ÁLAVA ESQUÍVEL, Miguel Ricardo




Teniente general

Nació en Vitoria a las siete y media del 7 de febrero de 1772, y fue bautizado al siguiente día en la parroquial de San Pedro, era hijo de Pedro Jacinto Álava Saénz de Navarrete, señor de la villa de Estarrona, Quintana y los lugares de Urturi, Rituerto e Izqui [1], y de María Manuela de Esquivel Peralta, de la casa marquesal de Legarda.

Ingreso el 27 de febrero de 1781 en el Real Seminario Patriótico Bascongado que sostenía en Vergara la Real Asociación Bascongada de Amigos del País, cursando los estudios propios de aquel centro. En 1783 se le reuniría su hermano Claudio. El 19 de julio de 1785 sentó plaza como Cadete en el regimiento de infantería de Sevilla, del que su tío José era en aquel momento su coronel, y en el que había estado su padre como Ayudante Mayor. El 31 de diciembre de 1787 fue promovido al grado de Subteniente de Infantería, continuando en su destino, aunque aconsejado por su tío Ignacio María, Ayudante Mayor general de la escuadra del marqués del Socorro, solicita Real licencia [2] para sentar plaza como Guardiamarina en la Real Compañía de Cádiz, la que le fue concedida en 29 de octubre de 1790, lo mismo que su hermano Claudio, por lo que ambos fueron finalmente asentados como tales Guardiamarinas una vez hechas las pruebas pertinentes, el 9 de noviembre de aquel mismo año, con cuyo despacho acudieron ávidamente a su destino, pues sabían que solamente tendrían un plazo de incorporación de cuatro meses, debiendo de acompañar además su justificación de nobleza ante la justicia de Vitoria.

Incorporado a la Compañía, recibió las preceptivas enseñanzas [3] de en materia de Aritmética, Geometría, Trigonometría plana y Cosmografía, Navegación, Artillería, Maniobra, Fortificación y Dibujo, Construcción naval, Instrumentación, Danza, Esgrima y los idiomas francés e inglés. Los estudios pasarían a realizarse de forma real enseguida, pues a su buque le corresponde ir en 1791 en defensa de la plazas africanas de Ceuta y Orán. No mucho después, en 1792 habiéndose iniciado la guerra con la República francesa, acudió a bordo del la fragata Casilda incorporada a la escuadra del almirante Lángara que fue enviada en apoyo de las operaciones terrestres del general Ricardos en la aquellas campañas, por lo que en 1793 participa en el bloqueo del Rosellón, y en el sangriento episodio de la toma de Toulon. Por su comportamiento durante aquella campaña, el 12 de abril es ascendido al grado de Alférez de navío. Al año siguiente participa en la campaña de Italia, ascendiendo el 22 de noviembre de 1794 al grado de Teniente de fragata.

