DAOÍZ y TORRES, Luís
Enrique de la Vega Viguera

Publicado por la revista "ARBIL, Anotaciones de Pensamiento y Crítica", núms. 47-48, y cedido su uso en esta página por el Foro Arbil, en 4 de febrero de 2004.

Capitán de Artillería

De tiempos de la Reconquista procedía el linaje de don Luis Daoiz Torres. Ascendiendo por línea paterna a insignes caballeros como don Berenguer D'Aoiz, que se estableció en Navarra; don García Garces D'Aoiz que intervino en la famosa batalla de las Navas de Tolosa y don Joaquín D'Aoiz, natural de Pamplona, que a mediados del siglo XVII tomó posesión del cargo de alguacil mayor y regidor perpetuo de Gibraltar, teniendo que pasar por el doloroso trance de perder la plaza en manos de los ingleses. El amor a la patria de aquel anciano, enardecido contra los invasores, se transmitió a través de su hijo Martín, en su nieto don Luis Daoiz. Es a partir del indicado don Joaquín, regidor de Gibraltar, cuando los Daoiz se hacen andaluces.

Desde la pérdida de Gibraltar, la familia D'Aoiz instala su residencia en el Puerto de Santa María y en Sanlúcar de Barrameda, donde tenían propiedades como las fincas llamadas Quesada, en Cádiz; Espínola, en el Puerto de Santa María y Monreal en Medina Sidonia. También en Navarra tenían dos señoríos, nueve merindades y la casa principal, con campos y viñas en Aoiz. A partir de entonces, el apellido D'Aoiz también se andaluza, convirtiéndose en Daoiz. Don Martín contrajo matrimonio en Sevilla con doña Francisca Torres Ponce de León, hija de los condes de Miraflores, el 2 de febrero de 1766.

El 10 de febrero del año siguiente, les nace un hijo varón. Esto ocurre en el domicilio de su abuela materna, la condesa de Miraflores, donde ocasionalmente residen los padres de nuestro personaje. La casa era el número 70 de la calle del Horno, inmediata a la parroquia de San Miguel. En el libro de bautismo de la indicada parroquia, consta en el folio 26, que el martes diez de febrero de 1767, el presbítero don Luis de Torres, con licencia de cura propio, bautizó a un niño al que puso por nombre Luis Gonzaga, Guillermo, Escolástica, Manuel, José, Joaquín, Ana y Juan de la Soledad. Eran sus padres don Martín Daoiz y Quesada y doña Francisca de Torres Ponce de León, natural de Sevilla, siendo el padrino fray Juan Mateos, presbítero de la orden del Carmen calzado. El mayorazgo que disfrutó don Luis Daoiz fue el fundado por Gaspar de Quesada en la villa de los Barrios en el campo de Gibraltar.

Pasó Luis Daoiz los primeros años de su niñez en casa de su abuela, donde como hemos indicado vivían sus padres. Es interesante anotar lo que dice González de León en sus «Calles de Sevilla», libro publicado en 1839.

«Calle del Hospicio de Indias. Está en el cuartel C y en la parroquia de San Miguel. Se llamaba de la Cruz por un pequeño retablo con una cruz y así se llamó hasta 1699, que la Compañía de Jesús labró en ella, para hospicio de los padres de su religión que pasaban o volvían de las Indias. Esta casa, en parte derribada, está ahora sirviendo de cuartel de Infantería (en la actualidad se ha respetado parte de lo edificado para el parlamento andaluz, y el resto para una plaza). El callejón es estrecho y pasa desde la calle de las Palmas, a la plaza. de la Gavidia ampliado por su final con el derribo de una casa principal que en él había». Esa casa principal debió ser la habitada por Daoiz. Recibió las enseñanzas primarias en su propio domicilio y más adelante los primeros estudios en el colegio de San Hermenegildo, regido por los P.P. jesuitas, y situado próximo a su domicilio. En este centro de enseñanza se fue ilustrando la inteligencia de nuestro joven Luis, así como enriqueciéndose su espíritu con los hábitos de la obediencia, la cortesía y las prácticas religiosas. Entrando ya en los años de la pubertad mostró sus deseos de ser útil a la patria en la noble ocupación castrense, por lo que su padre solicitó y obtuvo la plaza en el Real Colegio de Artillería de Segovia. Aprobada la información de nobleza que entonces exigía este nobilísimo cuerpo, en expediente expedido el 10 de julio de 1781 por el escribano del rey, don Manuel García de Castro y del teniente asistente de Sevilla, don Fernando Vivero Sánchez, ingresó Daoiz en el Real Colegio de Artillería de Segovia a los quince años de edad. Como curiosidad se puede aportar que en el libro de padrones de la parroquia de San Miguel, figuraba el año 1767 Luis Daoiz empadronado con sus padres en la plaza de la Gavidia y callejón de Colegio, pero en 1782 ya no figuraba, porque contando con 15 años había ingresado en el colegio de artillería de Segovia. Continuaban figurando sus hermanos doña Ma. del Rosario, don Francisco y doña Josefa.”

