En la bahía de Santander destaca una península que domina la amplia rada y en cuya costa se alternan pequeñas ensenadas, amplias playas y acantilados escarpados. En el periodo que nos ocupa la ubicación de la ciudad y puerto al sur imposibilitaba un bombardeo naval desde el norte, al impedirlo los espaldones naturales formados por las elevaciones en sentido este-oeste del Arichi y del Alta; pero aquí acababan las ventajas desde el punto de vista de su defensa, pues Santander tenía un problema irresoluble en su frente de tierra, constituido por un ancho istmo de casi 3 kms. abierto al oeste, lo que convertía a la península santanderina en indefendible a no ser que se empleara una guarnición compuesta por miles de soldados y numerosa artillería (du côté de terre elle n’était pas susceptible de défense, à moins qu’on y laissât beaucoup de troupes[3]).
Aunque el general Rouget resumió perfectamente la cuestión con su frase Santander est un port et une place qu’on ne peut pas militairement défendre[4], Napoleón había mostrado en noviembre de 1808 su predilección por la ciudad, gran punto para Europa y para nuestras operaciones. Sus ventajas eran estratégicas (establecía con Reinosa una línea que permitía controlar toda la provincia y el acceso al interior de España), económicas (era un puerto marítimo destacado con una pujante clase comerciante) y político-administrativas (se trataba de un núcleo urbano importante y además la capital de la provincia)[5].
Ahora bien, ¿cómo defender eficazmente la plaza? Antes que empeñarse en crecidos gastos que de poco servirían si los aliados atacaban decididamente el frente de tierra, Soult optó por establecer una defensa avanzada dispuesta en dos líneas concéntricas: una lejana mediante puestos en Aguilar de Campoo, Reinosa y Torrelavega -además del apoyo que en caso de necesidad podrían prestar por el este las guarniciones de Bilbao, Castro Urdiales y Santoña[6]- y otra más inmediata con destacamentos en Somo, Peñacastillo, el puente de Solía, Puente Arce y Liencres[7].
Pero ello no quería decir que no se ejecutaran obras de fortificación en la propia península santanderina. En el frente marítimo eran necesarias para conjurar la posibilidad de que navíos británicos desembarcaran tropas tanto en el norte como en el este, o de que penetraran en el interior del abra. Por ello, tanto con la ocupación napoleónica como bajo el mando aliado, el esquema fortificador mantuvo el existente en la segunda mitad del XVIII, caracterizado por la proliferación de baterías, la mayor parte de campaña y de escasa entidad, entre las que destacaban al norte la de San Pedro del Mar, al este las de Cabo Menor, San Juan Bautista y Hano sobre la amplia concha del Sardinero, y al sur las de La Cerda, San Martín y San Felipe para cubrir la entrada a la bahía y puerto.
Esa disposición defensiva podía ser eficaz ante un ataque bien por parte de piratas o corsarios, bien de una tropa embarcada no muy numerosa que -ayudada por la sorpresa-, quisiera realizar una breve incursión de saqueo en la población, pero sería ineficaz ante un ejército dispuesto a ejecutar un ataque sistemático. Respecto a sus características morfológicas, estas fortificaciones respondían a los modelos vigentes en las décadas anteriores, contando con cuartos para la tropa y comandante, almacén para la pólvora, cubierto para los cañones, plataformas enlosadas y baterías a barbeta rebajada o con cañoneras (éstas menos frecuentes); como es lógico suponer en los casos en los que fue posible se aprovecharon las estructuras preexistentes[8].
Lo realizado por los franceses en San Martín para hacer frente a las nuevas exigencias bélicas nos da una idea de las modificaciones introducidas en las baterías costeras santanderinas: se cerró la gola con un muro aspillerado y un rastrillo, y se rodearon los edificios con un foso; también se debió reparar el parapeto de mampostería a barbeta, que adolecía de escaso espesor (sólo 75 cm) a pesar de su poca elevación sobre el nivel del mar.
