Nuestro agradecimiento al Doctor don Ramón Jordi González, por permitirnos la difusión de su trabajo publicado en 1974, bajo el título de "La conspiració de les metzines (Barcelona, 1812)", y muy difícil de encontrar en el mercado librero, siendo una comunicación presentada en el "Congrés International d'Histoire de l'Pharmacie", celebrado en París, el 28 de septiembre de 1973. Autor de reconocidísimo prestigio especialmente en todo lo relativo al estudio de la Farmacia, entre cuyas obras citaremos la exhaustiva: "COLECTANEA de "speciers", mancebos boticarios, boticarios, farmacéuticos practicantes de farmacia y farmacéuticos de Cataluña (1207-1997"), editado por "STUDIUM. Historia de la Farmacia Contemporánea"
Traducido del Catalán, por Lynsi Oflodor
Comunicación presentada por el doctor en Farmacia don Ramón Jordi i González en el Congreso Internacional de Historia de la Farmacia. París, 28 de septiembre de 1973. Editada por Rafael Dalmau, de Barcelona, en 1974
Desde comienzos de 1812,la anexión de Cataluña a Francia es un hecho cierto, a causa del Decreto napoleónico del 2 de febrero que, implantaba el denominado Régimen civil de Cataluña, introducía en nuestro país el Código Civil napoleónico. [1]
La sumisión de Cataluña al Imperio napoleónico y las estudiadas medidas destinadas a afrancesar el país, motivaron que grupos de insurgentes catalanes se aglutinasen entorno al capitán general del Principado, Luis Lacy, y que demostrasen su odio al invasor actuando con procedimientos prohibidos por las leyes de la guerra, si es que la guerra ha tenido alguna vez leyes.
Agentes, espías, guerrilleros, etc., vinculados todos con el presbítero Coret, extraño y tortuoso personaje, formaron entorno de Lacy un cuerpo de guerrilleros y conspiradores que tenían como objetivo fundamental, exterminar todos los franceses. [2]
Una de las fases de esta lucha desesperada fue conocida como la «Conspiración de los venenos» la cual tuvo origen cuando Lacy y el presbítero Coret llegaron al convencimiento que un primitivo proyecto elaborado para conquistar la Ciudadela, de Barcelona, estaba destinado al fracaso. Por tanto, lo mejor para lograr el propósito perseguido consistía en envenenar la guarnición.
En la Historia de las Conspiraciones tramadas en Cataluña contra los Exércitos franceses, hay constancia que, una reconsideración de Lacy decidió el uso del veneno para luchar contra el ejército francés, hizo buscar por todas partes «sustancias venenosas, rodeóse de boticarios que llama facultativos, y les encargó el que convinasen aquellas substancias de manera que fuese imposible prevenir, o detener sus perniciosos efectos» [3]
Los conspiradores, en Barcelona, en 1811 ya habían logrado envenenar un barril de vino. En marzo de 1812, los franceses descubrieron en Peralada dos paquetes que contenían arsénico y doce paquetes de sublimado corrosivo, y a pesar de haber cursado órdenes a las diferentes unidades del ejército para prevenirles, el 20 de julio al 15 de septiembre de 1812, los conspiradores envenenaron el pan de la Ciudadela, el aguardiente de Tarragona, una cisterna en Hostalric, el vino en Castell de Llinars, el agua y el vino en Mataró. [4]
Dos días después de haber tenido lugar el envenenamiento del pan destinado a la guarnición de la Ciudadela, la prensa barcelonesa advertía que en el término de veinticuatro horas en que había de declararse la naturaleza y la cantidad de venenos poseídos, así como que estaba prohibida su venta sin autorización oficial. [5]
Es fácil de creer que no todos los boticarios merecían la confianza de las autoridades francesas, sobretodo si tenían en cuenta que Esteve Pasqual, [6] boticario de Barcelona, y su hijo José, boticario establecido en San Andreu de Palomar, [7] estaban implicados en la conspiración. De todas maneras, se había distinguido Joseph Pasqual que por este motivo, va ser puesto luego en libertad bajo vigilancia. [8]
Por otra parte, el padre Coret había encargado a Juan Ortiz, «boticario mayor del exército, haga una receta, según la cual no se sienta el efecto del veneno sino al cabo de dos días y medio que se hubiese comido el pan», [9] pues de no ser precisas estas precauciones, «pudiera descubrirse que estaba envenenado antes de entregarse a la tropa», debido a que los conspiradores sabían que, antes de que fuese repartido entre los soldados, lo comerían «los panaderos, dos perros, y tres gatos». [10]
