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"El médico Palarea". Guerrillero y general.![]() |
Nació en Murcia el 25 de diciembre de 1780, y fue bautizado el siguiente 27, en la parroquia de San Pedro Apóstol. Era hijo de Antonio Palarea Blanco, importante comerciante de tejidos y de Juana Blanes Hernández. Por los Palarea procedía de napolitanos llegados durante el reinado de Carlos III. Se inició el joven Juan en el Colegio de la Purísima Concepción, que regentaban los Franciscanos de su ciudad, de donde pasaría al seminario de San Fulgencio, dejó aquellas enseñanzas antes de ordenarse sacerdote, debido a que habiendo solicitado una beca, al obtenerla se marcho a la capital maña, donde frecuentó las aulas de su afamada Facultad de Medicina y tras obtener el grado de Médico, intentó hacerse un sitio o encontrar un puesto de trabajo en algún hospital, pero al igual que hoy en día, de poco servía su excelente expediente escolar, por lo que siendo como era inteligente, optó por lo más adecuado, se fue a Madrid y tal como hoy en día, se afanó en buscar el medio de infiltrarse en los cubículos político-sociales del momento, como único modo de lograr un puesto de trabajo acorde a su formación.
Cúpole la suerte de encontrase con un antiguo profesor suyo de Zaragoza, médico como él, y que le introdujo en la tertulia a la que habitualmente asistía un joven de mentón alargado, mirada torva y ademanes nada finos, que sin embargo era tratado por todos con gran deferencia, al tiempo que le admitían pesadas bromas. Era el Príncipe de Asturias, el que luego darían en llamar “El Deseado”, aquel felón Rey que acabó con las esperanzas de una nación que creía que podría salir del ostracismo en que le mantenía la monarquía. Pronto supo despertar Palarea el interés de Fernando de Borbón, pues su ingenio y su chispeante simpatía le ayudó en más de una ocasión a que el “feloncillo” lograse sacar adelante alguna barrabasada. Palarea obtuvo de mano del Príncipe el favor para que le adjudicasen una plaza de médico en Villaluenga de la Sagra (Toledo), donde le encontraremos tomando posesión en los primeros días de agosto de 1807. Puesto a hacer lo que sabía, en poco tiempo se le reconoció por toda la región de la Sagra, como un prestigioso galeno.
Apartado de la vida cortesana, se dedicó de pleno a su profesión en la tranquilidad de aquel pueblo castellano, hasta que el 3 de mayo de 1808, tuvo conocimiento de lo que había sucedido el día 2 en Madrid, al llegar a su pueblo Pedro Serrano, el postillón que partiera de Móstoles con el famoso comunicado en el que intervinieran Villamil, Torrejón y Hernández. De un salto se puso en pie e inflamada su conciencia, se puso en marcha para hacer frente a lo que intuía se venía encima de los españoles.
Palarea comienza su periodo bélico inicial a mediados de mayo, justo cuando llega a Toledo una división al mando de Barbón, sosteniendo una guerrilla que encabeza hasta que tras la victoria de Bailén, el rey José I abandona Madrid.
Cuando vuelve el Rey Intruso, Palarea abandona nuevamente sus herramientas y se sube al caballo en dirección a la capital del reino. Lo hace al frente de un grupo de vecinos y reanuda los ataques contra los franceses, teniendo como base las ruinas de la pétrea mole del castillo del Águila, punto desde donde Palarea y sus 14 caballistas parten el día 1 de julio de 1809, erigido en comandante de aquella partida y buscando al que será su verdadero bautismo de sangre, durante el combate que llevan a cabo el 7 de julio de 1809, en la ribera del Guadarrama, camino de Casarrubios donde tras emboscarse sorprenden un destacamento francés de 20 hombres, a los que matan seis y dispersan al resto, no sin antes haberse apoderado de sus armas y caballos. Al día siguiente en Chozas de Canales que le supondrá el día 27 de septiembre el nombramiento de Comandante de Partida, con el grado de Alférez de Caballería, al tiempo que la Junta Central reconoce a su partida con la denominación de “7ª Partida de Patriotas Voluntarios de Castilla”. El 20 de julio en el Valle de Tiétar se apodera de 800 raciones que entregó a los británicos, a los que durante un tiempo se une, hallándose en la acción de Escalona. El 27 participa en la batalla de Alhama, y el 13 de agosto en las Navas del Marqués se apodera de un convoy que transportaba 800 fanegas de trigo. Dos días después, el 15 toma parte en los combates de San Martín de Valdeiglesias. Durante este movido mes de agosto, su partida causó la muerte a no menos de 45 franceses, entre ellos un coronel de ingenieros, un ayudante de Estado Mayor y tres oficiales menores. El 8 de septiembre, cerca de Santa Cruz de Retamar, toma prisionero un Oficial francés que lleva correspondencia de Napoleón para los mariscales Soult, Mortier, Ney y Víctor, la cual envía al General en jefe del Ejército del Centro.
