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...Duque de Alcudia y Sueca, barón de Mascalbó (Cataluña), Señor del Soto de Roma y del Estado de Albalá, de la Serena, del Lago de la Albufera de Valencia, de las villas de Huetor de Santillán y Veas, Regidor perpetuo de la Villa de Madrid, de Santiago de Compostela, de Cádiz, de Málaga, de Nava del Rey, de Burgos, de Valencia, de Murcia, de Manresa, de Guadalajara, de Gerona, de Peñíscola, de Sanlucar de Barrameda, de Lérida, Toledo, Toro, Zamora, Reus y Écija, Asunción del Paraguay, Buenos Aires y México, Caballero Veinticuatro de Sevilla, Caballero Veinticuatro preeminente de Jerez de la Frontera. Caballero del Toisón de Oro, dos veces Grande de España de 1ª clase, Comendador de Valencia del Ventoso, de Rivera y Aceuchal (Badajoz), Primer Secretario de Estado y del Real Despacho, Secretario de la Reina, Gran Cruz de la Real Orden de Cristo y de la Religión de San Juan, Superintendente general de Correos y Caminos, Capitán General de los Reales Ejércitos, Inspector y Sargento Mayor del Real Cuerpo de Guardias de Corps, Gentilhombre de Cámara con servicio, Hermano Mayor y Alcalde perpétuo de la Santa y Real Hermandad vieja de la ciudad de Toledo, con voz, voto y presidencia en todas sus funciones. Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, Comendador de Valencia del Ventoso, Consejero de Estado, Primer secretario, Secretario de la Reina María Luisa, Superintendente general de Correos y Caminos, gentilhombre de Cámara con ejercicio, Capitán general de los Reales Ejércitos, Inspector y Sargento mayor del Real Cuerpo de Guardia de Corps; Caballero Gran Cruz de la Orden de Cristo, Gran Cordón de la Legión d ehonor de Francia, Bailío y Gran Cruz de la Orden de San Juan de Jerusalén; protector de la Real Academia de Nobles Artes y de los Reales Institutos de Historia Natural, Jardín Botánico, Laboratorio Químico y del Observatorio astronómico y Benemérito de la Real Sociedad Económica Matritense, ets., etc.
Nació el 12 de mayo de 1767, en Badajoz, hijo del antiguo coronel de Milicias y por entonces procurador de aquella ciudad, José de Godoy y de María Antonia Álvarez de Faria. En sus primeros años, junto a su hermano mayor recibió enseñanzas preparatorias de Matemáticas y Humanidades en el Seminario Conciliar de su ciudad.
A los diecisiete años marchó a la Corte con intención de seguir los pasos de su hermano, siendo admitido el 17 de agosto de 1784 en la 1ª Brigada de la Compañía Española de los Guardia de Corps, donde ya servía su hermano mayor Luis. Entre otras materias estudió francés e italiano con los hermanos Joubert, que además le introdujeron en los enciclopedistas. No habría pasado un año de su estancia madrileña, cuando fue presentado a los entonces príncipes de Asturias Carlos y su esposa María Luisa, con los que comenzó a intimar de inmediato, convirtiéndose en un habitual concurrente a la tertulia palaciega de los príncipes, y según nos recuerdan testimonios de diversos personajes de la Corte de aquellos días, fue en aquel tiempo cuando Godoy se hizo imprescindible a la voluptuosa María Luisa.
Cuando fallece Carlos III en la madrugada del 14 de diciembre de 1788, quedaba libre el paso al trono para aquel pobre príncipe napolitano que reinaría con el nombre de Carlos IV [1] , al que acompañaría la reina consorte, su prima la parmesana María Luisa, matrimonio que en veintitrés años tuvo hasta catorce hijos, la mayor parte malogrados a poco de nacer.
