RUIZ DE APODACA Y ELIZA, JUAN
Con la colaboración de D. Luis Felipe Bausá


Retrato de Don Juan Ruiz de Apodaca, cortesía de su descendiente D. Luis Felipe Bausá




Conde de Venadito. Capitán General de la Armada

Juan José Blas María de los Dolores, nació en Cádiz el 3 de febrero de 1754, hijo de los alaveses D. Tomás Ruiz de Apodaca y Dª Eusebia María de Eliza, siendo bautizado en la catedral de Cádiz apenas unos días después, el 5 de febrero.

En 1767, con trece años, sentó plaza de Guardiamarina en la escuela flotante gaditana, y durante sus estudios ya participó en operaciones de corso contra los argelinos, ascendiendo a Alférez de fragata en 1770. Dos años después marcha destinado a la flota que protege el virreinato de la Plata, Malvinas y las rutas de navegación tan codiciadas por los navíos británicos. En 1778 es destinado al Arsenal de La Carraca, donde asciende a Teniente de navío, y tras la declaración de guerra con el Reino Unido, pasa destinado a una comisión de oficiales que se ocuparán de la vigilancia y estudio de los movimientos enemigos en el Mediterráneo y su salida al Atlántico. En septiembre de 1781 asciende a Capitán de fragata, pasando al mando de la fragata ferrolana, de 34 cañones “Asunción”, adscrita a la escuadra que mandaba el almirante Luis de Córdova y Córdova, en cuyo periodo desempeña diversas ocupaciones a bordo de los navíos que bloquean Gibraltar, así como en el combate librado contra la escuadra del almirante Lord Howe, en su pretensión de socorrer el Peñón, y también de otra índole y carácter especial, hasta que se alcanza la paz en 1783.

Apodaca tenía especiales conocimientos en ingeniería, por lo que habiendo presentado en 1786 un memorandum en el que desarrollaba un estudio al objeto de posibilitar un apostadero intermedio en el Mediterráneo, siendo aceptado su desarrollo, fue destinado a Tarragona con objeto de que dirigiese las obras que indicaba su proyectada mejora y ampliación del puerto de aquella ciudad. Ante el cambio revolucionario francés, llegada la guerra con el país vecino, en 1793, Apodaca se incorpora a la escuadra del general Francisco de Borja, participando en las acciones del golfo de Parma, que condujeron a la toma de las islas de San Pedro y San Antioco, apresamiento de la fragata enemiga “Elena” y el bombardeó y destrucción de la “Rinchout”. Desde esta operación se dirigieron al bloqueo de puerto militar de Tolón, donde se incorporó a la escuadra del general Moreno, quedando en vigilancia y apoyo de las operaciones terrestres que desarrollaban los ejércitos piamonteses y napolitanos por las márgenes del río Var, en el condado de Niza, participando en la evacuación final de Tolón, en una de aquellas singladuras se encontró con un convoy de embarcaciones de menor porte, que habían huido del sitio tolonés, que condujo a las islas de Hieres. A continuación fue comisionado para la conducción de pliegos a la costa catalana, desde donde partió hacia el Arsenal de Cartagena. Asciende a Brigadier y pasa destinado a la escuadra de Gravina, ocupándose desde entonces de las operaciones frente a Rosas. Mientras se hallaba en esta ocupación, diseñó un preventivo proyecto de defensa del puerto y bahía de Cádiz, lugar que consideraba vital para la defensa de la nación española. Finalizadas las operaciones en torno a Rosas, en febrero de 1795, se incorpora con su buque a la escuadra del almirante general Lángara, prosiguiendo en la vigilancia del Mediterráneo y estableciendo su base temporal en el puerto de Mahón, desde donde pasará nuevamente al de Cartagena.