En Segovia permaneció Daoiz como cadete desde el 10 de febrero de 1782 al 9 del mismo mes del año 1787. Durante este periodo demostró ser un buen estudiante, tenaz e inteligente, distinguiéndose de manera especial en la esgrima de sable, y de espada, donde su agilidad y agresividad alcanzó entre sus compañeros de academia fama de experto y temible.

Llegado el año 1790 se ofreció voluntario para marchar a Ceuta al mando de una batería de su regimiento, para intervenir en la defensa de dicha plaza. Al año siguiente fue enviado a la ciudad de Orán como agregado a la compañía de minadores.

Su gran espíritu y concepto de la responsabilidad, le hizo solicitar le fuese permitido estar agregado a los minadores, pero sin perder su destino en la batería a su cargo. Su brillante comportamiento le valió ser ascendido al grado de teniente de artillería el 18 de febrero de 1792.

Cuando la revolución francesa alcanzó los extremos de demencia y terror que relata la historia, queriendo España dar prueba de sus sentimientos monárquicos y religiosos, se dispuso a ayudar a Luis XVI, declarando la guerra en 1793 a la República Francesa.

En realidad, más que declarar la guerra a Francia y a su república, España lo que hizo fue declarar la guerra a la Revolución Francesa, como espíritu de reacción, contra quienes cortaron la cabeza a Luis XVI y a María Antonieta.

El entusiasmo que tal decisión provocó en el pueblo español se patentizó en los cuantiosos donativos, alistamiento de voluntarios y en cuantas necesidades solicitó el gobierno español para intervenir en una guerra que estimaba justa. La primera parte de la campaña, que fue llamada del Rosellón, un ejército de 24 mil españoles a las órdenes del general don Antonio Ricardos, realizó una brillantísima actuación. En esta segunda parte de la campaña comenzada en marzo de 1794, participó Daoiz, interviniendo en numerosas acciones, mandando con valor y pericia sus cañones. Pero en un furioso contraataque francés, lograron rebasar las líneas españolas. Daoiz fue hecho prisionero el 25 de noviembre de 1794 y conducido a la prisión de Tolosa en Francia. En esta situación, reconociendo el enemigo sus méritos como artillero, le ofrecieron alistarse en el ejército francés con un alto empleo, lo que rechazó Daoiz, argumentando que su único deseo era regresar a España para continuar con sus campañas. Permaneció prisionero hasta que terminó la lucha en 1795, con la desastrosa Paz de Basilea. Las tentadoras ofertas francesas para que sirviese en su ejército se justificaban por los amplios conocimientos que Daoiz tenía del empleo de la artillería y por el dominio de las lenguas inglesa, francesa, italiana y el latín, en una época en la que el pueblo balbuceaba la ortografía.

Apenas terminada esta guerra contra Francia, comenzaron las ruinosas e infortunadas discordias contra Inglaterra. Una numerosa flota mandada por Nelson se dedicó a bombardear la ciudad de Cádiz. El 11 de julio de 1797 se le confió al teniente Daoiz el mando de una tartana cañonera con hornillo de bala roja, bajo las órdenes del almirante Mazarredo, que con gran talento, ingenio y valor, organizó la defensa del puerto y bahía de Cádiz, donde nuestros marinos y artilleros demostraron su heroísmo.