Lo mismo se hizo en San Pedro del Mar, cerrándose la batería con la construcción de sendas alas en sus costados y con la erección de muros aspillerados en el oeste, sur y este. El antiguo “castillo” de San Salvador de Hano, en la península de La Magdalena, siguió siendo uno de los principales baluartes del sistema defensivo marítimo, por lo que también se benefició de obras de mejora, aunque desconocemos el alcance de las llevadas a cabo en 1810 y 1812[9]. También se acometió la reparación de la batería y tinglado de San Felipe, en el interior del puerto, pero ante la urgencia del caso tampoco se realizó presupuesto ni se sacó la obra a remate[10].
En el frente de tierra, la presencia gala incluirá la novedad de afrontar una mínima defensa del istmo con algunos reductos artillados en las alturas que dominaban el casco urbano, con el objetivo de impedir (o al menos entorpecer) que los enemigos se hicieran dueños del Alta, pudiendo así cañonear a placer el casco urbano y los muelles: destacan los del Molino de Viento (en La Atalaya, cerca de la antigua ermita de San Sebastián) y Pronillo. La endeblez del sistema se puso de manifiesto cuando en los últimos días de dominio francés un ataque anglo-español tomó la batería de Hano y avanzó por el Alta hacia La Atalaya y Pronillo[11].
La vieja muralla medieval, que aún conservaba una parte apreciable de su discurso, fue sin duda aprovechada en este intento de proteger Santander de un golpe de mano, aspillerándose algunos tramos para la fusilería y levantando nuevas puertas donde habían desaparecido. Del mismo modo, se tendió una línea de baterías entre Pronillo e Igollo de Camargo para proteger el camino de Reinosa, vital para sus intereses.
A finales de 1810 el Comandante de la plaza de Santander Patureau dispuso la realización de varias de estas obras de fortificación, para lo que solicitó fondos al corregidor Bonifacio Rodríguez de la Guerra; desgraciadamente, se ha extraviado (quizá fue extraída del expediente para incorporarlo a otro) la lista de las obras[12], aunque sabemos que se llevaron a cabo al menos en la posición del Molino de Viento[13].
Del reducto en Pronillo tenemos noticias ya en junio de 1809, cuando el aide-de-Camp solicitó al Alcalde Mayor dos jarros para agua con sus correspondientes platillos para Pronillo[14]. Para su construcción se acudió a la requisa de materiales (algo habitual bajo la ocupación napoleónica y en general en cualquier situación extrema), a la prestación obligatoria de servicios personales y a la contratación de oficiales y peones a los que luego no se pagaban sus jornales[15].
Pero en agosto de 1811 hubo de recomponerse y reforzarse esta sencilla obra defensiva, para lo que conminaron al maestro Arquitecto aprobado por la real Academia de San Fernando y titular de esta ciudad de Santander José de Alday Fernández a presupuestar un tinglado de madera y teja de quarenta pies de largo, y diez, y ocho pies de ancho; con la Altura de doze pies, por los dos Aleros, y de diez, y seis pies por el cumbre para el vertiente de las Aguas[16].
En noviembre de 1811 se decidió adosar a este tinglado un cuartel de 109 pies de largo y 23 de ancho, con tres puertas y seis ventanas; en el punto que señalara el Comandante de las Armas se debería hacer una dibision de ladrillo a media altura para dejar separado el quarto del oficial de con la tropa, colgadores para los fusiles y mochilas y tarimas de madera alrededor de las paredes para el descanso de la tropa[17]. Juan de la Fuente fue el rematante de la obra por 4.500 reales de vellón, si bien al poco de comenzar los trabajos descubrió los peligros de trabajar en tiempo de guerra: los franceses habían exigido su ampliación hasta los 134 pies de largo para meter una amplia cocina y otras cosas; además, se ordenaba a sus operarios realizar otras obras de fortificación, serrar viguetas para la artillería, etc.[18]
Para la defensa del Alta era preciso asegurar una rápida y eficaz comunicación de Pronillo con el Molino de Viento, lo que exigía disponer de una calzada adecuada para el paso de caballos, carruajes y artillería; ello obligó a empedrar la existente, que estaba muy deteriorada. Alday estableció en diciembre de 1811 las condiciones para reedificar numerosos tramos de dicho camino, de una anchura media de 13 pies y que debía vencer repechos, baches y hundimientos del terreno[19]; la obra se concluyó en febrero de 1812 con un coste (piedra aparte) de 1.500 reales[20].
