleros españoles tirando a cero arrasaban las columnas francesas, el regimiento de Ordenes Militares desciende del Cerro Valentín, apoyado por los Walones, tratan de desbordar las alas francesas bajo los olivos, luchando a la bayoneta contra todos aquellos que trataban de evadirse de aquella carnicería, los garrochistas españoles los ensartaban en sus bien manejadas varas, entretanto los vecinos de Bailén se ocupan de ir reduciendo a los que llegan a ellos. Con un sol abrumador, los franceses nuevamente son rechazados y su general Dupont, al regresar de alentar a su infantería recibe un disparo de fusil en la cadera, y a poco, sopesando lo difícil de la situación y que no llegan los refuerzos, capitula ante los hombres de Reding, protagonizando simbolica y casualmente el fin de la lucha, los soldados de los regimientos suizos Reding 2 y Preux nº 6, con el Reding nº 3 y Walones.

Paradojicamente, a pesar de no haber participado en la acción, a pesar de todo, el mérito de la victoria lo disfrutaría el general en jefe Castaños, todos sabían que aquella fue posible por los esfuerzos que desplegó Reding durante aquella jornada, que finalizaría el día 20 con la firma de la rendición oficial en la que será conocida como Convención de Andújar, y el inicio de la triste secuencia de los prisioneros franceses que finalizarían internados en la isla de Cabrera. La Junta Central ascendió a Reding al grado de Teniente general y a petición propia lo sacó de delante, enviándolo como Capitán general de Cataluña.

Rendida Rosas el 5 de diciembre, el general Gouvión Saint-Cyr se apresuró a marchar en auxilio de Barcelona, ya que las cartas recibidas de Duhesme suponían en inminente peligro de perderse aquella importante ciudad. El día 8 se encontraba ya con unos 16.000 hombres y 1.500 caballos (Constituidas dichas fuerzas por las Divisiones Pino, Souham y Chabot. La de Reille debía continuar en el Ampurdán encargada de guarnecer las fortalezas de Rosas y Figueras.)en la orilla izquierda del Fluviá; cruzó este río el 9, para alojarse en Mediña, y enviando el 11 toda su artillería a Figueras, después de haber estado maniobrando el día anterior como para emprender el sitio de Gerona, tomó el camino de La Bisbal, donde distribuyó a las tropas raciones para cuatro días y 50 cartuchos por plaza, y con otros 150.000 cartuchos en acémilas, único repuesto que llevaba, siguió el 12 a Castell d'Aro, cerca de Palamós, manifestando ya claramente su propósito de enderezar su marcha a la capital del Principado: operación arriesgadísima y muy expuesta a un desastre análogo al de Bailén si los españoles hubiesen procedido con más acierto y diligencia; pues vigilado el camino del litoral por los buques británicos y cerrado el del interior por la fortaleza de Hostalrich, habiendo podido oponérsele de frente en cualquiera de ellos, en buenas posiciones elegidas de antemano, la mayor parte de las tropas que reunía el general Vives en el llano de Barcelona, unos 20.000 hombres, y otros 8.000 que al mando del marqués de Lazán quedaban a su espalda en Gerona, además de los tercios de Milans y migueletes de Clarós, el experto general francés podía haber sido aniquilado, víctima de su buen deseo de salvar Barcelona, que entonces habría tenido forzosamente que sucumbir. Pero Vives, al tener noticia el 11 del movimiento de su adversario, se limitó a mandar a Reding a Granollers con sólo su División (4.000 hombres), y el 15 se decidió a reunirse él en persona a su lugarteniente con otros 4.000 hombres, dejando frente a la capital los 12.000 hombres que mandaba el conde de Caldagués, contra el cuerdo parecer de éste, que en el consejo celebrado opinaba por dejar sólo 4.000 hombres en observación de los sitiados y marchar con todas las fuerzas restantes al encuentro de Saint-Cyr.

Los imperiales entretanto no habían desperdiciado el tiempo. El 13 por la tarde se encontraban en Vidreras, cuando Lazán, desengañado ya del error en que estaba sobre las intenciones del enemigo, se había movido al cabo de Gerona hacia Cassa de la Selva; pero fue contenido fácilmente por la División Souham que, cubriendo a la División italiana de Pino, permitió a éste abrirse paso el 14 hasta Massanet y Martorell, junto al Tordera, a cuyas excelentes posiciones no habían llegado todavía las tropas de Vives, pues sólo el 16 por la mañana muy temprano llegaban sus avanzadas a Llinás, donde se encontraron con las del enemigo. Este había eludido el día anterior pasar bajo los fuegos del castillo de Hostalrich dando un rodeo, a la desfilada y los caballos del diestro, por un sendero apenas conocido, para volver a tomar luego la carretera y continuar sin detenerse hasta salvar el desfiladero de Trentapasos, en cuyos altos estableció su vivac a más de las diez de la noche.

