LA TIERRA DE FRAGOSO DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA
José Espinosa Rodríguez, en su obra titulada: "Tierra de Fragoso (Notas para la historia de Vigo y su comarca)". Vigo, 1.949 (CXL aniversario de la Reconquista de Vigo), págs. 262 a 276

El día 21 los sitiados admitieron como parlamentario a don Joaquín Tenreiro, y entrando en la plaza intimó la rendición al gobernador Chalot, a lo cual éste le contestó que para pensarlo bien necesitaba 48 horas, pero sólo le fueron concedidas 24.

Al día siguiente los sitiadores reciben, por medio del abad de Viso, la noticia de que un grueso cuerpo de franceses procedentes de Santiago, entraban en Pontevedra, originando el espanto en los encargados de la defensa de Puentesampayo, que, temerosos de un ataque, lo abandonaron.

Reunidos los caudillos sitiadores para tratar de lo que debía hacerse, el Consejo decidió que Pablo Morillo, con varios oficiales y un fuerte destacamento, fuese a Puentesampayo.

Así se hizo, y al llegar a tan interesante sitio, la primera disposición de Morillo fue mandar cortar dos arcos del puente y fortificar aquel importante lugar con dos cañones que le había facilitado don Antonio Gago de Marín, y otros tres que pudo llevar de Redondela, encargando del mando a don Juan D’Odogerty, comandante de tres lanchas cañoneras que se hallaban en la desembocadura del Oitaben.

Con este motivo, las negociaciones de la rendición sufrieron una tregua.

El 25 contestaba Chalot, gobernador militar de la plaza, que se negaba a capitular con paisanos, sin mando de un jefe caracterizado con quien pudiera tratar sin menoscabo de su reputación militar.

El Consejo, para acallar los escrúpulos del jefe francés, teniendo en cuenta la calidad de enviado de la Junta Central y la brillante historia militar de Morillo, elevó a éste a la categoría de Coronel, a pesar de la envidia y rivalidades de los otros caudillos, que soñaban cada uno con la gloria de la reconquista de Vigo.

Dice Gómez de Arteche 21, “...que los dirigentes del paisanaje, con sus celos, disputas, rencores y ambiciones, hicieron del campo español uno más dividido, más revuelto y agitado que el mismísimo de Troya”.

Pero Morillo, que además de sus méritos como militar, tenía carácter enérgico, supo imponerse y hacer que le reconocieran como jefe.

En tal situación, el día 26 los franceses admitieron por segunda vez como parlamentario, a don Joaquín Tenreiro, yendo éste personalmente a comunicar a Chalot lo acordado en el Consejo de guerra celebrado en Santa Cristina, y participar a la vez que Morillo había tomado el mando supremo de las fuerzas sitiadoras.

A las tres de la tarde regresó Tenreiro sin lograr lo que pretendía: y como los franceses insistían en no rendirse, con la intención de ganar tiempo para recibir el socorro pedido a La Martiniere, que mandaba en Tuy, al finalizar el plazo concedido por Morillo, sabedor éste de las esperanzas que abrigaban los sitiados, se acordó por todos el asalto a la plaza en la noche del 27, avisando a las fragatas de guerra británicas y al Ayuntamiento, con quienes obraban de acuerdo.

El asalto

Todos los que se han ocupado de la gloriosa jornada, coinciden en el fondo del asunto, pero sus relatos se distancian entre sí por el ropaje literario con que la visten 22.

Espigando en el campo bibliográfico que se halla a nuestro alcance, elegiremos dos: uno conciso, de clara exposición, muy a tono con el parte oficial dado por Morillo a la Junta Suprema como veremos luego; y el otro, vibrante, cálido y de bellísimas imágenes, como nacido de una mente prodigiosa. El primero es del conde de Toreno. Dice así este sensato y bien documentado historiador contemporáneo de la acción:

