DE ALVEAR Y PONCE DE LEÓN, Diego


Retrato por cortesía de Alvear S.A.


Brigadier de la Real Armada

Nació en Montilla (Córdoba) el 13 de noviembre de 1749, hijo del cordobés, de origen familiar en San Miguel de Arás (Estremiera-Cantabria), Santiago Alvear Morales, y de Escolástica Ponce de León de Rivera y Mendoza, del Puerto de Santa María (Cádiz). Sus primeros estudios los realizaba con los jesuitas de Montilla, de donde pasó al Colegio Mayor de Santiago, en Granada, realizando estudios de Filosofía, Teología y Humanidades, hasta que en 1767 sucedió la expulsión de la Compañía de Jesús, regresando a su pueblo, y tres años después ingresó como luego harían sus otros dos hermanos en la Armada Real, el 14 de mayo de 1770, en calidad de Guardia Marina de la Escuela a Flote del Departamento de Cádiz. Era el capitán de su Compañía y director de la Escuela el sabio marino Jorge Juan, que el 20 de septiembre de 1771 le nombró brigadier, y finalizando sus estudios en 1772 con la calificación de sobresaliente. Desde diciembre de 1770 estaba embarcado en la fragata “Venus” que mandaban Mazarredo y Sebastián de Apodaca, por lo que saliendo este buque destinado a cubrir viaje al archipiélago filipino, serían aquellos sus maestros intensivos especialmente de Astronomía y Matemáticas en aquellas largas singladuras. De vuelta en Cádiz el 10 de mayo 1773, es promovido al grado de Alférez de fragata, prosiguiendo su formación con el marino y geógrafo Vicente Tofiño, así como con José Varela, que dada su alta evaluación le proponen para participar en la expedición científica que desde enero a julio de 1774 irá a bordo de la fragata “Rosalía”, que mandaba el luego almirante, el coruñés Juan de Lángara, llevando como oficiales científicos a Tofiño, Mazarredo, Apodaca y Varela.

Alvear era un hombre muy culto, que hablaba con fluidez: latín, español, francés, inglés, italiano y portugués, además de las lenguas que aprendió durante su estancia americana: guaraní y el tupi (lengua esta, asentada por entonces en el sector occidental del Gran Chaco y parte de las provincias de Salta y Jujuy.

El 3 de agosto como segundo Comandante de la fragata “Rosalía”, vuelve a salir de Cádiz en l escuadra del capitán de navío Lastarría, llegando a Montevideo el 10 de noviembre, tomando parte en los combates y toma de las plazas del Sacramento y Río Grande de San Pedro. El 6 de enero de 1775 asciende a Alférez de navío. Incluido en la escuadra del marqués de Casa-Tilly, salió el 15 de enero de 1777, participando en las operaciones navales y toma de la Isla de Santa Catalina. El 18 de julio ascendió a Teniente de fragata, regresando a Montevideo el 16 de abril de 1778.

Con motivo de la guerra con Gran Bretaña, se ocupa de realizar servicios de vigilancia en la navegación mercante, movimientos de las escuadras enemigas en toda la costa de Buenos Aires y el Brasil, donde por comisión del virrey De Vertiz, recorre e inspecciona los puertos de San Sebastián, Isla Grande y Río de Janeiro, evitando con sus informes que Buenos Aires pudiese ser sorprendida por los enemigos de aquel momento.