De cualquier modo, era una temeridad pretender oponerse a un ataque en regla, y por ello cuando los aliados avanzaron hacia Santander la resistencia no fue notable. En julio de 1812 la flota inglesa tomó la isla de Mouro, donde emplazó tres piezas que apoyaron los disparos de la escuadra para atacar duramente las baterías de La Magdalena, tomando primero la de Hano y expugnando a continuación las siguientes de La Cerda y San Martín[21].
Tras asentarse en la ciudad, el comodoro Home Popham (virtualmente su nuevo Gobernador Militar) avaló las virtudes del puerto para ser receptor y distribuidor de los efectos que para el VII Ejército se enviaban desde Inglaterra. Santander ocupó entonces un papel destacado en la estrategia del ejército liberador, que empleó sus instalaciones como depósitos de guerra y plazas de aprovisionamiento de la costa norte junto a La Coruña y Bilbao[22]. Pero el esfuerzo requerido por los liberadores fue tan duro como el sufrido durante la dominación francesa: alojamientos, impuestos, subsistencias, raciones, bagajes, prestaciones personales… abrumaron a los vecinos sin que sirvieran de nada las protestas de los capitulares.
Popham ordenó desmantelar parte de las fortificaciones del frente de tierra y, para proteger aún más el puerto y fondeadero, emplazar en las baterías costeras dieciséis cañones de a 36 libras[23], pero para colmo de males decidió en los últimos días de octubre de 1812 reconstruir el sistema defensivo que él mismo había ordenado desmantelar los primeros días de su desembarco, lo que acarreó nuevos esfuerzos y gastos a los vecinos. Concretamente, hubo que desocupar el convento de Santa Cruz para ponerlo en defensa haciendo una muralla que se comunique con el mismo hospital, y derribar algunas casas que incomoden á las defensas[24].
La arrogancia del comodoro era evidente, e incluso en dos días aumentó sus exigencias: ya no se trataba sólo de proteger la comunicación de la actual calle Alta, sino que ahora había que construir un reducto en el molino de la abra, y otro pequeño sobre el camino que sigue del Hospital; las obras las dirigiría el Maestro Mayor de Santander (ahora Comandante accidental de las Armas), como que es inteligente y practico[25]. Aquello que en un primer momento le pareció inútil ahora le parecía imprescindible, hasta el punto de afirmar que si no estuvieran hechas en caso de ataque se retiraría inmediatamente de la plaza, ya que ahora con cien hombres podria el enemigo destruir la ciudad[26].
La corporación municipal se negó a estas exacciones, alegando que dichas defensas no servirían de nada ante un ataque (según se comprobó con la llegada de las fuerzas aliadas), que precisamente esas murallas ya existían y fueron destruidas por las tropas inglesas y españolas al apoderarse del casco urbano, y que en todo caso debían ser sufragadas por la Diputación Provincial, no por la ciudad[27].
El general Gabriel Mendizábal, jefe del VII Ejército y de las tropas que sitiaban Santoña, medió en la disputa enviando a su Comandante de Artillería y al segundo Jefe de su Estado Mayor para que, junto con Popham, reconocieran el terreno y propusieran las obras más imprescindibles a realizar[28].
En realidad, la preocupación de los dirigentes aliados por la puesta en defensa de su principal punto en la costa de la provincia estaba plenamente fundada, ya que los imperiales no pensaban darse por vencidos en el norte, como probó el mantenimiento de la plaza fuerte de Santoña[29], desde la que se enviarían varias expediciones; la primera de ellas sucedió en enero de 1813, siendo su objetivo Santander y permaneciendo en ella diez días[30], lo que obligó a Popham a reforzar una vez más las fortificaciones que tan poco útiles se habían revelado en los últimos meses[31].