“Había el abad de Valladares intimado a la plaza varias veces la rendición, sin que el comandante francés quisiera abrir las puertas, pareciéndole vergonzoso y poco seguro, capitular con paisanos. Tornó, como hemos dicho, Morillo, y ya por sus activas y acertadas disposiciones, y ya por haber sido enviado de Sevilla, eleváronle los sitiadores a coronel y reconociéronle como superior, a fin de que a vista de un militar cesasen los escrúpulos y recelos del comandante francés. Sin tardanza repitió el nuevo jefe español una áspera intimación, amenazando el 27 de Marzo con tomar por asalto la plaza y no dar cuartel. Pidieron los franceses 24 horas de término para contestar, y no accediendo Morillo, rindiéronse por fin, concedidos que le fueron los honores de la guerra, y con la cláusula de que serían llevados a Inglaterra, por lo cual firmó la capitulación, en unión con el jefe español, el comandante británico del crucero. Exigió, además, Morillo, que inmediatamente se ratificase lo convenido, pues sino, acometería la plaza. Retardábase la respuesta, y a las ocho de la noche aproximáronse a sus muros los sitiadores, arrojándose a la puerta de Gamboa para hacerla astillas, armado de un hacha, un marinero anciano, que cayó muerto de un balazo; ocupó su puesto y tomó el hacha Gonzalez Cachamuiña, y la rompió, aunque herido en varias partes de su cuerpo. Ibase ya a entrar por ella, cuando Morillo recibió la ratificación, y a duras penas pudo, con su recia voz, hacer cesar el fuego y detener a los suyos, que se posesionaron de la plaza al día siguiente 28. No hubo en su reconquista ni ingenieros ni cañones, ganada sólo a impulso del patriotismo gallego” 23

El segundo débese a la privilegiada pluma de don Ramón Méndez Gaite, académico de la Historia y afamado orador. He aquí sus palabras:

”...y al anochecer de aquel día trágico, envuelta la ciudad en las sombras de la noche y cercada de unos 1.500 veteranos que la vigilaban, provistos de fusiles, cuchillos, palos, chuzos y algunos armados de hachas, empezó el definitivo ataque del paisanaje sitiador sin miedo al fuego graneado de las tropas enemigas, y sin que nada les arredre, nada les detenga, nada les intimide, resueltos, veloces, impetuosos, haciendo un nutrido fuego de fusilería, avanzan, corren en tropel a escalar los torreones de la muralla por la parte de la Gamboa y Puerta del Sol; mientras por distintos lados, las dos fragatas vomitaban fuego nutrido sobre los fuertes ocupados por las tropas enemigas. Alguien propuso improvisar un ariete para derribar la puerta de la Gamboa, punto estratégico de entrada en esta Villa. Aproxímanse los nuestros reconcentrando allí todo el combate, arrostrando aquellos valientes por todas partes la muerte y despreciando el peligro de las tropas enemigas, que incitaban a la pelea con sus tambores y clarines, con el ruido de los disparos de sus armas y con el agudo relinchar de sus caballos; se destacó entonces de entre ellos un anciano marinero del Berbés 24, que manejando fieramente un hacha con un valor impropio de su edad, se arrojó hacia aquella firmísima entrada cuyo nombre iba a inmortalizarse aquella noche, descargado sobre ella veloces golpes que la despedazaron en astillas, haciendo saltar chispas siniestras de sus herrajes, hasta que una bala enemiga le derribó traidoramente en tierra.

Sitiados y sitiadores mudos de asombro, contemplaban el afanoso empeño homérico de aquel valiente, que rápidamente fue secundado por el esforzado capitán de granaderos González Cachamuiña, que se adelanta, arranca el hacha de las crispadas manos del moribundo marinero y al grito de ¡Viva España!, con fuerza hercúlea y mano poderosa, descarga el hacha sobre las gruesas maderas haciendo resonar sus continuados golpes en los ámbitos de la plaza, como si ellos fueran aldabonazos descargados por mano de un gigante, hasta conseguir derribarla.

Y al volverse a los suyos alentándoles, este valiente también cayó herido sobre el yerto marinero, teniendo que ser retirado de allí en brazos de los suyos.”

“El ataque –dice Morillo en el parte oficial- empezó a las ocho y media de la noche con la mayor bizarría por tropas y paisanaje, que se disputaban la gloria de ser los primeros en el asalto. Duró el fuego por espacio de dos horas; y aunque recibí parte del capitán don Francisco Miranda que me aseguraba de la capitulación del enemigo, tuve mucho trabajo en contener el ardor de la gente empeñada en la acción.

Por último recorriendo yo las filas por medio de las balas para hacer cesar el fuego, pude lograr que mis grandes voces se hiciesen oír, y de una y otra parte cesó el tiroteo.

