UCLÉS. 13 de enero de 1809
EL CRONISTA DE UCLÉS

UCLÉS

13 ENERO DE 1809

Centenario de la guerra de la Independencia

Cádiz 1909. Imp. de Manuel Álvarez Domínguez

15 pp. 2 fotografías y Croquis de la batalla.

Transcribimos el folleto editado en el año 1909, por la Comisión de Monumentos de Cádiz, en número de 50 ejemplares. (Arch. Guerra Independencia. GB1318 Folleto)

Comentario al hecho histórico: El desarrollo del ataque fue irreversible una vez más para las tropas españolas. La falta de compenetración entre el general en jefe español y su segundo, propició el que la división Villate atacase a las tropas españolas por el frente, mientras el duque de Belluno lo hacia en movimiento envoltorio desde Alcázar con la división Ruffin. Los franceses se lanzaron a pecho descubierto sobre las rocas,del promontorio, con muchas pérdidas, logrrían superar la difíl y empinada defensa, precipitándose a la bayoneta sobre los españoles, logrando sacarles de sus asentamientos, obligándoles a una retirada apresurada, donde muchos españoels perecerían. Unos doce mil hombres del ejército español, emprendió la retirada sobre Alcázar; pero los regimientos franceses, Ligero número 2 y el 9 de línea, que formaban parte del cuerpo de ejército que mandaba el mariscal Victor, les cerraron el paso presentándoles un irrebasable muro de bayonetas, obligando a más de 6000 españoles a deponer las armas y rendirse al enemigo. Cortada la evasión, el resto de las tropas españolas modificaron su itinerario, dirigiéndose hacia una garganta de la serranía, por donde suponían que podrían evadirse. Desgraciadamente, y evidenciando la facilida con que habían trazado los franceses sus planes, allí enfrente les estaba esperando el general Sénarmont, que al mando de veinte piezas de artillería, los redujo a base una andanada de metralla, que logró hacer que los que huían se entregasen unos, mientras otros, los más retrasados pretendían volver sobre sus pasos, aunque este fue un movimiento que únicamente les llevó a caer prisioneros unos metros más allá, pues perfectamente batiendo todo el terreno avanzaban los regimientos franceses, copando a más 4.000 hombres. El ejército español perdió en esta batalla a unos 8.000 hombres, 6.000 de ellos prisioneros, 4 piezas de artillería y hasta 34 banderas regimentales. El jefe de escuadrón del Primer regimiento de dragones, Sopransi, tomó seis banderas, por lo que fue felicitado por el duque de Bellune. Entre los fallecidos durante esta acción estaba el general Venegas.

En la transcripción hemos señalado en negrita, el comentario del Cronista de Uclés, puesto que lo asumimos después de haber visto que el éxito de los españoles vino casi siempre de mano de los grupos de patriotas que aglutinados por un cabecilla, cosechaba las victorias que sistemáticamente le venían siendo negadas a los cuerpos regulares.

Dejémos pues hablar al Cronista de Uclés:

 

En la gloriosa epopeya, conocida con el nombre de Guerra de la Independencia, no abundaron por desgracia, victorias como la de Bailén, que pronto hubieran dado fin a la lucha; pues si bien el pueblo y el ejército siempre lucharon y fueron al sacrificio sin vacilar, las clases directoras no brillaron generalmente por su patriotismo y rectitud de miras siendo causa de muchos desastres y de que la contienda durase más de los que hubiera durado a no existir envidias y ambiciones entre los generales directores, que dieron al traste más de una vez, é inutilizaran por completo la pericia y valor de heroicos y modestos militares.

