ALBURQUERQUE, XIV Duque de [1]

Retrato del joven Alburquerque


Teniente General y Embajador de España en Gran Bretaña
V marqués de la Mina, marqués de Cuéllar y conde de Ledesma

Conocido más como el Duque de Alburquerque, su titular era José María de la Cueva y de la Cerda, que nació en Madrid y fue bautizado en la parroquial de San Luis, el 27 de diciembre de 1775, hijo de Miguel José María de la Cueva, marqués de Cuéllar, Caballero de Calatrava y Comendador de Martos, coronel del Regimiento de Sagunto y Mariscal de Campo, y de Cayetana de la Cerda y Cernesio. En 1792, cuando contaba diecisiete años de edad, por Real oficio de 4 de mayo, ingresó como Capitán agregado al Regimiento de caballería Dragones de la Reina. Por Real nombramiento ascendió al grado de Teniente coronel, con fecha 10 de mayo de 1793, obteniendo el nombramiento de Coronel el 13 de enero de 1794.

Incorporado a la guerra del Rosellón, serviría en los regimientos de La Reina y en el de Numancia. En el año 1795 levantó a su costa el regimiento denominado Dragones de Lusitania, del que se le confió el mando como Coronel, el 8 de octubre, luchando contra las tropas republicanas francesas, alcanzando méritos suficientes como para haber sido nombrado Brigadier en el siguiente mes de diciembre. Godoy le nombro Capitán General de Aragón, sustituyendo al vetusto O’Neille. El 29 de febrero de 1799 ingresó como Caballero de la Orden de Santiago, dispensándosele de la Navegación entonces obligatoria para profesar. El 13 de junio de 1799 contrajo matrimonio en Madrid, con Escolástica Gutiérrez de los Ríos Cáceres, hija de Carlos Gutiérrez de los Ríos y Rohan-Chabot, Mariscal de Campo, Embajador en Lisboa y Vl Conde de Fernán-Núñez, Grande de España de 1ª clase, Caballero de Alcántara, Comendador de los Diezmos del Septeno, Caballero Gran Cruz de Carlos III, gentilhombre de Cámara del Rey con ejercicio, y su embajador extraordinario cerca de los Reyes de Francia y Portugal, y de María de la Esclavitud Sarmiento de Sotomayor Cáceres, Quiñones Saavedra y Fuenmayor, V marquesa de Castel Moncayo, Grande de España de 2ª clase, Señora de la Higuera de Vargas, Dama de la Orden Militar de San Juan.

El 8 de noviembre de 1803 obtuvo licencia para pasar a Madrid, por asuntos familiares. En 1807 solicitó su incorporación al Ejército expedicionario que mandaba el Marqués de la Romana, con destino al Norte de Europa. Llegado el momento en que aquellas tropas conocieron los tristes destinos a que se hallaba abocada España, pidió permiso para regresar y así lo hizo a pesar de hallarse enfermo, logrando atravesar Francia. En junio de 1808 llegó a Valencia y se le confió el mando de la vanguardia del Ejército que defendía la región de los ataques del general Moncey. El Duque del Infantado le confió el mando de una columna que pasaría a reforzar la guarnición madrileña, con la que se incorporó a la plaza castellana.

Con las tropas que se recuperaron de las acciones de Tudela y Uclés, por indicación del Duque del Infantado, formó una División volante de infantería y apoyada por más de 1.000 caballos, con los que formó la vanguardia del Ejército de La Mancha, saliendo con ellos el 13 de febrero de 1809 en dirección a Toledo con la finalidad de estorbar los movimientos del Mariscal Víctor. Pasando por las inmediaciones de Mora, el día 18, ordenó que uno de sus comandantes atacase la plaza, donde había unos 800 jinetes franceses, a los que arrojaron de la villa, causándoles más de 115 bajas, y tomándoles caballos, más de 30 fusiles y unos 100 sables, todo el tren de campaña, equipajes, carruaje y mulas del general Dijou, que los mandaba.

