MENDIZÁBAL IRAETA, Gabriel de



Teniente General

Nació en Vergara, el 14 de mayo de 1765, fue bautizado en la parroquial de San Pedro Apóstol y era hijo primogénito de Manuel Joseph Mendizábal Elcoro, y de Juana Xaviera Iraeta Ibarra. Por hallarse su padre destinado en el Departamento de Cádiz, a los 19 años sentó plaza en el vetusto regimiento de España, conocido como el Tercio de los Verdes, obteniendo posteriormente plaza de Cadete en la Escuela Militar del Puerto de Santa María (Cádiz), en la que el 14 de junio de 1785, fue promovido al grado de Subteniente. Encuadrado en su regimiento, participó en el sitio de Orán hasta su conclusión, donde tan pronto comenzó a destacar en las descubiertas que hizo frente al enemigo. Como muchos de sus compañeros fue destinado a participar en la guerra del Rosellón, donde interviene en diversas acciones recorriendo prácticamente toda la geografía fronteriza pirenaica, desde Rosas hasta Tolosa, durante las campañas entre 1793 al 1795. En Tolosa precisamente recibió una importante herida en el costado izquierdo, ascendiendo al grado de Comandante del Batallón de Voluntarios de Guipúzcoa. En 1794 sufrió la derrota de Irún, después de la cual las Juntas Extraordinarias le nombraron Comandante de los Ejércitos Nacionales. Su regimiento es enviado en 1798 a El Ferrol, con objeto de tenerlo disponible para embarcar en uno de los navíos que se enfrentarán a los británicos formando parte de la flota franco-española que desde este Arsenal ferrolano aportará 7 navíos, algunos de los cuales participan en el combate naval de Rochefort.

Por R. O. De 26 de agosto de 1802 se creó el batallón de Infantería ligera “Voluntarios de Navarra nº 12” [1] , formado por 825 plazas y que se puso bajo el mando de Mendizábal se iba a organizar en Burgos. En octubre obtiene el ascenso al grado de Coronel y finalizada la formación del regimiento, marcha con él hasta la plaza fuerte de El Ferrol, participando en las acciones de los días 20 de abril. Incorporados a la expedición al Norte de Portugal, el 10 de mayo de 1806, lucha en el combate de Campelos, e iniciada la guerra de la Independencia, se incorporó con su batallón a la 3ª división del Ejército de Galicia, mandada por el general De Jado Cagigal, tomando parte el 14 de julio de 1808 en la batalla de Rioseco, donde se distinguió notablemente al mando de dos Compañías del regimiento de Navarra, y en octubre asciende a Brigadier, con antigüedad del 25 de julio. También se halló en la toma de Bilbao y en la acción del 12 de octubre, así como en las siguientes operaciones de los días 26, 27, 28 y 31 de octubre en los combates de Zornoza, Durango, Sodupe y Valmaseda; continuadas con los encuentros del 7 y 8 de noviembre en Gueñes, Sopuerta y Orrantía, que culminarían en la desgraciada jornada del 10 al 11 de diciembre, en Espinosa de los Monteros.

En enero del 1809 está Mendizábal con sus hombres por Puente Domingo Flórez (en el camino Real de Orense a Zamora) persiguiendo la caballería del general Franceschi a quien hizo retroceder hasta El Bierzo. En marzo participa en la acción de Villafranca del Bierzo, y posteriormente y hasta el 15 de abril en la defensa del puente de Piquín y en la batalla de Lugo, donde recibió dos balazos, por lo que en reconocimiento de su actuación, el 23 de marzo le fue concedido el ascenso a Mariscal de Campo. Incorporado ahora al Ejército de Castilla, toma parte en la retirada de Alba de Tormes (Salamanca), destacando nuevamente el 28 de noviembre al frente de sus tropas, contra el general Kellerman, durante la cual por tres veces rechazó la caballería francesa, siendo ascendido por estos méritos en fecha de 5 de enero de 1810, al grado de Teniente General (años mas tarde, el R. D. de 13 de julio de 1843, significaría un nuevo reconocimiento de su acción, nombrándole Conde del Cuadro de Alba de Tormes). Tras el fallecimiento del marqués de La Romana, Mendizábal le sustituyó en el mando de Extremadura, y debido al desarrollo del sitio y pérdida de la plaza de Olivenza, 22 de enero de 1811, achacándole que al haber enviado tantos soldados de refuerzo, la plaza hubo de entregarse al escasear los víveres. Su mala racha se cebó con él, pues el 19 de febrero sufrió otro duro revés en la acción de Santa Engracia, al desoír el consejo del prudente Wellington, que le indicaba se mantuviese inmediato al fuerte de San Cristóbal, fortaleciendo su posición al amparo de las trincheras, hasta que llegasen a socorrerles. Mendizábal no previó las numerosas tropas enemigas, ni vigiló los vados, por lo que los franceses llegaron con comodidad a través del Guadiana y del Gévora., y aunque Mendizábal resistió con sus hombres apoyados en la Atalaya, formados en dos grandes cuadros, finalmente los cuadros fueron abiertos con la consiguiente dispersión de los soldados, quedando no menos de 800 bajas españolas entre muertos y heridos, además de unos 3.000 prisioneros. Mendizábal se refugió en la plaza de Elvas, a donde también acabaron llegando muchos de los dispersos. Fue separado del mando y se le abrió un sumario. En aquellos tiempos los hombres, los españoles, los militares vivían pendientes de su honor, y en razón de ello, en lugar de aferrarse a su estado, hoy diríamos su cargo, solicitó ser incorporado como simple soldado, cosa que le concedieron las Cortes, y así le encontramos luchan de soldado el 16 de mayo de 1811 en la batalla de Albuera, en la que se distinguió extraordinariamente, por lo que la Regencia le regaló un sable de honor. Más tarde fue rehabilitado, pues su caso había sido por un cúmulo de desafortunadas circunstancias, y por ello se le encomendó el mando del 7º Ejército. Durante la campaña de 1813 estaba al mando de la 2ª división del Norte, atacando el 11 de febrero en el camino de Santoña a la brigada de Palombini, a la que tomó prisioneros y bagajes, aunque después hubo de tener un segundo encuentro del cual se retiró sin bajas, llevándose todo lo logrado anteriormente. Contribuyó a la liberación de Tolosa, obligando a los franceses a abandonar la plaza el 26 de junio. El 10 de abril fue herido en la batalla de Tolouse.