Consecuencia funesta de estas envidias y mala dirección fue el Desastre de Uclés, que debiendo haber sido una victoria, de importantes consecuencias para la marcha de los sucesos políticos, fue una vergonzosa acción militar, que no mere e el nombre de batalla, porque las tropas españolas mal situadas y en menor número, apenas si tuvieron tiempo para escapar y las tropas francesas mejor dirigidas y pertrechadas no tuvieron con quien medir sus fuerzas, y sin duda por eso mancharon ignominiosamente su honor militar y pretendida cultura, cometiendo toda clase de horrores y vejaciones contra los indefensos vecinos de la Villa; no respetando ni el hospital donde habían sido curados compatriotas suyos en otras ocasiones, ni el honor de las mujeres, ni la paz del claustro, ni el reposo eterno de los muertos.

Veamos en que consistió, la llamada batalla de Uclés por los imperiales y día del ataque por los ucleseños.

Finalizaba el memorable año de 1808 en que el alzamiento de Madrid, truncara los planes de Napoleón, y torciera para siempre su estrella victoriosa, la célebre derrota de Bailén. Encontrábase el ejército español bastante desorganizado y maltrecho, cuando el duque del Infantado, encargado del mando del ejército del Centro, después de muchos planes y proyectos, dispuso que el general Venegas que estaba en Uclés, (donde se habían refugiado las autoridades y oficinas del partido) atacase a la villa de Tarancón ocupada por las tropas francesas, mientras que el brigadier Senra con su gente marchaba sobre Aranjuez.

Acató Venegas de mala gana las órdenes de su jefe y en la noche del 24 al 25 (1808) de Diciembre, en medio de un grandísimo temporal de nieve y agua marchó sobre Tarancón, extraviándose la caballería, que seguramente hubiera sido deshecha si no acuden a tiempo dos batallones de infantería que obligaron a los franceses a retirarse sobre Ocaña.

El general Víctor encargado por Napoleón del ejército de Extremadura hallábase en Aranjuez con 14.000 infantes y 3.000 caballos y al tener noticia de lo ocurrido, marchó contra las tropas españolas, obligando a Venegas a replegarse sobre Uclés y pedir refuerzos al duque del Infantado, puesto que sus tropas eran muy inferiores a las francesas. Hízose sordo el Duque a las peticiones de Venegas y éste, habiéndosele unido Senra con su brigada cree que con los 8.000 infantes y 1.500 caballos que reunía no debe continuar la retirada, quedándose en Uclés y encontrándose cuando menos lo esperaba con el ataque de los imperiales y sin el auxilio del Infantado.

La posición de Venegas no dejaba de ser ventajosa, a haber estado bien prevenido y situadas sus fuerzas convenientemente.

Amanecía el 13 de Enero de 1809, ¡día de luto y horror para los honrados labradores de la villa de Uclés! Cuando la división del general imperial Villate avanzando resueltamente sobre nuestras avanzadas situadas en el vecino pueblo de Trivaldos muy inferiores en número y compuestas por tropas de infantería de Bailén, Las Navas y Madrid y algunas de caballería, de la Reina, Príncipe, Castilla y España, hizoles retroceder precipitadamente. Ocupado este pueblo por las tropas del mariscal Víctor, la división Villate marcha rápidamente en dirección a la villa de Almendros para coger a los españoles por el flanco izquierdo, mientras que la división Ruffin, que había marcahdo de Tarancón para Huelves y Paredes con dirección a Carrascosa atacaban por retaguardia. El general Venegas (como puede verse en el plano) había situado su cuartel general en el Convento, dominando desde allí todo el campo de batalla, formando el ala izquierda; la brigada de Senra, extendida por el Cerro del Molino de Viento y compuesta con tropas de los regimientos y batallones de Sevilla, Cuenca, Órdenes Militares, África, Barbastro y Cantabria; el ala derecha extendíase por la Sierra del Pavo con tropas de Granaderos, Walonas, Campomayor, Voluntarios Catalanes, Murcia, Toro, Irlanda y Voluntarios de Carmona, al mando de Laporte y Girón; el frente y vanguardia lo formaban las tropas de caballería situadas por delante del Camino de Huelves desde la Defensa, mientras que a retaguardia o formando la reserva no había más que los Tiradores de España situados en Valdemurcia.