El navío inglés El Poderoso, que era el que más daño ocasionaba, fue el primer objetivo marcado por Mazarredo. Contra él luchó Daoiz con su tartana cañonera, llevando a cabo una efectiva y valerosa labor.

La hoja de servicios de Luis Daoiz se expresa con ese estilo concreto y lacónico de la literatura castrense, diciendo: «últimamente el teniente Daoiz, embarcado en el navío San Ildefonso, ha hecho dos viajes redondos al continente e islas de América, todo durante la última guerra contra la Inglaterra».

Tan escueta nota nos obliga a ampliarla un poco, para conocer mejor las cualidades y personalidad de nuestro personaje. El embarque del teniente Daoiz en el navío español, estuvo motivado por la necesidad observada por el gobierno español de tener que continuar la guerra contra Inglaterra, para poder defender nuestras colonias y proteger las flotas que venían de América. Para ello necesitaba completar la dotación de oficiales de la armada, lo que le llevó a ordenar que oficiales de artillería del ejército de Tierra fuesen agregados a los buques. El navío San Ildefonso, al que fue destinado Daoiz, disponía de 74 cañones y estaba mandado por el capitán de navío don José de Iriarte. En dicho barco realizó los dos viajes que indica su hoja de servicios. Durante esta navegación prestó importantes misiones y ayudó notablemente a su capitán para entrevistarse con oficiales de otras naciones, dados sus conocimientos para expresarse en francés, italiano e inglés.

Es curioso anotar que hallándose Daoiz, en noviembre de 1800, en el puerto de La Habana, ostentando las insignias de teniente, al revisar las «Gacetas» atrasadas, comprobó con sorpresa que el 4 de marzo de 1800, estando en la mar, le habían ascendido a capitán de artillería, no habiendo recibido notificación de dicho ascenso por estar navegando. Había cumplido 33 años cuando le llegó al ascenso a capitán.

De regreso a la Península, en fecha 7 de julio de 1802, fue destinado al 3er regimiento de artillería de Sevilla, su regimiento de origen, encomendándole la superioridad misiones científicas, dadas su facilidad y conocimientos de las matemáticas y su aplicación al desarrollo de la artillería. Precisamente, con fecha 2 de diciembre de 1803, se le ordenó a la Fundición de Bronces de Sevilla, según figura en el Legajo nº 12 de la indicada Fundición hoy Fábrica Nacional «Santa Bárbara», una orden del generalísimo Godoy, Príncipe de la Paz, para que fuesen construidas dos piezas del calibre de «a ocho», según el proyecto del brigadier don Vicente María de Maturana, para el servicio de la artillería a caballo, debiendo reunir la particularidad de poder disparar indistintamente balas, granadas y metralla.

A tal fin se nombró una comisión de varios oficiales entre los que figura el capitán don Luis Daoiz. A esta comisión le dirigió Maturana un amplio escrito explicándoles el fundamento de la pieza ideada por él, consistente en disminuir el peso del cañón para su más fácil traslado y poder cambiar de asentamiento con mayor prontitud.

Tras señalar las pruebas que se le deberían hacer a los cañones, terminaba con un párrafo que es todo un tratado de moral militar. Decía así: «Espero de la consideración de vuestras señorías, que hechos cargos de que mi intención no es hacer manifestación de talento, ni de experiencia, sino de mi amor al real servicio, y de que sujeto en un todo mi pensamiento a las advertencias, reflexiones y experiencias que vuestras señorías hayan por conveniente hacerme, se servirán honrarme con la asistencia de sus luces y conocimientos, observando las pruebas de alcances y resistencias que haré con estas piezas, y que en el informe que den de sus ventajas o defectos, manifestarán a la superioridad mi deseo de ser útil al real servicio, y de estimular a mis compañeros a que perfeccionen una idea que sólo presento en bosquejo para que sus talentos, tengan la ocasión de aumentar el crédito que tan de justicia se tiene adquirido el real cuerpo de artillería español».