Con el material objeto de envenenar a la tropa se había calculado que para los 6.000 individuos de guarnición de Barcelona, Montcada y Montgat, resultaban insuficientes los 12 litros de «los polvos exquisitos» en poder del Reverendo, porque, según las instrucciones dadas por el boticario –desconocían quien les iba a proporcionar el veneno-, solamente podían ser envenenadas 8.000 raciones, ó 4.000 panes. [11]
Se ha comprobado la existencia entre los conspiradores, de boticarios que actuaron activamente, también eran boticarios los que por orden del Ayuntamiento, habían dictaminado el veneno preciso para envenenar los panes destinados a la tropa de la Ciudadela de Barcelona, el día 22 de julio. Estos eran: Juan Ametller, Luis Yánez y José Antonio Balcells. Todos ellos eran boticarios barceloneses. [12] El día 13 de agosto de 1812, finalizaron las pruebas realizadas en «compañía de los Srs. Farmacéuticos principal del Exército y mayor del Hospital militar de las Atarazanas», y daban cuenta de los resultados obtenidos en las pruebas efectuadas en el laboratorio de la Academia de Ciencias Naturales y Artes de Barcelona. Para sufragar los gastos habidos para los análisis efectuados, los boticarios Ametller, Yánez y Balcells, recibieron una gratificación de 600 francos.
Del «proceso verbal» [13] no consta explicación de los experimentos químicos realizados para la determinación de el veneno utilizado, obteniendo los datos que nos permiten conocer los detalles de como va a ser desarrollada la investigación química (investigación que procuraron representar en el gráfico que publicaban al final). [14]
Los análisis nos dicen que uno de los panes que servían de muestra, presentaba un aspecto compacto, propio de un pan poco trabajado, y, observada la miga con lupa, denotaba la existencia de ciertas partículas blancas, algo transparentes, brillantes, friables y «algo ponderosas». El olor, normal. El sabor, natural. Pero, masticando, se notaba un crujir terroso. Por otra parte, 250 gramos de pan, sumergidos en agua durante dos horas, aumentaron poco de volumen (demostración, según los analistas, que el pan no contenía ninguna clase de agarico); pero, puesta la muestra sobre brasas, desprendía olor a alliacia, casi imperceptible y poco determinativa.
Los boticarios cortaron en rabanadas, 15 panes envenenados, los cuales fueron hervidos en 50 kilogramos de agua de la fuente, durante una hora. El líquido, filtrado, suministra el liquido (A) para determinaciones posteriores.
La masa retorcida y tamizada fue mezclada nuevamente con 40 kilogramos de agua de las fuentes y hecha hervir durante una hora. Por ello, el líquido resultante de la masa fue evaporado por el calor hasta reducirse en 8 kilogramos. El líquido se conservaría en lugar fresco, y a las 12 horas adquiría una consistencia gelatinosa, sin mostrar ningún tipo de cristalización ni de precipitados. Esta fue la muestra (B). ( Ver Anexo III [a] ).
Después de unas horas de reposo, el líquido (A) produjo un sedimento que, pesado, fue del peso de un gramo. Este sedimento, que no era ni salitroso ni terroso, después de las pruebas efectuadas por los analistas, resultó estar constituido por partículas insolubles del pan.
32 gramos del líquido (A) mezclados con agua de cal, produjeron un ligero precipitado blanquecino y filamentoso.
Con potasa carbonatada, se obtuvo el mismo tipo de precipitado, pero más rápidamente y en más abundancia.
Con amoníaco, el resultado fue similar, pero la consistencia del precipitado fue mucho más viscoso.
Con agua saturada de gas hidrógeno sulfurado, a los 30 minutos se obtenía un precipitado poco abundante, ligero, blanquecino y filamentoso.
Con «sulfureto hidrogenado de cal líquido», [15] cambiaba el color amarillo a amarillo claro, similar al producto por una solución de ácido arsenioso.
Con ácido galico [16], no seobtenía ni precipitado ni cambio de color.
Con sulfato de sosa, se producíaun ligerísimo precipitado a los 30 minutos.
Con ácido muriático [17], no se registraba variación de color ni desprendimiento de gases,y elligeroprecipitado aparecido era atribuido por los analistas a los principios normales constitutivos del pan. ( Ver Anexo III [d] ).
Los mismos reactivos empleados para el estudio dellíquido A, fueron utilizados para estudias la muestra (B). La única diferencia obtenida fue que los precipitados no aparecieron, acausa de la mayor densidad del líquido (B).