Durante la campaña de 1810, Palarea con su partida toma parte en la acción del 3 de enero en Marrupe. El 16 en Navalcarnero rodea una posada donde se encontraban 28 húsares franceses, a los que mató veintitrés y tomó prisioneros a los otros cinco. Incansable su partida, el día 20 ataca la guarnición de Galapagar, interceptando al tiempo un correo de Napoleón. El 28 pelean contra una numerosa partida en Zarzuela del Monte. El 29 lo hacen en Pinar de Trabadillo, obligando a los enemigos al abandono de un convoy de lanas. El 31 en Puente de Oño, les causa cuantiosas pérdidas, incluso la del coronel que mandaba la columna francesa. El 1 de febrero la partida está en Sanchidrian donde logra interceptar una importante cantidad de documentos, papel sellado y tabaco que pertenecía al rey José I. El día 8 se escaramucea en Arroyo de Tórtolas (inmediaciones de Cadalso de los Vidrios) y tras realizar un incansable acoso a los franceses, logra apoderarse de unas 500 cabezas de ganado vacuno. El día 12 se enfrenta nuevamente a los franceses en Mombeltrán. El 15 de marzo lucha en el Puente de Estreño. Y durante la noche de ese mismo día acosa a la guarnición de las Navas del Marqués. El día 25 un nuevo combate, esta vez en las Rosas de Galapagar. El 20 de abril es perseguido por numerosas tropas francesas, y tras dividir su partida, durante la noche del 23 logró sorprender la guarnición de Parla, a tan solo 3 leguas de Madrid, y condujo hasta las sierras de Ávila los prisioneros y los caballos tomados en aquellas acciones, y que ya le iban impidiendo la movilidad que precisaba. El 26 estuvo al frente del encuentro que ambas fuerzas tuvieron entre Sotocochinos y Talavera. Siguiendo su incansable persecución de los franceses, el 28 se enfrenta a ellos en la acción del Torrico, cerca del Puente del Arzobispo, tomando nuevamente un correo de Napoleón para el rey José I; el 14 de mayo pelea en la ribera del Guadarrama, junto al puente de Calvin. El 22 lucha entre Cella y El Carpio contra el Ejército francés de Extremadura, matando a su Edecán y a casi toda su escolta, apoderándose de los pliegos que portaba. El 31 se mantuvo entre el puente Calvín y la Venta del Oyo. El 2 de julio lucha en la villa del Prado, y el 10 en la línea de Casavieja hasta el Puerto de Mijares haciendo retroceder a los franceses con sensibles pérdidas. A finales de este mes, Palarea interceptó un convoy que transportaba 34 arrobas de plata y algunas libras de oro, que posteriormente entregó en Badajoz al marqués de La Romana. El 14 de julio entre El Gordo y la Puebla de Naciados, muy cerca de Calzada de Oropesa, logra rescatar 7 oficiales y 70 soldados, con tan solo la pérdida de 7 hombres de la guerrilla. El 17 combate en los llanos de Oropesa. El 12 de agosto se aproximó tanto a la Corte que atacó a los franceses en plena Real Casa de Campo, continuando el ataque hasta Pozuelo de Aravaca, desde donde se batió ordenadamente en retirada al Guadarrama. Nuevamente lucha al día siguiente en la Tremedilla donde derrotó completamente una columna de infantería que le buscaba. Todo lo que restaba de agosto se lo pasó eludiendo de un lugar a otro a las diferentes columnas de infantería y caballería que le perseguían incansablemente, especialmente una de ellas que encabezaba un francés que había servido a las ordenes de Palarea, por lo que conocía muchas de sus argucias, hasta que el día 2 de septiembre, logra derrotar completamente a sus perseguidores en Añober del Tajo, persiguiéndoles hasta más de dos leguas más abajo, donde solamente escaparon el comandante y seis soldados. Durante este combate Palarea resultó herido, y al día siguiente fue atacado por varias columnas que pretendían arrebatarle los prisioneros que conducía. La operación les resultó fallida y Palarea logró mantenerse sin mayor problema atravesando el Guadarrama y el Alberche, logrando conducir los prisioneros hasta el Valle del Tiétar, aunque siempre seguido a alguna distancia por una columna francesa. Después de haber dejado en lugar seguro sus prisioneros, aunque parezca imposible los días 11 y 12 se enfrenta a sus perseguidores en Escalona, y tras dar un rodeo lo hace de nuevo el 16 en el Real de San Vicente.
