
De la Provincia de Guipúzcoa surgió la idea de erigirle un monumento en memoria de sus hazañas. El mismo Urretxu en la Junta de Motrico de 1851 llamó la atención sobre el deseo de que sus restos mortales fueran trasladados a su pueblo natal, tomando la Junta en consideración esta moción autorizando un gasto de 10.000 reales. Los restos se trasladaron el 21 de junio de 1852 y en presencia de la Diputación se inauguró el panteón en la Iglesia Parroquial.