Las operaciones realizadas con los líquidos (A) y (B) fueron repetidas a las veinticuatro horas; no observándose variaciones.
Aun cuando los experimentos realizados no ofrecían otra posibilidad que la existencia de vestigios de ácido arsenioso, los analistas afirmaron que el pan analizado «no contenía barita, ni muriato de azogue muy oxidado, nada de mercurial, nada de plomo, nada de cobre, nada de antimonio, y en fin, ningún otro veneno mineral que el ácido arsenioso». ( Ver Anexo III [d] ).
Los analistas hicieron fabricar tres panes –uno, conteniendo muriato de mercurio muy oxidado; [18] otro, conteniendo ácido arsenioso; y el tercero, con «tartrato antimoniado de potasa» [19]-, para hacerlo análogamente y así fuesen experiencias comparativas, «conforme había dispuesto el Gobierno».
Muestras del primer pan, adecuadamente tratadas proporcionaron un precipitado blanco añadiéndole agua de cal, en lugar de resultar un color rojo como sucedía cuando se mezclaba agua de calcio con una solución de muriato de mercurio muy oxidada , sin contener los principales estratos del pan. La misma circunstancia se producía con los otros dos panes, los cuales, como el señalado contenían, respectivamente, ácido arsenioso y el tartrato antimonico de potasa.
Los analistas recalcaban que estas particularidades, creían que se parecían y eran muy dignas de ser estudiadas, porque podían servir de guía para las «delicadas investigaciones de la química judiciaria»; cuestión ésta, a tener en cuenta a la hora de considerar nosotros la historia de la toxicología.
Los analistas observaron que alrededor de las cubas que contenían el líquido (B) y sobre las lugares en que habían dejado las estameñas y coladores, había restos del líquido filtrado, resultando «muchos millares de moscas muertas». Para comprobar el efecto, en un plato depositaron líquido (B) durante dos días. La mortandad volvió a repetirse, además de que coincidió con el envenenamiento de 20 pollos que comieron del pan sometido al análisis.
A una porción del líquido (B), se le añadió ácido muriático y unas gotas de prusiato de potasa; [20] formándose un precipitado verde-amarillento en suspensión que señalaba la presencia de ácido arsenioso.
Fabricaron un pan al cual se le añadieron 6 decigramos de ácido arsenioso, que fue sometido a una cocción prolongada. El líquido obtenido, por adicción de ácido muriático y prusiato de potasa, proporcionó un precipitado igual. ( Ver Anexo III [b] ).
Por los analistas era conocido que el ácido muriático tenía indicios de hierro; pero, para quedar convencidos de que el color del precipitado no correspondía únicamente al hierro contenido el ácido muriático, realizaron las siguientes pruebas:
En un recipiente, rotulado (C), mezclaron 2 gramos de ácido muriático y 64 de agua destilada; y en otro recipiente rotulado (D), disolvieron 1 decigramo y medio de ácido arsenioso con 64 gramos de agua destilada y 2 de ácido muriático.
A ambos líquidos añadieron unas gotas de prusiato de potasa. El líquido contenido en el recipiente (C) resultó de un color azul, propio del hierro. El líquido contenido en el recipiente (D) se tornó de color verde-amarillento. ( Ver Anexo III [b] )
Repetidas las pruebas realizadas con ácido muriático impuro, pero ahora con ácido muriático puro, se produjo el esperado precipitado verde-amarillento.
A un decigramo y medio de ácido arsenioso del comercio, añadieron agua destilada conteniendo ácido muriático puro. El color resultante de la adicción de unas gotas de solución de prusiato de potasa fue verde-amarillento, un poco más claro, a causa de que en las pruebas realizadas en las muestras de pan, se había empleado agua de la decocción del pan, en lugar de agua destilada.
La decocción obtenida de 80 panes que fueron proporcionados a los investigadores, más 200 kilogramos de agua de la fuente, por ebullición durante dos horas, fue filtrada a través de una tela, obteniéndose así la muestra. (G).
A la masa filtrada (H), se añadieron 100 kilogramos de agua y fue sometida a ebullición durante una hora. El líquido recogido del filtrado (I) fue mezclado con el anterior y fue concentrado a fuego lento sin conseguir una consistencia sólida del extracto (G+I).
Este extracto fue destilado mediante una retorta, a fuego moderado, durante 22 horas, para evitar la reducción del ácido arsenioso, hasta a la aparición de aceite empireumático.