Plano batalla de Uclés

Cañoneado el frente por los imperiales y atacados vigorosamente por los Dragones de Latour-Marbourg y regimientos 27 y 63 de línes, fue dispersada nuestra caballería, marchando unos por el camino de Huelves y atravesando otros por una cañada de la Sierra del tesoro tomaron por Fuente Redonda con dirección a Carrascosa esquivando las tropas de Ruffin.

Mientras tanto las fuerzas de Senra eran batidas por las de Villate y al querer retirarse, cae sobre ellas la división Ruffin que cogiéndolas por retaguardia y en dispersión las hizo prisioneras, sin poder se salvar más que los tres cuerpos que condujo Don Agustín Girón y los que buenamente pudieron escapar dispersos, como el mismo Venegas que milagrosamente y maltrecho pudo llegar a Carrascosa. De los jefes no tenemos noticia que muriera en la lucha nada más que el marqués de Albudeite que mandaba la caballería; los demás, fueron hechos prisioneros o se retiraron con su gente, uniéndose a las tropas del Infantado con las que entraron en Cuenca al siguiente día.

Venegas y el duque del Infantado se culparon mutuamente de este desastre y probablemente de los dos sería la culpa; mas de haber acudido el del Infantado desde Carrascosa, los cogidos entre dos fuegos hubieran sido los franceses y lo más triste, fue que las faltas de ellos las pagaron los desgraciados habitantes de Uclés, puesto que las tropas francesas: las que se preciaban de ser portadoras de la civilización, entraron en el pueblo cual orda salvaje, robando y destrozando cuanto a su paso se presenta, sin merecerles nada, divino ni humano el menor respeto, puesto que saquearon hasta el hospital, donde se daba asilo a los forasteros enfermos o heridos. Hicieron uso de todo género de tormentos para que les dijeran donde guardaban los objetos de algún valor: setenta y nueve vecinos fueron atados como bestias y degollados en el matadero público... ¡y los que estos y otros excesos cometieron pretendían ser ejército modelo y disciplinado y sus jefes querían congraciarse así con la Nación española!

Los franceses exageraron lo que ellos llamaron victoria siendo solo un borrón para su honor militar, e hicieron elevarse el número de prisioneros a mayor suma que el total de las fuerzas españolas; pero lo más próximo a la verdad está en el parte del mariscal Jourdan fechado en 20 de Enero, en el que decía que la columna de prisioneros hechos en Uclés y llegada a Madrid se componía de cuatro generales, diecisiete coroneles, diecisiete tenientes coroneles, doscientos noventa oficiales y cinco mil cuatrocientos sesenta soldados.

Creemos que este parte no se referiría solamente a prisioneros de Uclés, puesto que habiéndose retirado toda el ala derecha y parte de la caballería y ascendiendo únicamente a 9.500 el total de las tropas españolas, resultaría que no hubo ningún muerto ni disperso en la jornada.

Sucesos como el de Uclés; vergonzosos para vencedores y vencidos habrá quien crea no merecen recordarse; pero al ocuparnos de él, en su cementerio, no lo hacemos por celebrar el hecho militar, sino por si este desastre, que la historia no puede borrar de sus páginas, pudiera acaso servir de escarmiento y lección a pueblos confiados y a generales ineptos que sobreponen sus rencillas personales al interés de la Patria.

 

Noticias referentes al paso de los franceses

por Uclés tomadas de los archivos de la Villa

Escasos son los datos documentales que hemos encontrado en Uclés, después de rebuscar detenidamente en sus Archivos Municipal y Parroquial referentes al día llamado del Ataque, nombre con que se designa aquel día aciago y de luto para la histórica villa y de vergüenza y baldón para las tropas napolónicas y los generales españoles.