A esta llegada al Trono no sería ajeno Godoy, ya que siendo en aquel momento fulgurante de su especial amiga María Luisa, un simple Cadete de los Guardias de Corps del Rey, lo veremos al año siguiente, en 1789 ostentando la divisa de Coronel de Caballería y Comendador de la Orden Militar de Santiago, y en 16 de enero de 1791 se le adjudica el nombramiento de Ayudante general de los Guardia de Corps, con grado de General de brigada. El 3 de febrero con los entorchados de Mariscal de Campo. Al mes siguiente, en marzo, es nombrado Gentilhombre de Cámara, y el 21 de abril es galardonado con el título de duque de Alcudia, Grande de España de primera clase y el 16 de Julio recibió el bastón de Teniente General de los Reales Ejércitos y Comandante general de los Guardias de Corps y Consejero de Estado. El 24 de mayo fue nombrado Capitán General del Ejército.
El 15 de noviembre de 1792, mediante un Real decreto Carlos IV sustituyó a Aranda y en su lugar fue designado Primer Secretario de Estado, o lo que es lo mismo Primer Ministro.
La situación revolucionaria de Francia, llevaría a Godoy a aconsejar al monarca español a unirse en la desesperada lucha en que otras monarquías intentaban salvar la vida del monarca francés Luis XVI, y que fue condenado por la Convención a ser guillotinado el 21 de enero de 1793. La noticia llega a Madrid el día 30. Tras aquella ejecución, Godoy propiciaría la incorrecta carta de Carlos IV, primo del guillotinado, a la Convención que llevó a la declaración de guerra de la República francesa, por lo que España hubo de enfrentarse a los revolucionarios en la que se denominó guerra del Rosellón, de los Pirineos o de la Convención. Aunque al principio las tropas españolas fueron venciendo, la escasez de avituallamientos solo les permitió llegar hasta la batalla de Truillás, el 22 de septiembre, y las de Bellegarde, Port-Vendres, Port-les-Bains, Saint-Telme y la última de Colliure. Después el general Ricardos se vio en la necesidad de replegarse, entrando los franceses por todos los lados, ocupando las plazas fronterizas de Irún, San Sebastián, Tolosa, Regil, Beizama, Vitoria, Bilbao, Miranda de Ebro, Figueras, Rosas, obligando a la búsqueda de nuevos emplazamientos para las fábricas de armas y armeros libres que abundaban especialmente en el territorio guipuzcoano, dando así origen a las fábricas de armas de Oviedo y de Trubia, ambas en Asturias, por lo tanto alejadas del peligro fronterizo francés.
Godoy es ya duque de Alcudia y Sueca, Grande de España, está en posesión de la Gran Cruz de la Orden de Carlos III.
Para salir de aquel conflicto y dar por finalizada la guerra, Godoy por parte española acuerda con Francia la paz de Basilea el 22 de julio de 1795, mediante la cual Francia devolvió a España las plazas ocupadas y España entregaba la isla de Santo Domingo, en territorio antillano.
Por los “desvelos” de Godoy en el desarrollo de todo aquel episodio que tantas muertes y pérdidas supuso para la nación española, por mover irresponsablemente la mano de Carlos IV mientras escribía a la Convención, aquel monarca inclusive le premió con la Real ordenanza de 4 de septiembre en la que le confiere el título de Príncipe de la Paz. Tenía Godoy 28 años de edad. Cuando María Luisa se refería al Rey, a ella y a Godoy, siempre lo hacía diciendo: «Nos, la Trinidad en la tierra».
