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Nació en Antequera el 7 de enero de 1773. El 12 de junio de 1792 sentó plaza como era habitual entre los de su clase, como soldado distinguido en el regimiento Fijo de Málaga, con el que marchará a la recién iniciada campaña del Rosellón, donde no dejará de aprovechar las circunstancias para evidenciarse como un valeroso soldado.
El 30 de septiembre de 1795 fue agraciado con el grado de Cadete de su regimiento, y el 1 de abril de 1799 promocionó al grado de Subteniente segundo. En septiembre del año 1800 alcanzó a Subteniente primero y solicita permiso para contraer matrimonio, y tras serle concedido, el 9 de diciembre se casa con María Teresa Velasco García.
El 16 de julio de 1805 fue promovido al grado de teniente, y el 30 de noviembre de 1808 fue designado ayudante del 2 batallón de su regimiento, participando en todas las acciones del mismo. El 5 de enero de 1809 ascendió al grado de capitán, tomando parte en las acciones de su compañía, especialmente en las que tuvieron lugar en Sierra Morena.
El día 19 de noviembre de 1809, durante la batalla de Ocaña, y debido a su mal planteamiento táctico, los españoles se vieron rebasados por la caballería e infantería francesa, tras la cual uno de los pocos efectivos que a pesar de todo se mantuvo firme en sostenerse sobre el terreno al que iban desplazándose, fue la 1ª compañía del batallón 1º del regimiento Málaga nº 35. En la acción de Arquillos (Jaén) lo que quedaba del antiguo Fijo de Málaga perdió la mayor parte de los hombres que quedaban, salvándose muy pocos, entre ellos el capitán Moreno dispuesto ya desde ese infortunado momento a proseguir la lucha por su cuenta, organizando una guerrilla, ya que la experiencia de haber luchado en tropas regulares le supuso la amargura de ver como sus hombres morían por culpa de una mal planteada batalla, que tendría que haber ganado, tanto por número de hombres, como de las posiciones iniciales de ambos contendientes.
Iniciada la organización de sus hombres, Moreno comenzó la vigilancia del territorio en que se movían sus hombres, cuando se tuvieron noticias de que el general francés Sebastián superaba los puertos de Sierra Morena y que con toda facilidad había tomado la ciudad de Granada, en la que dejó una guarnición, prosiguiendo en su marcha hacia Poniente, llegando hasta la villa de Loja, para desde allí pasar a asediar la plaza de Málaga. El general Cuesta, lo mismo que muchos de los principales de la ciudad, estaban dispuestos a entregar la ciudad sin lucha, imitando lo que había sucedido en Granada, mientras que el sencillo pueblo se aprestaba a la defensa y evitar de cualquier modo la toma de la ciudad, al menos sin haber luchado por ella.
Milhaud tras haber vencido el 4 de febrero en el combate de la angostura de Boca del Asno, prosiguió hacia Málaga, al tiempo que Sebastiani lo hacía por Loja, Archidona y Antequera a la que tuvo a la vista a las dos de la tarde del siguiente día 5. Y la desigual lucha comenzó entre aquel Ejército francés y los patriotas malagueños que intentaron todo, pero que no pudieron impedir que Sebastián acaba tomando la ciudad de Málaga, que se vio sometida a la sangrienta voracidad de aquellos depredadores que no dudaron en matar a mujeres y niños, no respetando tampoco a los patriotas, que no eran más que enemigos en la trinchera. La represión de Sebastiani con los malagueños fue terrible, miles de encarcelados, cientos de fusilamientos, no podrían ver como el General y el nuevo Ayuntamiento nombrado por los franceses celebraban el 8 de febrero un solemne Te Deum en la Catedral. Antes de volver a Granada dejó nombrado el nuevo gobierno que habría de colaborar con él, y el 12 ya estaba de vuelta en la ciudad de los cármenes.
Entretanto el capitán Moreno había consolidado su guerrilla en el baluarte que le ofrecía la Naturaleza en las alturas de El Torcal Alto, extendiéndose hasta la Sierra Pelada, parajes en las inmediaciones de Antequera, y se dedicaban a atacar cualquier partida o convoy francés que por aquellos lugares se aventurase, consiguiendo interrumpir cada vez más el tráfico con Málaga. El 15 de julio se enfrentó a una columna francesa en Riogordo logrando batirla totalmente.
