Agradecemos la autorización dispensada para su transcripción al español, y su inclusión en ésta página. Traducción por Linsy Oflodor
En 1807, Europa vivía la pesadilla del bloqueo continental impuesto por los franceses. En el juego de alianzas que se trazaron tras la derrota de los rusos en Koeningsberg, estos habían pedido el armistício, inclinándose el Zar Alexandre por rechazar la alianza que mantenía con Inglaterra, fascinado por el genio militar de Napoleón.
La escuadra rusa del Mediterráneo, constituída por nueve naves y dos fragatas, de regreso al Báltico se vió enfrentada a fuerzas navales británicas y por grandes tempestades, decidiendo el comandante ruso, almirante Siniavin arribar a Lisboa, entrando en el estuario del Tejo, entre el 11 y el 13 de Novembro de 1807.
Por esa época, harto de las negociaciones con la corte lusitana, Bonaparte mandó invadir Portugal con un ejército de 20 mil hombres mandados por el general Junot. Con los franceses a la puerta de Lisboa, el 29 de Noviembre salió del Tejo con destino al Brasil una escuadra portuguesa constituída por ocho naves, tres fragatas, dos brics, una goleta, una barcaza para los suministros, otros dos mercantes de transporte para a la Família Real, gran parte de la nobleza, altos dignatarios, oficiales de las Fuerzas Armadas, criados y sus famílias, altos dignitários del clero con sus maestros de ceremonias, beneficiados e ilustrísimos miembros del Cabildo.
En el río quedaron algunos navíos con averías o que no tenían tripulación disponibles, consumandose así una de las mayores verguenzas de la história portuguesa. La fuga al Brasil dejaba al pueblo entregado a su suerte, abandonado sin medios ni organización militar, a merced del enemigo. Junot entró en Lisboa EL 30 de Noviembre, ocupando las fortificaciones situadas en el concejo de Almada, y el 3 de Diciembre, decretó un "empréscito" forzado de dos millones de cruzados, a entregar en el plazo de 48 horas.
Las poblaciones del campo fueron obligadas a suministrar a los franceses varias decenas de carros de leña, teniendo todavía que informar a las autoridades de la cantidad de paja disponible para llenar los colchones de la soldadesca extranjera. Los proprietarios vieron sus haciendas y casas requisadas por el invasor, para acomodar a los oficiales franceses y respectivos asistentes. Más tarde fueron requisiadas las camas, lienzos y cobertores de los ciudadanos.
La indignación era general, contrastando con la actitud de los portugueses aliados de Francia, llamados despectivamente por el pueblo llano, "carecas". Pero ante la reacción de las poblaciones, los invasores exigieron que los soldados fuesen aboletados en las casas y residencias, según sus haveres, y cuando no los quisiesen junto a sus famílias, los albergarían en casas decentes, donde les diesen cama ,luz, fuego y lo demás que fuese necesario.
Entretanto, por la garganta del Douro a la barra del Guadiana perfilábase una escuadra británica bloqueando ante la costa de Portugal la navegación de los navíos franceses, teniendo al almirante Coiton a bordo del navío Ibéria, procuraba incitar a la lucha contra los invasores, recurriendo a las proclamas y cartas que hacía llegar a los patriotas portugueses.
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Combates en el Tejo
En el Tejo, manteniendo estrecha neutralidad, permanecía expectante la escuadra rusa, mientras en el río se registaban frecuentes combates con gran cantidad de disparos y falsas alarmas, denotando el nerviosismo que la proximidad de la escuadra inglesa provocaba en las huestes enemigas. Unas vezes era el Bugio quien abria fuego a altas horas de la noche contra una balsa que bajaba a favor de la corriente, otras tronaba la artillería contra alguna embarcación que intentaba salir del puerto para comunicarse con la escuadra británica. Hasta los pescadores corrian el riesgo de ser tiroteados, a pesar de la bandera de identificación que obligatoriamente utilizaban.
El recelo de que los británicos entrasen en la barra, llevó al capitán de Mar y Guerra Magendie, comandante en jefe de la marina francesa en el puerto de Lisboa, a fortificarla con piezas de artillería, de a 24 y 36 situadas en las playas de Porto Brandão, Paulina y Bom Sucesso, disparando también baterias de morteros desde el Pontal de Cacilhas hasta Trafaria. A su vez entre Torre Velha y Belém, fueron colocados unos viejos navios de la Armada portuguesa.
Defensas contra el invasor
En junio, con la sublevación de Balestra en Porto, estando en estrecha relación con el levantamiento verificado en Andalucia, desencadenose la lucha general para la expulsión de las tropas francesas de la Península. Coimbra se rebeló apoderándose de la guarnición extranjera, liberando Figueira da Foz, Condeixa y Nazaré. Junot respondió con vigor y extrema barbaridad, masacrando y saqueando poblaciones como Beja, Vila Viçosa y Évora.