El 18 de agosto de 1796, Godoy firmó en nombre de Carlos IV con la República francesa el “Tratado de Alianza Ofensiva y Defensiva ratificado por su Magestad en San Lorenzo a catorce de octubre del mismo año...”, y lo hizo aludiendo los títulos y honores que hasta el momento tenía: Príncipe de la Paz, duque de Alcudia y Sueca, barón de Mascalbó (Cataluña), Señor del Soto de Roma [2] y del Estado de Albalá [3] , de la Serena, del Lago de la Albufera de Valencia, de las villas de Huetor de Santillán y Veas, Regidor perpetuo de la Villa de Madrid, de Santiago de Compostela, de Cádiz, de Málaga, de Nava del Rey, de Burgos, de Valencia, de Murcia, de Manresa, de Guadalajara, de Gerona, de Peñíscola, de Sanlucar de Barrameda, de Lérida, Toledo, Toro, Zamora, Reus y Écija, Asunción del Paraguay, Buenos Aires y México, Caballero Veinticuatro [4] de Sevilla, Caballero Veinticuatro preeminente de Jerez de la Frontera. Caballero del Toisón de Oro, dos veces Grande de España de 1ª clase, Comendador de Valencia del Ventoso, de Rivera y Aceuchal (Badajoz), Primer Secretario de Estado y del Real Despacho, Secretario de la Reina, Gran Cruz de la Real Orden de Cristo y de la Religión de San Juan, Superintendente general de Correos y Caminos, Capitán General de los Reales Ejércitos, Inspector y Sargento Mayor del Real Cuerpo de Guardias de Corps, Gentilhombre de Cámara con servicio, Hermano Mayor y Alcalde perpétuo de la Santa y Real Hermandad vieja de la ciudad de Toledo, con voz, voto y presidencia en todas sus funciones, etc., etc. A través del tratado de San Ildefonso España se convertía en incondicional aliada de Francia, para lo bueno y para lo malo especialmente. Otro embolado de aquel histrión que era el extremeño Diego Godoy. ¡En menudo irreversible negocio metió a España este Primer Ministro!¿Cuándo se pagará esta responsabilidad política? ¡Nunca! España dependerá siempre del político que nos enfrente.
En este caso, por esta irresponsabilidad perderíamos la hegemonía marítima, de sus resultas perderíamos la atención que precisaban las colonias americanas, por la dispersión de tropas durante la guerra de la Independencia española, y también mermaría el comercio que con aquellas tierras realizaba España, concretamente el que se hacía con América.
Las consecuencias inmediatas fueron las que llevaron a la pérdida de la armada española, hasta aquel momento la única que rivalizaba con la británica. En el Cabo de San Vicente, en la batalla del día 14 de febrero de 1797, se perdieron 4 navíos hundidos, 5 muy dañados y otros 4 apresados por los británicos. Los muertos aquel día fueron 1.264 marinos españoles, y a continuación el sometimiento de asedio llevado a cabo el 10 de julio sobre la ciudad de Cádiz, por parte de aquella flota del almirante Jervis, en la que se hallaba el contralmirante Nelson. Marcha la flota británica a la que considera fácil plaza de Santa Cruz de Tenerife, y la somete a asedio durante los días 22 a 25 de julio, saliendo también malparada la flota, y entre las bajas hay que contar la de Nelson que en aquella acción perdería su brazo.
Godoy había logrado alcanzar elevadas cotas en la sociedad española, aunque le faltaba el formar parte por derecho, de la familia reinante, por lo que en un intento de que cesasen los contínuos corrillos acerca de la vida que llevaba el favorito y la vetusta y ajada reina consorte, “la Trinidad en la tierra” decidieron que de un disparo podían matar dos pájaros: Devolver por una parte a los descendientes del infante Luis Antonio, los honores que le había negado el rey Carlos III por su matrimonio morganático y por otra parte favorecer a su hermoso ejemplar de la caballeriza de María Luisa, casándole con María Teresa Villabriga, internada en un cenobio y condenada a estar ausente de la Corte madrileña. Luis María Villabriga, arcediano de Talavera y hermano de la joven candidata, se apresuró a preparar todo, pues aquella unión también a ellos beneficiaría, pues se derogaría la Real instrucción de Carlos III, y se permitiría a los tres hermanos Villabriga, la recuperación del uso del apellido Borbón, y todo lo que conllevaba: rango de Grandes de España, para el arcediano el rangoi de Cardenal, rentas reales para todos y finalmente el título de Princesa de la Paz, para su sacrificada hermana. Encima de todo ello, el bueno de Godoy percibiría una dote de 5.000.000 de reales por “su sacrificio”.