En 30 de septiembre La Romana le asciende al grado de Teniente coronel, cuando su partida está ya formada por 270 hombres, después de haber tomado parte en acciones en las inmediaciones de Talavera de la Reina.
Tras un merecido descanso no reanudan las acciones hasta el 4 de octubre en que ataca la guarnición francesa de Valdemoro. Vienen luego una serie de acciones, ataques a convoyes, etc., como fueron la del 7 de octubre en el Real de San Vicente; o la del 11 en que hace lo mismo en la lejana guarnición de Belinchón, cerca de Tarancón y muy lejos de sus habituales cuarteles en las inmediaciones de Talavera de la Reina, en San Román de los Montes; la del 15 en la Venta del Cojo, y la de la desarrollada en la noche del 31 en el bosque de El Escorial El 15 ya está volviendo sobre sus pasos y pelea contra una columna francesa en los Vados de Añover de Tajo. El 19 se encuentra frenta a Yuncler, donde con adecuada caballería, unos 270 caballos atacó una columna de 250 granaderos que escoltaban un convoy, poniendo a dicha escolta en franca huída hacia un punto elevado donde se hallaba una ermita en la que se hicieron fuertes. Al ruido de la batalla se acercaron enemigos de varias guarniciones inmediatas, con ánimo de socorrer a sus compañeros. Las bien distribuidas tropas de Palarea evitaron cualquier auxilio, y después de cinco horas de combate, Palarea observando el cambio de viento se decidió a una maniobra que nosotros consideramos como una de las primeras ocasiones en la que se emplearon gases para desalojar de sus posiciones al enemigo. Observando Palarea que el viento soplaba en dirección a la puerta, mandó que trajesen de Yuncler, unas cargas de azufre, pimienta y pimentón picante, lo cual a su indicación echaron sus hombres sobre la hoguera que había mandado poner ante la puerta, originándose como él esperaba, una irrespirable atmósfera que obligó a salir a los franceses, los cuales lo hicieron formando a duras penas en cuadro y con bayoneta calada, resultando al final de la acción muertos 117 franceses, salvándose 23 como prisioneros. Después de aquellas cinco horas de intenso combate, las bajas por parte española fueron 6 muertos y 8 heridos, capturándose todo el rico convoy en que trasportaban el trigo que habían recogido. Esta brillante operación militar le supuso la concesión de la Cruz de San Fernando, una vez que finalizó la guerra. Imparable el 22 de octubre ataca a los franceses que guardan el puente largo de Jarama, a la que siguieron la acción del 4 de noviembre en Fuensalida, en el Castillo de Bayuela; el 24 en el monte de Navalcarnero y el mismo día, algo más tarde sorprendiendo a cinco Gendarmes españoles en Perales de Milla; el encuentro del día 31 frente a Incler. El 11 mientras conducían los prisioneros de los últimos encuentros, fueron sorprendidos frente a Villaluenga de la Sagra, pero nuevamente supo resguardar los prisioneros y poner en vergonzosa huída al enemigo. El 15 de diciembre en Hinojosa de Talavera, donde fue perseguido por fuerzas muy superiores del General Mortier, operación que se prolongó casi durante un mes, batiéndose finalmente en retirada, conservando sus 75 infantes y 70 caballos. El 22 de diciembre se hallaban en las inmediaciones de la ermita del Cristo de la Palma, en Finisterre, en el camino que llevaba desde Consuegra a Mora y Toledo, con una partida que ya alcanzaba los 300 jinetes, adscrito al Ejército de la Izquierda, y que en el mes de febrero pasaría a denominarse 5º Ejército.
