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Nació el 29 de agosto de 1757, en el pazo de Santa Cruz de Rivadulla [2] (jurisdicción de Vedra-Coruña) y fue bautizado al día siguiente en la capilla del pazo a cuya advocación debe su nombre. Era hijo de D. Juan de Armada e Ibáñez de Mondragón y de Dª. María Ana Caamaño Mondragón y Sotomayor (eran primos entre si), matrimonio que alternaba su residencia veraniega en este pazo, con la del palacio [3] que tenían en la vetusta rúa Nueva de Santiago de Compostela.
Recibió sus primeras enseñanzas de manos de los preceptores de la Casa, formándose en Matemáticas, Ciencias y el idioma francés, y como era habitual entre la nobleza de aquella época, disfrutó de Real dispensa de menor edad para incorporarse a la milicia, por lo que el 20 de julio de 1771, con tan solo catorce años de edad sentó plaza como Cadete en el regimiento de Guardias Españolas, confirmando el nombramiento con goce de antigüedad desde el 5 de julio de 1773. Asciende al grado de Alférez de la Sexta compañía de fusileros el 29 de agosto de ese año, saliendo en la expedición de Argel, donde se batió en el desembarco en la playa el 8 de julio de 1775. De vuelta a España, asciende el 27 de marzo de 1788, al grado de segundo teniente, confirmado el destino en su antedicha compañía de fusileros, y hallándose de guarnición en Madrid, tuvo una destacadísima actuación al mando de su compañía cortando el fuego declarado en la Plaza Mayor de aquella capital. El 5 de marzo de 1791, siempre dentro de su Regimiento, y por hallarse vacante, es nombrado segundo teniente de granaderos, hasta que el 30 de julio de 1792 es nombrado Gobernador militar y político e Intendente. Comandante General de la ciudad y provincia de Maracaibo, en el reino de Tierra Firme.
El 8 de enero de 1793, antes de salir para América contrajo matrimonio en Madrid con Petra Guerra y Briones, natural de Pezuela de las Torres (Guadalajara), once años menor que él, con la que pasó a su destino en Maracaibo, donde nacieron sus tres primeras hijas, y el 14 de enero de 1796, el que sería VI marqués, bautizado con los nombres de Juan Antonio María Benito, Ignacio, Francisco Xavier José Joaquín. De su actuación en aquel Gobierno seguiremos sus vicisitudes a través de su Hoja de servicios, que dice: “… Hallandose Governador en Maracaibo, los negros y mulatos de la Isla de Santo Domingo con corsarios y gente de desembarco intentaron apoderarse de la Provincia, y el 19 de Mayo de 1799 los rindió, e hizo prisioneros, librando con esto toda aquella parte de América de una insurrección general, como todo muy por menor consta en el Archivo de la Secretaría de Guerra…”. Asciende a Teniente coronel graduado el 20 de marzo de 1793, por nombramiento realizado por el Rey desde Aranjuez. La toma de razón se realiza en Caracas el 21 de mayo siguiente. Ante las ideas que tenía el gobierno, en sus aspectos ilustrados, y por tanto forzadores a adoptar un nuevo modo de regir aquellas tierras, los Gobernadores eran elegidos entre aquellos funcionarios que se habían evidenciado por su capacidad y dotes en lo relativo a la política, a la economía y a su modo de ver la sociedad. Armada era uno de ellos, forjado además en la milicia, lo que le permitió comprender y establecer muy pronto estrechas relaciones con todos sus administrados.