Alburquerque tomó Consuegra y allí esperó al desesperado Mariscal Victor, que el día 22 llegó por el camino de Tembleque con muchos jinetes y dos piezas de artillería. El Duque al mando de los regimientos de caballería Borbón, Príncipe y de la Reina, rechazó el ataque y lo reforzó principalmente a base de artillería, logrando que después de tres horas de combate, los restantes regimientos: España, Pavía, Sagunto y Carabineros Reales culminasen aquella acción. Sin querer correr más riesgos Alburquerque ordenó una retirada ejemplar por el camino de Valdespino a Fuente del Fresno, conservando consigo los 28.000 hombres que mandaba, así como sus cerca de 5.000 jinetes.

Durante la batalla de Medellín el 28 de marzo, Alburquerque poco más pudo hacer que salvarse con su caballería, pues las ordenes de su superior el General Francisco Eguía, llevaron al resto de las tropas a un penoso sacrificio, originado quizás por el mal hacer del General Marqués de Cartaojal, por lo que Alburquerque pidió su inmediata separación del mando.

Fue condecorado con la Gran Cruz de la Orden de Carlos III y nombrado Comandante General de la 2ª División de Caballería del Ejército de Extremadura, al mando del General Cuesta. La División formada por unos 12.000 hombres subió hacia Talavera y las situó a las orillas del Tajo con idea de caer sobre Madrid, pero el plan falló, las llevó a combatir en Talavera y Ocaña, replegándose al final de las malogradas operaciones a Trujillo, después de haber mandado sus hombres muy hábilmente en la última de estas batallas.

Por sus méritos durante la batalla de Talavera, los días 26, 27 y 28 de julio, por resolución publicada en la Gazeta de Madrid, del 11 de abril, fue ascendido al grado de Teniente General. En ocasión de que los franceses querían por segunda vez forzar el paso de Sierra Morena, la Junta Suprema de Sevilla, llamó en su auxilio a Alburquerque, el cual se presentó rápidamente con unos 8.000 hombres, pero al no lograrlo, se dirigió hacia Cádiz con objeto de socorrer aquella plaza. El general Victor envió tropas en pos de él, logrando alcanzar sus guerrillas en la inmediaciones de Écija, aunque por el conocimiento que tenían del terreno lograron evadirse, llegando las primeras tropas a Cádiz el día 2 de febrero y el 4 las restantes. Alburquerque había logrado llevar este importante refuerzo moral y humano, formado por los regimientos de infantería: Campomayor; 1º y 2º de Guardias Españolas; Imperiales de Toledo; Granaderos de Canarias; Batallón de línea de Canarias; Fernando VII; Provincial de Guadix; Provincial de Sigüenza, Antequera, 1º y 2º de Sevilla y Valencia de Alburquerque, Batallón de Estudiantes de Toledo, 1º y 2º de Voluntarios de Cataluña, y las Reales Guardias Walonas, y algunos hombres sueltos procedentes de otros Cuerpos dislocados, que habían sido reunidos durante la marcha. De caballería llegaron, los siguientes regimientos: Calatrava, Borbón, Voluntarios de España, Lusitania, Cazadores de Montaña, Cazadores de Sevilla, Carabineros Reales, y algunos jinetes dispersos de otros Cuerpos.