El 7 de septiembre de 1795 fue nombrado Ayudante Mayor del almirante Ignacio María Álava, en una escuadra cuyas tripulaciones escogidas llevarían a cabo la circunnavegación que les conduciría a los más recónditos lugares. La escuadra estaba compuesta por los navíos Europa (en el que iban Miguel como Ayudante de su tío, y su hermano Claudio como uno de los Oficiales) y Montañés, junto a las fragatas Fama, Lucía y Pilar, así como la urca Aurora. La escuadra salió de Cádiz el 29 de noviembre, llegando después de haber superado las dificultades del Cabo de Hornos el 4 de marzo de 1796 al puerto de Concepción del Nuevo Extremo, en la Intendencia de Concepción (Chile), cuyo recién nombrado Intendente era precisamente su tío Luis de Álava Sáenz de Navarrete. De allí navegaron hasta el puerto del Callao, de donde partieron rumbo a las Filipinas, a donde llegarían a finales del año. Tras haberse declarado la guerra con el reino británico, el Jefe de la escuadra española se apresta a organizar la defensa de aquellos territorios y las navegaciones inmediatas. Así durante el sitio de Manila, participó muy directamente con su tío en la organización las defensas de la plaza y su importante Apostadero, inspeccionando las de las islas principales, al tiempo que corrigieron antiguas descripciones en las cartas de navegación. En una de aquellas operaciones navales, hallándose de regreso del Mar de la China, un gran temporal durante la noche del 24 al 25 de abril de 1797, en el que se perdió totalmente el navío Montañés, en el que falleció la tripulación completa, inclusive el único Álava que en aquellos momentos iba a bordo, Claudio. En enero de 1799, y durante una operación naval conjunta con dos buques franceses, para apoderarse de un convoy formado por diez navíos de la British East India Company, el buque en que iba Miguel fue desarbolado y su tripulación tomada prisionera de los británicos, que luego lo dejaron en América del Norte, hasta que a mediados de noviembre del año 1800, embarca en la fragata angloamericana Tamor regresando a Cádiz a donde llega en diciembre, Desde Cádiz solicita un permiso especial para atender asuntos familiares, pues en ese tiempo su padre había fallecido en Vitoria. El permiso le fue concedido en febrero de 1801, aunque no llegará a su casa hasta el mes de noviembre, pues antes hubo de atender asuntos en la Corte madrileña, por que hubo de solicitar en varias ocasiones nuevas licencias, hasta su incorporación al servicio, que se efectúa el 30 de julio de 1802 en que embarca en el navío Príncipe de Asturias, viajando a Nápoles para el traslado de varios miembros de la Real Familia: María Antonia y Francisco de Borbón Habsburgo-Lorena, casados por poderes con Fernando e Isabel de Borbón, hijos del rey Carlos IV y la reina María Luisa. A vuelta de viaje, y por los méritos contraídos en tan gran evento, el monarca el 5 de octubre de 1802 lo ascendió al grado de Teniente de navío, continuando destinado en el departamento gaditano.

El 20 de marzo de 1803, vuelve a solicitar Real licencia por cuatro meses, prorrogados por otros tres meses, al ser requerido por su tío Ignacio María, recién llegado de su periplo, por lo que pasa a Madrid hasta mayo de 1804, con el objeto de atender asuntos familiares pendientes de los tribunales de la Corte. Reincorporado al servicio, lo fue en el departamento cartagenero, cosa que no le gustó, por lo que alegando ser aquel clima muy perjudicial a su salud, solicitaba se le reintegrase al de Cádiz. El 23 de mayo logró el traslado, de tal modo que el 3 de julio estaba en la Isla, donde en situación de “embarcado” desempeñaría diversas funciones, inclusive incorporado al Observatorio de la Real Armada. El 11 de agosto fue nombrado Ayudante del Capitán del puerto de Cádiz. El 30 de enero de 1805 por haberse declarado nuevamente la guerra con Gran Bretaña toma el mando de un jabeque-cañonero Nº 25, hasta que el 16 de febrero fue incorporado al moderno navío de 80 cañones de a 24, Argonauta, que formaba parte de la escuadra mandada por el almirante Gravina, que parte de Cádiz en la noche del 9 de abril, en cuyo navío participa en la expedición a la Martinico, a donde llegan el 14 de mayo y tomarán parte en el asalto al fuerte de El Diamante. Esta escuadra conjunta que tuvo la desgracia ya de ser mandada por Villeneuve, leva anclas y en su regreso a España, cuando se hallaba a unas 20 millas del Cabo Finisterre, el 22 de julio fue atacada por la británica que mandaba el almirante Calder. La batalla fue encarnizada y muy valerosamente llevada por los marinos hispano-franceses, aunque su almirante no estuvo a la altura, lo que motivó que algunos buques hubieron de refugiarse en El Ferrol, hasta que medianamente reparadas las averías, salieron el 13 de agosto rumbo a Cádiz, a donde llegaron el siguiente día 20.

El 31 de agosto pasó destinado al navío Príncipe de Asturias, en calidad de 1er Ayudante de Mayoría de la escuadra del almirante Escaño. A bordo de este navío participó el 21 de octubre de 1805 en la batalla de Trafalgar, nuevamente dirigida por el almirante Villeneuve.