A poco tiempo se presentaron dos oficiales franceses a entregarme las ratificaciones firmadas, y en consecuencia dispuse retirar la gente a sus puestos, dejando las correspondientes avanzadas.”

Relatando esta jornada bélica, abunda José de Santiago en otros pormenores de los que entresacamos este:

“...que los vecinos de dentro de la Villa atacaron a los franceses para favorecer a los sitiadores.

El día siguiente se estaba Morillo preparando para entrar en la ciudad, cuando los habitantes del pueblo de Porriño vinieron a darle parte de que la guarnición francesa de Tuy venía a socorrer a Vigo decidiéndoles a apresurar su embarque, diciéndole que apenas podía contener la cólera de los paisanos. Los franceses lo creyeron, tanto mejor, cuanto no tardaron en oír un tiroteo en la misma ciudad, y era la guarnición de Tuy que había esperado en vano la víspera, y venía a socorrerlos. El destacamento venido de Tuy se sorprendió sobremanera cuando llegó delante de Vigo y se vio asestado por el fuego que salía de una ciudad que creía aún en poder de los franceses. Este vigor, que de 450 hombres que le componían, apenas escaparon 50; setenta se entregaron prisioneros y fueron conducidos a bordo del navío inglés.” 25

Así se reconquistó la Villa de Vigo, consiguiendo, además, los sitiadores, hacer prisioneros a 1.359 soldados y 46 jefes y oficiales que componían la guarnición.

Estos prisioneros salieron de la plaza a tambor batiente y con armas, según se había estipulado en la capitulación, pero dejándolas ante las fuerzas españolas que formaban en el Arenal, cuando se dirigieron al embarcadero. Eran las diez de la mañana del día 28 de marzo de 1809.

Los franceses abandonaron en la plaza un importante botín de guerra, consistente en caballos, carruajes, armamento, municiones, cañones, pólvora, cartuchería, la caja del pagador con 117 mil francos y el equipaje del mariscal Soult, del que formaba parte un sable del duque de Dalmacia, que hoy guarda la familia Fulgosio, avecindada en Bouzas.

El hecho de armas tan someramente historiado, fue señal dada por Galicia de su independencia, siendo Vigo la primera ciudad de España que expulsó a los ejércitos de Napoleón en el apogeo de su poder.

Después de la Reconquista, a la Fiel Villa de Vigo, le fue concedido el título de Ciudad, con el aditamento de Leal y Valerosa, por medio de un decreto que dice así:

“El Rey Nuestro Señor, y en su nombre el Consejo de Regencia de España e Indias, por decreto de 1 de Marzo último comunicado al Consejo de la Cámara, se ha servido conceder a esa villa el privilegio y título de Ciudad Fiel, Leal y Valerosa, en atención a los señalados servicios, heroica lealtad y esforzado denuedo que han manifestado los vecinos de ella en defensa de la justa causa de la independencia nacional, relevándola del pago de todo servicio y género por esta gracia.

Y de acuerdo de este Supremo Tribunal lo aviso a V. S. para su inteligencia y satisfacción y que pueda acudir a sacar el despacho correspondiente.

Dios guarde a V. S. muchos años. Cádiz 10 de Abril de 1810.

Por el Secretario General, Santos Sánchez

Señores Justicia y Ayuntamiento de la Villa de Vigo.”

En 16 de abril de 1810, el Secretario del Despacho de Guerra, dirigió al Capitán General de Galicia, la Real Orden siguiente:

“El Consejo de Regencia de España e Indias en nombre del Rey Nuestro Señor Don Fernando VII ha tenido a bien conceder a los Individuos expresados en la adjunta lista la gracia de que puedan usar un escudo de honor cuyo centro han de ocupar las Armas de Vigo y Tuy, y en su contorno la inscripción: EN LA UNIÓN CONSISTE LA FUERZA; con el emblema de dos brazos con las manos enlazadas y en el borde del círculo mayor la siguiente: AL MÉRITO CONTRAIDO ANTE VIGO Y TUY, LA PATRIA AGRADECIDA; todo en consideración al mérito que contrajeron en la reconquista de dichas ciudades.

De orden de S. M. Lo traslado a V. S. incluyendo una copia de la enunciada relación para su debida inteligencia, gobierno, y cumplimiento en la parte que le toca.