Los españoles, a la vista de sus enemigos, se replegaron a las faldas de las eminencias en que se asienta Cardedeu, estableciéndose en ella en dos líneas: una avanzada sobre el barranco para dominar mejor las avenidas, y la segunda en la parte más alta; Vives en el centro, sobre la carretera; Reding a la derecha y a la izquierda los somatenes de Vich. El general Pino, cuya División iba en cabeza, a pesar de la orden terminante de Saint-Cyr de acometer a los nuestros y abrirse paso en la formación de columna que llevaba, considerando peligroso emprender de este modo el combate, dispuso atacar las dos alas españolas para favorecer la acción sobre el centro, lo que se llevó a cabo con tan mala fortuna, que la brigada Mazzuchelli, la de la izquierda, quebrantada por el certero fuego de la artillería, fue repelida con grandes pérdidas y destrozado uno de sus regimientos por el de Húsares españoles, que mandaba el coronel Ibarrola, quedando prisioneros dos jefes, 15 oficiales y unos 200 soldados. No salió mejor librada la columna que sobre nuestra izquierda dirigió el general Fontane, rechazada también por los Migueletes de Vich, y difícilmente habría salido de su apuro Pino, si en aquellos momentos no hubiese llegado su General en jefe al campo de batalla. No siendo ya posible realizar su primitivo proyecto, hizo repetir el ataque a la División italiana, ya rehecha, y reforzada por la de Souham, que contuvo a las tropas de Reding, mientras Fontane, volviendo por su honor, arrolla las tropas irregulares de la izquierda española, coadyudando en seguida por el flanco al ataque del centro, por donde se abrió al fin paso hacia Cardedeu la caballería italiana. Reding permaneció en sus posiciones hasta el último momento, cuando confundido ya con sus adversarios, tuvo que huir por donde le fue posible, salvándose gracias a la velocidad de su caballo. Vives fue a parar a la marina, embarcándose en Mataró para tomar tierra en la derecha del Llobregat; tan sólo se libraron de la dispersión general, replegándose en buen orden hacia Granollers, los bravos húsares de Ibarrola, una sección de artillería, dos piezas de las siete que habían concurrido a la acción y pudo retirar el teniente del arma don Domingo Ulzurrum, y algunos cuerpos de Infantería, conducidos por el brigadier de Artillería don Martín García Loygorri (Por el mérito contraído se concedió a dichas fuerzas un escudo de distinción), hasta que se presentó en San Cugat de Vallés el general Reding desde Montmeló y se retiró con estas tropas a Molins de Rey.

Al día siguiente de la batalla de Llinás (16 diciembre) estableció Saint-Cyr su cuartel general en San Andrés de Palomar, y el 20, descansadas ya sus tropas, se adelantó con ellas (las divisiones Pino, Souham y Chabot, de su cuerpo, el VII, y la división Chabran, de la guarnición de Barcelona: unos 20.000 infantes y 1.500 caballos) a la margen del Llobregat, deseoso de batir de nuevo a los españoles, apoyando la derecha en Molins de Rey, el centro con el Cuartel general, en San Feliú, y la izquierda en Cornellá. Los españoles, que no pudieron reunir a más de 10.000 infantes y 900 caballos habrían de oponerse al doble de enemigos, mandados por un general de la talla de Saint-Cyr, y que se habían establecido en la derecha del Llobregat en posiciones fortificadas, desde Pallejá, en que apoyaban su izquierda mandada por el mariscal de campo Pedro Cuadrado, para cubrir el vado de dicho nombre y el paso por Molins de Rey, por donde se esperaba el principal ataque, a las alturas de San Vicents dels Horts, opuestas a los vados de San Juan Despí y San Feliú, en las que se apoyaba la derecha, a las órdenes del brigadier Gaspar Gómez de la Serna, ocupando además como puntos avanzados a derecha e izquierda las alturas de Santa Coloma de Cervelló y del Papiol. Teodoro Reding y el conde de Caldagués se mantuvieron cerca de Molins de Rey en los reductos que defendiendo el puente se habían levantado a uno y otro lado de la carretera de Valencia. Vives se encontraba en Villafranca, dedicado, con la Junta de Cataluña, a organizar la defensa del Principado.