El 5 de febrero de 1810, pisándole los talones a los últimos de la División Alburquerque, llegó ante la vista de la Isla de León el Mariscal Victor, al frente de unos 40.000 hombres, que iniciaron los ataques el siguiente día 9. El 28 de ese mes fue nombrado Gobernador Militar y Político de la plaza de Cádiz, Capitán general de la provincia y costas de Andalucía, y General en Jefe del Ejército de operaciones. Tomó posesión del cargo el 2 de marzo

A pesar de todos los desvelos de Alburquerque, la vida en Cádiz se le hizo imposible, por lo que cedió el mando, a pesar de que el Gobierno Supremo quería que continuase en él. Alguna de sus medidas fueron tomadas como excesivas, y pronto los involucrados en ello se apresuraron a vilipendiar al General, aunque él seguía preocupado en la organización de hospitales de sangre, fortificación, “... que al no haber pastos en la Isla de León, se enviaran los caballos al Condado de Niebla, donde había buenas dehesas aprovechables...”. Protestaba de la triste situación de los soldados, sin uniformes, sin pagas, etc., etc. La respuesta que dio la Junta fue ofensiva para Alburquerque que pidió el ser separado del mando. En su respuesta decía: “... el general a quien maltrata la Junta, no debe sus grados militares ni a la revolución ni a favores, sino a las campañas del año de 95, y a las de la guerra actual. Los que quieran saber los íntimos sentimientos que han reinado y reinan en mi corazón, que lean la circular dirigida a los pueblos de mis estados. Por el tiempo en que la circulé, puede conocerse qual fue mi modo de pensar desde el principio; quando los egoistas procuraban separarse de todo comprometimiento, por conocer el estado de abatimiento de la España, y demás circunstancias, que concurrían en ella.”

Para sustituirle fue nombrado el General Castaños, quien tendría como segundo al General Blake. Alburquerque solicitó se le nombrase Embajador extraordinario de España en Londres, cargo para el que fue nombrado el día 27 de marzo, en documento firmado en la Isla de San Fernando, por el Ministro de Estado, Bardaxi.

Como España no disponía de un buque que pudiese llevarlo hasta Londres, este fue facilitado por el Foreing Office, embarcando Alburquerque en la fragata “HMS Undaunted”, en Cádiz el 9 de mayo, y tras once días de navegación llegaron al puerto británico de Portsmouth. Con Alburquerque viajaron sus dos ayudantes de Campo, el Conde de Buñol, coronel graduado de Caballería, comandante agregado al Regimiento de la Real Maestranza de Valencia, que regresaría a España muy pronto, pues el clima londinense le perjudicaba grandemente; el teniente coronel graduado, Esteban Folch, capitán del Regimiento de infantería Luisiana; su Secretario particular Juan Pérez Cebrián y la servidumbre de la Casa, encabezada por el ama de llaves Juan Quintanilla; el Ayuda de Cámara y Criado Mayor, Pedro Prat; los lacayos Pedro Iturralde y Carlos Martínez, así como el picador Francisco Otero, que cuidaba de los tres caballos de paseo que se llevó el Duque.

El 22 llegó a Londres, alojándose en Escudieres Hotel, en Picadilly, pasando el día 30 al Pultney Hotel, y posteriormente al Clarendon Hotel, en New Bond Street.

No dejó nunca de recordar al Gobierno, que su deseo era recuperar la honra mancillada y el mando de tropas. Ante ello las Cortes, en sesión del día 29 de julio, en atención a que la Secretaría de Guerra dio cuenta de haber admitido el Consejo de Regencia la renuncia que el General Mahy hizo del mando del Ejército de Galicia, acordaron el nombramiento como tal del Duque de Alburquerque. Abrumado por todo lo que sucedía en Cádiz, escribió y publicó en Londres un opúsculo que fechado en noviembre de 1810, se titulaba: “Manifiesto del Duque de Alburquerque, acerca de su conducta con la Junta de Cádiz y arribo del exercito de su cargo en aquella plaza.” Lo editó en la imprenta de R. Inigué, ubicado en el 17 de Margaret Street, Cavendish-Square.

A través de sus XXXVII páginas de introducción y a lo largo de las 89 restantes, que ampliaba con tres estados desplegables, Alburquerque relataba todo lo que sucedió hasta llegar a Cádiz. Como pasaron “... el Guadalquivir por las barcas de Cantillana, luego el avance hacia Carmona y el ataque a los franceses de Écija, que luego intentaron batirlo, pero él previsoramente dispuso la retirada hacia Utrera y luego prosiguió por Las Cabezas a Lebrija y Jerez...”

