CIENFUEGOS JOVELLANOS, José María GONZÁLEZ DE



Teniente General

Nació en Oviedo (Asturias), el 1 de febrero de 1763; era hijo de Baltasar González de Cienfuegos, V conde de Marcel de Peñalba, y de Benita Josefa de Jovellanos, hermana del insigne don Gaspar Melchor de Jovellanos. En septiembre de 1777 ingresó como Cadete en el Real Colegio de Artillería del Alcázar de Segovia, de donde salió Subteniente en julio de 1780, integrado en la XIII promoción, de la que él fue el número 27. Integrado en las fuerzas que desembarcaron en la isla de Menorca, se halló en 1781 en el sitio al fuerte de San Felipe en la plaza de Mahón, entonces en manos británicas. En 1782 participó en el sitio de Gibraltar, ocupando con sus baterías el Campo de Gibraltar. En 1783 al ser firmada la paz, Cienfuegos ascendió al grado de teniente, que en 1787 le fue conferido en efectivo.

A raíz de la revolución, se iniciaron las hostilidades entre Francia y España, por lo que Cienfuegos fue destinado a la frontera pirenaica en 1793, en el Cuerpo de Ejército que mandaba el general Ricardos, con el que invade el Rosellón, tomando parte en muchas escaramuzas y combates, como fueron los de Torrecillas, Masdeu y Bellegarde, siendo en esta ocasión que asciende al grado de capitán. Finalizando la campaña cayó prisionero de los franceses, los cuales le mantuvieron en prisión hasta agosto de 1795. Llegado nuevamente a España, y conocidas todas sus vicisitudes, el monarca le concedió el grado de teniente coronel, pasando destinado nuevamente a Algeciras y Cádiz, desde donde participaría en el apoyo a la plaza de Ceuta. En 1797, hallándose ocasionalmente una noche a bordo del navío Conde de Regla, fondeado en la bahía gaditana, sufrió las consecuencias de un imprevisible ataque por parte del almirante Nelson, aunque no le supuso daño alguno. En diciembre de este año pasó destinado al Colegio de Artillería, como teniente de la Compañía de Cadetes, empleo que desempeñaría hasta el año 1804, en que ascendió a teniente coronel efectivo, con cargo de capitán de aquella Compañía hasta 1806. En mayo es destinado a una ocupación que sería el sueño de cualquier jefe: la dirección de las Reales Fábricas de Armas Cortas de Oviedo, y de la ya vetusta de cañones de Trubia, destino en el que coincidió con los Aramburu, descendientes del que fuera Maestro Examinador de Reales fábricas, Lorenzo de Aramburu. En el mes de junio, contrae matrimonio con su sobrina María del Carmen Argüelles Quiñones y González-Cienfuegos. En su destino militar se hallaba cuando en mayo de 1808 llegó a Oviedo su amigo José María Queipo de Llano, alertando de los sucesos del día dos en Madrid, por lo que inmediatamente se puso a las órdenes de la Junta General del Principado, que lo promociona al grado de teniente general del Ejército asturiano, y Comandante general de Artillería.

El marqués de La Romana, dejando sus romerías, también llegó a Asturias, intentando como era habitual en él, deshacer lo hecho por los demás, pero sin él avanzar nada nuevo, salvo sus continuos vagares por la geografía astur-galaica. Lo mismo que hizo con Porlier, lo realizó con Cienfuegos, desautorizando todo lo hecho por este, por lo que el asturiano optó por retirarse a descansar a una de sus casas, evitando tan políticamente cualquier desaire o divergencia que le llevase a algo irreversible.

Cuando en 1810 se renovaron los cargos en la Junta del Principado, Cienfuegos fue nombrado Capitán General, aunque la Regencia rechazó finalmente la propuesta y en su lugar designó para tal cargo al general Mahy, aunque este empleo le fue confirmado en julio de 1811 (correspondiéndoles por antigüedad el ascenso a Coronel de Artillería en abril de 1809), y fue nombrado Gobernador militar de la plaza y provincia de La Coruña y Comandante general de Artillería de Galicia, hasta que en mayo de 1812 fue destinado para igual cargo en el Ejército de Extremadura, pasando a finales de año a Cádiz, desde donde partió con la expedición que marchaba a Navarra, donde finalizó la campaña y la guerra contra los franceses.

Llegada la paz temporal, en 1814 fue nombrado miembro del Consejo Supremo de Guerra, puesto que dejó en enero de 1815, por haber sido nombrado Capitán general de la isla de Cuba, y Gobernador de la Habana; no pudo efectuar el viaje y por tanto tomar posesión de su cargo hasta el 1 de julio de 1816. Durante su gobierno, parece ser que fue muy querido, tanto en sus facetas militar como civil, dándose la circunstancia de que en septiembre de 1817 medió en el convenio con Gran Bretaña acerca de la trata de negros, y en febrero de 1818, abrió los puertos cubanos al comercio internacional. Formó un nuevo Censo de la Isla y a través de sus informes y negociaciones, obtuvo para la Habana, el título de “Siempre fiel”. Finalizando su mandato, fundó en 1819 la villa de Cienfuegos, cercana al fuerte de Nuestra Señora de los Ángeles, población a la que el fundador puso el nombre de Fernandina [1] , en honor a Fernando VII. A pesar de su buen hacer, y ajeno a lo que en el futuro nosotros denominamos “mobbing”, unos cuantos envidiosos comenzaron a moverle la silla, por loque Cienfuegos deseoso de trabajar en tranquilidad, solicitó el cese a voluntad, que no logró inicialmente, hasta que dada su insistencia le fue aceptada la renuncia a finales de 1819. Cesó por fin en sus cargos en la Isla de Cuba el 29 de agosto de 1819, aunque nuevamente la hora del viaje se demoraría hasta agosto de 1820, llegando sin novedad a España en el mes de septiembre, dentro por tanto del bullicio del nuevo régimen constitucionalista, motivo por el que inicialmente fue relegado al ostracismo y estuvo sin emolumentos al menos durante todo el año siguiente, aunque nunca fue encarcelado ni procesado por nada de su anterior comportamiento, por lo que las nuevas autoridades no le impidieron residir temporadas en Francia, hasta que en octubre de 1821 obtuvo un destino de Subdirector de la Junta del Montepío Militar, y en enero de 1822 acabando por ser designado Secretario de Estado y del Despacho de la Guerra.

Finalizado el Trienio liberal, los absolutistas, teniéndole por uno de los suyos, le reintegraron en 1823 al Consejo Supremo de Guerra, y en noviembre se le designó nuevo Director general de Artillería, hasta que por su decrepitud física él mismo solicitó el 21 de abril su relevo hasta que se recuperase, pasando a situación de cuartel en Madrid, donde a los ocho días de su separación del cargo, falleció el 29 de abril de 1825.

Estaba en posesión de la Gran Cruz de San Hermenegildo, y otras varias correspondientes a las campañas en que participó durante la guerra de la Independencia.



[1] Años después, fallecido ya Cienfuegos, por Real Cédula de 20 de mayo de 1829, esta población de Fernandina se rebautizó con el nombre de Cienfuegos en memoria de quien fue su fundador.