Antes que clarease el alba del 21, la división Pino cruzaba el río por el vado de San Feliú y la de Souham lo hacía por el de San Juan Despí con el intento de envolver la derecha española la primera y atacar el centro de la línea la segunda, mientras la de Chabran tenía en jaque la izquierda de Molins de Rey. La acción de las diversas columnas de ataque fue tan rápida, enérgica y simultánea, que tras una débil resistencia nuestra derecha fue arrojada a espaldas del centro, y arrolladas en seguida una y otra sobre la izquierda, donde por fortuna Chabran no acometió el paso del puente en el momento oportuno, como tenía prevenido, para convertir la derrota de los españoles en un desastre completo; así es que éstos pudieron ponerse en salvo, aunque en la mayor dispersión, huyendo en distintas direcciones, con lo cual, a pesar de ser perseguidos vivamente por espacio de quince horas, el número de prisioneros no pasó de 1.000 y de algunos centenares los muertos y heridos.

Vives se presentó en el campo de batalla a las diez de la mañana, a tiempo de presenciar todavía la derrota y disolución completa de lo que quedaba de su ejército, y clamando la opinión publica en contra de él, fue amenazado de muerte en Tarragona, teniendo que resignar el mando en el general Reding.

Los franceses se extendieron desde Molins de Rey por casi todo el Principado, llegando por la parte de Tarragona hasta el Vendrell, donde se estableció Souham. Chabran siguió por el camino de Lérida hasta Martorell y Esparraguera, frente al Bruch, de tan ominoso recuerdo para él; Chabot se extendió por San Sadurní hasta Igualada, y Pino se situó, con el cuartel general de Saint-Cyr, en Villafranca, mandando destacamentos de sus tropas a Sitges, Villanueva y Geltrú y demás pueblos cercanos a la costa. El brigadier Gaspar Gómez de la Serna fue alcanzado y acuchillado cerca de Villafranca, muriendo en Tarragona a consecuencia de las heridas. Entre los prisioneros se contaron el conde de Caldagues y los coroneles Silva, Bodet, O'Donovan y Desvalls. Se perdió toda la artillería, una bandera y los cuantiosos almacenes que había en Llobregat, Villafranca del Penedés y Villanueva de Sitges.

Ya se encontraban también en Molins las tropas del conde de Caldagués, el cual había levantado su campo de Barcelona ante la aproximación del ejército de Saint-Cyr, cuya División Pino vivaqueó por la noche junto al río Besós, teniendo aquél que abandonar al enemigo en Sarriá sus almacenes de víveres y municiones (En la mañana del 16 rechazaron todavía una salida general que verificó Duhesme). Perdiéronse en esta fatal jornada más de 1.500 hombres entre muertos, heridos y prisioneros, y además dos banderas y las cinco piezas de artillería de que se ha hecho mención.

El marqués de Lazán y el coronel Milans del Boch no pudieron llegar al campo de batalla a tiempo de evitar o aminorar al menos el desastre, retrocediendo el primero a Gerona; el segundo se mantuvo algunos días en Arenys sin ser molestado.

El 24 de febrero siguiente, volvió a enfrentarse a Saint-Cyr, esta vez en las cercanías de Valls, pues paralizadas las operaciones en Cataluña después de la derrota de Molins de Rey, dedicábase el general Reding al mando del ejército de la derecha, a instruir sus bisoños soldados, rehuyendo el entablar choque alguno formal con el enemigo; más apremiado por los habitantes, resolvió dar un ataque general a los franceses, pensando interponerse entre ellos y la plaza de Barcelona, base de operaciones gala, y tratar de envolverlos auxiliado por los somatenes. El general español se encontraba en Tarragona con 10.000 hombres, y el resto de su ejército, hasta 25.000, bajo el mando del general Juan Bautista de Castro, ocupaba una extensa línea de 16 leguas desde Olesa a dicha plaza, por el Bruch, Igualada, La Llacuna y Coll de Santa Cristina.