Por su valeroso comportamiento durante el combate, fue posteriormente ascendido al grado de Capitán de fragata, el 9 de noviembre de ese año, continuando destinado en el Príncipe. El 9 de mayo de 1806, ante la escasez de buques y de ocupación profesional, solicita nueva licencia para pasar a Vitoria, con objeto de ocuparse de su hacienda y aprovechar para recuperar su mermada salud. Esta licencia le fue expedida el siguiente día 24, con alcance de cuatro meses, a la que añadiría nueva licencia de prórroga por otros cuatro meses, y a continuación solicitó el retiro con sueldo entero, que al no serle concedido, motivaría una nueva solicitud de licencia el 17 de julio de 1807, y de nuevo el 20 de septiembre otra prórroga, esta vez para acudir a los novísimos baños de "guesalaga" (aguas saladas), en la villa guipuzcoana de Cestona.

El 27 de julio de 1807 la Real Hacienda atendió su requerimiento, fijando como residencia su ciudad natal, en calidad de Oficial de los Reales Ejércitos en situación de retirado del servicio. En razón de ello, su biografía consta de tres partes: la inicial militar, la civil y nuevamente la militar.

El 25 de mayo de 1807 le fue concedida la Cruz Supernumeraria de Carlos III, con la pensión de 6.000 maravedís en recompensa de los gastos que había realizado su padre durante la construcción del camino de Burgos a Vitoria.

El 25 de enero de 1808 fue elegido Diputado del común en el Ayuntamiento de Vitoria, siendo nombrado a los pocos días, Procurador General de la Hermandad de Vitoria en las Juntas generales de Álava. El 13 de mayo de 1808 salió comisionado a Madrid con la finalidad de exponer la mala situación financiera que les impedía asumir los enormes gastos de sostenimiento de los ejércitos.

Tomó parte como representante de la Armada Real en la delegación española que estuvo presente en Bayona durante la asamblea celebrada para dar a España su primera Constitución.

En agosto se reintegro al Ejército, haciéndolo en Madrid el 23 de agosto, después de muchas peripecias, poniéndose a las órdenes del General Castaños, que le destina como teniente coronel en el regimiento de Ordenes Militares. Incorporado aquel Ejército al territorio navarro, toma parte en la batalla de Tudela, encargándose de cubrir la retaguardia en dirección a Calatayud. Redistribuidas las tropas, pasa a integrarse en la Plana Mayor del General Venegas, tomando parte en la acción de Mora, el 18 de febrero, que le supondría el ascenso al grado de Coronel.

El 11 de septiembre salió de operaciones hacia el sur de Navarra, en donde tras la derrota del 23 de noviembre en Tudela se le encargó cubrir la retirada hacia Calatayud. Posteriormente quedó unido a la Plana Mayor de la división del general Venegas, que operaba por la provincia de Cuenca, cubriendo las tropas españolas que venían siendo hostigadas por el francés Moncey, al que se enfrenta en el combate de Briviesca.

Su siguiente destino fue Extremadura, a las órdenes del Duque de Alburquerque. El general Cuesta le encomendó el traslado a la Junta Central de los informes relativos a la batalla de Medellín (marzo de 1809). Cumplida esta misión, la Junta Central le ordenó trasladase al general Sir Arthur Wellesley las informaciones que lograse sobre las operaciones del Ejército francés en Sevilla, a fin de que intentara impedir su realización. Cumplida su misión regresó nuevamente al Ejército de Extremadura.

El 28 de enero de 1810 se incorporó en Viseu Portugal al Ejército aliado que estaba bajo el mando del general Wellington, para informarle de la mala situación en que se encontraba la Junta Central, la cual el 16 de junio le ordena mantenerse en aquel Ejército, incorporándose en calidad de adjunto al Estado Mayor del General británico, lo que acabaría llevándole a una sólida amistad con Wellington, que marcó para siempre las vidas de ambos personajes. Por los méritos contraídos durante la batalla de Bussaço, el 29 de septiembre, a propuesta del general Wellington fue ascendido al grado de Brigadier el 12 de diciembre, con antigüedad del día de la acción.