Todas estas actuaciones en las que había intervenido tan directamente Godoy, especialmente los asuntos con Portugal, precipitan a una serie de personajes para unirse solicitando la separación del favorito. Eran entre otros, el arzobispo de Sevilla, Despuig, el ministro de Marina Cayetano Valdés, la marquesa de Matallana, a quienes después se unirían el arzobispo de Sevilla, el obispo de Ávila y el mismo confesor de la Reina, Muzquiz, que lo denunciaría ante el Santo Tribunal de la Inquisición, por “... impío y disoluto...”. Godoy se entera de lo que están pretendiendo, a través de una información indirecta proveniente de el Vaticano y que le facilita Napoleón Bonaparte. Godoy se anticipa y dicta ordenes desterrando el 14 de marzo al arzobispo de Sevilla, al confesor Muzquiz y al cardenal y Gran Inquisidor Lorenzana, ordenándoles vaya a Roma “...a prestar consuelos espirituales al Santo Pontífice Pío VI...”, por todo lo cual se vería obligado a dimitir de todos sus cargos el 28 de marzo de 1798, en la que sería su primera caída del poder omnímodo que hasta entonces tenía, aunque continuó manteniendo el favoritismo de María Luisa, y por tanto las posibilidades de volver a retomar las riendas de España.
El 29 de septiembre Godoy se casó con María Villabriga (impedida hasta entonces de llevar en primer lugar el apellido De Borbón), tenía dieciocho años y era prima de Carlos IV, protegida siempre por la reina María Luisa, y con la que Godoy tuvo una hija, Carlota, condesa de Bobadilla del Monte. María Teresa sufrió mucho con su marido, pues se vio obligada a convivir bajo el mismo techo y sentarse a la misma mesa con Pepita Tudó Catalán. Pepita era la favorita de Godoy y con ella tuvo un hijo, Manuel y una hija que falleció joven. Para que Pepita pudiese mantener un status acorde, Godoy le había gestionado y conferido los títulos de condesa de Castillofiel y vizcondesa de Rocafuerte con el fin de que estos títulos acabasen pasando a los dos bastardos.
Este matrimonio fue rechazado desde el principio por los obispos de Toledo y Sevilla, quienes fueron obligados a renunciar a sus mitras y, luego, desterrados. El 2 de octubre, el monarca portugués Don João le concedió a Godoy el título de conde Évora Monte, por haber considerar que fue él quien había evitado la invasión franco-española de Portugal.
Durante aquel primer periodo, de sus manos también salieron las ordenes precisas para favorecer el desarrollo de las Sociedades Económicas de Amigos del País, la enseñanza de las ciencias aplicadas y puso en marcha la desamortización de los bienes pertenecientes a hospitales, casas de misericordia y hospicios regentados por comunidades religiosas.
Durante un periodo de unos dos años estuvo separado de cargos, aunque no por ello dejó de llevar su vida cortesana, ni de ejercer su gran influencia, tanto dentro como fuera de la Corte.
Así se llega al 18 de octubre en que Carlos IV declara la guerra a su homónimo de Gran Bretaña. Los acuerdos del 1 de octubre en San Ildefonso, segundo tratado de paz daban a Carlota Joaquina Teresa, la duquesa de Parma, el nuevo reino de Etruria, mientras que España entregaba a Francia el territorio norteamericano de la Lousiana, y su flota pasaba a las ordenes de los almirantes franceses, entretanto los ejércitos de tierra ocuparían Portugal, con la finalidad de alejarlos de su alianza con Gran Bretaña.