Buen observador, Armada enseguida se da cuenta de que la problemática mayor proviene de la ancestral enemistad de la población indígena, por lo que se decide a intentar atajar aquella situación, para lo cual no duda en enviar emisarios a la Guajira para que se reúnan con el cacique Yaurepara, garantizándole su vida y la de sus gentes en nombre del gobernador; No duda el cacique y se decide a ir a Maracaibo al frente de un séquito compuesto tan solo de diez notables de aquellas tribus, así como una serie de servidores que cuidan las reatas de ganados y bestias que llevan en el viaje. La llegada de aquella comitiva fue un verdadero acontecimiento en la ciudad, por colorido y alegría de todos. El gobernador Armada y su adjunto el gobernador de Ríohacha los reciben en la Casa Consistorial y se firma un convenio entre Yaurepara y Armada. Al final del acto los indígenas fueron agasajados y se les entregaron regalos diversos. Al día siguiente Yaurepara regaló al Gobernador: 10 caballos, 30 mulas, 15 vacas y muchos objetos tallados por sus gentes. Armada les correspondió regalándoles 6 botijas y 9 frascos de aguardiente, 2 cargas [4] de maíz, 10 petacas de papelón [5], 10 cuchillos de acero, una pieza de coleta [6], 4 pares de estribos de cobre en forma de puntera de bota, 5 frenos de boca en acero y adornos de plata, 4 corazas de hierro, un talego con 8 pesos en moneda efectiva. Cerrando el tratado, Armada se comprometió a regalarle al cacique dos águilas de oro macizo, de lo que se encargaría el gobernador de Riohacha, según los datos y forma que deseara Yaurepara, cosa que se hizo al cabo de un tiempo, conformando el todo de aquel tratado en que se habían hecho compensaciones por la sangre derramada de un lado y del otro, con la celebración de una fiesta al borde de la laguna de Sinamaica. Para uso personal del cacique Yaurepara, un bastón con un casquillo de oro, una gargantilla de eslabones de oro con un relicario y las dos águilas de oro macizo. Armada y Yaurepara cumplieron siempre su palabra y gracias a este gesto del gobernador español, fue posible la tranquilidad e inmediata puesta en marcha de los planes económico-sociales diseñados para españoles e indígenas, que ya nunca más volvieron a verse en las terribles batallas de otros tiempos.
No obstante, a pesar de su buen hacer y de cómo se integró Armada en aquella sociedad, solicitó en 1799 su regreso a España antes de lo previsto, con la finalidad de ocuparse del mayorazgo que heredara por fallecimiento en Santiago de Compostela de su hermano Antonio María. Antes de regresar, un mulato de nombre Francisco Javier Pirela, de profesión sastre y subteniente de una compañía de Milicias pardas, unido al zapatero negro José Francisco Suárez, esclavo del Vicario de Maracaibo, y a unos corsarios haitianos, los hermanos Juan Gaspar Bocé y Agustín Gaspar Bocé, quienes llegarían durante la noche del 6 de mayo, al mando respectivamente de sus goletas de Puerto Príncipe: «El bruto» y «La patrulla», trayendo además una goleta británica apresada, de nombre «El arlequín», llevarían a cabo una revuelta popular. Desconocido todo esto, se les permitió fondear en la rada y ejercer el comercio a bordo, por lo que fueron muchas las visitas que hizo Pirela al buque. Los hermanos Gaspar convencieron a Pirela para realizar una revuelta, de la que él saldría nombrado Gobernado de Maracaibo, además de recibir un dinero, cerca de 9.000 pesos. Para ello en cuanto desembarcasen los corsarios, Pirela se les uniría al frente de unos 200 hombres de la Milicia de Pardos, marchando todos a “…embestir la ciudad, saquearla y matar a los blancos y ricos, y echar por tierra el gobierno español y establecer la República…” [7]. Los comprometidos se reconocerían mediante un santo y seña, consistente en las palabras «Antillen» y «Bonanza». La insurrección debería de estallar durante las últimas horas de la noche del domingo 19 de mayo, tomando en primer lugar la residencia del Gobernador Armada. Sin embargo durante la mañana de ese día, alguien, dicen que el Cabo 1º de la Milicia Tomás de Ochoa, hizo saber personalmente al Gobernador lo que se estaba tramando. Envía este una patrulla en busca del sastre Pirela, y este confiesa todo el plan trazado al gobernador Armada, quien como era su obligación instruye una causa en la llegó a haber hasta 68 inculpados, de los que en su mayoría salieron libres, mientras que Pirela resultó condenado a 10 años de cárcel en el castillo habanero de «El Morro». Las penas impuestas dan prueba de la humanidad de este Gobernador, ya que en su bonhomía no hubo nadie condenado a la pena capital, a pesar del delito que se pretendía cometer. Fue sustituido por el que sería último gobernador español en Maracaibo, Fernando Miyares, que cesaría en 1812 al alcanzarse la independencia de Venezuela.
