LA COMARCA RIBADENSE EN LA GUERRA DE INDEPENDENCIA
Por Juan Ramón Fernández Pacios

Este trabajo surge como resultado de la lectura de un interesante artículo publicado en su página web con el título Melchor Díaz de la Rocha: El alcalde de Sante, su autor es Xoán Ramiro Cuba Rodríguez y la traducción del gallego es obra de Ismarro de la Rocha.

En el mencionado artículo he observado una serie de pequeños errores históricos que creo que hay que corregir. Errores ya no tanto atribuibles al autor sino más bien a las fuentes que utiliza.

Los historiadores de principios del XX, siguiendo la tradición de los de fines del XIX, pecaron siempre de un exagerado nacionalismo patriótico lo que les llevó a elevar a grandiosa hazaña bélica lo que en realidad era un pequeño conato de combate. Así la lectura de autores como Pardo de Andrade, Amor Meilán, Vázquez Seijas puede resultar interesante, amena e incluso educativa, pero hay que tener en cuenta que los datos que aportan, en algún caso, como es éste, son exagerados en demasía.

Intentaremos dar una nueva versión cronológica de los hechos que se acerca un poco más a la verdad.

Situémonos, para empezar, en la capital de la antigua provincia mindoniense, Mondoñedo. La fecha el 24 de enero de 1809, la ciudad se ha rendido a las tropas del general François Fournier y empleando la mencionada ciudad como base de operaciones parten de ella las tropas que deben tomar las ciudades más importantes, Ribadeo cae al día siguiente, Viveiro el día 28.

A Ribadeo llegaron 150 soldados acompañando al general Fournier. La Junta Municipal, creada el 9 de junio de 1808, acude a recibirle y acata de manera resignada las primeras órdenes del general, que como se verá en otras poblaciones importantes, consistieron en la exigencia de raciones para alimentar el ejército, el juramento de fidelidad al nuevo rey y el acantonamiento provisional de las tropas francesas. Fournier, como hizo Marssan en Viveiro, eligió un monasterio, si en Viveiro fue el de los franciscanos, aquí será el de las clarisas. Francisco Lanza nos lo cuenta de la siguiente manera “estableció su cuartel en el convento de Santa Clara, obligando a las monjas a salir de su retiro y refugiarse en casas particulares [1], otro autor, en este caso Antonio Pérez Martínez, nos relata el mismo hecho de una forma distinta “ reciente estaba aquel memorable día en que las religiosas de Santa Clara vieran abrirse estrepitosamente las puertas de su clausura para dar paso a la profanación y al sacrilegio, que entraban y a la Comunidad, que humildemente salía a instalarse en la señorial casa que ocupan actualmente las oficinas de la Aduana principal y que generosamente pusiera a disposición de las monjas el noble dueño de la misma y miembro dignísimo de la dicha Junta de Gobierno, Don Pedro Miranda Villamil. El amplio edificio del convento había sido convertido por los franceses en cuartel, hospital y caballerizas”. [2] Como se puede comprobar es el mismo hecho sólo que uno tratado de forma aséptica, histórica podríamos decir, mientras que el otro es una visión partidista, que posiciona al posible lector en un bando. Y aunque no negamos en ningún momento que las tropas francesas hayan cometidos excesos, creemos firmemente que estos no han sido tanto como nos han contado.

Si en Viveiro el detonante del levantamiento popular fue el juramento de fidelidad al nuevo rey en Ribadeo, por el contrario, no existió tal levantamiento. No hasta que las fuerzas españolas se sitúen en Castropol. La presencia de estas tropas provoca la entrada en Ribadeo de un numeroso grupo de civiles armados. Lo que en un principio eran tropas salvadoras se convirtieron al instante en represores y saqueadores. Atacaron las casas de los miembros de la Junta Municipal, a los que acusaban de ser partidarios de los franceses. Después de apropiarse de un cuantioso botín dieron caza al Marqués de Sargadelos, don Antonio Raimundo Ibáñez, al que acusaban de que en su fundición se fabricaban las cadenas con las que los franceses les iban a llevar presos. Defendiéndole morirá junto a él Ramón Trillo, soldado de la cuarta compañía del batallón de Navarra. Francisco Lanza nos relatará como arrastraron el cuerpo de Ibáñez, al que desnudaron y abandonaron en la calle. En la partida de defunción no se hace mención alguna a la muerte violenta del marqués, tan sólo se nos dice que murió sin testamento. No terminaron ahí las desgracias de la familia Ibáñez, pues la esposa del marqués será llevada presa a Castropol, donde poco tiempo después encontrará la muerte.