Alcanzada la paz con Francia, solicitó el pasar a Cádiz a reponerse de sus quebrantos, hasta que en noviembre de 1795 fue designado Subdirector del Arsenal naval de La Carraca, destino en el que permaneció hasta abril de 1796, en que le fue entregado el mando del navío “San Agustín” [1]. Desarrolla distintas operaciones, tanto navales como terrestres y pasa de apostadero y vigilancia en Galicia, estableciendo su base en la bahía de Vigo, donde permanece hasta julio de 1797, en que su flotilla fue sorprendida en la bahía por una división que mandaba el comodoro británico Hood, quien le conmina a la rendición. Puesto al habla con el Comandante militar español, Apodaca, ante todo Español y Marino, en lugar de amilanarse ante el poderío enemigo, se aprestó a la defensa y bajo el apoyo que le dispensaba la fortaleza del Castro y la inferior de la ciudadela viguesa, ante lo cual, el comodoro Hood decide retirarse abandonando aquella imaginada fácil presa. El 23 de noviembre pasa con nuevas órdenes al Arsenal de Ferrol, donde entrega el mando y el buque entra en dique, mientras él marcha rumbo a Cádiz, a consecuencia de haber sido designado defensor del teniente general José de Córdova y Ramos, en la Causa que se le abrió por el desgraciado desarrollo del combate del 14 de febrero de este mismo año, conocido como Batalla del Cabo de San Vicente, en que hallándose navegando la armada española desde Cartagena a Cádiz, y de allí con destino al puerto francés de Brest, donde se uniría a la flota francés, se había visto obligado a enfrentarse con sus 27 navíos de línea y ocho fragatas, a un fuerte temporal, y una escuadra británica compuesta por 16 navíos de línea, que mandaba el almirante John Jervis, llevando de comodoro a Horace Nelson, en un combate en el que a pesar del valor que desarrolló Córdova, sufrió una terrible derrota, perdiendo cinco buques apresados, varios otros destruidos, y 1.284 hombres muertos, y a su regreso a Cádiz, el 3 de marzo, Córdova fue depuesto del mando, y sometido a un Consejo de guerra, en el que como ya dijimos, fue designado su defensor el brigadier Ruiz de Apodaca.

En 1799 fue destinado como Subinspector del Arsenal de La Carraca, donde accedería a Comandante general del mismo, a raíz de los intentos británicos para apoderarse de Cádiz, destino en el que permaneció hasta el año 1802, en que lograda temporalmente la paz con los británicos, se le confirió el mando del navío “Reina Luisa” [2], que pasó a Cartagena para incorporarse a la escuadra argelina del general Domingo de Nava, con el que ya había coincidido en el apresamiento de la fragata “Elena” y la destrucción del “Rinchout”. En 1802 fue ascendido al grado de Jefe de Escuadra, pasando nuevamente destinado a Cádiz, donde fue nombrado Comandante General del Arsenal de La Carraca. Desde su puesto técnico, tuvo una destaca e importante intervención en el acondicionamiento apresurado que exigió el Gobierno, habilitando unos 12 navíos para que la destrozada Armada española saliese a enfrentarse con el destino en Trafalgar.

En 1807 fue nombrado Comandante general del la Escuadra de la Mar Océano, momento en que como tal se hallaba en Cádiz, por lo que hallándose aun en aquel puerto en mayo de 1808, fue sorprendido por el despliegue e invasión francesa, al mando de una flota de seis navíos y una fragata. Eran estos, el buque insignia Príncipe de Asturias”, y los navíos “Montañés”, “San Fulgencio”, “San Justo”, “San Leandro”, “Terrible” y la fragata “Flora”, y que hasta ese momento se hallaban surtos en aquella bahía, al lado de los restos de la armada francesa del almirante Rosilly, más o menos equivalente en potencial de fuego y número de buques, que estaba allí surta desde que había acabado la desastrosa jornada hispano-francesa de Trafalgar. Formaban la escuadra francesa los navíos: “Héro” en el que enarbolaba su insignia el almirante Rosilly, y los “Algeciras”, “Argonaute”, “Neptune” y “Plutón”, junto a la fragata “Cornelié” y el bergantín “Venceteur”. Tras haberlo deliberado, las autoridades gaditanas que tras la alevosa muerte del Teniente general Solano, ejercía las funciones de Gobernado militar de la plaza, el general Tomás de Morlá, quien junto a Ruiz de Apodaca, deciden hacer el 30 de mayo la primera intimación a Rosilly, por lo que este, temeroso de verse atacado por los fuertes de Cádiz, introdujo sus buques en el canal de entrada al Arsenal de La Carraca, prosiguiendo las conversaciones entre ambos bandos, hasta el 9 de junio, en cuyo día los ánimos españoles no pudieron refrenarse más en sus deseos, y la batería del caño del Trocadero, rompió el fuego cruzándolo con la batería de Fort-Luís, junto a las que con toda rapidez se levantaron en el exterior del Arsenal de La Carraca, y en la punta de la Cantera, todas ellas disparando, estaban apoyadas además por cañoneras, sin que hiciesen mucho estropicio, sirvió para que repelieran el ataque los franceses, logrando desmontar la batería de morteros de la Cantera, que era la que más les estaba molestando, echando al tiempo a pique una cañonera y uno de los tres místicos que apoyaban el movimiento. En este primer ataque los franceses sufrieron 13 muertos y 51 heridos, mientras que los españoles tuvieron 8 muertos y 26 heridos. Continuó el fuego al día siguiente, y a eso de las tres de la tarde Rosilly ordenó izar la bandera española en el trinquete del buque insignia “Hero”, izando a su vez la de “parlamento” el navío insignia español, el “Príncipe de Asturias”, a bordo del cual se hallaba el Comandante general del Departamento, Juan Ruíz de Apodaca.