Tras la batalla de Torres Vedras, los franceses emprendieron la salida de territorio portugués retirada hasta regresar a territorio español. Toma parte en las acciones de Fuentes de Oñoro, Almeida, Albuera. Encargado Álava de dirigir el asedio a Ciudad Rodrigo desde finales del año 1811, un mes más tarde, el 12 de enero de 1812, la plaza se rinde, y es el momento en que Wellington le comisiona para que vaya a Cádiz e informe a la Junta Central de cómo se desarrolló aquel suceso. Álava a propuesta de Wellington y de Castaños fue ascendido el 31 de enero, al grado de Mariscal de Campo, por los méritos contraídos frente a Ciudad-Rodrigo.

Después de los Arapiles, Álava fue condecorado por las Cortes con el Collar del Toisón de Oro. El 13 de agosto en Madrid junto al gobernador de la capital, general Carlos de España, proclaman la Constitución gaditana, que es jurada al siguiente día por el pueblo madrileño y por el mariscal Álava, que lo hizo en la Almudena. Tras este acto se convirtió en Presidente de Gobierno de facto al tomar disposiciones en nombre de las distintas Juntas tales como la amnistía a los colaboradores militares de José I que se entregasen.

El 1 de septiembre sale en dirección a Valladolid al objeto de perseguir a los franceses en dirección al Norte, llegando el 23 de octubre a la acción de Villazopeque. Al siguiente día habiéndose retirado las tropas aliadas a la localidad de Dueñas, y el 25 pasaron al ataque con las tropas de Galicia que mandaba Pedro Dejuy, que se retiraron en desbandada al conocer las heridas de su jefe. Álava al ver lo que sucedía tomó las dos compañías españolas que aun no habían entrado en combate, logrando recuperar las posiciones perdidas y tomar prisioneros a los franceses que las defendían. En el momento en que Álava recibía la espada de un oficial francés, recibió un disparo en su ingle, por lo que fue retirado del campo de batalla.

Recién iniciada la campaña de 1813, las tropas aliadas permanecieron acantonadas, hasta mayo en que se pusieron en marcha hacia Palencia y Valladolid, siempre en pos del enemigo, hasta que llegó la jornada del 21 de junio en Vitoria. Buen conocedor del proceder británico, Álava se adelantó con sus tropas y entró en la ciudad de Vitoria, al objeto de impedir su saqueo por parte de los aliados. La ciudad de Vitoria, ante los esfuerzos realizados por el General Álava para evitar que las tropas británicas saqueasen la capital, acordó regalarle una antigua espada toledana, que rehecha en su tallada y valiosa empuñadura de oro y brillante, dice: “En memoria de la acción del 21 de Junio de 1813” y al otro lado: “Al General Don Miguel Ricardo Álava por el Ayuntamiento de Vitoria”, luciendo en el pomo el escudo de armas del General. [4]

Viene después las acciones de San Juan de Luz, y las de los siguientes días en tierras navarras, culminado en la de Sorauren. En una de ellas fue herido gravemente, por lo que el 10 de agosto se retiró a Vitoria para reponerse de sus heridas, llegando el día 17 y siendo recibido en loor de multitudes. Durante su permanencia en su ciudad fue galardonado con el nombramiento de Diputado General, Jefe político de Álava.

Una vez repuesto de sus heridas, el 22 de noviembre contrajo matrimonio en la parroquial de Santa María, con su prima María Loreto de Arriola y Esquivel, hija del Regidor preeminente del Ayuntamiento de Vitoria, y descendiente de los marqueses de Legarda.

El 30 de noviembre se puso en marcha para reincorporarse a San Juan de Luz, donde se hallaba el cuartel general de Wellington, lo que hizo el 2 de diciembre, participando en las acciones de Rotes, Burdeos, Ose de Bigorre, Tarbes, superación del Garona que llevaron el día 27 de febrero de 1814 a la batalla de Orthez, donde Álava volvió a ser herido en una nalga, salvándose quizás de una herida que podía haber afectado a su columna vertebral, ya que el proyectil incidió con toda su potencia en la empuñadura de la espada, pues el Mariscal se hallaba dando un salto, coincidiendo el impacto en ese momento, por lo que apenas llevaba fuerza cuando impacto en su cuerpo. Días después, repuesto Álava, participa en la batalla de Tolouse, siendo el primero en entrar en la ciudad el 12 de abril.