En 1802 vuelve a España, y el 2 de febrero de 1802 el Rey desde Aranjuez le concede el grado de Coronel, presentándose al Comisario de Guerra en la Coruña, el 28 de marzo, el cual le toma razón, quedando agregado al Estado Mayor del Ejército y Reino de Galicia. Desde 1805 figura empadronado en Santiago de Compostela, en su vetusto palacio de la Rúa Nueva, cuando el 2 de febrero Carlos IV desde Aranjuez le concede el grado de Coronel y pasa destinado al Estado Mayor del Ejército de Galicia, donde el 1 de agosto de 1807 pasa agregado al Cuerpo de intervención en Portugal, como ayudante de campo del teniente general Francisco de Taranco, con el que pasa al país vecino, siéndole ratificado el destino por Real orden del 19 de noviembre, interviniendo en las acciones que se desarrollaban entre los ríos Miño y Duero.
Dadas por finalizadas las operaciones franco-españolas en Portugal, debido a haberse iniciado la guerra entre España y Francia, aquellas tropas españolas regresan a sus cuarteles. Y en Santiago de Compostela los estudiantes de su Universidad literaria se reúnen en el patio del claustro de la Universidad [8] levantándose en armas contra los franceses, decidiendo una vez más en su historia, la organización del Batallón Literario. Habida cuenta que sus componentes son estudiantes, sin formación alguna en lo militar, a los que sin embargo sobre el valiente acaloramiento que les han producido los sucesos de Madrid, han de tener un jefe que les instruya y sea capaz de dirigirlos en el combate. Durante unos días buscan y finalmente logran interesar en ello al coronel Armada que acaba de llegar a Santiago.
Realizado el ofrecimiento del mando, el coronel Armada consciente de los sucesos por los que van a pasar los españoles, se decide a reincorporarse, por lo que acude el 16 de junio al escribano Bonifacio Antonio Paseiro y otorga su testamento. Una semana después, el 23 de junio de 1808, Armada es puesto al mando del recién creado Cuerpo Militar Literario de la Universidad de Santiago, y dos días después, y el 25 de ese mismo año y mes, la Junta Superior de Asturias le concede el grado de Brigadier de Infantería [9]. El Claustro de la Universidad y en su nombre el Rector de ella, don José Marina Valderrama, le nombran Doctor en todas las Facultades de la Universidad, porque «… como Coronel de este Batallón compuesto de estudiantes acostumbrados a obedecer a Doctores, pareció conveniente para aumento de la disciplina condecorarlo con este significativo adorno». Entretanto se hacían los uniformes, los estudiantes para su identificación llevaban sobre su ropa una cinta en la se habían puesto unos versos que decían:
Indudablemente su presencia por las rúas compostelanas a algunos de ellos les habría reportado más de una comida o invitación de aquellas familias que les veían como los salvadores de la patria, olvidando las perrerías que los estudiantes habrían hecho en otro tiempo, durante sus correrías festivas. Ahora todos los veían como hermosos adalides.
En otro lugar de la ciudad, un extraordinario bordador, Mariano Castellanes bordaba la bandera de aquel batallón. Entregada por el Rector de la Universidad a su Coronel, este la pasó al portaestandarte, y todos los Cadetes formados oyeron la Santa misa y el sermón que les dirigió el arzobispo Muzquiz, y a continuación prestaron juramento.