En marzo del año 1801 fue nombrado Generalísimo de los ejércitos de tierra y mar, y curiosamente, praa distinguirse de los demás generales, en lugar de llevar un fajín encarnado, el suyo era de color azul. De este modo quedaban todos los Cuerpos y dependencias a sus exclusivas ordenes, inclusive las fábricas de armas y los avituallamientos y dotación de sus componentes El 27 de marzo, España declara la guerra a Portugal, y el 3 de mayo siguiente Godoy se pone a la cabeza de las tropas expedicionarias, llegando a Badajoz el día 14. En las primeras horas de la mañana del día 20 asaltan y toman la plaza de Olivenza, iniciando la que se denominará “guerra de las naranjas”, por desarrollarse en unas vegas donde este fruto crecía, y del que una muestra se envió como no, a la reina María Luisa. Se firma enseguida en Badajoz un tratado de paz hispano-portugués, el 6 de junio, y España de sus resultas gana la plaza de Olivenza, mientras Francia, en su tratado franco-portugués recibe la parte de Guayana que tenía Portugal.
Godoy percibía creciente hostilidad que había hacia su persona, temiendo su inminente caída, concibió la idea de aliarse con el Directorio francés, con lo que pensaba atajar las nuevas corrientes que amenazaban el trono español, colocando como Primer Secretario a su primo Pedro Cevallos, con lo que él desde un segundo plano seguía controlando la política gubernamental. A pesar de que Godoy está alejado de responsabilidades, Napoleón le envía por indicación de Tayllerand un obsequio consistente en una valiosa armadura forjada, pues sabe o intuye que a la larga, Godoy le servirá para sus planes en España..
Este tratado no gustó a Napoleón pues aunque el 27 de marzo de 1802 se firmaría la Paz de Amiens con Inglaterra (1802), mediante el que España recobraba la isla de Menorca, perdida durante el pasado enfrentamiento, y cedió a los británicos la isla Trinidad, Godoy por otra parte ratificaba el tratado de San Ildefonso de 1800.
En 1803, Maria Teresa de Borbón y Villabriga, pasó a disfrutar el título de Chinchón, por renuncia expresa de su hermano. Desde el año 1804 no dejó de intentar abandonar a su marido, pero ni lo consintió la Reina María Luisa, ni su hermano el Cardenal, pasando ella a ser una mujer cada día más encerrada en si misma, al tiempo que amargada por la conducta familiar de Godoy, hasta que hastiada ante tanta y contínua infidelidad María Teresa le abandonó, llevándose a su hija.
Las cosas parecían torcerse a los intereses de Francia, por lo que Napoleón forzó al Rey español, para que firmase un acuerdo de neutralidad y posteriormente, en 1805, una nueva alianza al suceder el desastre de Trafalgar. Temeroso Godoy de perder todo cuanto había logrado, no dudaría en firmar el 27 de octubre de 1807 el tratado de Fontainebleau, en el cual Portugal se repartía entre Francia, España y la región del Algarve para establecer en ella un nuevo reino que pasaba a la cabeza de Godoy, por lo que este se decidió aun más a unirse a Bonaparte, por quien se consideraba defendido. Carlos Iv tampoco lo perdía todo, pues Napoleón, al menos en principio le dejaba ser reyezuelo de los estados que aun mantenían los borbones instalados en España, y además le dejaba ser amo de las Américas bajo el pomposo título de Emperador de aquellas.
Carlos IV o más propiamente María Luisa, antes de que acabase el año premiaron a Godoy con el cargo de Gran Almirante de España y de las Indias, con tratamiento de Alteza Serenísima y pasó a presidir el Congreso, recibiendo por parte de la Casa Real el regalo del edificio del Almirantazgo, actualmente ocupado por la Armada Española, con su Museo y Archivo.