Antequera estaba en manos francesas, y por ello el teniente coronel Bellangé que ejercía el mando del destacamento allí destinado, no podía permitir las operaciones del capitán Moreno, así que decidió tenderle una trampa utilizando los servicios de un mal español que a cambio de dinero, atraería al capitán Moreno y su partida hasta su casa ubicada en el Páramo de Navazo Hondo, en el camino de Málaga, ya que se había enterado de que esa noche iban a pasar dos correos franceses con importantes valijas de documentación.
Cuando el capitán Vicente Moreno se aproximaba con los hombres que llevaba, sobre cuarenta parece ser que dicen las crónicas, tras emboscarse adecuadamente pasaron la noche en vigilancia del camino, esperando a que pasasen los correos franceses, cuando alboreando el 2 de agosto, asomaron por el camino unos jinetes que marchaban tranquilos y sin mayor precaución, por lo que al llegar a donde estaban apostados los españoles, estos saltaron sobre ellos, y tras realizarse los primeros escarceos. Moreno y sus hombres se vieron envueltos por los coraceros franceses que saliendo de todos los puntos, cayeron sobre sus sorprendidos hombres, matando a la mayoría, dejando a otros heridos, y él mismo con la mala fortuna añadida de que su caballo fue alcanzado en el vientre, y en su caída Moreno quedó atrapado por su pierna derecha bajo la montura, y con dos heridas en su cuerpo. Rápidamente se aproximaron los franceses y le prendieron, llevándolo ante Bellangé, junto a los únicos seis guerrilleros que se salvaron aquella madrugada, ordenando el francés que una escolta los condujese a la cárcel de Málaga, con objeto de someter al capitán Moreno a un juicio civil, lo que no gustaba a este, que siempre protestó de ello, pues como Oficial del Ejército, le correspondía ser juzgado en un Consejo de guerra.
Previo a ser sometido a la Causa que se le instruía, el gobernador militar de Málaga le ofreció su libertad y el grado de coronel en nombre del Rey José I, si prestaba público juramento de acatar al Rey. Como cabía esperar de las férreas convicciones de Moreno este no aceptó, por lo que su mujer y sus hijos fueron llevados a la celda donde se hallaba, con objeto de reblandecerle ante el llanto de aquellos, creyendo que ante eso se doblegaría su patriotismo. Firme en su idea, Moreno convenció a su mujer para que se marchasen y le indicó que no sufriese ni diese muestras de ello, pues esa influencia anímica era precisamente la que pretendían conseguir las autoridades francesas. Sebastiani enterado de que no eran capaces de llevarlo a su terreno, ordenó su traslado a Granada con objeto también de que las guerrillas que pululaban por las montañas malagueñas, viesen de lo que eran capaces los franceses.
Sebastiani recomendó pertinazmente al tribunal, que en veinticuatro horas dictase sentencia, y que era claramente “… reo por el delito de ser espía y jefe de una cuadrilla de salteadores…”. Reunióse el tribunal durante la mañana del 9 de agosto de 1810, y tal como había interesado el general Sebastiani, Moreno fue condenado a la pena de muerte por garrote, a pesar de que dos de los jueces votaron por su encarcelamiento, no por su muerte. Entró pues Moreno en capilla esa misma noche, puesto que la ejecución se llevaría a cabo en la mañana del siguiente día 10 de agosto. Durante el traslado, que logró hacer a pie a pesar del dolor que le producían sus heridas, parece ser que llegando a la Puerta Elvira, se abrazó a su familia, a la que habían llevado los franceses hasta aquel punto, con ánimo de influirle en su decisión final. Sentóse en el escaño y estiró su cuello ofreciéndolo al verdugo, que en rápido movimiento estranguló la garganta de aquel héroe. Sus hombres ese mismo día sometieron a fuego y horca a los habitantes de la casa del Páramo, vengando así la muerte de su jefe.