Como no podía ser menos, el General Álava también acabaría siendo víctima de Fernando VII, una vez que este tuvo en su mano el trono que le regalaban sus sacrificados españoles. Durante la noche del 8 de octubre de 1814 fue detenido en su domicilio madrileño, en virtud de la denuncia que había hecho Nicasio José de Velasco, Teniente de Diputado de Álava, acusando a un grupo de diputados alaveses de varios delitos políticos, tales como falsificación de poderes para nombramientos; haber reimpreso en Valladolid a su costa el impreso titulado "Proclama de un labrador", que anteriormente había sido publicado en el número 71 del “ Periódico político y mercantil de la villa de Reus” [5], cuyo contenido suponía para la censura del Santo Tribunal de Valladolid, la calificación de muy grave rebeldía; haber forzado a aquella Diputación a jurar la Constitución gaditana. Salió de prisión el día de 31 de diciembre (Nochevieja), con la particularidad propia de aquel monarca inconsecuente, de que durante su permanencia en la prisión, el 11 de diciembre, le había ascendido al grado de Teniente General. [6]

Nada más terminar la guerra y recién llegado al trono Fernando VII, el monarca el 29 de mayo de 1814 lo nombró embajador en los Países Bajos a petición de Wellington, y apoyado por el rey Guillermo, con el que había estado relacionado durante el tiempo en que había estado destacado en el cuartel general de Wellington durante los días finales de la campaña española, y en los territorios franceses del Sur. Con ello intentaban salvarle de la posible represión fernandina que aguardaba a todos los liberales que se habían destacado durante los años de la guerra.

Le fueron concedidas las medallas por las batallas de Tolouse (14 de febrero de 1815) y la de Vitoria (25 de abril de 1815). Por Real orden de 26 de abril de 1815 designaba a Álava como observador en el cuartel general de Wellington en París, donde este se hallaba en calidad de embajador británico. Sorprendido por el regreso de Napoleón, marchó con Wellington y a su lado tomó parte activa el 19 de junio en la batalla de Waterloo.

Hallándose en su embajada parisina, se ocupó en la recuperación del patrimonio que había sido sustraído por nuestros enemigos de aquella pasada guerra, los franceses. Fue una lástima que no hubiese tomado igual interés en la recuperación del patrimonio sustraído por nuestros aliados los británicos, ni negociar el abono de los muchos daños ocasionados por estos, tanto en las propiedades particulares como en las institucionales, que Wellington siempre tomó por desorbitadas. El 5 de octubre de 1815, Fernando VII le concedió la encomienda de Hornachos, perteneciente a la Orden de Santiago, para lo que era necesario recibir el hábito de dicha Orden. El 9 de marzo de 1816, el Consejo de las Órdenes aceptó las pruebas aportadas para acceder al hábito de Caballero de la Orden de Santiago, que por gracia especial recibió en la capilla de la Embajada española en París. Tras la derrota de Bonaparte permaneció en París como embajador, resistiéndose al relevo en tal puesto por el de la cancillería en Holanda, hasta que finalmente se retiró a Vitoria, a donde llegó el 1 de agosto de 1819 alegando motivos de salud.

Tras el pronunciamiento del General Riego, Álava se mantuvo en sus ocupaciones vitorianas, hasta que el 16 de septiembre de 1821 fue nombrado Comandante general interino de Aragón [7], cesando el 30 de enero de 1822, por haber sido nombrado Diputado a Cortes por Álava. En sesión del día 1 de mayo y en segundo escrutinio fue elegido Miguel Álava, Presidente de las Cortes Generales [8], en sustitución de Cayetano Valdés. Durante este periodo compartió sus funciones con la dirección de la Milicia Nacional. Fue un gran defensor del restablecimiento de la Constitución gaditana de 1812, y mantuvo su fidelidad al Gobierno, trasladando las Cortes nuevamente a San Fernando, donde sería más fácil la defensa ante la inminencia de la llegada de las tropas francesas por segunda vez traídas por los borbones. En septiembre apoyó la destitución por incapacidad manifiesta de Fernando VII entre los pocos diputados liberales que todavía resistían la ocupación. Finalmente fue comisionado para pactar con los franceses del duque de Angulema las condiciones de la rendición de Cádiz, pero el fracaso estas negociaciones permitió que el Rey haciendo gala de sus dotes, le condenase.