El residuo carbonoso conseguido dentro de la retorta, pesó 1,250 kilogramos, fue reducido a polvo, constituyendo la muestra (J).
250 gramos del residuo (J) fueron mezclados con igual peso de carbón negro. [21] Puesta esta mezcla en un crisol y calentándolo hasta la incandescencia durante 90 minutos, los analistas no obtuvieron ni un botón metálico, pero si partículas metálicas interpuestas en la masa carbonosa. Estas partículas, observadas con lupa, mostraban el aspecto propio del arsénico metálico, y con lo que verificaron que durante la operación se desprendieron humos blancuzcos y un olor a alliácia que obligó a alguno de los asistentes a las pruebas, a retirarse del local. ( Ver Anexo III [e] ).
Un kilogramo de residuo carbonoso (J) fue sometido ca la acción de un kilogramo doscientos cincuenta gramos de ácido muriático dentro de un matraz mantenido a la temperatura de 30º R. A las veinticuatro horas de reposo, le fue añadido un kilogramos de agua destilada.
Los 32 gramos de líquido obtenidos por filtración (K), le añadieron unas gotas de prusiato de potasa produciéndose un precipitado verde-amarillento.
La tercera parte del líquido sobrante fue evaporada de su recipiente en un baño de arena. Una vez el líquido se enfrió, le añadieron granalla de zinc para finalizar el precipitado. Después de tenerlo reposando veinticuatro horas, fueron añadidos al recipiente 1 kilogramo y medio de alcohol de 32º. Filtrado el líquido mediante tamiz de crin, se recogió un precipitado de color gris-negruzco: muestra (L), que «a la excepción de una corta cantidad de fosfato y de sulfato caliza, no era otra cosa que un óxido de arsénico».
Eliminadas las sales de cal mediante lavado, el peso del precipitado fue de 768 gramos, lo que dio un valor de 42 gramos, teniendo en cuenta las pérdidas, reacciones, etc., permitió este análisis, determinar que la cantidad total de óxido de arsénico contenido en 100 panes era, aproximadamente de 65 gramos y 6 decigramos.
Una parte del precipitado «de óxido gris de arsénico» obtenido se sublimaba en un baño de arena, con fuego gradualmente creciente. En el vaso sublimador se obtuvo ácido arsenioso regenerado, y en el fondo del vaso quedó depositado un polvillo blanco-amarillento (M).
El polvillo blanco-amarillento fue tratado con una pequeña cantidad de ácido nítrico. Una parte del líquido obtenido, tratado con potasa, ofreció un precipitado de fosfato cálcico con las propiedades de:
La otra parte de líquido contenía una parte menos soluble, «que era un sulfato calcáreo», mezclado con el carbón a temperatura elevada, se convertía en un «sulfureto» -sulfuro- (N) que, disuelto en agua y con unas gotas de ácido sulfúrico, reproducía el mismo sulfato cálcico, precipitando azufre y desprendiendo gas hidrógeno sulfuroso. [22] ( Ver Anexo III [e] ).
Una vez las sales calcáreas estaban separadas del óxido de arsénico por la sublimación indicada, se calculaba el que correspondía al óxido gris de arsénico.
Un peso de 4 centigramos de los granos blancos conseguidos dentro del pan, fueron colocados en una cuchara «de platina» sobre las brasas y vieron desprenderse vapores blancos de olor a alliacia; vapores que, recogidos sobre una pletina de cobre, depositaron unos polvos de color blanco. ( Ver Anexo III [c] ).
Después de las pruebas verificadas, los analistas concluyeron en que:
1r. Era verosímil que las partículas halladas en el estómago de tres individuos muertos por comer el pan en cuestión, fueron de ácido arsenioso, pues tienen las mismas características que las partículas aparecidas en la masa del pan.
2n. Que los 100 panes suministrados para los ensayos estaban emponzoñados.
3r. Que el veneno contenido era ácido arsenioso, óxido blanco de arsénico o arsénico blanco comercial.
4t. Que la cantidad absoluta del veneno empleado, pasaba de los 65 gramos para 100 panes, o al menos era superior a 0,05 gramos por unidad.
5. Que el ácido arsenioso incorporado al pan estaba mal distribuido, hecho que motivaba que unos panes tuvieran más cantidad de veneno que otros.
Los conocimientos técnicos demostrados por los analistas Juan Ametller, José Antonio Balcells y Luis Yánez permiten afirmar que, en la época en que se produjeron los hechos relatados, en Cataluña ya estaban consolidadas las bases para el análisis de alimentos y los tóxicos, y podía por ello colegirse que los boticarios eran los únicos capacitados técnicamente para realizar análisis químicos.