La campaña de 1811 la inicia haciéndose Palarea el regalo del combate del día 5 de enero en Tembleque. Tan pronto los franceses lo ven al Este o al Oeste, así durante la noche del 2 de abril lo hacen en Santa Cruz de Retamar, donde se enfrenta a ellos, eludiéndolos finalmente. El día 5 lucha en el recorrido que va desde Yuncler hasta Villaluenga, tomándoles las valijas de correspondencia de los Mariscales a Napoleón y su hermano el Rey José 1º. El día 6 fue sorprendido por los franceses en Mentrida, pero aunque fue perseguido logró que no le hiciesen pérdidas de ningún tipo. El 1 de mayo su partida, por orden del General Castaños, adoptó la organización como Cuerpo franco, con la denominación de Escuadrones de Húsares Francos Numantinos, contando con una fuerza de 668 hombres y 710 caballos, integrado aquel Cuerpo por tres escuadrones del más variopinto colorido, puesto que siendo el uniforme de color rojo, con vivos dorados, otros llevaban uniformes aprovechados de los franceses, y otros inclusive con su ropa propia de campesino, maestro, sacerdote o leguleyo.
Su primer encuentro después de la reorganización fue el 10 de mayo en el puente del Retamar, desde donde se movió con su rapidez habitual para poner sitio el día 13 a la plaza de Aranjuez. Durante la noche del 18 al 19 de junio se enfrentaron a una columna de infantería y caballería, que iba escoltando un correo. Estos fueron muchos de los esfuerzos que los franceses tenían que hacer para proteger a un sencillo correo, debido a los continuos encuentros que estos tenían con las guerrillas españolas. Esta noche Palarea nuevamente se apoderó de la correspondencia tan importante que el correo llevaba. El día 28 combate en Villaviciosa. Por estas últimas acciones recibió las gracias por parte de la Junta. Una nueva acción el 23 de julio en Santa Olalla, camino de Talavera. El 23 de agosto el combate se desarrolla en Villaluenga de la Sagra. El 15 de septiembre se inicia una semana de gran actividad, comenzando en Huescas, siguiendo con el bloqueo de Illescas los días 20, 21 y 22 . El activo Palarea está el 29 en San Martín de la Vega conduciendo un convoy de 150 pasados y 41 prisioneros que entregó en el Cuartel General.
El 2 de octubre fue nombrado Coronel de los escuadrones, por todos los méritos contraídos desde que creó la guerrilla, por como la organizo y como fue disciplinando aquel abigarrado grupo de hombres de tan diversa condición.
El 16 de ese mismo mes, pelea contra una columna en las inmediaciones de Sonseca. El 13 de noviembre lo hace en Chinchón, y el 26 nuevamente sobre el puente de Guadarrama. El 15 de diciembre con 200 de caballería sorprende un destacamento de infantería que cuidaban gran cantidad de ganado, que logró arrebatarles, a pesar de que tras recibir la alarma acudieron más tropas francesas, sin que lograsen recuperarlo, y sufriendo los enemigos 50 muertos de tropa y 2 oficiales, finalizando la operación en ordenada retirada a lugar seguro. El día 21 en la Cañada de Guisando, frente a San Martín de Valdeiglesias con poco más de 300 de cabalellería se batió contra una columna de más de 500 de infantería, causándoles 150 bajas entre muertos, heridos y prisioneros, inclusive el jefe de la misma. Como despedida de año, el 24 Palarea ataca las guarniciones de Méntrida y Villa del Prado. A continuación, siguiendo ordenes del General en jefe del 5º Ejército, inicia la organización de un Cuerpo de Infantería, que recibe el nombre de “Cazadores de Numancia”, constando en ese momento con 267 plazas.