Como conclusión, podemos decir que Santander tenía graves inconvenientes orográficos para poder articular un sistema defensivo eficaz. En este sentido, la presencia napoleónica durante cuatro años se debió más al control del territorio circundante mediante el establecimiento de las defensas adelantadas ya comentadas (en aplicación de una idea lógica reformulada con posterioridad por ingenieros militares como Ramón Calbet[32]) que en las posibilidades que la península santanderina ofrecía para una defensa exitosa.
Y es que, como repitieron machaconamente multitud de estrategas e ingenieros militares se contravenía una de las máximas de la fortificación, ya que desde que la experiencia ha hecho ver las grandes ventajas del ataque sobre la defensa, y que no hai plaza alguna que pueda hacer larga resistencia contra un enemigo empeñado en su rendición, los más hábiles Maestros en el arte de la guerra han reconocido los inconvenientes, que hai en acumular sin discernimiento obras sobre obras, y en que las ventajas del arte no estén ayudadas por las de la naturaleza[33].
[1] Extraído de “El haz y el envés. La fortificación francesa de Santoña y Santander durante la Guerra de la Independencia”, Actas del III Congreso de Castellología Ibérica, Guadalajara 2005, pp. 915-930.
[2] A diferencia de la de Santoña, apenas se posee documentación de las fortificaciones de la plaza de Santander entre 1808 y 1812, salvo las referencias (muchas indirectas aunque de gran valor) del Archivo Municipal de Santander (AMS); extrañamente, el Service historique de l’armée de terre (SHAT) no conserva en su Article 14 -section Places Étrangères (PE)-, ni un solo documento o plano de la bahía santanderina.
[3] Carta de Soult a Berthier, en respuesta a la orden de redactar una memoria sobre la defensa de la ciudad. San Vicente de la Barquera, 25-XI-1808, en BALAGNY, Commandant, Campagne de l’Empereur Napoléon en Espagne (1808-1809), París-Nancy 1903, t. II (Tudela-Somosierra-Madrid), pp. 191-192.
[4] Observations Sur les ports de Santoña, Santander et du Passage, informe firmado en París el 11-VII-1811 y realizado por el enviado imperial jefe de escuadrón caballero de Galbois. SHAT, PE, 376, 5.
[5] Sobre la importancia para el invasor del control de la red urbana, véase LAFON, Jean-Marc, “Les fortifications napoléoniennes en Espagne (1808-1814). Innovations tactiques, impasse stratégique?”, Revue du Souvenir Napoléonien 439, [en línea]: www.napoleon.org/fr/salle_lecture/articles/files/ fortifnap_esp_lafon.asp
[6] Carta de Soult a Berthier. San Vicente de la Barquera, 25-XI-1808, en BALAGNY, Commandant, 1903, II, pp. 191-192.
[7] BALAGNY, Commandant, 1903, t. II, pp. 175 ss. La situación exacta de las tropas francesas en Cantabria en 15-XI- 1810, 15-I-1811, 1-I-1812 y 15-VI-1812, en SHAT, série C (Premier Empire), sous-série 8 (Armée d’Espagne), carton 389.
[8] PALACIO RAMOS, Rafael, Por mejor servir al Rey. El entramado defensivo de Santander (siglos XVI-XIX), Santander 2005, p. 205.
[9] AMS , leg. A-55, doc. 1. En julio de 1812 la Prefectura hizo público llamamiento a todos los que hubieran aportado jornales o materiales para la obra del fuerte de Ano: Sesión de la corporación municipal de 18-VII-1812. AMS, Pleno 24, nº 2, fols. 56v.-57.
[10] Santander, 7-III-1811. AMS, leg. A-51, doc. 24(1).
[11] GÓMEZ RODRIGO, Carmen, “Ayuda inglesa a Santander en la Guerra de la Independencia”, en VV.AA., XL Aniversario del Centro de Estudios Montañeses, t. I, Santander 1976, p. 403.
[12] AMS, leg. A-51, doc. 30.
[13] En junio de 1810 el Prefecto reclamó cuentas sobre obras de fortificación. AMS, leg. A-55, doc. 1.
[14] Nota de 28-VI-1809. AMS, leg. A-41, doc. 88.
[15] PALACIO RAMOS, Rafael, 2005, pp. 110-111.
