Este relato, que ha sido trasmitido por nuestros mayores, puede ratificarlo hoy nuestro tío D. Juan José de Torres Maestre, de 95 años, felizmente lúcido y activo, al cual se lo refirió su abuelo D. Juan José de Torres Milán, que lo oyó contar en su niñez de boca de su protagonista D. Antonio de Torres y Uceta, abuelo suyo y natural de Madrid.
Antonio de Torres, segundo hijo de D. Juan de Torres, hidalgo natural de Santa Cruz de la Zarza (Toledo), y de Dª. María de Uceta y Martín de Eugenio, originaria de Navahermosa (Toledo), nació en el domicilio paterno del número 10 de la madrileña calle del Peñón y fue bautizado en la Parroquia de los Santos Justo y Pastor el día 22 de septiembre de 1790. Su padre, que falleció cuando él solo contaba cinco años de edad, tenía parientes en la Villa y Corte, en la persona de su sobrina carnal Dª Josefa de Torres y Martínez-Hidalgo, casada con el insigne calígrafo D. Torcuato Torio de la Riva y Herrero.
Narraba Antonio, que en la mañana del lunes dos de mayo de 1808, estando en compañía de dos de sus hermanos, (Vicente, tres años mayor que él, y una hermanita del posterior enlace de su madre con D. Francisco de León) se vieron inmersos en el levantamiento del pueblo de Madrid contra los franceses.
Aquella mañana los tres hermanos salen de casa y a la altura de San Justo, se ven rodeados de una muchedumbre que avanzando desde la Plaza de la Villa, les empuja hacia la Plaza Mayor y aledaños. Al buscar una salida hacia la Puerta del Sol, tal y como estaban haciendo muchos vecinos, se topan repentinamente al llegar a la misma, con un estruendo y griterío descomunal. En lucha cuerpo a cuerpo los franceses ya están acometiendo salvajemente a la multitud allí concentrada. Contagiado por el patriotismo de sus paisanos Antonio se procura el sable de un francés caído, pero sin tiempo para resolver otra cosa, dado que les acompaña su hermanita, deciden ponerla a salvo y corren en dirección a una iglesia próxima, tal vez la del Buen Suceso. Entre tanto prosigue la defensa tenaz del pueblo de Madrid.

Una vez refugiados en el interior del templo, Antonio socorrido por su hermano y utilizando la faja de uno de los dos, se apresura a sujetar y preservar a la niña en el lugar más inaccesible que encuentra. La ansiedad y el temor, pero también una gran determinación, hacen que ante la proximidad de un ataque, se dispongan sable en mano a proteger el acceso a este lugar, (que el señalaba, estaba en lo alto de una escalera).
![]() Crucifijo El dos de Mayo |
Refería que se supo que la iglesia había sido defendida entre otros, por “los Torres”, y que en compañía de los paisanos allí refugiados llegaron a luchar con los soldados. Estos, momentos antes, ya habían penetrado a la bayoneta en el recinto sagrado por la entrada de la Carrera de San Jerónimo, con el propósito, como hicieron, de masacrar a las gentes que confiadamente habían buscado amparo en su interior. Cuando los franceses abandonan el lugar, Antonio y sus hermanos huyen de allí. Mas tarde, buscado por los franceses por haber sido visto en posesión de un sable, no tuvo más alternativa que aquella triste noche, abandonar clandestinamente Madrid y el hogar de sus padres.
Antonio de Torres ya solo, terminó arraigándose a partir de 1812 en Villena, y tuvo su domicilio permanente en el nº 11 de la Plaza de Sta. María.
Ha ayudado a mantener vivos aquellos acontecimientos, la reliquia familiar conocida como "El dos de Mayo" que es una cruz de plata del siglo XVII… de 47 x 23 cm., con un pie redondo, en él se puede leer un que dice:
"En la mañana del día 2 de mayo de 1808 tres hermanos Torres, dos varones y una niña, participaron en los luctuosos y heroicos sucesos que tuvieron lugar en la Villa de Madrid, defendieron una iglesia y uno de ellos quitándose la faja colgó a la pequeña de una de las bóvedas para preservarla de la refriega - IN MEMORIAM -"