Comienza la campaña de 1812 con la acción del 5 de enero en los Pinares de Cadalso de los Vidrios, a la que el día 7 sigue la oportuna recolección de la plata que aun quedaba en la ermita de La Poveda y que en aquellos días habían exigido los franceses y acudiendo a recogerla, a una legua de El Pardo tuvieron noticia de la presencia de Palarea con sus hombres, por lo que desistieron de proseguir su camino. Unos días después tuvo lugar el celebrado paseo que él y sus hombres se dieron el 12 de enero de 1812, cuando se permitió el lujo de realizar un recorrido urbano por la guarnición más fuerte del momento, la de Madrid. El 19 disputó una larga jornada que se prolongó desde Sonseca hasta Mora, donde batió una fuerte columna de infantería. El 29 otra larga jornada de lucha les lleva desde Novés, Huecas y Caramenilla hasta el Guadarrama, batiendo finalmente un batallón de más de 500 hombres, de los que solamente se salvaron los que quedaron prisioneros. El 16 de febrero combate en Los Yébenes, y el 29 en Sillo. El 7 de marzo reaparece nada menos que en Villar del Horno, a menos de 4 leguas de Cuenca, donde combate a la guarnición y los obliga a abandonar el territorio, pasa luego a atacar a los que se han refugiado en Naharros, y al siguiente día a los que se encuentran defendiendo el puente de Zafra de Záncara y Villar del Águila. El 14 de abril intercepta correos entre Madrid y Toledo. Gracias a su constante movilidad le veremos el 27 atacando una columna francesa entre Sotillo de la Adrada e Higuera de las Dueñas, cerca de San Martín de Valdeiglesias. El 13 de mayo combate en Villamanta, Chapinería y dando un giro ataca a los franceses de Méntrida. Durante estos meses entrega a más de 200 pasados, prisioneros y algunos malhechores. El 3 de junio tiene un encuentro victorioso en Brunete, al que cambiando nuevamente de aires sigue el combate del 17 en Juncos, contra fuerzas muy superiores y del que nuevamente sale victorioso. El 24 se dirige con 250 infantes y 120 de caballería, y ataca la guarnición del fortín del puente de Burguillo, logrando que se entregue a discreción lo que restaba útil tras catorce horas de dura pelea, que fueron un oficial y 42 soldados, habiendo muerto tres dentro del recinto. Como esta fue una memorable acción, la Junta le indicó a Palarea que citase a los que más se hubiesen distinguido, con objeto de premiarles. El 12 de agosto en Boadilla pone en fuga una columna francesa, y poco más tarde, ese mismo día muy cerca del puente de Toledo tuvo una escaramuza con un escuadrón que estaba saliendo de Madrid. Durante lo que restaba del mes y en septiembre por encargo por orden de la Junta, Wellington le nombró gobernador de Toledo y sus tropas se unieron a las del británico Hill, para garantizar la seguridad en la línea del Tajo.
Palarea nada más tomar posesión de su cargo de Gobernador de Toledo, proclamó la Constitución gaditana en la plaza del Zocodover, el 25 de septiembre de 1812. “El Médico” creía a pie juntillas en la Constitución, y por ello le veremos más adelante, durante el Trienio liberal, el 7 de julio de 1822, repeliendo y persiguiendo a los absolutistas por El Escorial, puerto de Guadarrama llegando hasta las Navas del Marqués.
Puesto al mando militar de la provincia de Toledo, se mantuvo en observación y hostilizando las tropas del mariscal Soult y las del Rey José. En octubre se le encargó de la defensa del puente de Toledo, cubriendo el ala izquierda de la línea defensiva sobre el Tajo con los “Cuerpos Numantinos” y Húsares de La Romana, la cual mantuvo hasta que los franceses se retiraron. Hasta final de año se mantuvo hostigando siempre a los enemigos, llegando a hacerles en este tiempo muchas bajas, al tiempo que les tomó más de cien prisioneros. Cuando finaliza esta campaña, el escuadrón “Numantino” cuenta con 500 caballos y el batallón de “Cazadores de Numancia” se ha incrementado hasta llegar a las 650 plazas.