Efectuadas todas las pruebas, la comisión formuló su informe, que tras amplio desarrollo terminaba con estas palabras: «Son tales y tan grandes las ventajas del cañón maniobrero de Maturana, respecto al obús de ordenanza, que nos persuadimos, son los cañones maniobreros preferibles a todas las demás piezas conocidas para el uso de la artillería a caballo». Este informe estaba firmado en Sevilla con fecha 15 de agosto de 1804.

En cuanto a carácter, era Daoiz reflexivo y enérgico, expresivo y amable, afable sin llegar a jovial y por natural reservado. Aunque discreto en sus relaciones, le gustaba alternar en sociedad siempre que se cuidasen las formas y la buena educación. Cultivaba el vestir a la moda y tenía buen gusto para hacerlo.

De sus hermanos sólo se conocen datos de Rosario, que contrajo matrimonio con Andrés Villalón Auñón, siendo ella favorecida con los títulos de primera condesa de Daoiz y Vizcondesa del Parque. Los otros, Francisco y Josefa debieron fallecer jóvenes o permanecer solteros.

En cuanto al aspecto físico, Daoiz era de pequeña estatura, de tez morena, cabello castaño, ojos grandes y expresivos y rostro agradable y simpático.

En los primeros meses de 1808 pasó Daoiz destinado a Madrid encomendándosele el Detall del Parque de artillería y el cuidado de la tropa al servicio del mismo.

Fue entonces cuando tuvo ocasión de comprobar el abuso de los franceses, sus intrigas y las bochornosas complacencias de nuestros gobernantes.

Su alma generosa y su carácter reflexivo le hacían comprender cómo España perdía su independencia.

La personalidad de Daoiz nos la señala, con gran visión política, don Antonio Cánovas del Castillo, cuando dijo: «El que cree tener una intuición, una voz secreta que le dice que la conciencia de su país, que la justicia, que la razón, el derecho, están con él, que la patria exige que se levante en armas y abandone otros deberes, ese hace como Daoiz: va derecho a la muerte y ni siquiera se le ocurre salvarse de ella por modo alguno».

El carácter respetuoso de Daoiz le granjeó siempre el cariño de sus superiores, entre los cuales merecen ser destacados don Federico Gravina, que vio actuar a Daoiz por primera vez en acciones bélicas en Africa; don Antonio de Escaño, bajo cuyas órdenes sirvió en los combates realizados en Cádiz contra los ingleses, y don Dionisio Alcalá Galiano, con quien realizó dos viajes a América, sirviendo en la artillería a bordo de su navío.

Precisamente el historiador Novella, en sus «Memorias», al referirse a los servicios de Daoiz en Orán, por el año 1791, dice: «Gravina y todo el cuerpo de marina le tomó mucho afecto por su capacidad e inteligencia». Actitud que fue corroborada por el brigadier Aznar, que era coronel de artillería y comandante militar de la plaza de Orán, que al certificar sobre la conducta de Luis Daoiz como teniente de infantería y subteniente del Real Cuerpo de Artillería, demostró celo y valor en su lucha contra los moros. Finalmente, el propio Aznar informaría sobre Daoiz desde Orán, el 26 de agosto de 1791, diciendo: «le destiné al ramo de minas, en cuyo trabajo y en otros que se le dieron, los desempeñó tan bien, que a mi voto y al de muchos, se hizo por todo lo dicho muy acreedor a su grado de teniente de artillería, con lo que honró S.M., en la promoción que se sirvió hacer por la buena defensa que hizo su ejército en esta plaza y sus castillos, contra el sitio y poder de los moros».

Pero la labor de Daoiz también alcanzó el éxito en la Armada. Sería el contralmirante don Antonio de Escaño quien desde el navío Concepción ordenaba a Daoiz se hiciera cargo de la tartana cañonera nº 5, con hornillo de bala roja, que se encontraba en el muelle de Cádiz. La revista «La Marina», en su número 29, aclara: «El día 10 por la mañana del año 1791, intentaron otro ataque (los ingleses), más no pudieron realizarlo; las medidas nuevas de defensa que se habían tomado desquiciaron sus designios. Don José de Mazarredo, comandante general de la escuadra; el teniente general don Federico Gravina; el jefe de escuadra don Juan M. Villavicencio; el brigadier mayor general don Antonio de Escaño; el capitán de navío don Cayetano Valdés; el de fragata don Antonio Millares; el teniente de navío don Miguel Trigoyac y otros, adquirieron aquellos días nuevos títulos, al reconocimiento de la patria. Así como los capitanes de artillería don Ignacio Vázquez, don Francisco Ceballos, los tenientes don Ignacio Cabalery, don Rafael Balbuena, don Manuel Varea y don Luis Daoiz, que iban en las tartanas de hornillo de bala roja».