Finalizado el Trienio huyó a Gibraltar con el apoyo de Wellington, con el objeto de trasladarse posteriormente a Londres, viaje por cierto muy accidentado, pues “… encontrándose en cubierta, cuando bajaba la escala para bajar al alcázar, la verga-seca se desprendió y cayó sobre él, dañandole la cadera izquierda, la cual se desencaxo, acrecentandole sus anteriores dolencias…”. En cuanto llegó a Londres, Wellington le alojó en una de sus propiedades campestres, exactamente en la de Stratfieldsaye [9], y mientras permaneció en el exilio, lo hizo con gran apoyo de la Corona británica, alternando su estancia con viajes a Francia, a donde acudía en ocasiones para tomar baños, hasta que en octubre de 1826 se quedó a residir en la localidad francesa de Tours, donde se reunió con su esposa, y donde permanecieron hasta el año 1833 en que por fallecimiento del Rey Fernando VII, se le comunicó la firma el 15 de octubre de una amnistía general que le permitía el regreso a España.

El 18 de abril de 1834 fue nombrado miembro del Consejo Real, nombrándole además el 23 de junio, Prócer del Reino. El 16 de enero de 1835 la Reina regente le designó Ministro plenipotenciario y embajador extraordinario en la corte británica, presentando credenciales el 1 de febrero.

El 14 de septiembre fue nombrado Presidente del Consejo de Ministros, con la cartera de Estado, pero él consideraba que mejor seguía ocupándose de los asuntos de España desde su embajada británica.

El Príncipe-Regente de Gran Bretaña le concedió la medalla destinada a premiar a los extranjeros que en la campaña de 1813 se habían distinguido en la lucha contra Napoleón. En octubre de 1814 le otorgó dos nuevas condecoraciones por las acciones que tuvieron lugar entre el 28 de julio y el 2 de agosto de 1813. El 19 de octubre de 1815 este Príncipe le nombró Caballero Comendador extraordinario de la Orden del Baño, por los servicios distinguidos realizados a las órdenes del General Wellington durante la guerra de la Independencia, unidos a los que ejecutó posteriormente durante la batalla de Waterloo. Por su participación en esta batalla, el Rey de Holanda, Guillermo I, le concedió el 31 de agosto de aquel mismo año, la Cruz de Comendador de la Order de William Knight.

En 18 de febrero de 1835, Isabel II le concedió la Gran Cruz de caballero de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, y el 4 de diciembre, le fue concedida la Gran Cruz de la Real Orden española de Carlos III. [10]

Aceptó durante el gobierno del conde de Toreno, la cartera de Ministro de Marina, cargo que ocupó solamente del 14 al 25 de septiembre de 1835. Tras la caída de éste rechazó continuar en el gabinete aunque se lo había ofrecido Mendizábal. Nominalmente fue Presidente del Consejo de Ministros, pues le correspondía durante el periodo vacante, antes de ser nombrado Mendizábal, pero no juró el cargo permaneciendo en Londres. Finalmente, y no muy a su gusto, aceptó ser embajador en París donde presentó un plan para permitir a las tropas cristinas cruzar la frontera francesa en su lucha contra los carlistas y poder reabastecerse en el país vecino, así como impedir los suministros que les llegaban a los carlistas.