El general Saint-Cyr, que con unos 18.000 hombres estaba en el Penedés, concentrado el grueso de sus fuerzas entre Vendrell, Villafranca, San Sadurní y Martorell, cubriendo el Bajo Llobregat y Barcelona, adivinó al instante el intento de los españoles, y maniobrando con su acostumbrada destreza, se presentó de improviso delante de Igualada, de donde tuvo que retirarse apresuradamente Bautista de Castro hacia Cervera, y al tiempo obligó al brigadier Iranzo a refugiarse en Santas Creus. Rota y dividida ya la línea española, acudió Reding desde Tarragona para liberar a Iranzo, y entonces decidió Saint-Cyr interponerse entre aquél y dicha plaza. El general español, que se había movido luego hacia Montblanch para proteger la incorporación de otras fuerzas de la izquierda de su línea, decidió, previo Consejo de guerra, volver a Tarragona, amenazado su rico campo por el enemigo.

Emprendieron la marcha, pasando Reding con la Vanguardia el río Francolí, por el puente de Goy, en la noche del 24; mas habiendo tropezado en la madrugada del 25 con las avanzadas de la División Souham, que ocupaba Valls, titubeó el general español, y volviendo a repasar el río, se situó en la orilla derecha, formando en línea de batalla defensiva, en lugar de seguir empujando a las tropas enemigas, a las que le habría sido fácil arrollar con un poco más de energía, venciendo así el débil obstáculo que se le oponía a su marcha a Tarragona. Mas la indecisión de Reding tuvo deplorables consecuencias, pues los franceses pudieron reponerse de la sorpresa, y llamando a toda prisa Saint-Cyr a la División italiana de Pino, que se había adelantado hasta Pla, diez kilómetros distante, se ponía en condiciones de tomar la ofensiva con fuerzas muy superiores. Mientras se le incorporaban las tropas de Pino, procuró entretener a los nuestros, tiroteándose sus guerrillas con las españolas desde las márgenes opuestas del Francolí, animando el repliegue intencional de aquellas al general Reding a pasar de nuevo el puente con algunas fuerzas, hábil estratagema del general francés para dar tiempo con estas escaramuzas a que llegase la División Pino.

Reunido el Cuerpo de ejército enemigo a las tres de la tarde, cuando ya los españoles habían decidido retirarse, dio Saint-Cyr sus disposiciones para un ataque decisivo, y a las tres y media se lanzaron resueltamente tres columnas, dos de la División Pino y una de la de Souham, sobre la línea española, que ocupaba una altura paralela, próximamente al curso del río, cruzando éste bajo el nutrido y certero fuego de la artillería y fusilería, que les causó muchas bajas. Nuestras tropas opusieron una resistencia tenacísima; pero acometidas a la bayoneta con incontrastable denuedo, y cargadas por la caballería contraria, parte de la que pasó a galope tendido el puente de Goy, bastó media hora para que los españoles, cediendo al bien concertado ataque del enemigo, fueron completamente desbaratados, acogiéndose los dispersos a los olivares, barrancos y bosques más próximos, huyendo de los sables de la caballería contraria, en dirección a Tarragona. El mismo Teodoro Reging se vio envuelto por los jinetes franceses, teniendo que defenderse con su Estado Mayor, espada en mano, recibiendo cinco heridas.

Las pérdidas españolas fueron unos 3.000 hombres muertos, heridos y prisioneros (entre otros jefes quedaron muertos en el campo los tenientes coroneles Ramón Armenta y el marqués de Salas; herido el coronel Carlos Briet de Saint-Ellier, y prisioneros el coronel del Regimiento de Santiago, Mayor General de Caballería, marqués de Castelldosríus; el coronel Manuel Dumont, comandante de Guardias Walonas; el teniente coronel Manuel Antúnez, Comandante de Guardias Españolas, y tres Ayudantes del General en jefe) y como hemos dicho, el propio Reding gravemente herido. Tomaron además los franceses toda la artillería, y las de los franceses fueron también cuantiosas, pues pasaron de 1.000, confesadas por ellos mismos. El enemigo entró en Reús, de donde sacó grandes recursos, y sostuvo hasta el 20 de marzo el bloqueo de Tarragona, en donde se desarrolló la peste, que se cebó de una manera cruel en la guarnición y en los habitantes.

El general Reding fue trasladado a Tarragona donde a resultas de aquellas graves heridas, falleció el 10 de abril de 1809. Fue enterrado inicialmente en su catedral, aunque en 1892 sus restos fueron exhumados y trasladados a un panteón del nuevo cementerio de la ciudad.