Sin embargo no pasaría mucho tiempo sin que otro tan bueno como él, el príncipe de Asturias, Fernando, intentase hacerse con el trono español, haciéndole una jugada a su borbónico progenitor. Descubierta esta trama por el siempre vigilante Godoy, después de denunciar al Príncipe y celebrado el proceso de El Escorial entre aquel mes de octubre y enero de 1808, visto que el Rey Carlos aceptó inocentemente el pesar de su hijo y este, haciendo gala de la gran capacidad de ruindad que ya había ido atesorando, comenzó la ardua tarea de ir mutilando el prestigio que al menos con sus padres tenía Godoy.
Mientras las tropas franco-españolas ocuparon Portugal, las principales plazas fuertes de España eran guarnecidas con tropas galas, y no tan solo las que se hallaban en el camino militar hasta Portugal, sino también siguiendo la línea del Ebro hasta la frontera con Francia, o bien hacia las mediterráneas Barcelona o Tarragona. El engreído Godoy aun no se había enterado de las verdaderas intenciones de Bonaparte respecto de España.
Durante la noche del 17 de marzo de 1808, el pueblo madrileño asaltó el palacete donde residía Godoy, hallando solamente a las tres mujeres: María Teresa, su hija Carlota y Pepita Tudó, las cuales fueron recogidas y llevadas a Palacio Real. Ante su momentánea desaparicición Carlos IV no pudo hacer nada, salvo destituirlo de todos sus cargos y honores. Al día siguiente, 19 de marzo, Godoy acabaría siendo hallado escondido en unas esteras bajo las escaleras y fue encerrado en el castillo de Villaviciosa de Odón (Madrid) por orden del príncipe Fernando. Para salvarlo de las iras, el “buen amigo” del Príncipe de Asturias, el general Murat, se lo arrebató amigablemente y mandó conducirlo a Bayona, donde se encontró a sus anchas hablando con su admirado Napoleón. No tardaría mucho en hallarse con sus amos los anteriores Reyes padres, y también con el voluble ex rey Fernando, que habían acudido a Bayona para abdicar a gusto.
Finalizada la guerra por su independencia, Fernando VII volvió a la Corte madrileña el 14 de abril. Hubo quien pensó que Fernando venía agradecido a los españoles que tanto habían luchado por restablecerlo en el trono español, y por lo que se le reconocía popularmente por el apelativo de “el Deseado”. Sin embargo no era así, venía aun peor de lo que había marchado, más ruin, traidor y malévolo, su pobre padre, aquel infeliz coronado no tuvo mayor inconveniente en venderle a su hijo Fernando los derechos al trono español. Por ocho millones de reales cedió la Corona, pasando a continuación a disfrutar la jubilación a su tierra, residiendo el matrimonio hasta su fallecimiento en el palazzo Barberini en Roma. También sería desterrado a Italia el que faltaba del trío, Godoy, que en teoría paso a residir en la bonita “Villa Mattei” en Pésaro, residencia que al borde del hermoso paisaje Adríatico había adquirido previsoramente en el año 1812, aunque realmente Godoy vivió siempre con sus queridos los Borbón-Parma, utilizando la Villa en alguna escapadilla que hizo.
En 1815, la reina consorte María Luisa, con el “lógico” consentimiento del pobre Carlos de Borbón, instituyó su heredero al bueno y servicial de Godoy. Cosa que por otra parte nunca acató Fernando VII, por lo que este testamento nunca entró en vigor.