Siendo el jefe de la División Vascongada, dirigió la gloriosa jornada del 31 de agosto de 1813 en Irún, en que los franceses pensando socorrer a sus compañeros de la plaza de San Sebastián, cruzaron el Bidasoa el 31 de agosto, antes del amanecer, por los vados entre Hendaya y el puente destruido del camino real, que cubría el IV Ejército español o de Galicia, a las órdenes del general Don Manuel Freire, apostada la IIIª División en los campos de Sorueta y Enacoleta, parte de la Vª en las alturas de San Marcial y la VIIª en Irún y Fuenterrabía, formando la primera línea, y en segunda o reserva una división británica a espaldas de Irún, la división de Don Francisco de Longa y dos brigadas de la IVª a retaguardia de la derecha, dos brigadas inglesas en la sierra de Aya, y otra portuguesa en unas alturas entre Vera y Lesaca.

Entretanto, no muy lejos de allí, pero sin que llegase a saberlo Mendizábal ni ninguno de los otros jefes como Freire o Porlier que lucharían incansables en la decisiva batalla de San Marcial, los británicos con algunas tropas portuguesas que distrajeron de los frentes de lucha prácticamente sin haber aparecido por los lugares de combate, se fueron a la playa y se habían presentado a principios de mes ante la plaza de San Sebastián, donde lograron entrar a las dos de la madrugada del 31 de agosto, y desde que los franceses abandonaron la plaza, los “aliados” se dedicaron a arrasar la ciudad mediante el fuego y el exterminio físico de sus habitantes. La operación tal como se desarrolló fue perfectamente conocida por el generalísimo Wellington, sin que adoptase medida alguna con los asesinos que tan injustamente trataron a los pacíficos ciudadanos, aunque tampoco las Cortes Constituyentes españolas tomaron medidas, ni obligaron a retirarse de España a quienes se decían aliados y sin embargo se habían convertido en asesinos, sin motivo que lo justificase. Siempre se vino diciendo que aquellas tropas habían seguido instrucciones del general Castaños, que sin embargo también había sido ajeno a todo ello, como sucedía con Longa o Mina. Fue, y esta documentado una operación puramente británica, fruto eso si de los mismos defectos que había tenido la estancia británica en tierras leonesas, el vino, la constitución de aquellas tropas de aluvión, provenientes en su mayor parte de las levas y que eran muy difíciles de mantener en la disciplina.

Entre el mes de agosto de 1814 y el 9 de marzo de 1820, fue incorporado al Consejo Supremo de la Guerra, en la que se ocupó de la formación y revisión de las Hojas de Servicios de los Generales y Brigadieres. En 1821 fue designado Comandante General de Pamplona, y en 1822 le fue conferido el mando del 4º Distrito militar, y en agosto paso de Cuartel a Burgos, y desde allí a El Puerto de Santa María. Fue depurado en 1826 y en 1833 se traslado de Cuartel a Madrid.

Desde 1815 estaba en posesión de la Gran Cruz de San Fernando, y en 1819 se le concedió la Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo. Obtuvo también el título de Conde de Astorga. Estaba en posesión también de varias menciones declarándole Benemérito de la Patria, y era Caballero de la Orden de Calatrava.

En 1834 fue nombrado Presidente del Tribunal Supremo de Guerra y Marina, obteniendo su presidencia en junio de 1835. Falleció en Madrid el 1 de septiembre de 1838.



[1] Número de la escala que en 1811 fue cambiado por el nº 11, disolviéndose después de la capitulación de Badajoz, pasando sus compañías y en el mes de julio al regimiento de Cádiz, situado en el Arsenal de La Carraca (Cádiz). En 1812 fue reorganizado por el conde de Abisbal como Batallón del General, tomando el 8 de mayo su antiguo nombre y Bandera. En 14 de abril de 1815 salió el regimiento con destino a Ultramar, a bordo de la fragata “Sabina”, llegando a Veracruz el 18 de julio.