Ese es el momento que aprovecha el alcalde de Sante para atacar al enemigo francés, para ello cuenta con el apoyo de un grupo de unas 200 personas “armados de escopetas, hoces, chuzos y herramientas agrícolas, se reunieron para defender el camino (...) cortándole el paso a Fournier que regresaba con sus tropas de Ribadeo a Mondoñedo”. [3] Cifra el mencionado artículo el número de muertos en “19 soldados franceses y los heridos fueron numerosos”, para lo cual se basa en Amor Meilán, aunque también hace referencia al dato aportado por el profesor Barreiro Fernández, quien utiliza como base una relación de la época, en la que el número total de muertos franceses en este combate habría sido de 60 soldados y 25 caballos muertos.

Francisco Lanza, bebiendo de Amor Meilán, afirma que una vez que Fournier consigue los refuerzos reclamados ataca el Puente de Arante “logrando solamente entonces los franceses volver a Ribadeo, matando a los inermes, entre ellos una mujer y un viejo de 80 años”. Esta afirmación del señor Lanza no se corresponde del todo con la realidad ya que en los libros de defunción de la ciudad de Ribadeo entre las fechas 7 de febrero y 25 de marzo tan sólo nos encontramos a los siguientes difuntos:

7 de febrero de 1809, un soldado francés.

8 de febrero de 1809, José Díaz.

25 de marzo de 1809, un soldado francés.

Como vemos es un número muy pequeño de bajas como para afirmar que los franceses entraron a degüello en la ciudad. Si el lector está pensando que tal vez los muertos no fuesen de Ribadeo, debo decir que en ese caso serían enterrados en la propia ciudad, y por lo tanto serían anotados en el libro de defunciones.

Realmente fue en las parroquias aledañas a Ribadeo donde más virulenta será la represión francesa, así nos encontramos con los siguientes muertos:

3 de febrero de 1809:

Juan Díaz del Vilar, enterrado en Cubelas “sin sacramento alguno por haver muerto de fusilazos por los franceses”. [4]

4 de febrero de 1809:

Manuel Rodríguez da Ajilde, casado en San Mateo de Vidal, “murio repentinamente de un sablazo de los franceses”, es enterrado en Cubelas.

5 de febrero de 1809:

Simón Rodríguez, vecino del lugar de Esfolado, parroquia de Cubelas, murió repentinamente a manos de los franceses, por la misma causa y en el mismo día se anotan los siguientes vecinos de Cubelas, Antonio Martínez, Pedro López de Palmeiro y a don Francisco Villapol.

Con la misma fecha, pero esta vez en la parroquia de Cedofeita, se entierra a Pedro López, “muerto por los franceses, de resultas del ataque de la puente en confines de esta parroquia”,[5] Ángela López y doña Josefa Soto, ambas muertas por los franceses de resultas del mencionado ataque.

16 de febrero de 1809:

Isidro Yañez, vecino del lugar de Pacios, parroquia de Abres. En su partida de defunción se nos dice que fue enterrado tan sólo con el oficio de sepultura “por estar privado el paso del rio para aquella parroquia a causa del enemigo que en tales circunstancias infestaba estos pueblos”.[6]

Pedro Maseda, cabo 1º de las milicias de Mondoñedo, enterrado en la capilla de San Isidro, parroquia de Cubelas, que muriera “en el ataque verificado el dia cinco de febrero de 1809 contra los enemigos en el lugar del puente de Cubelas

Transcribimos ahora las palabras del cura párroco de Cubelas donde nos relata, desde su perspectiva, por lo tanto condicionada por la propia vivencia de los hechos, aquellos aciagos momentos de represión. Se encuentran estas palabras en el libro de Fábrica de la parroquia de Cubelas y que se puede consultar en el Archivo Diocesano de Mondoñedo.

Don Esteban Aenlle y Rocha Cura Parroco de la de San Vicente de Cuvelas en este Obispado, con la Maior Sumision representa a V.S.Y. que con motivo de haver arrivado porcion de tropa francesa a dicha Parroquia, y otros parajes, despues que robaron y saquearon, quanto el esponente tenia en su casa, llego a tanto la fiereza y perbersidad, de estos Enemigos que el dia cinco de Febrero, anterior de este año en seguida de el ataque que avian tenido en el lugar de Nuestra Señora de la Puente, inmediato a la referida Casa, de las muertes, y atrocidades que halli cometieron; quemaron aquella y quantos Libros y Papeles tenia suios y los que pertenecian a la Yglesia, sin poder salbarse alguno a causa, de tenerla rodeada ellos mismos hasta que ya el Fuego estava en su maior incremento pasandose a la Yglesia y franqueando, sus Puertas, rompiendo los cajones y roperos de ella, extrayendo el Copon y arrojando las Particulas Sagradas y llevando tambien dos Calizes con sus Patenas y Cucharas y los propio que suzediera con las restantes Alhajas y ropas a no haberlo ocultado, con bastante diligencia y estudio el que representa a quien con tal ynesperado catastrofe dejaron casi sin sentido pues andubo herrante por Montes y Peñas, receloso de que le quitasen la vida, porque heran incesantes las preguntas que por el hacian por manera Ylustrisimo Señor que no sabe que hazerse el esponente por la falta de los Libros de Bautismo, Casados y Muertos de los de la Fabrica, Maiordomias y Anniversarios: todo lo qual hubiera ya representado personalmente a no vibir con el espuesto recelo, de que en el dia, por misericordia de Dios, pareze esta livre y en consideracion a uno y otro rendidamente.