El 18 de julio, después de un intensivo mes de instrucción tanto de armamento como de evoluciones sobre el terreno, el Batallón literario llevando al frente su blanca bandera con dos escudos ovalados al centro y algo inclinados, el de la izquierda con la Cruz de Santiago en rojo y el de la derecha correspondientes al de la Universidad y sobre ellos una cinta coronada, con la siguiente leyenda: AVSPICE DEO: PRO LIBERTATIS REGIS: PALLADIS LEGIO: ANNO MDCCCVIII”, de la que era porta el cadete José Dionisio Valladares, salió de la ciudad con destino al Puerto del Manzanal, donde tenía previsto reunirse con el resto del Ejército que mandaba el General Blake con el que hicieron la campaña de 1808. Desde El Manzanal siguieron a León y de allí a Mansilla de las Mulas, donde se dedicaron a vivaquear y seguir con la instrucción militar, de donde saldrían el 30 de agosto con destino a la villa de Almanza, y de allí seguirán avanzando a Guardo, Cervera y Reinosa, siempre ejecutando movimientos propios de la infantería ligera, como eran las descubiertas y avanzadas de la vanguardia.
Por Villarcayo, Medina de Pomar, alcanzaron Frías y allí Blake les ordenó subir las alturas de Ranera controlando los accesos a Burgos desde aquella elevada posición. Posteriormente marcharon a Valmaseda, haciéndolo por el Valle de Mena. Desde allí siguieron a Bilbao y pasaron a Revenga. El 15 de octubre las avanzadas del Batallón sufrieron el ataque de los franceses que se hallaban en Zornoza, pero no lograron ser superados de sus asentamientos, dando tiempo a que el resto de la División subiese a las alturas a cooperar con el rechazo. Durante la acción perdieron la vida los primeros Cadetes. Después de repelido el ataque consolidaron la posición por las alturas inmediatas, hasta el día siguiente en que prosiguieron hasta las inmediaciones de Zornoza, desalojando a los franceses y teniendo varios Cadetes heridos. Luego en Durango se agregaron a la Vanguardia del General Gabriel de Mendizábal, donde diariamente se batieron los cadetes en las descubiertas que hicieron.
El 30 de octubre una compañía de Cadetes salió a realizar un reconocimiento del terreno, siendo atacados por los franceses, que en número muy superior se les impusieron, teniendo varios muertos y heridos. La noche de este día lograron llegar a Bilbao, desde donde siguieron ya todos juntos en dirección a Valmaseda, donde el día 4 participaron en la victoriosa jornada contra el general Villate. Allí se les asigno la posición de los altos de Begoña y puente de San Francisco, desde donde sostuvo la retirada de la 2ª División. Desde allí siguieron a Nava de Mena donde el 7 de noviembre volvieron a combatir a los franceses, siendo felicitados por su actuación. Llegados a Sodupe se dispusieron en una descubierta, de la que salieron con varios Cadetes muertos y heridos, aunque apoyados por dos pedreros lograron asentarse por la izquierda, haciéndole mucha mortandad a los franceses que se encontraban asentados cerca de la ermita. Durante la noche los Cadetes se desplazaron llevando los pedreros hasta Valmaseda, aunque siendo perseguidos por fuerzas muy superiores se retiraron con todo el Ejército hasta Espinosa de los Monteros, a donde llegaron el día 9, y se asentaron en las posiciones más adecuadas del ala izquierda. Al día siguiente 10 de noviembre los franceses atacaron por centro y ala derecha, tomando posición en un bosque, precisamente enfrente al ala izquierda donde se hallaban los Cadetes, por lo que salió una guerrilla de Literarios con intención de desalojarlos de aquel punto, lo que consiguieron por su decisión en el combate, regresando a sus posiciones con algunos cadetes heridos.