La Junta gaditana respondió con una carta firmada por 20 vocales, que con fecha 12 de enero de 1811, calificaba al Duque “... de calumniador, de traidor y de enemigo de la Patria.” La incomprensión de quienes no habían comprendido hasta donde había sido capaz de llegar Alburquerque, llevaba a este a una inestabilidad emocional que día a día lo fue degradando, como solamente se puede hacer con un idealista.

Desde el momento en que el Duque conoció la noticia, no descansaba, atormentado por el exceso de trabajo en que se ocupaba, y el trastorno psico-físico que suponía aquello a su clara postura de siempre, le llevó a caer en una grave y profunda depresión, por lo que sus allegados y amigos decidieron trasladarlo, para que no se viese agobiado por la simple estancia en la Embajada, por lo que el día 15 de febrero fue llevado a un edificio en la Portman Square, número 47, donde estuvo acompañado siempre por el coronel Mazarredo y su protector económico en aquel destierro....

Alburquerque falleció en su casa de Portman Square, número 47, a las once y cuarto de la noche del 18 de febrero de 1811. Tenía 35 años, un mes y 22 días de edad. Las solemnes exequias fúnebres se celebraron el día 2 de marzo en la Royal Spain’s Chapel, donde el féretro fue colocado en el centro de la capilla, sobre un túmulo en el que se apoyaba una plancha con las armas del Duque y la siguiente leyenda en letras doradas:

 

«Preferre Patriam Liberis Parentem decet.

DEPOSITUM.

 

D. JOSÉ MARÍA DE LA CUEVA, LA CERDA Y CERNECIO, VELASCO, HENRIQUEZ,

DÍAZ DE TOLEDO, DÁVALOS, AYALA, HERRERA, GENTILE, SPÍNOLA,

PALLAVICINI, ÁLVAREZ DE ALCALÁ, MENDOZA, MANRIQUE,

LOMELINO, RÁMIREZ DE ARELLANO, TOLEDO, SOLAR, ETC., ETC.

DUQUE DE ALBURQUERQUE, MARQUÉS DE LA MINA Y DE CUÉLLAR,

CONDE DE SIRUELA, DE LEDESMA, DE HUELMA Y DE PEZUELA DE LAS TORRES,

SEÑOR DE LOS ESTADOS DE MOMBRELTAN, ROA,

CERVERA DE RÍO PISUERGA, CASTREJÓN Y TORRE GALINDO, Y DE LAS

VILLAS DE LANZAITA, MIJARES, PEDRO BERNARDO, SAN ESTEBAN DEL VALLE,

VILLAREJO, LAS CUEVAS, SANTA CRUZ DEL VALLE CORDOSERA,

ALDEA DÁVILA DE LA RIVERA, LA HORRA, VILLALOBÓN,

OLMEDILLA, PORTILLEJO, SAN MARTÍN DE RUBIALES, PEDRO DE DUERO,

MEMBRILLA DE CASTREJÓN, ANGUIX, QUINTANAR DE MOMVIGO,

CAMPILLO, FUENTENEBRO, BUENAVISTA Y SU BARRIO,

EL VALLE DE REDONDO Y PERNIA,

Y VILLA DE TAMUREJO CON SUS JURISDICIONES, MERINDADES,

DERECHOS, PATRONATOS, ETC., ETC.

GRANDE DE ESPAÑA DE PRIMERA CLASE, CABALLERO PROFESO

DE LA MILITAR ORDEN DE SANTIAGO, COMENDADOR EN ÉL DE LA DE VILLONA,

GRAN CRUZ DE LA REAL Y DISTINGUIDA DE CARLOS III,

GENTILHOMBRE DE CÁMARA DE S. M. CON EJERCICIO,

TENIENTE GENERAL DE LOS REALES EJÉRCITOS,

EMBAXADOR EXTRAORDINARIO DE S. M. C. D. FERNANDO VII

CERCA DE S. M. B.