En 1830 Godoy entrega al Papa el diploma con que Carlos IV, le había nombrado Príncipe de la Paz, por lo que Pío VIII en compensación le reconoce como Príncipe de Bassano, unas tierras que Godoy había adquirido en aquella región por sesenta mil pesos, pero tampoco allí deja de perseguirle Fernando VII, quien le obliga a renuncia en abril de 1832, y decide abandonar Italia y vuelve a instalarse con su esposa Pepita en París, en un piso del Bulevar Beaumarchais, número 59 bis. Luis Felipe de Orleans le concedió una modesta pensión, que le permitiría dedicarse a escribir sus Memorias, y que fueron traducidas al francés por el coronel Esménard y publicadas en París entre 1836 y 1838 y luego impresa en Madrid entre 1836 y 1842, en seis volúmenes, por Imprenta de I. Sancha, bajo el título de: “Cuenta dada de su vida por Don Manuel Godoy, Príncipe de la Paz, o sean Memorias críticas y apologéticas para la historia del reinado del Señor D. Carlos IV de Borbón”. Otra edición fue la titulada: “Memorias de D. Manuel Godoy, Príncipe de la Paz, traducidas libremente del francés al castellano por Nicolas Arias”, editada también en 1836 en la Imprenta madrileña de García y Compañía.
En cuanto falleció el felón Fernando VII, Pepita aprovechó la circunstancia y salió una mañana más de su domicilio, y cansada de la vida que llevaban en París, a la que no estaba habituada, acompañada de su ya único hijo Manuel, viaja a Madrid y ya nunca más volverá a ver a Godoy, pues sus necesidades quedaban cubiertas por la transferencia que el infeliz de Godoy había hecho de todos los bienes que aun conservaba en España, poco antes a favor de su esposa. Pepita fallecería en Madrid en el año 1869.
Godoy comenzó también a pensar en el retorno, puesto que el gobierno de España quedaba temporalmente en manos de María Cristina de Nápoles, pero esta no se preocupa mayormente del posible grado familiar que les une, y se dedica más a atender a la conmoción que de nuevo agita a España, como herencia dejada atrás por el siempre malévolo Fernando VII, las guerras entre cristinos y carlistas.
El expríncipe de la Paz está en la miseria, vuelve sus mirada a Luis Felipe de Orleans, y este con cargo a los fondos secretos del ministerio de Asuntos Extranjeros le concede una pensión anual de 5.000 francos, en recuerdo a los favores recibidos por los franceses cuando Godoy era gobernante supremo en España, y a pesar de ello ha de cambiar su residencia por un piso en el número 6 de la rue Neuve-des-Mathurins, no lejos del palacio de la Ópera, donde quienes le van conociendo le llaman familiarmente monsieur Manuel. Aparentemente, es un hombre bueno, afable, simpático, aunque realmente es en su interior un hombre amargado.
Sus dos esposas le han abandonado, sus hijos legítimos y los que no lo eran pero habitaban en el palacio Real, con derechos en el Trono, también lo ignoran.. Solamente Mesonero Romanos dedicará una parte de su labor periodística a lograr que la nueva reina de España, Isabel II, expida un Real decreto de 30 de abril de 1844, mediante el cual Godoy recuperara sus bienes secuestrados en España. Las dilaciones en lograr la restitución le llevan solicitar se le permita volver a España, lo que logra a través del Real decreto de 31 de mayo de 1847, en el que además se le restablece en el uso de sus títulos, empleos y dignidades, a excepción del cargo de Generalísimo y Gran Almirante de Castilla, y de la nulidad del título de Príncipe de la Paz, ya que el único Príncipe es el heredero al trono de España, en la figura del de Asturias. Se le reconoce rehabilitado exclusivamente con los títulos de Capitán General y duque de Alcudia y Sueca. También se le impondrá el 16 de diciembre la Gran Cruz de la Real Orden Militar de San Hermenegildo. A la vista de que Godoy volvía a disponer de medios, su hija la duquesa de Sueca se apresura a dotarlo de una pensión anual de 12.000 duros.
A todo esto, Godoy sigue en París, y al cambiar su economía se instala en una vivienda más acorde a su condición, pasando al número 20 de la rue de la Michandière, muy cerca de su anterior domicilio. Todo va bien, hasta que en junio de 1848 abdicó Luis Felipe I de Francia, momento en el que volvió a quedar sin aquella ayuda pecuniaria que recibía del monarca francés.