Rendición de la escuadra francesa, el 14 de junio de 1808 en Cádiz. El Almirante Rosilly se entrega al Almirante Apodaca
Rendición de la escuadra francesa, el 14 de junio de 1808 en Cádiz.
El Almirante Rosilly se entrega al Almirante Apodaca, según un recorte de prensa en el año del Centenario.
Cortesía de su descendiente D. Luis Felipe Bausá

Se iniciaron así los intercambios documentales y las conversaciones, pero viendo Morlá las dilaciones de Rosilly, y habida cuenta que lo único que admitía el jefe español era la rendición sin condiciones, el día 14 de junio ordenó al almirante Ruiz de Apodaca que izase bandera de ¡Fuego a discreción!, por lo que hecho esto a las siete de la mañana, a su vista Rosilly que durante aquellos cinco días había visto además el incremento de bocas de fuego y la fortificación de las riberas de los caños, convencido del sacrificio no llevaría a nada, arrió su gallardete, elevando contraseña de rendición y dirigiéndose en su falúa al buque insignia, se abarloó a su costado, subiendo al “Príncipe de Asturias”, donde hizo entrega de su espada al Almirante Ruiz de Apodaca. De este modo quedó prisionero Rosilly, junto a 3.676 tripulantes de aquellos cinco navíos y una fragata, que después de Trafalgar y durante su internamiento forzoso, habían sido totalmente reparados de sus averías, constituyendo un importantísimo incremento naval, ya que aquellos 456 cañones, constituían una nada despreciable botín, especialmente después de la reducción que la flota había sufrido en Trafalgar.

Finalizado el conflicto, al día siguiente, 15 de junio sale de Cádiz al frente de su escuadra, con expreso encargo de la Junta de Sevilla, con objeto de establecer negociaciones con el Gobierno británico. Preparado el retorno, recibe instrucciones, esta vez de la Junta Central, indicándole que prosiga en aquella comisión en Londres, con carácter de Ministro plenipotenciario. Esta responsabilidad le llevó a la elaboración y firma de un tratado de paz y alianza defensiva, que se firmó en enero de 1809. Fue ascendido a teniente general, continuando en su destino diplomático, donde su acreditada solvencia le llevó a participara en el tratado de paz entre el Zar de Rusia y el rey de Gran Bretaña, además de haber sido quizás uno de los principales consejeros del gobierno ruso en cuanto a declarar la guerra a Francia, su antigua aliada.

En junio de 1811 volvió a Cádiz, tras unos meses de descanso, salió con destino a la Habana, en febrero de 1812, pues había sido nombrado Capitán general de la isla, y gobernador de La Habana, quien con su carácter conciliador y abierto a la negociación pacificó la insurrección que ya amenazaba Cuba. Como en el virreinato de Nueva España (México) la insurrección iba en aumento, e inclusive había llegado allí el español Xavier Mina. Fue trasladado Ruiz de Apodaca a aquel territorio, y a poco Mina “El Mozo”, quien se había acreditado en su lucha contra los franceses en España, desembarcó al mando de un centenar de hombres, siendo tomado prisionero en Silao, exactamente en el rancho del Venadito, por el coronel Orrantía, el día 27 de octubre. Sometido a un proceso, ante su silencio, Mina fue condenado a muerte y fusilado en el cerro del Bellaco, a las cuatro de la tarde del día 11 de noviembre. Al virrey Ruiz de Apodaca, por este motivo Fernando VII le concedió el título de vizconde de Ruiz de Apodaca y conde de Venadito. Alcanzada la libertad constitucional en algunos puntos de México, Venadito solicitó su relevo y retorno a España, nombrando al coronel Itúrbide para que combatiese la revolución, aunque finalmente fue sorprendido por la actuación del coronel, que se unió a Guerrero y proclamó la Independencia, el 24 de febrero de 1821.

En octubre de 1821 se embarcó rumbo a La Habana y de allí a España. En noviembre de 1824 fue nombrado virrey de Navarra, al tiempo que le fue concedida la Gran Cruz de Isabel la Católica. En febrero de 1826 fue nombrado Consejero de Su Majestad en el Supremo del Estado. En 1829 Fernando VII le concedió la Gran Cruz de Carlos III, y en mayo de 1830 fue ascendido a Capitán General de la Armada. Isabel II le nombró Prócer del Reino.

Falleció en Madrid, el 11 de enero de 1835.



[1] Buque de 74 cañones, construido en Guarnizo en 1768, que acabará hundido en el combate de Trafalgar, siendo su comandante el brigadier Felipe Jado Cagigal.

[2] Navío de 112 cañones, construido en Ferrol. Se hundió la ensenada de Bujía, el 9 de diciembre de 1815, al mando de Manuel Posada.

Con la colaboración de D. Luis Felipe Bausá