Después del tratado preliminar de límites de la América Meridional el 1 de octubre de 1777, se le nombró el 30 de mayo de 1778 como Comisario de la demarcación de límites, ascendiendo en noviembre siguiente al grado de Teniente de navío. En 1782 contrajo matrimonio en Buenos Aires con María Josefa Balbastro, hija del rico comerciante aragonés Isidro Balbastro El virrey no aceptó la designación de Alvear, por lo que el Rey se vio obligado a reconfirmarlo en 1783 como Comisario de la segunda división, destinada a los trabajos de delimitación sobre los grandes ríos Paraná y Uruguay, a propuesta de los Generales Mazarredo, Tofiño y Varela, por lo que pasó a tener bajo su mando varios cientos de hombres que componían aquella expedición científica, formada por Oficiales del Ejército, Ingenieros, pilotos, dibujantes, para su protección las Milicias del Paraguay, una escolta de Dragones de Buenos Aires, así como cien hombres prácticos en el país sobre el que iban a desarrollar la campaña. Con esta expedición formada por muchos carros, bueyes, acémilas, caballos y todo orden de instrumentos científicos, saldría la expedición de Buenos Aires el 23 de diciembre, pasando desde la colonia de Sacramento hasta llegara Montevideo, y de allí a San Carlos y Santa Teresa, donde se unieron a la subdivisión portuguesa. El 6 de febrero de 1784 dieron comienzo las conversaciones y a continuación se iniciaron los trabajos en los arroyos del Chuy y el Tahin. El 14 de enero de 1789 ascendió a capitán de fragata, y el 14 de enero de 1790, justamente al año, al grado de capitán de navío. Trabajos estos que se llevaron a cabo a lo largo de dieciocho años sin interrupción. Durante ese tiempo como se puede comprender los trabajos fueron ímprobos, peligrosos tanto por las situaciones en la selva, contra animales como contra indígenas que les acechaban al verlos introducirse en sus ancestrales espacios de desarrollo. Levantaría planos geográficos, descubriría ríos y montañas, hasta que finalmente se retiraron a Buenos Aires, a donde llegaron a fines del año 1801, acompañándole su mujer y los diez hijos del matrimonio. España se hallaba en este momento en guerra con Portugal, por lo que entregada en el Real Consulado toda la documentación que restaba de la expedición, diez grandes cajas conteniendo documentos y los instrumentos utilizados, pues una primera parte de aquel estudio ya se la había entregado en 1789, en Montevideo al capitán de fragata Malaspina. Alvear a continuación entregó asimismo su completísimo Diario, compuesto según decían de unos 500 volúmenes, con planos, estudios, observaciones físicas y de historia natural de aquellos contornos, y con todo lujo de detalles subsiguientes.

Dispuestos a regresar a España, se formó una flotilla compuesta de cuatro buques: Fama”, “Medea”, “Mercedes” y “Santa Clara” yendo al mando dicha división del general Bustamante. Embarcó inicialmente Alvear con la familia que restaba [1] en América: ocho hijos y todas las propiedades que en aquellos largos años había acumulado, en la fragata “Mercedes”, aunque se dio la circunstancia de que el segundo jefe de la expedición, Tomás Ugarte fue sustituido y en razón de ello, pasó Alvear a ocupar su puesto como Mayor General y segundo jefe de la división, trasbordando en unión de su hijo Carlos Antonio [2] a la fragata “Medea”, saliendo finalmente de Montevideo el 9 de agosto de 1804 La navegación se realizaba sin mayor dificultad, hasta que hallándose ya próximos a su arribada, el día 5 de octubre en las inmediaciones del Cabo de Santa María (Algarve-Portugal), la flotilla se avistó con una división británica formada por cuatro fragatas: “Amphion”, “Indefatigable”, “Lively” y “Medusa”, al mando del Comodoro Sir Graham Moore, que hizo señales para que los españoles arriasen su gallardete, e izasen contraseña de rendición. Las fragatas españolas tocaron zafarrancho de combate, se alinearon y prosiguieron en su rumbo, por lo que los británicos comenzaron a hacer fuego de cañón, por lo que los españoles en junta de Jefes decidieron aceptar el combate. Atacados los españoles, se defendieron hasta que la fragata “Mercedes”, víctima de la certera andanada de la británica “Amphion”, que destrozo su santabárbara haciéndola saltar por los aires. A pesar de ello las tres fragatas restantes siguieron combatiendo, hasta que alcanzaron la “Fama”, por lo que los españoles se rindieron, atendiendo todos los buques a los náufragos, de los que solamente pudieron recuperar cincuenta y uno de ellos, pereciendo todos los restantes entre ellos la familia de Alvear, junto a un sobrino, un dependiente y cinco esclavos sirvientes (padre y cuatro hijos). Las bajas fueron 249 muertos, entre ellos su comandante, el Capitán de Navío José Manuel de Goicoa y Labart.