Godoy cae enfermo y desde el 20 de septiembre ya no volverá a levantarse de su cama, falleciendo el 4 de octubre de 1851, a los ochenta y cinco años de edad. El día 9 se celebra un modesto funeral en la parroquial de Saint-Roch, al que acuden algunos vecinos y que oficia el abate Desplas de Buysson. El sepelio se verifica en la cripta de la iglesia, hasta que el 16 de enero del año siguiente es trasladado al cementerio parisino del Père-Lachaise, en un espacio que aun es conocido como «l’isle des espagnoles», donde se ubican las tumbas de algunos de los que tuvieron que emigrar de España en distintas épocas.
Como todas las persona, no todo lo que hizo fue en provecho suyo, algunas cosillas sirvieron de arranque para que algunas facetas de la Ciencia se iniciasen en sus primeros pasos en España. Fue así como en 1793 fundó la primera Escuela de Veterinaria. En 1795 crea en Madrid la Escuela Superior de Medicina. Dio paso también a la creación en 1795 del Gabinete Cartográfico y en 1796 crea el Cuerpo de Ingenieros Cosmógrafos del Estado y del Real Observatorio Astronómico.
Entre los muchos galardones que fue recibiendo Godoy se encontraban los de duque de Alcudia con Grandeza de España de primera clase, regidor perpetuo de la ciudad de Santiago de Compostela, Caballero del Toisón de Oro, Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, Comendador de Valencia del Ventoso, Consejero de Estado, Primer secretario, Secretario de la Reina María Luisa, Superintendente general de Correos y Caminos, gentilhombre de Cámara con ejercicio, Capitán general de los Reales Ejércitos, Inspector y Sargento mayor del Real Cuerpo de Guardia de Corps. Señor de Soto de Roma y del Estado de Albalá; Regidor perpetuo de la villa de Madrid y de las ciudades de Cádiz, Écija y Málaga; Caballero Veinticuatro de la ciudad de Sevilla; Caballero Gran Cruz de la Orden de Cristo, Gran Cordón de la Legión d ehonor de Francia, Bailío y Gran Cruz de la Orden de San Juan de Jerusalén; protector de la Real Academia de Nobles Artes y de los Reales Institutos de Historia Natural, Jardín Botánico, Laboratorio Químico y del Observatorio astronómico y Benemérito de la Real Sociedad Económica Matritense, ets., etc.
[1] Se dice que: “Por su parte, el príncipe de Asturias no era con exactitud un deficiente mental. Era un buen hombre, poseía memoria y testimoniaba, en caso necesario, un cierto criterio, pero parecía, como dicen las comadres, un poco “alelado”... Una vez que estaba a punto de salir de caza, acudieron a decirles que uno de sus hijos estaba moribundo y él respondió sencillamente: «Bueno, ¿qué le voy a hacer?» Y partió.” J. Chastenet: “Godoy y la España de Goya”, págs. 17.
Otro de sus hijos, que desgraciadamente para España si logró vivir, fue Fernando VII.
2] Finca que fue del Patrimonio Nacional, ubicada en Fuente Vaqueros (Granada), con una extensión de 1.500 Hectáreas, y que en una irracional, incomprensible e injusta actitud, desde 1813 fue entregada esta propiedad nacional por las Cortes Constituyentes de Cádiz a PERPETUIDAD al general británico Arthur Wellesley (duque de Wellington). Otros guerrilleros y militares españoles en cambio fueron compensados con la horca.
[3] En Cáceres.
[4] Los regidores de Sevilla tomaban el nombre de "caballeros veinticuatro", porque ese había sido su original número. Durante el siglo XVI se modificó su composición en varias ocasiones, aunque no variaron su vetusta denominación. Tenían grandes prerrogativas y funciones muy amplias y diversas. Sus miembros exclusivamente tenían que ser hidalgos. Diferencia cuiriosa esta, pues en Asturias, serían muy pocos los que no pudiesen serlo, pues allí por el contrario el problema era la carencia de “pecheros”.