LACY Y GAUTIER, Luis

Capitán General

Nació en el campamento-ciudad de San Roque, en la provincia de Cádiz, el 11 de enero de 1772. De ascendencia claramente irlandesa, su padre Patrick de Lacy Gould ostentaba por entonces el grado de Sargento mayor en uno de los regimientos del ejercito español que bloqueaban por tierra la plaza de Gibraltar. Su madre era de origen francés, de la región Suroeste al Norte de los Pirineos. Su padre formaba parte de las tropas españolas que habitualmente eran desplazadas a cubrir militarmente la zona y evitar nuevas rapiñas británicas, que aumentasen el territorio que traidoramente nos arrebató el infausto día 3 de agosto de 1704 “nuestro aliado el almirante Rooke” ante la habitual inoperancia posterior del trono español encabezado por aquel Borbón, Felipe V, el primero de la saga que antepuso sus valores a los de la nación, y cedió sin más ante la por entonces tan tradicional falta de escrúpulos británica, plasmando su firma diez años después en la Paz de Utrech, por la que este rey en España reconocía “unos supuestos derechos de conquista” a su homólogo inglés, sin pensar tan siquiera que el pueblo pensaba todo lo contrario y estaba patrióticamente dispuesto a demostrarlo.

Los Lacy llevaban un tiempo ya ligados militarmente a España, pues formaban tradicionalmente parte de regimientos walones. Por 1738 veíamos ya a Guillermo de Lacy, como coronel del regimiento de Ultonia, ostentando al tiempo el cargo de Inspector de los tres regimientos que por entonces había: Irlanda, Ultonia e Hibernia. Otro tanto sucedía con una familia de origen francés, los Gauthier, que ya desde antes de que sucediese la forzosa diáspora originada por la revolución francesa, habían venido cubriendo plazas también en estos mismos regimientos.

Debido a que precisamente sus tíos maternos, Juan y Francisco Gauthier eran oficiales del antiguo regimiento de Bruselas, en este tiempo ya denominado de Borgoña, aunque conocido coloquialmente como la Guardia walona, en ocasión de ir este regimiento formando parte de una expedición a Puerto Rico, aprovecharon para que su sobrino Luis sentase plaza en el regimiento el 4 de noviembre de 1785, cuando contaba por tanto, tan solo trece años de edad.

Aquella corta edad no fue óbice para que no dejase plasmada en su hoja de servicios, una inusitada intrepidez y temeridad, que le llevaba a luchar siempre en primera línea, por lo que en reconocimiento a ello, el 29 de octubre de 1786 era promovido por el jefe de su Cuerpo al grado de Subteniente de Infantería. Era tal su predisposición a la aventura, y el escaso apego que tenía a su propia vida, que tan pronto como estuvieron en España, llegó a su conocimiento el que próximamente iba a salir una expedición hacia las islas Molucas, por lo que no habiendo plaza de su rango, intentó enrolarse en ella como simple soldado, amenazando inclusive con desertar de su Cuerpo al no ver claramente salida a lo que pretendía. Nuevamente hubieron de intervenir sus tíos, quienes le convencieron de que no prosiguiese en su intento, pues le habían ascendido al grado de Capitán del regimiento de Ultonia, conformándose con marchar en enero de 1794 a la campaña del Rosellón, donde como era de esperar, volvió a sorprender a todos por su valor y demás condiciones que reunía, y de cuya campaña volvería un año después tras haberse firmado la paz.

En 1799 fue destinado a las islas Canarias, donde desavenencias surgidas con sus jefes, especialmente con el propio Gobernador militar de la plaza, le llevaron a un proceso por el que resultó encausado por insubordinación, condenándole a un año de prisión en el penal de Cádiz y la expulsión del Ejercito, fijándole al tiempo, que tras el cumplimento de la condena debería quedar de residencia en la blanca ciudad, aunque advirtiéndole que “... con calidad de que si pasado algun tiempo se advertia haberse restablecido de la demencia que se le ha atribuido, seria atendida su solicitud de continuar en el Exército...”

Lacy, una vez que salió libre en 1803, en septiembre de este año decidió trasladarse a Francia, donde había sido admitido a formar parte de aquel Ejército, como Capitán en la Legión Irlandesa que por entonces se estaba organizando para marchar a luchar en Alemania. Meses después, y en ocasión de la invasión de España, la unidad en que se hallaba encuadrado el ya comandante Lacy, fue una de las que tuvo como objetivo la ocupación de Madrid.