En la campaña de 1813 se une a la división del Conde de Penne-Villemur [1], ocupándose de la vanguardia y cubriendo las avenidas de la Mancha, Toledo y la Jara, durante cuyos frecuentes movimientos y acciones, logrará liberar de la presencia francesa a muchos pueblos que se veían sometidos a las fuertes contribuciones que les imponían los enemigos. En el mes de abril, el día 20, tesoneramente sostuvo sus asentamientos en el puente del Tajo, muy cerca de la Puebla de Montalbán, hasta que reforzados los enemigos hubo de replegarse ordenadamente. Días después por orden superior hizo entrega del batallón de infantería al General Morillo, mientras él continuaba al frente de sus escuadrones “Numantinos” y los “Húsares manchegos”, organizando con ellos el regimiento “Húsares Numantinos”. En mayo fue destinado por el mando a la protección de las provincias de Madrid y Toledo, con objeto de que estorbase en lo posible la retirada de los enemigos, al tiempo que debería de ir avanzando hasta Ávila y Segovia, para de este modo colocarse en el ala derecha del 4º Ejército en el momento que este llegase a aquellas inmediaciones. El regimiento de “Húsares Numantinos” pasó a formar parte de la 1ª División de Caballería, mientras que el Batallón de cazadores se incorporó a la 1ª División de Infantería al mando de Pablo Morillo, con quien lucharon en la batalla de Sorauren y persiguió a los franceses tras los Pirineos. Prosiguió Palarea unido al IV Ejército al que ahora pertenecía, y así fue como los días 29 y 30 de julio se encontró como “particular” en la batalla de Soraure. El 31 siguiente fue destinado con su regimiento a la división de Navarra, integrada en el mismo 4º Ejército. En estos momentos su regimiento constaba de 768 hombres de infantería y 667 de caballería, finalizando el año en esta situación.
El año 1814 lo inició integrado en la misma división del IV Ejército, y en ella continuó hasta publicarse la Paz con Francia. En el mes de mayo, por orden del General en jefe entregó todos “los desmontados que tenía” al regimiento de infantería de “Santiago”, y el 30 de noviembre en virtud de Real Orden se refundió su regimiento en el de “Dragones de Pavía”.
Finalizada la guerra, el 29 de diciembre de 1814 le fue conferido el grado de Brigadier y le confirieron el mando del regimiento “Húsares de Iberia”, con cuartel general en Madrid. Se dice que hay constancia fidedigna de que Palarea participó en 82 acciones bélicas, en las que venció en 79 de ellas.
Durante la guerra que practicó, Palarea puso en práctica estratagemas que bien le pudieron valer para ser un precursor, y que consistía en utilizar tácticas de enmascaramiento que le facilitasen las múltiples acciones que protagonizó. A veces un pelotón o un escuadrón de soldados con uniforme francés se alejaban de un grupo de campesinos que trabajaban al borde del camino. Los soldados que formaban la columna que transitaba por un camino, al ver la escena marchaban confiados, hasta que era demasiado tarde. Ni aquellos eran campesinos, ni franceses los que parecían irse y ahora a galope tendido les cerraban la salida en una nueva emboscada. Palarea aprovechó mucho los uniformes, caballos y demás, para engañar a los enemigos, logrando así sorprenderlos cuando más confiados se hallaban.
En 1815 contrajo matrimonio con la madrileña María Teodora Andrea de Soto y Díaz, nacida en la calle Hortaleza número 12, y bautizada en la parroquial de San Luis, hija del arquitecto Pedro Regalado de Soto.