En los papeles pertenecientes a la cofradía de La Virgen de las Angustias patrona de Uclés y cuya ermita estaba situada en las afueras del pueblo, vemos que en dicho día 13 fue saqueada la Capilla por las tropas francesas destrozando el altar, puertas del coro, sacristía, torre y entrada, así como los frontales y bancos, desapareciendo el pendón de la hermandad, reliquias, treinta libras de cera y siendo muertos 34 hermanos de los cuales 8 se sepultaron en su nave, no queriendo su sino que descansaran sus restos por mucho tiempo, pues el 21 de Junio de 1810 entraron otra vez las tropas francesas de caballería, sedientas de venganza, rompiendi y robando cuanto encontraban, abriendo las sepulturas y dispersando los restos, destrozando las imágenes, y sirviendo las andas de ellas y los altares para pesebres de sus caballos. En 27 de Octubre de 1812 pasó por Uclés la división del general italiano Palombini compuesta de unos 6.000 hombres permaneciendo 3 días acampados sus carros y artillería junto a la Ermita, siendo quemadas las techumbres y restos de puertas, con lo cual se verificó la ruina total de esta Santa Capilla (fundación de un pariente de Santo Domingo de Guzmán) puesto que falta de fondos la hermandad y empobrecido ueblo no le fue posible atender a su reedificación.

Entre los documentos del Archivo parroquial hay una certificación de Don Juan Antonio Fernández, cura vicario, hecha en 1812, en la que entre otras cosas dice:

“La Cofradía de la Sacramental, tenía una custodia de plata antigua muy buena; esta la robaron el día del Ataque. La de la Piedad, tenía una lámpara y vinageras de plata, regalo al Señor Crucificado por un devoto; la robaron el día del Ataque. La Cruz que con incensarios y naveta, que por estar la Parroquia llena de tropas, los días antes del ataque, se bajaron con los cálices y copón con el reservado a la Iglesia de Monjas (entonces sin tropas) y para dar un viático en público a un oficial español: En el terrible día 13 del ataque, allí mismo, robaron dicha Cruz, incensario, naveta, cop´´on y tres cálices y los de las Religiosas, Ornamentos sagrados, Palio y cuanto allí hallaron; y el resto reservado de dicha Parroquia de Stª María, todo fue robado, quedando libre un solo cáliz de plata como de doce a catorce onzas que estaba oculto, con una Naveta y un Incensario muy débil en su peso.”

Existen también unas notas de un tal Manuel Salazar, que tenía el encargo de hacer una corona de plata para la imagen de la Virgen, en la que dice:

“Que aun cuando en el día 13 de Enero de este año (1809) le destruyeron su casa enteramente, llevándose reloxes, Instrumentos para trabajar en su manufactura, y toda la plata que tenía entre manos, subiendo a una ca ntidad considerable la pérdida de su haber y lo peor su persona destrozada por las heridas que ha sufrido, atribuye a María Santísima la existencia de su vida, y que si esta seóra le conservase la salud haría cuanto pudiese para concluir su corona y además otros adornos que llen su devoción.”

Vemos por estas lineas que fue este artífice, una de las víctimas de los franceses el día del Ataque, como lo fue igualmente el celador de la Cofradía, Manuel Fernández de Salazar, asesinado por las tropas, según testimonio del Capellán.

Como datos curiosos referentes a personajes que figuraron en la lucha patriótica contra Napoleón, encontramos en un legajo de expedientes matrimoniales al matrimonio de Ramón de la Cambra, natural y vecino de Zaragoza y comandante de la Partida de Guerrillas a las órdenes del Sr. Marqués de las Atalayuelas, con Ruperta Becerro Lozano, natural y vecina de Uclés.

En otro legajo de la Parroquia de San Pedro, un Don Felipe de Palafox, gobernador de la villa de Uclés en 1716, figura como testigo del matrimonio de Don Pedro Ramirez de Arellano con Doña Juana González, vecinos de Ucles, pertenecientes al estado noble.

13 Enero 1909

EL CRONISTA DE UCLÉS