 

«Obiit. Feb. 18. 1811.

Ætatis suæ»

 

Al pie del féretro una cajita cuadrada, forrada de terciopelo carmesí, conteniendo las entrañas del difunto, embalsamadas. En lo más alto del túmulo se encontraba una urna dorada que contenía el corazón. Delante, ante el túmulo, su uniforme de General, la espada y el bastón, su faja, el bicornio con plumero y escarapela con la bandera española, la banda con las insignias de la Orden de Carlos III, y la llave dorada de Gentilhombre. A los lados del féretro, sus trofeos militares y la corona ducal. Todo ello rodeado por veinte grandes candelabros dorados.

El acto comenzó a las 11:00 de la mañana, oficiando el obispo católico Dr. Poynter, sonando la célebre Misa y Oficio de Difuntos de Mozart. Finalizadas las exequias fúnebres, a las 14:00 horas, el cadáver fue transportado por seis ujieres y depositado en el carruaje fúnebre que arrastraban seis caballos enjaezados de negro, escoltado por el piquete de acompañamiento que determinó el General Apodaca. Mientras la comitiva formada por más de cien carruajes de los miembros del Gobierno y nobleza británica se dirigía a la abadía de Westminster, la artillería disparó una salva cada minuto. Al llegar al glacis de la abadía, fueron recibidos por el Dean Dr. Vincent y resto del Cabildo, que cantando salmos al son del órgano se dirigieron en procesión hasta la denominada bóveda de Ormond, llegando al punto de enterramiento y retirando las insignias del Duque, se dio por concluida la ceremonia cuando sonaban las cuatro y cuarto de la tarde.

Entretanto en Cádiz, el 3 de abril se celebraron los funerales en la iglesia del Carmen tal como había dispuesto la viuda Escolástica Gutiérrez de los Ríos. Este matrimonio no había tenido descendencia, aunque el Duque si, pues tuvo una hija fuera del matrimonio, llamada María de los Dolores Josefa Paula Apolonaria Liboria de la Cueva y Larrosa, nacida en Algeciras, el 25 de julio de 1797, y que fue reconocida por el Duque por escritura pública dispuesta en 1805, en Jérez de la Frontera, ante el escribano Cristóbal González, y legitimado por Real cédula en 1818, por Fernando VII.

En agosto, seis meses después de su fallecimiento, sus restos y los del Embajador Pedro Ronquillo, fueron llevados hasta el puerto Portmouth, donde a bordo del navío “HMS Asia” fueron traidos a España, llegando el día 18 al puerto de Cádiz, donde fueron desembarcados el día 21, y entre las seis y siete de la tarde fueron llevados a la iglesia del Carmen [2], donde al día siguiente toda la comunidad de Carmelitas descalzos, celebró una Misa solemne de difuntos, sin aparato ni ostentación alguna, por así desearlo la viuda. Siendo depositados finalmente en aquel templo en la misma cripta donde se hallaban los del Almirante Gravina.



[1] Por asombroso que pueda parecer, tras muchas gestiones no hemos podido hallar grabado, oleo u cualquier otra imagen del Duque. Hasta el momento han sido infructuosas todas las averiguaciones, por lo que colocaremos esta escueta biografía sin nuestro acostumbrado retrato.

[2] El templo gaditano del Carmen fue lugar habitual donde se celebraron las grandes funciones religiosas en los años de la Independencia: misas por los héroes de la Independencia (1.808-1.810); acción de gracias por la Constitución de las Cortes de Cádiz (19 de marzo de 1.812), o la misa solemne por la victoria de Arapiles (31 de julio de 1.812).

Por Linsy Oflodor