Las convulsiones que de nuevo volvieron a salpicar a los españoles, dividiéndoles en dos grandes grupos, vinieron esta vez nuevamente de mano del Rey. Volvían los franceses nuevamente traídos por su fiel amigo Fernando VII, por lo que el Gobierno para evitar una rápida invasión decidió nombrar a Palarea gobernador militar de Santoña, por lo que este en cuanto pudo comenzó a avanzar hacia el Norte, logrando situarse en puntos entre León y Oviedo, cortando de este modo el paso al general francés D’Albignal que venía con órdenes expresas para enseñorearse de la indómita Asturias. Esta fue una de sus derrotas, por la que vio obligado a retroceder hasta La Coruña, y reunido allí con el general Roselló marchan hacia Vigo, donde nuevamente son batidos en el histórico lugar de Sampayo. Retirados hacia Zamora, son atacados y vencidos por el general Bourque, cayendo prisioneros ambos generales con los hombres que les restaban, y siendo conducidos a Francia, siéndole asignado como depósito el de Bourges. En Francia se les reunió Torrijos, y ambos, decididamente logran llegar a Inglaterra, domiciliándose en Londres, donde formaron una Comisión revolucionaria para reinstaurar el liberalismo en España, de la que resultará elegido Presidente Torrijos y Palarea Secretario. Torrijos y Palarea viajan hasta Gibraltar y desde allí resueltamente se dirigen a Málaga, con objeto de avanzar en el pronunciamiento que pretendían ejecutar para llevar a España a la Democracia. Finalmente al no prosperar las acciones que se diseñaban, Palarea en 1830 viaja a Marsella y de allí a Argel donde figura ya en agosto de 1831, como refugiado español, junto a un criado y dos mozos de cuadras. Torrijos prosigue en su inacabada tarea y es tomado prisionero por las tropas absolutistas, que el día 1 de diciembre de 1831 fusilan a Torrijos junto a 52 seguidores suyos.
Tras la muerte del felón, Palarea regresa a España, siendo rehabilitado en sus honores, y es nombrado Capitán general de Valencia, al tiempo que es elegido diputado a Cortes. En Madrid el 18 de enero de 1835, parece que colaboró intelectualmente en el pronunciamiento que se conoce como de Cardero [2], en el que este ocupó la casa de Correos, y tras haber fracasado, llevadas a cabo las oportunas negociaciones, salió de aquel edificio al frente de sus seguidores, al son del himno de Riego.
En 1835, el Gobierno de la reina María Cristina nombra a Palarea, Jefe de las tropas de Aragón, venciendo al general Cabrera, quien ha de retirarse hacia su tan conocido enclave del Maestrazgo. Por estas afortunadas acciones, Palarea se ganó la Gran Cruz de San Fernando. En 1836 nuevamente vence a Cabrera en la batalla de Chiva (Valencia).
En julio de 1835 es ascendido a mariscal de Campo, siendo nombrado el 10 de junio de 1836, Capitán General de Valencia y Murcia: el 11 de noviembre pasa al mismo cargo en los Reinos de Jaén, Granada y su Costa, convirtiéndose en implacable perseguidor de los carlistas, acusándosele de graves arbitrariedades con los carlistas de Málaga. En enero de 1839, es relevado del mando y nombrado Senador del Reino, cargo que no llegaría a ostentar. Tras el levantamiento del 7 de octubre de 1841, en el que fue fusilado el general Diego de León, Palarea fue procesado y acusado de octubrista fue encarcelado en el castillo de San Julián, en Cartagena, y su hijo quedo en la prisión de Vicálvaro. El 7 de marzo de 1842, a las once de la mañana fallece en Cartagena “… subitamente el Mariscal …, que residía en esta plaza en calidad de arrestado…”. Se le hicieron los honores fúnebres y posteriormente fue sepultado en el cementerio castrense, sin que nunca se hubiese aclarado su repentina y quizás sospechosa muerte.
Algunos años después, los restos del general Palarea fueron trasladados a la sacramental de San Andrés, donde se le dio sepultura en un artístico mausoleo en el que había una columna sobre la que se elevaba un busto del General en granito, hasta que en el año 1941 una incomprensible, alocada y desde luego poco ejemplar acción de los gobernantes de la época, ordenaron arrasar el que había sido conocido como “Cementerio romántico” debido a la riqueza artística de sus panteones, reuniendo todos los restos en una fosa común del nuevo cementerio murciano.