El 9 de febrero de 1836 era nombrado Caballero de la Orden de Carlos III. A raíz de los sucesos de La Granja, el 7 de diciembre se le relevó de su embajada, privándole además de todos sus cargos, empleos y honores, por su disconformidad con estos hechos, y por haberse negado a firmar la Constitución de 1837. Desconsolado por los derroteros que tomaban las ideas que siempre había abrazado, se retiró nuevamente a la ciudad francesa de Tours, hasta que la Regente María Cristina volvió a designarle embajador en Gran Bretaña, el 14 de julio de 1838, reintegrándole a todos sus derechos y honores, y embajada en la que le encomendó encargarse de todo lo relativo a lograr los auxilio económicos y militares que se plasmaron en la denominada Legión Auxiliar Británica, que Londres envió en nombre de aquella Cuádruple Alianza [11]. Finalizada la guerra civil en 1839, tras la dimisión de la Regente y la subida al trono de Isabel II, Álava consideró finalizado su compromiso y renunció a su embajada, lo que le fue concedido por Real Despacho de 20 de marzo de 1841, pasando a París el 1 de mayo, y de allí marchó hacia Tours donde residieron hasta que decidió volver a España llegando a Vitoria el día 8 de junio de 1843, donde dictó sus disposiciones testamentarias, trasladándose el siguiente día 28 a los baños termales de Baréges, en el Alto Pirineo, donde falleció a las 11:00 horas del día 14 de julio de ese mismo año.

Cuarenta y un años más tarde, en junio de 1884, sus restos mortales fueron trasladados a Vitoria donde fueron depositados en el cementerio de Vitoria.

La Academia de Bellas Artes de San Fernando el día 26 de noviembre de 1816, le había nombrado Académico de honor por sus gestiones en la recuperación de las obras de arte llevadas a Francia por las tropas napoleónicas.



[1] Lugares estos que heredaría según el testamento que en 1797 había hecho su padre.

[2] Conforme a la Real Orden de 8 de octubre de 1784.

[3] Siguiendo el plan de estudios establecido por Vicente Tofiño en la Isla de León, en 13 de marzo de 1777.

[4] Nacional Army Museum (Londres). Catalogue. Signature: 8609-21. La espada se la regaló el general Álava a su gran amigo y compañero, el primer Barón Raglan, FitzRoy James Henry Somerset, (años más tarde protagonista de la famosa carga de la caballería ligera británica en la guerra de Crimea). Sus herederos cedieron en depósito la espada de Álava a dicho museo británico.

[5] “Si al principio de nuestra insurrección dijimos ¡No queremos ser franceses!, dijimos también no querer ser esclavos. Si labradores, somos ciudadanos, y mal que pese a todo inconstitucional, somos ya y queremos ser ciudadanos. ¡Españoles todos somos!, pero para nosotros, más que para nadie, nuestros sabios Legisladores dieron la Sagrada Constitución. Los Señores no permitían que regásemos nuestros campos con el agua de los ríos, sin que antes no pagásemos los elevados tributos; el trigo obligaban a molerlo en sus molinos, la cultura a sus precios. Ahora todos esos abusos han sido abolidos, ¡Todos somos iguales ante la ley! Nuestros hijos que no podían ser nada al no ser nobles, eran condenados a la oscuridad, ahora por sus virtudes lucen y ganarán los empleos de la Patria y hasta la regencia del Reyno. ¡Antes los Señores nos ponían los gobernantes, ahora los elegimos nosotros. Y si no son mejores, nosotros tendemos la culpa.”

[6] Figura en el nombramiento, que: “… con antigüedad del 14 de octubre de 1814, en que lo hubiese obtenido de no ser por el arresto injusto e ilegal que ha padecido…”

[7] Gaceta de Madrid, del 18 de septiembre 1821.

[8] Diario de Sesiones de las Cortes, núm. 73, pág. 109.

[9] Ubicada en el antiguo camino romano que llevaba de Londres a Silchester.

[10] Gaceta de Madrid, del 8 de diciembre de 1835.

[11] La Cuádruple Alianza fue la establecida entre Francia, Gran Bretaña, Portugal y España, garantizando los auxilios precisos para llevar adelante los derechos de Isabel II, frente a los pretendidos derechos dinásticos de su tío Carlos María Isidro de Borbón, que además con la intervención de la Legión Británica, garantizó la victoria en la Primera guerra Carlista