En el número publicado el martes 14 de agosto, por ello, después de haber ajusticiado al capitán Moreno, la «Gazeta del Gobierno de Granada», decía:
«ESPAÑA. Granada 10 de Agosto de 1810. Ayer se reunió la Junta Criminal de la Prefectura de Granada para juzgar la causa del Vicente Moreno, en otro tiempo Oficial del Regimiento de Málaga. Y justificándose en dicha causa que el referido, renunciando a las nobles funciones de su grado, se ha envilecido hasta el extremo de hacerse espía, como consta entre otras cosas, del pasaporte del General Abadía, fecho en Algeciras en 18 de Junio próximo pasado…- Constando igualmente que dicho Moreno se ha dicho gefe de cuadrillas, esto es de malhechores y asesinos en caminos públicos; que ha cometido con sus gentes asesinatos, robos, extorsiones y pillajes en el camino de Antequera a Málaga y en los pueblos de Torrox, Nerja, Gaucín, Periana y otros muchos; que ha fingido para ejecutar sus crímenes, órdenes y pasaportes del Marqués de la Romana, haciéndose intitular en ellos Teniente Coronel intimando dicho Moreno a los pueblos y particulares que si luego no le envían sus cuantiosos pedidos «experimentarán su rigor, y sus personas y casas serán las primeras que envuelva en su ruina». Constando asimismo que se ha aprehendido con las armas en la mano, emboscado en camino público para asesinar y robar a los ciudadanos pacíficos.- La Junta, teniéndole en virtud de estos hechos por deshonrado del grado de Oficial y convencido de ser gefe de vandidos y espías, comprendido por consiguiente en el artículo 2º del Real decreto de 19 de Abril de este año, le ha condenado a la pena de garrote, que se executó en este día 10 de Agosto.»
Fue sepultado en la inmediata parroquial granadina de San Ildefonso, donde en el libro 16 de Entierros, en su folio 142 vº, podemos leer la valiente partida de defunción elaborada por el párroco don Francisco de Paula Romera y González, que a pesar de tener a los franceses detrás, dice:
«Don Vicente Moreno. Garrote. En la ciudad de Granada, a Diez del mes de Agosto de su tarde, falleció delante de la puerta de la Iglesia, Don Vicente Moreno, natural de Antequera, marido de Dª María Belasco y Capitan primero del Regimiento de Malaga, y se enterró en el campo Santo, Feligresia de esta Iglesia parroquial de S. Ildefonso en dicho dia por la Hermandad de Caridad de dicha Ciudad, y para que conste la firmo.»
El 10 de diciembre de 1812, las Cortes Generales tras haber atendido la propuesta de los diputados por Granada, González y Porcel, así como de su compañero por el Nuevo Reino de Granada, Mexía, emitieron un dictamen favorable, que propició un Decreto con el número 2.101, por el cual se ordenaba que su nombre figurase en adelante como el más antiguo del escalafón de capitanes, teniéndole siempre por “vivo” su nombre figurase en las periódicas revistas de Comisario de la 1ª compañía del 1er batallón del regimiento de Málaga número 40, o cualesquiera otro regimiento que le sucediese. [1] También dicho decreto contemplaba que su sueldo pasase a la viuda e hijos, de los que Juan, por hallarse en edad de poder hacerlo, se educase en el Colegio Militar de la Isla de León, por cuenta del Estado.
Actualmente, julio de 2007, sin que sepamos la razón (pero nos enteraremos), en el Escalafón de las Fuerzas Armadas, y en la Escala Superior de Oficiales, del Ejercito de Tierra, no figura ya el capitán don Vicente Moreno Baptista.
Celebrándose el primer centenario de la guerra de la Independencia, el 29 de junio de 1908 se colocó en la fachada del cuartel de Infantería de Granada, una lápida conmemorativa, obra del escultor granadino Pablo Loyzaga, en la que la representación femenina de España, colocaba una corona de laurel sobre el pecho del capitán Moreno, teniendo el lema: «Al Capitán de Infantería D. Vicente Moreno, homenaje a su heroísmo».
[1] El entonces conocido como «Fijo de Málaga», originariamente nació en 1701 como Tercio con el nombre de «Milicias de Málaga». En 1707 pasó a constituirse en Regimiento con el nombre de «Málaga, núm. 25», reconvertido en 1790, como «Fijo de Málaga», pasaría en 1793 a denominarse «Málaga, núm. 35», en 1847 será nuevamente transformado y recibe el nombre de «Málaga, núm. 40». En 1893 recibe un nuevo nombre «Melilla, núm. 1». Más adelante sucesivamente recibió los nombres de «Vitoria número 8», «Aragón número 17», «Melilla número 52» y «Melilla, núm. 59». Pues bien, desde 1810 siempre figuró el capitán don Vicente Moreno Baptista, como el más antiguo de los de su clase en la Plana Mayor del regimiento, fuese cual fuese su denominación.
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