La calidad técnica de los análisis queda demostrada conociendo la respectiva vida profesional.
Desde el punto de vista político, podemos esbozar que a partir del 2 de mayo de 1808, las autoridades legales que ocupaban sitios en el gobierno de España podías ser consideradas, en una gran mayoría, como colaboradores de los franceses; pero había un grupo de españoles, que podrían definirse como antifranceses, identificables con la población.
Estos últimos se dividían en dos grandes sectores: de una banda,los que tenían una mentalidad receptiva a las influencias culturales, científicas y políticas depaís vecino, y, de la otra banda, los que eran enemigos de todo aquello que pudiese significar una apertura de mentalidad. Del primer sector, surgieron los españoles de las Cortes de Cádiz, liberales y nacionalistas, que bebieron en las fuentes políticas de la Constitución. Del segundo sector, se derivaron los absolutistas.
Desde este ambiente, podemos considerar que los boticarios analistas que intervinieron en la determinación del veneno, estaban en buenas relaciones con las autoridades francesas y los españoles que colaboraban con ellos, puesto que fue depositada la confianza en los tres boticarios barceloneses para la realización de los análisis; y puede deducirse por tanto, que parte de la elite científica delos boticarios barceloneses giraba entorno de la órbita de los afrancesados. Pero, este criterio, no puede ser riguroso, pues hemos de mirar con cierta precaución, la actitud de José Antonio Balcells y Camps durante la guerra napoleónica, que, según nuestro criterio obtuvo a través de los datos que de él conocemos, va a actuar con un cierto oportunismo, sin que no obstante regateemos méritos a su calidad científica.
«Comisariado general de la Baxa Cataluña.
El comisario de Policía de la ciudad de Barcelona, manda lo que sigue:
Artº 1º. Los Boticarios, droguistas y confiteros quedan obligados á presentarse dentro de 24 horas en la comisaría general de Policía, para declarar la naturaleza y cantidad de géneros venenosos que estén en su poder, tales como el arsénico, realgar, sublimado corrosivo, oropimente, verdete, etc.
Artº 2º. Los géneros venenosos que estén en poder de los boticarios, droguistas y confiteros, deberán estar en parages seguros y separados, de donde tendrán unicamente los amos de casa, sin que otro individuo alguno pueda disponer de ellas baxo ningún pretexto.
Artº 3º. No podrán los boticarios vender dichos géneros venenosos, sino en cortas cantidades y a personas conocidas, cuyos nombres y habitación anotarán, como también la calidad y cantidad de los géneros, y el uso que el comprador se propone hacer de ellos. El comprador firmará la declaración, su sabe escribir, señalando el día y lahora de la compra.
Artº 4º. A contar desde la publicación del presente decreto, ningún confitero, o droguista podrá vender géneros venenosos, o tósigo, sin permiso dado por escrito del Sr. Comisario general de Policía.
Artº 5º. Cualquiera persona que contraviniere a las disposiciones arriba dichas, será conducido ante la comisión militar.
El presente bando pasará a la aprobación del Sr. Gobernador de Barcelona, comandante superior de la Cataluña baxa.
Firmado: Huberto de Beaumont Brivazac
Aprobado. El General de División gobernador,
Firmado: Conde Mauricio Mathieu»
Verlo: Diario de Barcelona, 27 de julio de 1812, número 208. (Impreso también en francés)
«Comisariado general de Policía.
El Comisario general de Policía. Queriendo completar las medidas tomadas ya, para arreglar la venta de todo género sabido por ponzoñoso,
Decreta lo que sigue:
Artículo primero. Los artículos 1 y 2, del decreto de ayer, 26, sobre la declaración hacedera de substancias venenosas, y sobre todo el modo con que deben tenerse en las casas, son aplicables a los artistas y manufactureros que gastan semejantes materiales.
Artículo 2. Nadie podrá introducir en la ciudad, aunque sea con pretexto de comercio, ni por especulación, los géneros venenosos, arsénico, rejalgar, oropimente, sublimado corrosivo, verdete, sin haber pedido y obtenido autorización del Comisario general de Policía.
Art. 3. Cualquiera introductor de géneros venenosos, que no hubiere cumplido con esta formalidad, será entregado a á una comisión militar.
El presente decreto suplementario pasará a la aprobación del Sr. Gobernador de la ciudad.
Barcelona, a 27 de julio de 1812.