[16] Puntual razon que doy yo Dn Joseph de Alday, al Cavallero Comandante de las tropas Francesas que guarnecen esta Plaza de los Materiales de Madera y teja necesaria para la construccion de un tinglado…, de 28-VIII-1811 (con Vº Bº de Rouget al pie). AMS, leg. A-52, doc. 66(2).
[17] Condiciones para la obra de carpinteria y albañileria necesaria para el quartel que se esta construyendo en la fortificacion de la alta de Pronillo de orden del Excmo. Sr. Gral. y Comandante de esta Plaza y Probincia de Santander a las que se arreglara el Maestro ajustante, 3-XI-1811. AMS, leg. A-52, doc. 66(3).
[18] De la Fuente reclamó entonces al Ayuntamiento el pago de estas mejoras, en escrito de 20-XI-1811. AMS, leg. A-52, doc. 66(4).
[19] Condiciones para la redificacion de la Calzada del Molino de Viento que se dirije á la Fortificacion del nuevo fuerte de la alta de Pronillo, a las que se arreglarà el maestro ajustante, por José de Alday, Santander 11-XII-1811. AMS, leg. A-52, doc. 81.
[20] Sesión de la corporación municipal de 5-II-1812. AMS, Pleno 24, nº 2, libro 2199, fol. 18.
[21] SIMÓN CABARGA, José, Santander en la Guerra de la Independencia, Santander 1968, pp. 226-227. Esta solución de reforzar los fuegos del frente marítimo con los de algunos buques de guerra también la adoptaron los franceses en junio de 1809 (id., ibid., p. 156).
[22] GÓMEZ RODRIGO, Carmen, 1976, p. 397.
[23] Sesión de la corporación municipal de 20-X-1812. AMS, Pleno 25, nº 1, fol.109.
[24] Informe de Juan Antonio López, comandante accidental de las Armas de Santander, leído en la Sesión de la corporación municipal de 3-XI-1812. AMS, Pleno 25, nº 1, fol. 123.
[25] Juan Antonio López traslada órdenes del comodoro Popham sobre fortificaciones a realizar. Santander, 3-XI-1812. AMS, leg. A-66, doc. 60.
[26] Sesión de la corporación municipal de 31-X-1812. AMS, Pleno 25, nº 1, fol.119.
[27] Sesión de la corporación municipal de 4-XI-1812. AMS, Pleno 25, nº 1, fols.123v-124.
[28] Sesión de la corporación municipal de 17-XI-1812. AMS, Pleno 25, nº 1, fol.132. Respuesta de Mendizábal desde Bilbao, el 10-XI-1812, en AMS, leg. A-67, doc. 29(2).
[29] MURIEL HERNÁNDEZ, Manuel y CUESTA DOMINGO, Mariano, “Noticias sobre Santander y su entorno en la prensa periódica durante la Guerra de la Independencia”, La Guerra de la Independencia (1808-1814) y su momento histórico, vol. I, Santander 1982, p. 256.
[30] Casi exclusivamente para realizar exacciones. Sesión del Ayuntamiento de Santander de 22-I-1813. VAQUERIZO GIL, Manuel y RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Agustín, “Archivo Municipal de Santander. Documentación sobre la ocupación francesa de Santander (1808-1814)”, La Guerra de la Independencia (1808-1814) y su momento histórico, vol. II, Santander 1982, p. 852.
[31] SIMÓN CABARGA, José, 1968, p. 241.
[32] Direccion de la Subinspeccion del Rl Cuerpo de Yngenieros de Castilla la Vieja. Relacion en que se manifiesta el estado de las Fortificaciones de la Costa de Cantabria, así como los conocimientos y observaciones hechas en su visita de Direccion, practicada ultimamente, por Ramón Calbet y Morenés. Valladolid, 1-III-1830. Biblioteca Municipal de Santander, sección Fondos Modernos, ms. 331.
[33] LLORET PIÑOL, Marc, “La defensa de la isla de Mallorca en un informe del ingeniero militar Miguel Gerz, 1774”, [en línea]: Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales, nº 323, 12 de noviembre de 2001, ISSN 1138-9796. <www.ub.es/geocrit/b3w-323.htm