Suplica, a V.S.Y. se digne a dictarle lo que haya de practicar para remedio en lo posible de tantos males, pues se ofreze y promete a formar nuevos Libros, conforme a las noticias que adquiera de los feligreses mas ancianos y demas personas de buena voluntad”.

Resumiendo, cuando el general Fournier recibe los refuerzos necesarios acaba con la resistencia en el puente de Nuestra Señora de Arante, la que pudiese haber existido en las aldeas colindantes y entra, por segunda vez, en Ribadeo.

En el mencionado artículo se nos dice que don Melchor Díaz de la Rocha tras el ataque contra los franceses se refugiará, junto a su hermano, en la ciudad de Coruña. Es lógico pensar que esto es cierto. Suponemos que las tropas francesas estarían deseosas de encontrar y ajusticiar al cabecilla de la revuelta. Pero también en el artículo se nos da a entender que el protagonista de nuestra historia, don Melchor Díaz, vuelve al pueblo varios años después. Nosotros así lo entendemos. Si es esto lo que quiere afirmar el autor del artículo, debemos decir que no podemos estar de acuerdo ya que en un protocolo notarial del escribano Juan Díaz de la Rocha, podemos leer que Don José Díaz de la Rocha “capellan con residencia en el Real Castillo de San Felipe en la Ria del Ferrol” se ve imposibilitado de llevar, correctamente, las propiedades que la capilla de San Roque, sita en Ferrol, poseía en Sante. Para ello le otorga un poder a su primo, el mencionado Don Melchor, para que “como vecino que es de esta citada villa [7], se refiere a Sante, se encargue de cobrar las rentas y atender los bienes de esta capellanía. Esto ocurría el 10 de julio del año 1809.

Diez años más tarde el ex-alcalde Don Melchor Lavandeira y Villapol, en la causa seguida por la muerte de Melchor Barrio, implica a Don Melchor Díaz de la Rocha. Éste, ofendido en su honor, inicia pleito por calumnias contra el ex-alcalde. En el año 1838 aún continúa el mencionado pleito, pues Don Melchor Díaz, vecino de Sante y del lugar de ¿Santarredeiro?, otorga un poder a un procurador para que le defienda en la Audiencia de Coruña.

Terminaremos nuestro artículo diciendo que la familia de Don Melchor Díaz de la Rocha era una de las familias más importantes de Sante. En 1782 el cura párroco de Sante era don Domingo Díaz de la Rocha, y en los momentos de indisposición de éste, era sustituido por el presbítero don Francisco Díaz de la Rocha, quien llevaba a cabo las funciones de vicecura. Además de todo esto la parroquia de Sante, compuesta en ese año de poco más de 800 personas, era de patronato lego, perteneciendo una pequeña parte a don Juan Díaz de la Rocha, vecino de San Salvador de Santiso, quien era además el patrón de la capellanía de San Roque, inclusa en el colateral de la iglesia parroquial.

En 1829 era alcalde de Sante Don Manuel Díaz de la Rocha. También cuenta la familila con notarios, como es el ya mencionado Juan Díaz de la Rocha, quien en 1838 hace una repartición de bienes de la herencia de sus padres y dice “respetando la persona de su hermano Don Melchor, ausente en el servicio de armas”. Evidentemente no se trata de nuestro Don Melchor, ya que éste, en esas fechas hacía ya tiempo que se había casado con Doña María López Sanjurjo, tanto, que en 1838 ya tenía a su hija, María Josefa Díaz de la Rocha, casada con Don Salvador Mastache y Vaamonde.



[1] Lanza Álvarez, Francisco: Ribadeo Antiguo. Pág. 314.

[2] Pérez Martínez, Antonio: Ribadeo y la Guerra de Independencia. Pág. 62.

[3] Cuba Rodríguez, X.R.: Melchor Díaz de la Rocha: El alcalde de Sante.

[4] Archivo Diocesano de Mondoñedo. Cubelas Libro de Defunciones nº1, fol 1 y 1V. Vale esta referencia para todos los muertos enterrados en la parroquia de Cubelas.

[5] Archivo Diocesano de Mondoñedo. Cedofeita. Libro de Defunciones nº3. fols. 11 V y 12.

[6] Archivo Diocesano de Mondoñedo. Sante. Libro de Defunciones nº2, fol. 274 V.

[7] Archivo Historico Provincial de Lugo. Protocolo notarial Juan Díaz de la Rocha. 1809.

Juan Ramón Fernández Pacios