Firmado: Huberto de Beaumont Brivazac.
Aprobado por el general comandante superior de la ciudad y fuertes de Barcelona.
Firmado: El barón Nicolás.»
Verlo: Diario de Barcelona, 29 de julio de 1812, número 210 (También impreso en francés.)
JOSÉ ANTONIO BALCELLS Y CAMPS, nació el 1e de agosto de 1777, en Castellar del Vallés. Hijo de José Antonio Balcells y Palmés, boticario natural de Alella, y de Paula Camps.
Comenzó sus prácticas en Barcelona, en la farmacia de Francisco Garriga, el 13 de febrero de 1793, pero durante este año, también va a hacerlo en la de Juan Grogui, boticario barcelonés, hasta el 30 de julio del 1793, pasando después como «mancebo» en la farmacia de Francisco Pau y Claret, de la misma ciudad, hasta abril de 1795 [23].
El 11 de noviembre de 1795 obtuvo el título de farmacéutico por el Protomedicato. En 1800 descubrió el procedimiento para elaborar y teñir el algodón con el color rojo, denominado rojo de Adrianópolis, divulgando el que hasta entonces había sido un secreto exclusivo de Turquía. [24] Posteriormente cursó estudios de química con Juan Ametller, en 1801 y 1802, y con Francisco Carbonell y Bravo, en 1805.
El 27 de septiembre de 1808, ya comenzada la guerra napoleónica, la Junta de Gobierno y Dirección de Hospitales del Principado, le nombró Primer Ayudante de Farmacia del Ejército de Operaciones de Cataluña; [25] dimitiendo de dicho cargo por mala salud, el 7 de mayo de 1810. [26]
Por Real Resolución, de 15 de julio de 1815, ganadas las oposiciones es nombrado catedrático de Física y Química, y durante los veintiocho años de existencia del Real Colegio de Farmacia de Santa Victoria, de Barcelona, del que fue presidente local. [27]
Es el propio Balcells quien en 1815 se titula «primer ayudante, que ha sido, de la misma facultad en los reales exércitos». [28] En 1820 cambia algo el texto, para decir «nacionales egércitos», [29] y en 1835 se aplica el título de «Primer Ayudante honorario de Farmacia de los Reales Ejércitos, cuyo empleo desempeño, como efectivo ene la guerra de la independencia». [30]
En 6 de abril de 1820 juraba la Constitución en el Colegio de Farmacia de Santa Victoria, [31] con palabras ciertamente inflamadas. Este mismo año abría farmacia en la Carrer Gignàs, de Barcelona, considerada a efectos contributivos como de sexta clase. En 1821 era el vicepresidente de la «Asociación Farmacéutica de Barcelona», [32] corporación que sostenía «el producto y la aplicación de las ideas generosas con que se inauguró el movimiento nacional de 1820, desapareciendo en 1823 con las instituciones del Gobierno representativo». [33] También perteneció este mismo año, juntamente con Agustín Yánez, al Ayuntamiento Constitucional de Barcelona, nombrado Vocal de la Junta Municipal de Sanidad, por ser ambos «dos Farmacéuticos ilustrados en todas las ciencias auxiliares». [34]
De reconocidas ideas absolutistas, Balcells se diferenciaba políticamente de los otros tres catedráticos –Yáñez, Fors y Balvey- del Real Colegio de Santa Victoria, ya que éstos eran liberales. [35]
Cuando en 1823 entraron en España los Cien Mil Hijos de San Luis, Balcells hubo de huir de Barcelona [36] y sus bienes fueron confiscados por las autoridades de la ciudad. El 11 de junio de 1823 se presentó ante la Regencia del Reino, la cual, acordó con la Junta Gubernativa de Farmacia, la asignación de una cátedra en el «Real Colegio de Farmacia de San Fernando», de Madrid. Posteriormente, el 10 de marzo de 1824, obtenía Balcells tres cátedras que habían quedado vacantes por separación de los titulares por S. M. [37]
Balcells volvió a Barcelona en 1825. [38]
Por su significada actuación, el Rey, después del 27 de febrero de 1826, le concedió honores de «Primer Ayudante de Farmacia del Ejército».
Muchos años después de la guerra napoleónica [39], según cita el «Primer Ayudante de Farmacia en el ejército de operaciones contra la invasión de Bonaparte», añade que «se distinguió sobremanera por el celo, desinterés y pericia con que ejerció dicho cargo por espacio de unos dos años».
