
El autor de la estatua fue el gran escultor coruñés José Francisco Escudero, que con apenas 30 años, entre 1985 y 1986, talló un gran bloque de granito de Parga (Lugo), inicialmente con un peso muy próximo a los 3.000 kilogramos, obteniendo al final la extraordinaria imagen del general Porlier, despojado de todos sus atributos militares, en actitud de subir peldaños del cadalso. El artista pretendía reflejar el retrato psicológico del General, y que al mismo tiempo evidenciase la seguridad de que siempre hizo gala en cuanta acción emprendió. Las dos cosas creemos que fueron ampliamente logradas por este extraordinario escultor, que con su variada estatuaria ha embellecido muchos espacios tanto nacionales como extranjeros.
En el monumento, el General Porlier está situado sobre un pedestal, en el centro de un pequeño estanque redondo, también de piedra, que tiene en las proximidades del borde, tres palomas apoyadas en tres bases hechas de cantos rodados, ubicadas en cada uno de los vértices de un significativo triángulo, simbolizando la ideología liberal de Porlier. La figura solamente va cubierto con su uniforme, sobre el que lleva la capa con esclavina, portando aun en su mano derecha el bicornio reglamentario.
Yo he visto bastante este monumento y considero precisamente que me ha llevado mucho a reconocerlo como el retrato verdadero de aquel joven General de tan solo 27 años, que tanto llegué a conocer a través de mis pesquisas documentales. Efectivamente, Porlier mientras sube el último escalón, lo hace con esa elegancia propia del hombre recto y digno que eleva aun su cabeza, orgulloso de cuanto ha hecho, mirando a los ojos a cuantos tiene cerca, convencido de que nada tiene que ocultar, ya que su acción era la única que cabía en una España que él como nadie veía retornar a los viejos comportamientos del absolutismo, de la traición al pueblo por el propio Monarca, aquel Fernando VII que nunca fue capaz de hacer algo en pro de la Nación española, mas que disponerla para una sangrienta guerra, esta vez interna, entre españoles.
Porlier en este logrado y sencillo monumento, lo vemos en el acto de subir las escaleras de un hipotético cadalso, dirigiendo su mirada a la cercana Capilla del Gremio de Mareantes, o de San Roque, que había enfrente, donde hoy existe una rotonda en forma de lágrima comercial o de último recuerdo, sin saber él ni nadie, pero quizás como si una premonición fuese, que cinco años después alcanzado el denominado Trienio liberal, se depositasen precisamente en ella, sus restos en un pétreo y negro catafalco, después de haberle exhumado del cementerio del convento de San Francisco donde descansaba. Sin embargo, en 1823 será destruido por quienes rencorosamente aventaron sus restos, perdiéndose a partir de este momento la conciencia de donde pudieron ir a parar, salvo un cráneo que fue hallado bajo un altar, cuando años más tarde se procedió a la destrucción de la Capilla donde solían ayuntarse los Hermanos de la Paz y la Caridad, para acompañar a los condenados hasta su fin y luego exponer en un túmulo los restos del desgraciado que había caído víctima del poder.
El monumento fue inaugurado el 16 de diciembre de 1986, por el entonces vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra, siendo Alcalde de la ciudad, el de siempre, el irrepetible y efectivo Francisco Vázquez, que fue capaz de llevar a cabo una parte de la deuda que la ciudad adquirió con el general don Juan Díaz PORLIER: Erigir el monumento a tan preclaro personaje, que ya reclamaba Antonio Villar Ponte, periodista y escritor, en el año 1935, diciendo: “¿Y don Juan Porlier? Mariscal de Campo por sus intrépidas hazañas en la guerra de la Independencia, por su bravo comportamiento, no superado por nadie, que culminó en la soberbia gesta de Santander y en la batalla de San Marcial donde peleara a la órdenes de Wellington, luego de expulsados los franceses de la Península supo dedicar todas sus actividades a la causa de la libertad. Y el premio de tan generosos desvelos fue la pérdida de la existencia en el cadalso.”
Queda solamente recuperar en el callejero coruñés la denominación primitiva, decidida en sesión municipal del 2 de marzo de 1932, por la que se denominaba Cantón de Porlier, hasta que por decisión adoptada el 18 de julio de 1936 y desde entonces, pasó a denominarse Cantón Grande. El Ayuntamiento presidido por el Alcalde Vázquez ha asignado no obstante el nombre de este General a una nueva calle en los arrabales coruñeses, que no creemos guarden ni relación ni exposición permanente al recuerdo de un patriota, que sin ser puramente español, siendo un emigrante colombiano supo comportarse con más patriotismo que muchos a los que si les correspondía.