Lejos de atemorizarse las vecinos se organizaron en guerrillas por todo o país. Los campesinos perseguían sin piedad a las tropas francesas, disparándoles como si fuesen fieras, diezmando y asaltando los trenes de bagages y suministros, piezas de artillería e interceptando los correos.
En Faro, hubo al menos dos redes clandestinas de resistencia a los franceses, una constituída por algunas de las personalidades más importantes de la capital algarveña, y dirigida por el capitán Sebastião Cabrera, y en la que participaba también el Mayor Landerset, infiltrado en el Cuartel General del Gobernador militar francés, general Mourin. Otro grupo se reunía en el comercio de Bento Alvares da Silva Canêdo, conocido como Bento Tendeiro, preparando la liberación de Faro.
En la mañana del 19 de junio de 1808, Bento Tendeiro y su grupo, distribuían armas por los diversos lugares estratégicos de la ciudad de Faro, ocultando algunas en las torres de la iglesia de Nossa Senhora do Monte do Carmo, un hombre valiente, de nombre Manuel do Nascimento, y conocido por el apelativo de “Maneta”. A una hora convenida, este hombre repicaría las campanas que anunciaban las atribulaciones de una mujer con dolores de parto, también llamadas “campanadas de parida”, y después bien escondido en el sótano de la torre, debería tocar los de “rebato”, dando así la señal para iniciar la revuelta en la capital del Algarve. Así sucedio, y a sus toques respondieron los de todas las iglesias de Faro.
En los primeros momentos de la sublevación, la confusión fue indescriptible, sirviendo como identificativo a los participantes, una cinta roja atada en el brazo izquierdo, lo que apenas duró mucho tiempo, debido a que esta marca se popularizó y fue usada por todo el país.
Arranque de la revuelta en Faro
El 29 de junio partió de Faro el Corregidor y con él las primeras fuerzas que constituirían la Vanguardia del Ejército del Algarve, y aun de la Primeira Divisão do Sul. El 10 de agosto, se re reunieron dos compañías de Granaderos y Cazadores, con tres compañías de Voluntarios de Silves. Reforzado el ejército con regimientos oriundos de otras zonas del Algarve y Alentejo, el conde Castro Marim, resolvió marchar sobre Almada, teniendo por objeto el relaizar la reunión con el Ejército británico que había desembarcado el 1 de agosto, en Lavos, con intención de tomar la ciudad de Lisboa.
Después de una serie de difíciles encuentros en la regíon de Beja, continuan el avance hacia el Tejo, juntándoseles los regimientos de Voluntários de Portimão, Lagos yTavira, Ordenanças yVoluntários de Beja, militares españoles y los temibles contrabandistas de Antonio Moreno, que formaban un auténtico ejército particular, que contrabandeaba y controlaba la raya del Guadiana.
Palmela fue tomada el 4 de septiembre, deteniéndose la Primeira Divisão do Sul, en Azeitão, hasta el día 9. En la otra orilla los franceses, atemorizados se refugiaron en Lisboa, llevando a la nave “Vasco da Gama”, toda la plata que habían robado en barras, joyas, obras de arte, libros y colecciones de documentos raros, ricos tejidos y mobiliario.
El Tejo presente en la derrota francesa
El 10 de Setembro, cuando el conde de Castro Marim marchó para Almada, por toda la margen izquierda, desde Coina à Trafaria, tremolaban banderas portuguesas. En las torres abandonadas del castillo de Almada aun se encontraron setenta y ún piezas de artillería de grueso calibre, y seiscientos cuatro barriles de pólvora.
El 15 de septiembre, a consecuencia de la Convenção de Sintra , el rio Tejo fue declarado “puerto neutro”, dando la oportunidad de que la escuadra abandonase Lisboa en compañía del ejército de Junot que sería transportado por la escuadra británica hasta Francia, con sus armas, bagajes y los productos del saqueo.
La “Gazeta de Almada”, diario satírico de la época, celebró a su modo los principales acontecimientos, disfrutando con el beneplácito por parte de los británicos que habían puesto como condición para no pasar por el filo de su espada a los franceses derrotados en la península de Setúbal, el que éstos aceptasen ser conducidos a Inglaterra, no como conquistadores de las Islas Británicas, sino como Ejército derrotado y humillado.
El consuelo fue de corta duración, en mayo de 1809, Portugal fue invadido por el general Soult, y en junio de 1810, por el general Massena. Después de la rebelión surgida contra la presencia británica en Portugal, siguió una larga guerra civil que en su primera fase, se prolongaría hasta 1835.
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