El 13 de junio de 1843 firma junto a otros, en el Colegio de Santa Victoria, el acta de sublevación contra Espartero en Barcelona. [40]
El 24 de diciembre de 1852, Balcells fue nombrado Decano de la Facultad de Farmacia de Barcelona, ocupando el decanato por fallecimiento de Tomás Balvey, el 26 de noviembre del mismo año. [41]
Balcells fue autor de múltiples trabajos y publicaciones, localizables en los textos citados en este pequeño esbozo biográfico.
Balcells falleció el día 1 de junio de 1857, a los 80 años.
JUAN AMETLLER Y MESTRES [42] era hijo de Ignacio Ametller y Oliu, boticario que ya en 1730 tenía establecimiento abierto en la plaza del Ángel. Fue en esta farmacia en la que Juan Ametller practicó el arte del boticario, desde el 10 de marzo del 1762 hasta el 28 de febrero de 1765. [43]
Ingresó en el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona, el 19 de febrero de 1766. [44]
De su matrimonio con Rita Ros, nació Juan Ametller y Ros. [45]
Juan Ametller y Mestres, a los 25 años, abrió farmacia en la plaza de la Llana, en la esquina de Bòria, en 1771; y no volveremos encontrarle hasta fines de 1814, ahora registrado en el Catastro, en un farmacia de la plaza del Ángel. ¿Será esta la farmacia que tras la muerte de su padre, dirigiría su hermano Ignacio, muerto el 30 de enero de 1804? Es posible. El 29 de mayo de 1808, Juan Ametller solicita permiso para realizar obras en su casa de «la Plazuela del Ángel».
Ametller fue también «Boticario Honorario de Cámara de S. M.» y catedrático de química, pensionado. [46]
En 1811, en plena guerra del francés, se sabe que la farmacia de Joan Ametller cotizaba de contribución 111,30 francos. [47]
En 1820, en la botica de la plaza del Ángel, número 5, de Barcelona, se encontraban el doctor Juan Ametller y Mestres y su hijo, Juan Ametller y Ros, ambos en la misma materia farmacéutica, considerada en junio de este año, como farmacia de quinta clase. [48]
Más datos sobre Juan Ametller y Mestres, figuran en nuestra tesis doctoral. [49]
LUIS YÁÑEZ Y ROVIRA, natural de Villafranca del Penedès, ingresó en el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona, el 8 de julio de 1777, y en 1780, a los 32 años era titular de la farmacia de la calle Escudillers, que había sido antes de Francisco Horta.
El 14 de octubre de 1776 había actuado como Procurador del Colegio de Médicos, Boticarios y Cirujanos de Tarragona, en un litigio con relación a las visitas de inspección que habían de ser efectuadas a ciertos boticarios de Tarragona, con la intención de ahorrarse el Colegio el pago de las tasas correspondientes; cuestión ésta, ya tratada por nosotros en otras ocasiones. [50] Encontramos otros datos sobre Luis Yánez, padre del célebre Agustín Yánez y Girona, en nuestra tesis doctoral. [51]





[1] MERCADER, J.: Els Capitans Generals (Barcelona, 1963), 181 pp; pág. 174.
[2] MERCADER RIBA, J.: Barcelona durante la ocupación francesa (Madrid, 1949), 527 pp.; p. 186.
[3] A. H. M. B.: Historia de las conspiraciones tramadas en Cataluña contra los Exércitos franceses. (Barcelona, 18139, t.1, «Informe Al Excelentisimo Señor General en Gefe, Conde de Caen», pp. 65-80.»
[4] Idem.; p. 17.
[5] Ver Anexo I.
[6] Según su hijo, no hizo de farmacéutico porque le habían nombrado Comisario de Marina del Masnu, Vilassar y Premiá (Ver: Historia de las conspiraciones, «Interrogatorios»; pp. 57 y 69.
[7] Historia de las Conspiraciuones. «Informe al Excelentisimo...»; p. 101.
[8] Idem.
[9] Juan Ortiz, «boticario Mayor del exército de los enemigos». El 21 de mayo de 1813, las autoridades se reservaban de decir el que procedía hacer con él, ya que formaba parte de grupo de los abstencionistas (Ver: Historia de las Conspiraciones. «Informe sobre las conspiraciones relativas a la mina y al envenenamiento; p. 47.)»
[10] Idem.;. p. 19.
[11] Idem.; p. 21.
[12] Ver Anexo II.
[13] A. H. M. B.: Política y Reales Decretos, 1812 (a), s/f.
[14] Ver el Anexo III.