Alvear y su hijo fueron conducidos prisioneros junto a los demás, en total 837 españoles, hasta el puerto de Gosport (Hampshire), aunque se dio la circunstancia de que el Gobierno británico, condolido con la desgracia familiar de Alvear, le resarcieron con 12.000 libras, a las que más adelante se unirían los 41.000 pesos fuertes adeudados por la Caja Real española, con lo que en parte acabaron reponiéndose al menos económicante. Su hijo acabaría ingresando en un colegio londinense, hasta que de vuelta a España, se incorporó como Cadete en la brigada de Carabineros Reales, con los que años después participaría en la defensa de Zaragoza contra los franceses.

Alvear durante su internamiento en Londres, acabaría contrayendo nuevo matrimonio en 1805, con Louise Ward, con la que tendría siete hijos más. En diciembre de ese año se le permite volver a España y llega a Madrid en 1806. El 16 de agosto de 1807 es destinado al departamento de Cádiz, como Comisario Provincial de Artillería y Comandante del Cuerpo de Brigadas de Artillería, cargo del que tomó posesión el 15 de septiembre, iniciando inmediatamente la reorganización del Arma.

Poco llevaba en su labor, cuando se inicia la patriótica lucha contra los invasores franceses, llevándole a tomar parte activa de inmediato, organizando las baterías del Trocadero, Arsenal de La Carraca, Casería de Osio, y disponiendo la mejora de diversos puntos sobre el litoral, especialmente la parte relativa al canal de Sancti Petri, dotando también las cañoneras de sus fuerzas sutiles, para que ya desde el 9 de junio, y hasta el siguiente 14 se opusieran al intento francés de sorprenderlos, y que acabaron posibilitando la rendición de la flota internada de Rosilly. Finalizada esta primera etapa, por la que se tomaron 3.676 prisioneros tan sencillamente (visto desde el prisma de hoy), unos 450 cañones con los que se reforzó los diversos puntos defensivos, desembarcando de aquellas santabárbaras francesas más de 1.500 quintales de pólvora que se repartieron por los polvorines de la ciudad, y se puso armar de fusiles a unos 1.400 defensores, poniéndo en manos de ellos unos 102.000 cartuchos de fusil.

Al surgir problemas de clases entre los componentes del voluntariado, y por ello modificar la constitución de aquellos Cuerpos, Alvear se ocupó de la reordenación y constituyó el que se denominó Cuerpo de Voluntarios Distinguidos de Cádiz, integrado por cuatro batallones, con unos 2.000 hombres pertenecientes a las clases distinguidas de la ciudad, que en seguida se dotaron de un vistoso uniforme integrado por: casaca roja con vueltos y solapas verdes y botones palteados, corbatín negro, pantalón ahuesado ajustado a la pierna, gorro apuntadocon cabos de plata y sobre él, un plumero, zapatos negros con hebilla y correaje de color blanco, colgando desu costado izquierdo un sable curvo.

No por esta ocupación, dejó Alvear la principal, ya que incansable ordena la construcción de nuevas baterías defensivas en Puente Suazo, en cuya línea llega a asentar cien piezas de grande y diverso calibre, continuando la línea por el Portazgo, Salinas, Gallinera, Sancti-Petri, Batibac, los Mártires y Campos Soto, cerrando sobre el mar.

En ocasión del motín popular de 1809 en Cádiz, persuadió a los “cañeillas” con su aplomo ante los levantiscos, logro calmar y sofocar el peligroso levantamiento. El 2 de enero de 1810 fue nombrado vocal de la Junta de Gobierno y Defensa de Cádiz, y por R. O. del 6 de marzo fue nombrado Gobernador político-militar de la Isla; Corregidor presidente del Ayuntamiento, de la Junta de Gobierno y Defensa, así como Coronel del Regimiento de Milicias honradas y Compañías de Salineros y Cazadores, y Comandante de Escopeteros.