El 11 los franceses recibieron refuerzos y atacaron el ala izquierda española, por lo que fue preciso retirarse hacia Reinosa, ocupándose con gran honor el Batallón Literario de cubrir la retaguardia, en cuya acción cayó el teniente Bequería y más de 150 Cadetes, resultando heridos el teniente Otero, un Sargento 1º y más de 200 Cadetes. Los prisioneros fueron el Ayudante 1º Olmo, y 17 Cadetes. Finalmente lograron pasar por Reinosa, prosiguiendo por las montañas de Santander y de Asturias, llegando a las inmediaciones de León, donde tomó el mando el marqués de la Romana.
Tras la batalla de Espinosa de los Monteros (10 de noviembre 1808), el coronel Armada fue agregado al Cuerpo de Ejército del Teniente General Duque del Parque, por lo que tomará parte en las acciones de Medina del Campo, o del Carpio y en la de Alba de Tormes. Durante la retirada el Duque del Parque, le manda el día 30 de noviembre “… que pase a la villa de Cepeda [10], y recoja todos los Individuos del Exercito de mi mando de cualesquiera arma, y divididos en partidas, entregadas estas a los oficiales de mayor graduación, que corresponda a cada arma, les dé las ordenes de lo que deban ejecutar en virtud de las instrucciones, que verbales le hé dado, y reunido el todo de las fuerzas, se dirija V. S. al puesto que le hé indicado para que los Individuos se trasladen con los Gefes a los Cuerpos de que dependan, recogiendo V. S. igualmente todas las armas sueltas para armar con ellas a los que carezcan de estas, obligando a las Justicias le presten todos los auxilios, que necesite, como asimismo la subsistencia necesaria para las tropas…”, desde ese día Armada se dedica a reorganizar en aquel punto el ejército disperso, lo cual llevó a cabo muy eficientemente, llegando a “… pagar Espias para observar a los enemigos…”. Ante la extraordinaria ayuda recibida de parte de los vecinos de aquellos lugares, lo que ha llegado a su conocimiento según reconoce el Duque del Parque en oficio que le envía desde San Martín de Trebejo el 7 de enero de 1809, al tiempo que le comunica que le ha “… nombrado Comandante General de toda la Serranía de Francia, dando a V. S. facultades para que entonos los puntos de defensa nombre sus Gefes Comandantes de los propios naturales para que cubriendo todas las avenidas del enemigo, o entradas a la Sierra bajo el Plan que V. S. les detalle… pidiendo al Gobernador de Ciudad Rodrigo municiones y demas auxilios que necesite para cumplir completamente con este particular…” [11]
Fue tan extraordinario el comportamiento de los Literarios durante la guerra de la Independencia, que después de haber combatido en Mansilla de las Mulas, Rioseco, Zornoza, Valmaseda, Durango, Espinosa de los Monteros, Tamales, Alba de Tormes, Ponte Sampayo, Tuy, Ponte Ledesma, Lugo, de 1.600 cadetes que salieron de Santiago en julio de 1808, un año después, en julio de 1809, solamente quedaban 107 de ellos. Ante la carencia de más estudiantes, el batallón cambió de nombre pasando a denominarse batallón de Infantería ligera Voluntarios de Santiago.
A continuación el marqués de la Romana le destina al mando de la plaza de Campomayor, punto intermedio muy importante para conservar la seguridad del resto del Ejército español. Su comportamiento fue ejemplar, pues hizo mucho daño a las tropas francesas, especialmente el día del Corpus del año 1810, en que los franceses le atacaron y logró rechazarles definitivamente entre buen número de bajas. En diciembre de ese año le fue concedida Real licencia por enfermedad, pasando a reponerse a su casa de Santa Cruz de Rivadulla.
Desde el 14 de mayo de 1815 estaba en posesión de la Cruz de distinción concedida al Ejército de la Izquierda, “… en atención al valor y celo que acreditaron en las sangrientas acciones de Rioseco, Zornoza, Cuece, Espinosa de los Monteros, y otras…”.