[15] Polisulfuro cálcico-hiposulfito líquido. Quintisulfuro cálcico hiposulfato líquido. Sulfuro sulfurado de cal, líquido. Hígado de azufre calcáreo líquido. Sulfuro calcico líquido. Hidrosulfato de cal. (Ver: FORS Y CORNET, R.: Tratado de Farmacia Operatoria, T. II (Barcelona, 1876), 1317; p. 227.)
[16] Acido agallico (Ver: Diccionario de Farmacia del Colegio de Farmacéuticos deMadrid (Madrid, 1865), T. I, 974 pp.; p. 48.
[17] Ácido clorhídrico-Ácido muriático.
[18] Cloruro mercúrico- Murias hidrargírico corrosivo.
[19] Tártaro emétic-Tartras potasico y antimonio.
[20] Cyanuretum potasii.
[21] L’esmentat sabó verd és sabó de calidad inferior, preparadode cánem y coure. De consistencia blanda y de color desagradable.
[22] Gas sulfídrico-Ácido sulfidrico.
[23] JORDI GONZÁLEZ, R.: «Mancebos boticario sen el Principado de Cataluña durante el siglo XVIII». Anales de la Real Academia de Farmacia (Madrid, 1971), 525; 616;p. 567.
[24] ELÍAS DE MOLINS, A.: Diccionario Biográfico y Bibliográfico de escritores y artistas catalanes del siglo XIX. (Barcelona, 1889). T. I, 68 páginas; p. 222.
[25] ELÍAS DE MOLINS, A.: ob. Cit.; p. 222.
[26] CHIARLONE, Q. / MAILLAINA, C.: Historia de Farmacia (Madrid, 1865), 2ª edic. 964 pp.; p. 577.
[27] La Botica, I (1853), 8; p. 115.
[28] BALCELLS CAMPS, J. A.: Oración inaugural,23 octubre 1815.
[29] BALCELLS CAMPS, J. A.: Oración inaugural,1 octubre 1819.
[30] BALCELLS CAMPS, J. A.: Discurso inaugural, 1 octubre 1835.
[31] GÓMEZ-CAAMAÑO, J. L.: Historia del Real Colegio de Farmacia, de San Victoriano (Gerona, 1958), 216 pp.; pp. 34-35.
[32] Guía de Forasteros de Barcelona, para el año 1821. p. 191.
[33] YÁNEZ Y GIRONA, A.: «Elogio histórico del Dr. Francisco Javier Bolós Germá de Minuart». La Botica, I (1853), 12; p. 191.
[34] A. H. M. B. Político y Rep., 1821, T. I; fº. 208 vº.
[35] GÓMEZ-CAAMAÑO, J. L.: Ob. Cit.; p. 69.
[36] Idem.; p. 50.
[37] CHIARLONE, Q.-MALLAINA, C.: Ob. Cit.; p. 579.
[38] FOLCH ANDREU, R.: Elementos de Historia de la Farmacia (Madrid, 1923), 723 pp.; p.573.
[39] La Botica, I (1853),8; p. 115.
[40] GÓMEZ-CAAMAÑO, J. L.: Ob. Cit.; la p. 176.
[41] La Botica, I (1853),8; p. 115.
[42] Ameller o Ametller.
[43] JORDI GONZÁLEZ, R.:Ob. Cit.; p. 566.
[44] A.H.M.B.: Catastro 1766.
[45] JORDI GONZÁLEZ, R.: «La limpieza de sangre en el Colegio de Boticarios de Barcelona». Circular Farmacéutica, XXIX (1971), 232; 157:184 pp.; p. 182.
[46] A. H. M. B.:Obrería, Caja 75.
[47] A. H. M. B.:Guerras, leg. 230.
[48] A. H. M. B.: Caja de documentos sueltos del Catastro.
[49] JORDI GONZÁLEZ, R.: «Relaciones de los boticarios catalanes con las instituciones centrales», Circular Farmacéutica (1973), 238; 83 y 106.
[50] JORDI GONZÁLEZ, R.: «Una visita de boticas en Cataluña. Año 1774». Anales de la Real Academia de Farmacia (Madrid, 1967), 2; 249: 348 pp.; pp. 315 y 316.
«Relaciones de los boticarios catalanes con las instituciones centrales», Circular Farmacéutica (1973), 238; p. 51.
[51] JORDI GONZÁLEZ, R.: «Relaciones de los boticarios catalanes con las instituciones centrales», Circular Farmacéutica (1973), 238; 81, 82, 86, 99, 101 y 106.