Y ante los sucesos del 2 de mayo de 1808, sintiéndose verdaderamente español, Lacy desertó y se encaminó a Sevilla, presentándose ante la Junta, solicitando su reincorporación al servicio de España, siendo admitido con el grado de capitán, aunque con fecha 24 de septiembre le ascendió al grado de Teniente coronel, asignándole el mando del Batallón ligero de Ledesma, con el que pasa a Uclés y se encuentra en la acción de Bubierca el 23 de noviembre siguiente. El 24 de enero de 1809 asciende al grado de coronel, y el 3 de julio a Brigadier. Durante la guerra de la Independencia ostentó diversos cargos, en alguna ocasión simultaneados, tal y como sucedió cuando siendo Brigadier le asignaron el cargo de Subinspector de Infantería, Jefe de Estado Mayor y Comandante General de la Isla de León. Su carrera proseguiría mayormente con éxitos en las acciones en que participó, de tal modo que el 16 de marzo de 1810 promociona a Mariscal de Campo. En junio de 1811 fue nombrado Capitán General de Cataluña, donde obtuvo su ascenso a Teniente General el 17 de abril de 1812. Lacy, tras la pérdida de Tarragona, había intentado organizar una línea defensiva por la Seu d'Urgell,­ Solsona y Cardona, para lo que creo un centro de reclutamiento e instrucción básica en un intrincado y protegido lugar en la sierra de Busa, fruto de lo que fueron las ocupaciones que realizaron sus tropas de Reus, Igualada, aunque el fracaso ante la plaza de Mataró y sobre todo ello las divergencias políticas con la Junta Superior de Gobierno del Principado, llevaron a su sustitución por el Barón de Eroles, Joaquín Ibáñez Cuevas.

En enero de 1813 fue nombrado por la Regencia, General en Jefe del Ejército de Reserva y Capitán General del Reino de Galicia.  En ese mismo año levantó columnas en la Coruña la primera logia masónica de Galicia, bajo la denominación de "Logia Constitucional de la Reunión Española", donde uno de sus miembros era el General Lacy, y en ella alcanza el grado de Maestro. Estuvo en Galicia hasta el 23 de marzo de 1814, en que tras la “ansiada” vuelta de Fernando VII, Lacy solicitaría irse de cuartel a Valencia, justamente para fijar su residencia en Vinaroz. Anteriormente -cuando estaba al mando de Cataluña- se había dictado por la Junta de Guerra, “... que se calificara militarmente la conducta de Lacy con relación a la decadencia del espíritu público del principado de Cataluña, y las causas de la voladura del castillo de Lérida, «verificada por medio de una negociación...»

En agosto de 1816 estaba en Andalucía, “de cuartel”, y en noviembre se trasladó a Cataluña, donde puesto en contacto con Milans del Bosch y otros compañeros, desde Caldes d’Estrac trazó un pronunciamiento en el cual serían básicas las tropas que se hallaban repartidas por la comarca inmediata a Mataró, con las que marcharían sobre la plaza de Barcelona, proclamando la Constitución que tan alegremente violaba Fernando VII. El día señalado era el 5 de abril de 1817, sin embargo, como en todos estos movimientos patrióticos, suelen combinarse los agentes de la traición y así la delación realizada por uno de los convocados, la indecisión de los conjurados y el decisorio auxilio económico del obispo al Capitán general Castaños, que le permitirían pagar en tan oportuno momento los atrasos que adeudaba a los soldados, fueron los que hicieron fracasar definitivamente el pronunciamiento de Lacy, que no pudo embarcar en el barco que le esperaba en Blanes, debido a que fue hecho prisionero por unos payeses, mientras que Miláns del Bosch pudo hacerlo hacia el Pirineo. A pesar que tanto Lacy como Castaños formaban parte la masonería. Castaños obediente al rey felón, sometió a su compañero a una causa sumarísima, condenándole a la pena de muerte, dando un curioso sentido a la formula condenatoria, pues dice ésta: "Considerando—decía la sentencia del general Castaños—sus distinguidos y bien notorios servicios, particularmente en este Principado, y con este mismo ejercito que formó, y siguiendo los paternales impulsos de nuestro benigno soberano, es mi voto que el teniente general don Luis Lacy sufra la pena de ser pasado por las armas.”

Temió, sin embargo, el general Castaños la reacción de los catalanes y las posibles tentativas para libertar al condenado (tentativas que existieron realmente) y el temor a un motín popular, indujeron a Castaños a enviar a Lacy a bordo de un navío que le trasladase a Mallorca, lo cual llevó a cabo el 30 de junio por la noche, mientras hacía creer a todos que el reo había sido indultado por el magnánimo Fernando VII, aunque condenado a ser recluido en la torre del Homenaje de su castillo, como antes lo había sido Jovellanos.

En el foso que rodea el castillo de Bellver, entran varios soldados armados al mando de un coronel, acompañados de un fraile y con ellos, como no, el Capitán General don Luis Lacy Gautier, que morirá fusilado el 5 de julio de 1817, por orden de aquel “Deseado” monarca.

Por Real orden de 25 de marzo de 1820, “... le fuesen restituidos todos sus honores, y se mande colocar su nombre en el salón de Cortes como muerto en un patíbulo por la Constitución.”

Estaba casado con Emilia Dugueurmeur.