El 2 de febrero de 1817, Fernando VII reconociéndole los méritos obtenidos durante la pasada campaña, le concede el nombramiento “… de Brigadier de Infantería, con antigüedad de 25 de junio de 1808, fecha en que la Junta Superior de Asturias le concediera esa gracia, siendo Vos Coronel del Batallón nombrado Rl. Cuerpo Militar Literario de la Universidad de Santiago, la que hé tenido a bien aprobar, y confirmar.”
Falleció en Santiago de Compostela, el 25 de enero de 1824.
[1] Título otorgado en 1683 por el rey Carlos II, a Andrés Ibáñez de Mondragón Ozores de Sotomayor Eremuzqueta y Lamas, Caballero de la Orden de Santiago, Regidor Perpetuo de la ciudad de Santiago de Compostela.
[2] El pazo de Santa Cruz de Rivadulla, denominado familiarmente como Casa de Ortigueira, es un típico palacio de la nobleza campesina gallega del siglo XVIII, que dentro de su gran muralla, posee un enorme bosque de árboles exóticos, frutales y alrededor de la casa, unos jardines bien cuidados, en los que se encuentra el banco de piedra donde escribía don Gaspar Melchor de Jovellanos, durante su forzada estancia en Galicia del año 1810, a causa del temporal, y que aprovechó para visitar a sus buenos amigos los Armada, estancia que le sirvió para escribir parte de su famosa obra titulada: “GASPAR DE JOVELLANOS A SUS COMPÀTRIOTAS. Memoria en que se rebaten las calumnias divulgadas contra los individuos de la Junta Central, y se da razón de la conducta y opiniones del autor desde que recobró su libertad”, que terminó en Muros, el 22 de junio de 1810 y que fue posible publicarla por fin al año siguiente en Coruña, por Francisco Cándido Pérez Prieto, obra concebida a partir del afrentoso trato que le dispensó la Junta de Galicia. Quizás sirviese también su estancia en el pazo, para hablarle al hijo del Marqués (joven artillero de igual nombre que su padre, Juan Antonio, que más tarde sería el VI marqués de Stª Cruz de Rivadulla), de su sobrina María del Rosario Valdés y Ramírez de Jove, Inclán Cienfuegos, luego IV marquesa de San Esteban del Mar de Natahoyo, y X condesa de Canalejas, con la que Juan Antonio contrajo matrimonio en San Isidro el Real, de Oviedo, el 16 de julio de 1816.
[3] Este palacio, ubicado en los actuales números 7 a 11 de aquella vetusta rúa compostelana, fue utilizado como Capitanía General de Galicia. El día 29 de octubre de 1829, siendo capitán general Nazario Eguía, al abrir un paquete reservado, este hizo explosión amputándole la mano derecha por la muñeca y el dedo pulgar y dos falanges del dedo anular de la mano izquierda, en el que creemos fue el primer atentado político en España mediante paquete bomba.
[4] Cada carga de maíz equivale a 42 kilogramos.
[5] Se obtiene de la melaza de la caña de azúcar, después de hervida y cuajada en molde en forma de cono, o pilón.
[6] Arpillera
[7] En el informe del Consejo de Indias
[8] Edificio actual de la Facultad de Geografía e Historia, que conserva la placa conmemorativa del alzamiento.
[9] El nombramiento no sería refrendado por Fernando VII, hasta el 2 de febrero de 1817, aunque con carácter retroactivo, desde la fecha en que lo había realizado la Junta de Defensa de Asturias, y que le sería comunicada por el capitán general de Galicia, Felipe de Saint Marcq, en fecha 19 de febrero.
[10] Distante unos 3,50 kilómetros del cuartel general del Duque, establecido por entonces en Miranda del Castañar.
[11] Todos los datos que figuran entre comillas y en cursiva, se refieren a transcripciones parciales de documentos contenidos en su expediente militar.