Fue por tanto Alvear quien se encargó de buscar el lugar donde ubicar las Cortes Generales y Extraordinarias de la Isla de León, teniendo también que asentar el Consejo de Regencia con sus dependientes. Se instala el primer hemiciclo en el edificio del Teatro Cómico de San Fernando.

Durante la peligrosa fiebre amarilla que asoló los escaños de las Cortes y a la misma ciudad, fue el encargado de dictar las extraordinarias medidas sanitarias que lograron controlar la misma, y las Cortes se trasladan al oratorio de San Felipe Neri en Cádiz, donde esperaban estar más a salvo de la fiebre amarilla y los avatares de la guerra que tan inmediata estaba en la Isla de León.

Ascendió a Brigadier el 6 de marzo de 1812, y por R. O. de 15 de julio de 1814 se le concedió un año de licencia en Inglaterra, para donde salió de Cádiz el día 1 de septiembre, solicitando la prórroga hasta el 17 de mayo de 1817, en que regresó a España.

En 1821 se hallaba en Montilla ocupado en sus propiedades agrícolas, cuando surgió el movimiento ejecutado en contra de la Constitución por los Carabineros Reales y el Provincial de Córdoba, en que atacaron a las fuerzas locales. Entonces Alvear con su prestigio, tomó el mando de la Milicia local, los escopeteros del pueblo y algunos vecinos que habían sido soldados y se hallaban licenciados, logrando con ellos defender y resistir dentro de Montilla hasta que llegaron los soldados del brigadier Valdecañas, rechazando entonces conjuntamente el ataque de los sublevados.

El 7 de agosto de 1822 es nombrado Comandante principal de la Milicia Nacional de Montilla, regresando a Cádiz en 1823. A la caída del movimiento liberal, en octubre, en lugar de marchar al extranjero regresó a Montilla, donde enseguida sufrió detenciones y situaciones muy tensas, debidas a los secuaces de Fernando VII, que olvidando sus méritos y patriotismo no dejaron de inquietarlo. El 14 de julio de 1825 fue incorporado al servicio pasivo de la Real Armada, y por R. O. de 4 de noviembre se le declaró impurificado en Primera instancia. El incansable, y siempre arrepentido de sus buenos actos Fernando VII, expide una nueva R. O. de 15 de enero de 1827 por la que se ordena la retirada y recogida de sus despachos, diplomas, células reales, al tiempo que se le vuelva a dar de baja en la Armada. Sometido como todos los españoles a los vaivenes y volubilidad del inhumano monarca, una nueva R. O. de 16 de junio de 1829 le repone a “sus peligrosos 80 años” en su empleo, honores y distinciones. El 11 de octubre solicita pasar a la Corte con objeto de recibir asistencia en “... sus muchos quebrantos...” y se le conceden cuatro meses de licencia en Madrid, donde fallece el 15 de enero de 1830, de una fulminante pulmonía.

Estaba en posesión de diversas condecoraciones y Cruces, entre ellas la Cruz y Placa de la recién creada Real Orden Militar de San Hermenegildo.



[1] Su hijo mayor Benito, se hallaba en Cádiz, donde esperaba ser admitido como Guardia Marina, aunque falleció en 1801, víctima de la peste que azotó la ciudad, sin haber llegado a sentar plaza. Una de sus hermanas había fallecido unos años antes, a muy corta edad, por lo que solamente quedaban ocho hijos: Manuela, Zacarías, María Josefa, Juliana, Ildefonso, Francisco Solano y Francisco de Borja.

[2] Era Cadete del Regimiento de Dragones de Buenos Aires, y portaguión de dicha Ciudad. Llegó llegó a ser nada menos que Presidente de la Asamblea Argentina, y su nieto, Torcuato de Alvear, Presidente de la República.

Por Linsy Oflodor