El afecto y atracción que infundía Daoiz entre sus compañeros lo recoge la opinión de Novella, que le acompañó en diferentes acciones de guerra y vivió con él las inclemencias de las prisiones francesas, y lo calificaba como «el más grato de sus amigos y compañeros».

Sin duda, Daoiz pertenecía a la clase de hombres que poseen persuasión instintiva y que no necesitan razonar para ser considerados superiores a los demás. Y en cuanto a sus reacciones humanas, basta leer la carta dirigida a su hermana Josefa para comprender sus cualidades, sin importarle atender los caprichos de la joven. Le decía: «Querida hermana mía: Te remito los moldes del definitivo monillo según el último rigor de la moda; me parece que para tu claro entendimiento basta con la mitad del monillo para que infieras lo que le falta. Se debe guarnecer por donde va la raya negra con una blonda de dos dedos de ancho; te advierto que por donde va pegado con oblea son las costuras, y sabete que el peto es separado y puede ser de otro género y color que el monillo, pues así lo traen muchas; en la costura de en medio de atrás, se debe poner una ballena. En la cabeza se estila dos monos en dos peinetas; el que se pone delante, casi sobre el tupe, debe ser de seis varas de colonia, y el de detrás debe ser hecho de una banda de gasa, para lo que se parte una vara de gasa por medio, a lo largo, de suerte, que pegadas las dos mitades, quedan dos varas, las que se acomodan como mejor se puede y con el mejor aire que se le puede dar, pero sin que cuelguen las puntas ni otra cosa que se le parezca. Quedo impuesto en lo demás de tu carta; hoy voy al Puerto a que Gerardo me suministre para tu saya. «A mamá muchísimos cariños reverentes y a mi Pepilla abrazos y a Frasquillo; y adiós, y manda a tu hermano que te quiere, petimetra. Luis».

Como postdata y de distinta letra, dos renglones que dicen: «Ya Luis es teniente en propiedad».

En 1791, a la edad de 21 años, siendo subteniente de Artillería, alcanzó Daoiz el grado de teniente de infantería por los méritos contraídos en la defensa de Orán. No es de extrañar el hecho de poseer dos empleos diferentes en aquella época. El motivo era que existía la llamada Escala General del Ejército, donde se hallaban incluidos todos los jefes y oficiales sin distinción de armas y a los pertenecientes a armas específicas, como artillería e ingenieros, se les mantenía el empleo que le correspondía dentro de su escala.

En el aspecto técnico, aunque ya hemos indicado sus conocimientos, merece la pena recordar lo bien que supo aprovechar las observaciones sobre balística, obtenidas en el terreno práctico de la guerra. A pesar de ello sólo escribió un breve estudio táctico, titulado «Método que debe usarse para la enseñanza de la tropa y marinería en los ejercicios del cañón y abordaje». Este trabajo que recogió don Manuel Almira a la muerte de Daoiz, lo entregó en la Dirección general de Artillería el año 1813.

A su vuelta a España, el capitán Daoiz, tras actuar en la segunda guerra de Portugal, fue destinado al mando de la tropa de artillería destacada en Fontainebleu, nombrándosele también jefe del Detall de la plaza.

El comandante de Artillería don Juan Arzadun Zabala, en un interesante folleto publicado en Madrid en 1908, dice textualmente el referirse a Daoiz: «Concertado estaba su enlace con una noble señorita de Utrera, que muerto el héroe se consagró al señor, siendo investida de monja por el cardenal arzobispo de Sevilla, don José Romo, que no ocultaba, y lo comentaba con orgullo, haberse batido en el parque de Monteleón». (seguirá...)

Enrique de la Vega Viguera