Dios guarde a V. S. muchos años

Isla de León, 16 de Abril de 1810.

Eguía

Señores del Ayuntamiento de la Ciudad de Vigo.”

 

LISTA DE LOS INDIVIDUOS AGRACIADOS CON EL ESCUDO DE HONOR
 
D. Joaquín Tenreiro Montenegro
El Capitan D. Juan Ynda, ayudante 1º de la plaza de Bayona en Galicia
D. Melchor González, teniente de bombarda de Artillería de Marina
D. Josef Quintana, ayudante de Imbalidos de Túy
D. Agustín Abreu, subteniente retirado.
D. Juan Arias y Enríquez, abad de Valladares
D. Cosme Antonio Seoane, juez de Túy
D. Mauricio Troncoso, abad de Villar y Couto
D. Juan Barcia, procurador general de la ciudad de Túy
D. Miguel Pavón, abad de Cela
D. Ramón Lamas, abad de San Esteban de Negros
D. Felipe Concha, presbítero de Puenteareas
D. Pedro Barreiro y
D. Joseph Pizarro, racioneros de la Real Colegiata de Bayona
D. Juan Mauricio Alonso, capellan de Cabral
D. Alonso Falcón
D. Francisco Alonso, presbitero de Sta Cristina de La Ramallosa
D. Nicholas Salgueiro, evangelista y 2º Cmte de la gente del puerto de Priegue
D. Joseph Quirós y Araujo, ordenado de Menores, Familiar del obispo de Túy
D. Ramon Carrera, con igual cargo
D. Juan de Almeida y Sousa, comandante en jefe del Exercito Patriótico
D. Joaquin Pereira de Castro, que fue atravesado en los dos muslos de una bala
D. Joseph Rodríguez Gonzalez,id., y en el sombrero inmediato a la frente
(Los tres ultimos son oficiales portugueses)

Por otra Real Orden de 14 de julio de 1814, fechada en Cádiz, se concedió el escudo de honor a D. Francisco Parada y Pérez de Limia, a su padre D. Cayetano, a sus hermanos D. Vicente, D. Joseph y D. Pedro, y a D. Francisco Benito Rúa, que prestaron “importantísimos” servicios, alarmando aquellos naturales, manteniendo por espacio de 15 días más de 1.500 hombres a sus expensas y defendiendo varios puntos que contribuyeron al logro de tan gloriosa empresa.

Además de la expresada distinción, a Tenreiro le concedieron el título de conde de Vigo y vizconde de Brañobre, libre de gastos, otorgándole al tiempo el grado de coronel del Ejército.

Igual categoría le dieron a Bernardo González (Cachamuiña) y a Francisco Colombo.

A Pablo Morillo lo confirmaron en el mismo empleo, y a los abades de Valladares y Couto, señores Arias Enríquez y Troncoso, los agraciaron con canonicatos en la Metropolitana de Santiago, y con la Cruz de Carlos III, y se concedieron algunas pensiones a viudas y huérfanos de los que murieron en la contienda.

Los títulos con que fue honrada la Villa de Vigo por el Consejo de Regencia, fueron confirmados por Fernando VII, en 22 de noviembre de 1819.

En el año 1909, al celebrarse el primer centenario de la Reconquista, se colocó una artística plaza en el lugar más próximo a la que fue puerta de Gamboa. En ella se lee lo siguiente:

"A la memoria de los héroes que en 28 de Marzo de 1809 reconquistaron la plaza del poder de Napoleón Bonaparte. El Ayuntamiento de Vigo, en el Primer Centenario."

 


21 “Guerra de la Independencia”, tomo VI, pp. 96.

22 Hemos de hacer notar que no es algo exclusivo de este acontecimiento. En cualquiera de la vida, cada testigo dará una visión distintan, correspondiente a su particular interpretación del mismo.

23 Conde de Toreno. Op. Cvitada, tomo LXIV, pág. 192.

24 El Berbés, era y es un barrio vigués donde se hallaban la mayoría de las viviendas y actividades de los marineros.

25 Rocca. “Memoires sur le guerre de les françaises en Espagne. M., 1816. Apéndice VIII, y publicado también en el “Edimburg Annual Register History of Europe”.

 

José Espinosa Rodríguez